lunes, 28 de diciembre de 2015

'Charlotte', frase, aliento, frase, aliento, frase...


Charlotte lleva el nombre de una mujer que murió joven. Que se suicidó. Como su madre, cuando ella es apenas una niña. El suicidio persigue a Charlotte a lo largo de toda su vida, que no será muy larga. Pero no sufráis, Charlotte, que no es otra que la pintora Charlotte Salomon, no se suicidará. He tenido que esperar hasta noviembre para descubrir el que, sin duda, es el mejor libro que he leído este año. Y no lo habría descubierto si no me hubieran prácticamente obligado porque no me apetecía volver a David Foenkinos. ‘Charlotte’ no tiene nada que ver con ‘La delicadeza’, ese libro que te encanta mientras lo lees y que con el tiempo, cada vez que piensas en él te disgusta más y más. ‘Charlotte’ es una maravilla. La historia, los personajes y, sobre todo, la forma en la que está escrito. Frases cortas. De menos de una línea. Parece un poema. Pero no. Frases cortas porque después de cada una de ellas tienes que tomar aliento. Necesitas respirar. Coger fuerzas para la próxima frase. Para descubrir lo próximo que le pasa y que siente Charlotte. Desde la niña taciturna a la adolescente a la que le niegan un premio de pintura por ser judía. Desde la adolescente que se enamora locamente del profesor de canto de su madrastra a la joven alemana que huye a Francia con la esperanza de librarse del holocausto nazi y la desesperación de dejar atrás todo lo que significa algo para ella. Una vida que no puedes dejar de leer. Por muchas veces que tengas que tomar aliento para seguir. Da igual. Necesitas la próxima frase. Saber qué pasa por la cabeza y los pies de Charlotte.


“Charlotte aprendió a leer su nombre en una tumba.  
Así que no es la primera Charlotte.  
Antes existió su tía, la hermana de su madre.   
Las dos hermanas están muy unidas, hasta una tarde de noviembre de 1913.   
Franziska y Charlotte cantan juntas, bailan y ríen también.   
Y es algo que nunca resulta extravagante.   
Hay pudor en esa forma de practicar la dicha.”



Título: ‘Charlotte’
Autor: David Foenkinos
Editorial: Alfaguara
Páginas: 214
Precio: 17,90€
Procedencia: Préstamo de una amiga


lunes, 21 de diciembre de 2015

'La hija del veterinario', cuando el horror está en casa


Conocí a Barbara Comyns con ‘Y las cucharillas eran de Woolworths’. Y ya entonces sabía que si me tropezaba de nuevo con ella volvería a leerla. Por esa crudeza extraña con la que cuenta sus historias y que desborda en ‘La hija del veterinario’, una novela de una cotidianeidad que asusta. Porque nada da más miedo que un día a día aparentemente anodino y que, sin embargo, es una pesadilla. Es lo que le ocurre a Alice, la protagonista, que vive con su padre, veterinario, un hombre déspota, autoritario y violento. Alice cuida de su madre, tremendamente enferma. Pero esa vida, que ya parece suficientemente cruda, se endurece aún más cuando la mujer fallece y el veterinario mete en casa a una tabernera que se comporta con Alice como la madrastra de Cenicienta. Así, la vida de la pobre chica continúa sin más alegría que la aparición de un pretendiente que la ilusiona y con el que se siente cómoda, pero es una mínima alegría comparada con todo lo que lleva a sus espaldas y que tan bien describe Comyns, seguramente inspirada por su propia vida, con una infancia nada fácil. Se hace complicado compartir, aunque sólo sea página a página, la historia de Alice, desprovista de todo atisbo de ternura y escrita de una manera contundente, concisa y cruda. Tanto, que antes de darte cuenta has acabado.


“Entré en la casa. Era mi casa, y olía a animales, aunque tenía los suelos de linóleo. Mi madre estaba en el vestíbulo oscuro. Me miró con sus ojos tristes, casi ocultos por los párpados gruesos, pero no dijo nada. Era menuda y tenía los hombros caídos y los dientes torcidos, por lo que, si hubiera sido un perro, mi padre la habría sacrificado.”



Título: ‘la hija del veterinario’
Autora: Barbara Comyns
Editorial: Alba
Colección: Rara Avis
Páginas: 200
Precio: 19,50€ 
Procedencia: biblioteca

Otras reseñas de la colección Rara Avis:
-'Harriet', de Elizabeth Jenkins
-'Geishas rivales', Nagai Kafu
-'La formación de una marquesa', Frances Hodgson Burnett
-'La piedra de moler', Margaret Drabble


lunes, 14 de diciembre de 2015

'Leyenda del Golem', en la Praga oscura de Rodolfo II


Leí este libro sentada en el alféizar de la ventana de mi habitación de hotel. Con vistas al río Moldava y al puente de Carlos. Después de haber vuelto a visitar el maravilloso barrio judío de Praga. Lo empecé de noche, cuando la oscuridad de la ciudad iba acorde con la del oscuro momento que refleja este volumen, cuando Rodolfo II, aficionado a las artes oscuras, había perdido ya la cabeza. A esa Praga insegura llega Johan, un joven alemán que ha dejado los estudios para dedicarse por entero a su única obsesión: revivir al Golem. Encontrarlo, insuflarle vida y dominar la ciudad. La historia de Johan, que en el camino se une a una compañía teatral que interpreta obras de Shakespeare en la que se enamora Teresa, sirve para explicar la historia del Golem, de cómo el rabino Löw lo creó con arcilla y le dio vida con el shem, un pergamino con una inscripción mágica, para defender a los judíos. Para explicar algunas de las leyendas que ponen de manifiesto la fuerza desmesurada de esta criatura y los peligros de no controlarlo. Esas leyendas están perfectamente integradas en la historia de Ivana Pechácková, en la aventura de Johan, cuya obsesión por el Golem se cruza con la del emperador, un encuentro que tendrá consecuencias. El libro, ilustrado por Petr Nikl, es un paseo por Praga, desde el castillo a las pequeñas calles del barrio judío, y por una de sus leyendas más arraigadas, que recuerda que nunca se supo si el rabilo Löw destruyó al Golem o lo dejó muy escondido, en algún rincón, por si alguna vez los judíos de Praga necesitaban de nuevo que les protegieran.


“El rabino rezó un momento y le introdujo al Golem en la boca el shem: un pergamino con la fórmula mágica. El pecho del Golem subía y bajaba: estaba respirando. Su creador le dirigió por primera vez la palabra: ‘¡Golem, te lo ordeno, levántate!’ El Golem abrió los ojos como si saliera de un largo sueño. Lentamente se fue levantando hasta mostrar toda su altura. Era un gigante, fuerte y poderoso.”

Título: ‘Leyenda del Golem’
Autora: Ivana Pechácková
Ilustrador: Petr Nikl
Editorial: Meander
Páginas: 114
Precio: 270 coronas checas
Procedencia: comprado en el barrio judío


viernes, 4 de diciembre de 2015

'La vida de los elfos', Muriel, vuelve a los erizos elegantes


Comencé este libro con unas ganas locas. Me gustaba el título. Y la portada. Y la editorial. Y sobre todo me gustaba ella, Muriel Barbery, porque su novela ‘La elegancia del erizo’ me fascinó, me atrapó y con ella me enamoré de esas dos mujeres, esa niña y esa portera maravillosas. Así que abrí ‘La vida de los elfos’ con unas ganas tremendas de sumergirme en esa historia que prometía ternura, fantasía, magia, aventuras y personajes entrañables. Y no. Y lo que he encontrado ha sido un intento de todo eso. Pero sólo un intento. Comienza bien, presentándonos a María y Clara, dos niñas muy especiales que, aunque no nos lo dice, sabemos que, en cierta manera, están unidas. Una vive en una aldea en el bosque, cuidada por todo el pueblo, que la mima y se preocupa por ella porque saben que deben cuidarla. Lo saben porque llegó de una manera especial. Simplemente, apareció en la nieve. La otra aprende piano, protegida por una mansión, maestros y un guardián tierno que se embriaga. Toca como nadie. Sus dedos transforman las partituras. Y las dos están a la espera de algo. De algo malo que no saben por dónde ni cuándo vendrá. Unos mimbres fantásticos para tejer una historia que te atrape. Y, sin embargo, me he perdido. A medio camino he desconectado. He intentado regresar, volví para atrás, releí, recuperé las páginas que aún me gustaban y seguí adelante otra vez, pero sólo para perderme de nuevo en el mismo punto. Lo he acabado, porque siempre acabo los libros. La optimista que llevo dentro siempre confía en que hasta el libro más malo acabe enderezándose. Pero no ha valido la pena. He tardado más de una semana en leer la segunda mitad de ‘La vida de los elfos’ y esa segunda mitad me ha parecido tiempo perdido. Hay belleza en la forma, pero la historia que comenzaba con magia pierde todos los destellos así como avanza, dejando tras de sí un rastro de polvo de hadas que se convierte en ceniza a cada página que pasas.


“La pequeña pasaba la mayor parte de su tiempo libre en las ramas. Cuando no sabían dónde encontrarla, iban a los árboles, primero a la gran haya que dominaba el cobertizo del norte y donde le gustaba soñar observando el movimiento en la granja, luego al viejo tilo del jardín del cura tras el murete de piedras húmedas y, por último, y era lo habitual en invierno, a los robles de la hondonada oeste del campo contiguo, una parte del terreno plantado con las tres especies más hermosas de la región.”



Título: ‘La vida de los elfos’
Autora: Muriel Barbery
Editorial: Seix Barral
Páginas: 304
Precio: 20€
Procedencia: regalo mamá

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Olvidar el mundo de las princesas

Neus Montero, con las jaulas de libros que su hijo Iván usa para hacer magia. M. T. M.

´La Bella y la Bestia´. El peor de los cuentos posibles. Una bestia, un monstruo, que deja de serlo por amor. Una joven, una mujer, que siente que si él no muta de ogro a príncipe es porque ella no es suficientemente buena. Lo dicho, el peor de los cuentos posibles. Es lo que opina Neus Montero, cuentacuentos, por mucho que Disney haya querido edulcorarlo. «En el cuento original la Bestia acaba comiéndose a la Bella», afirma Montero, que apunta a Barba Azul como el cuento clásico en el que la violencia machista está más presente y recomienda, a los adultos, la adaptación de la novelista belga Amélie Nothomb.

Montero alerta sobre dos cuentos de hadas clásicos: Blancanieves y la Bella Durmiente. «Por el rol pasivo de la mujer. No hacen nada. Esperan, dormidas o inconscientes, a que llegue el príncipe, el macho alfa, y las despierte. Además, no las conoce de nada, solo las ha visto en ese estado, ni siquiera puede estar enamorado, son un mero trofeo», explica la cuentacuentos, que recuerda que... (seguir leyendo)


lunes, 23 de noviembre de 2015

'Hombres sin mujeres', cuando las novelas no crecen


Hace un tiempo que dimití de Murakami. Me gusta. Me encanta como novelista. Pero leí un volumen de cuentos, ‘Sauce ciego, mujer dormida’, y dimití. Pero en ese intercambio irregular que mantengo con una amiga me cayó en las manos ‘Hombres sin mujeres’, un compendio de cuentos del escritor japonés. Así que abrí las tapas con el recelo y la recomendación en plena lucha. Y me topé con ‘Drive my car’, el primero de los siete relatos. Una historia de un actor famoso que busca un chófer que conduzca su coche y se encuentra con una mujer muy peculiar con la que establece una relación también peculiar. Y luego con ‘Yesterday’, y ese hombre que le pide a su amigo que entretenga a su novia mientras está liado con los exámenes (y entretener incluye lo que sea, por extraño que parezca). Y ‘Un órgano independiente’, con ese hombre consumido por amor. Y esa mujer de ‘Sherezade’ que llena el vacío de sexo del mismo hombre al que lleva la compra. Y después con ‘Kino’ y ese bar y esa gata (siempre hay gatos rondando cuando se lee a Murakami) que marca el destino. Y con ‘Samsa enamorado’ y esa mosca recién convertida en hombre y mirando con deseo a la cerrajera jorobada que cruza la peligrosa Praga para arreglar una cerradura. Y por fin con ‘Hombres sin mujeres’ y esa llamada nocturna que comunica un suicidio. Y, a pesar de que me he reconciliado con el Murakami cuentista porque algunos relatos, como ‘Samsa’, me han encantado, sigo pensando que a la mayoría de los cuentos de Murakami, muchas veces, les falta algo. Algo tan sencillo como un final redondo, un final que te haga pensar que de verdad has leído un cuento y no una novela que se quedó pequeñita, que no creció lo suficiente para tener un final.


“El timbre del teléfono me despierta pasada la una de la madrugada. Una llamada telefónica en plena noche siempre resulta violenta. Es como si alguien intentase destruir el mundo valiéndose de una brutal pieza metálica. Como miembro del género humano, tengo la obligación de acallarlo. Así que me levanto de la cama, voy a la salita de estar y descuelgo el auricular.”



Título: ‘Hombres sin mujeres’
Autor: Haruki Murakami
Editorial: Tusquets
Páginas: 272
Precio: 19€
Procedencia: préstamo Marian


lunes, 16 de noviembre de 2015

'La cata', Dahl con una copa de vino

'La cata', de Roald Dahl, en una mano, y una copa (grande, redonda y llena) de vino tinto en la otra. Así se lee este delicioso relato de uno de mis autores favoritos. Y así, sorbo a sorbo, vas descubriendo la cena que Mike Schofield y su mujer ofrecen en su casa de Londres al famoso gastrónomo Richard Pratt. Una cena en la que, como siempre, anfitrión e invitado se jugarán una caja de vino (y algo más) en una apuesta en la que, como siempre, Pratt deberá adivinar el vino que se sirve. Y así, con este sencillo argumento, Dahl, que es un mago del suspense cómico, de la sorpresa, del comportamiento humano, te tiene en vilo y con una sonrisa siempre a punto desde que lees la primera palabra hasta que llegas a la última. Pero no acabas. Vuelves al principio. Y aprovechas que la lectura te ha tenido tan concentrada que se te ha olvidado el vino para tomártelo con calma. Miras las ilustraciones. Te fijas en los detalles. En las caras de los protagonistas. Y así, lámina a lámina, sorbo a sorbo, llegas de nuevo al final. Y entonces cierras el librito (una maravilla de edición de Nórdica ilustrada por Iban Barrenetxea), apuras la copa de vino con un sorbo largo y lo saboreas mientras cierras los ojos y piensas en esa deliciosa cena.

"Éramos seis cenando esa noche en casa de Mike Schofield en Londres: Mike, su mujer e hija, mi mujer y yo, y un tipo llamado Richard Pratt. Richard Pratt era un famoso gastrónomo. Presidía una pequeña sociedad conocida como "los epicúreos", y todos los meses repartía entre sus miembros un panfleto sobre comida y vinos. Organizaba cenas en las que se servían platos suntuosos y vinos raros. No fumaba por miedo a estropearse el paladar y, cuando hablaba de vinos, tenía la curiosa y bastante peculiar costumbre de referirse a ellos como si fueran un ser vivo."

Título: 'La cata'
Autor: Roald Dahl
Ilustrador: Iban Barrenetxea
Editorial: Nórdica Libros
Páginas: 88
Precio: 19,50€
Procedencia: regalo mamá

lunes, 9 de noviembre de 2015

'Ve y pon un centinela', Scout se hace adulta


Nunca debí leer ‘Ve y pon un centinela’. Nunca debí volver a Harper Lee, a Scout, a Atticus, a Maycomb… Nunca debí querer saber qué había pasado con todos ellos después de aquel verano y aquel juicio y aquel susto y aquel rescate. No. Nunca. Porque ‘Ve y pon un centinela’ no es ‘Matar a un ruiseñor’. No es aquella maravilla que me tuvo pegada al orejero durante varios días, viendo, pensando y soñando con Maycomb. De hecho, no entiendo que se haya publicado. Y no es que sea una mala novela. No lo es. Es entretenida y se lee rápido. Pero lo enturbia todo. No hay vuelta atrás. Después de leer esta historia nada es igual. Ni Harper Lee ni Maycomb ni sus personajes. Y, sin embargo, a pesar de todo, este libro cuenta una verdad absoluta. Tan absoluta como el descubrimiento de que nuestros héroes de infancia no superan el paso a la edad adulta. Ni siquiera Atticus Finch. Sí, porque este libro va precisamente de eso, de cómo Scout descubre que su padre tiene sombras, y cómo eso hace que deje de ser Scout y se convierta, definitivamente, en Jean Louise Finch. Aunque le siga gustando vestirse como un chico, hacer gamberradas y huir de todo aquello que suponga comportarse como una señorita de buen nombre. El Maycomb al que regresa Scout es diferente. Ella ha cambiado, ha crecido, y la ciudad también. El enfrentamiento entre blancos y negros está a punto de explotar y hasta Calpurnia, su querida Calpurnia, la mujer que la crió, la trata diferente cuando va a visitarla a su casa, en uno de los barrios negros. Y eso, descubrir que tu mundo y tus creencias, lo intocable, lo inmutable, lo seguro, no son como creías, también es crecer. Y eso, siempre duele.


“Jean Louise Finch siempre hacía el viaje por aire, pero para aquella visita anual a casa decidió ir en tren desde Nueva York hasta el Empalme de Maycomb. Por un lado, porque se había llevado un susto de muerte la última vez que viajó en avión, cuando el piloto optó por atravesar un tornado. Por otro, porque llegar a casa en avión significaba que su padre tenía que levantarse a las tres de la mañana, conducir ciento sesenta kilómetros para ir a buscarla a mobile y trabajar después toda la jornada. Tenía ya setenta y dos años, y no era justo hacerle eso.”



Título: ‘Ve y pon un centinela’
Autora: Harper Lee
Editorial: Harper Collins
Páginas: 272
Precio: 
Procedencia: Regalo de mamá

viernes, 30 de octubre de 2015

'Trilogía del BarLume', los abuelos detectives de Marco Malvaldi


Seguro que todos conocéis un bar de pueblo en el que un grupo de abuelos se reúne para jugar a las cartas. O al dominó. Un grupo de abuelos que siempre se sientan en la misma mesa, que tocan las narices al camarero, que se meten donde no les llaman y que, a pesar de todo eso, sin ellos ese bar no sería lo mismo. Bien, pues en esta trilogía del italiano Marco Malvaldi el pueblo es Pineta, el establecimiento es el BarLume, el divertimento son las cartas (crímenes a un lado), el sufrido camarero es Massimo y los abueletes son Ampelio, Aldo, Rimediotti y Del Tacca. ‘Trilogía del BarLume’, un libro que me salvó en un momento de astenia lectora, reúne tres de las divertidas historias que tienen como epicentro el bar de Massimo: ‘La brisca de cinco’ (una adolescente aparece muerta en un contenedor de basura), ‘El juego de las tres cartas’ (un científico japonés fallece durante un congreso) y ‘El rey de los juegos’ (un crimen en el que se mezclan dinero, política y clero). Pues bien, aunque el responsable de resolver los asesinatos en Pineta (hay que ver la de crímenes que se cometen en ese pueblo tan pequeño) es el comisario Fusco, en realidad son el pobre Massimo (no penséis que es un camarero simple, no, iba para científico pero decidió meterse detrás de la barra de su propio bar) y los meticones jubilados los que acabarán descubriendo a los asesinos. Investigaciones, obviamente, un tanto surrealistas y que discurren entre las peleas y desencuentros de Massimo con el cuarteto de la tercera edad, que disfruta sacándolo de quicio. Todo ello ante la irónica presencia de Tiziana, un bellezón italiano (las hay que tienen suerte) que ayuda a Massimo en el bar y que, para su desesperación, se pone siempre de parte de los jubilados. Lo de menos en esta trilogía son los crímenes y su resolución, porque el verdadero jugo está en sus protagonistas, tan bien trazados que parece que los conoces de toda la vida, y en su relación, sobre todo la de Massimo con los jubilados (uno de ellos es su abuelo, con eso os lo digo todo). Lo leí hace meses, en un par de mañanas de sol y piscina. Y lo he releído hace un par de semanas. Le echaba un ojo para hacer la reseña y cuando quise darme cuenta me había vuelto a enganchar. No sé que tienen los autores italianos, pero últimamente me rindo ante ellos...


"-Massimo, ponme un café. 
Massimo tiene la cabeza inclinada sobre el fregadero, donde está cortando unos limones en rodajas, operación que parece absorberlo por completo, como si fuera un monje budista meditando. De esa misma manera ascética responde:-Nada de café. Ahora hace demasiado calor. Después. Quizá.-Escúchame bien, capullo, yo fui a la guerra de Abisinia, ¿y te crees que aquí hace demasiado calor para tomarme un café?Todavía con la cabeza inclinada, Massimo rebate:-No hace demasiado calor para tomarlo, hace demasiado calor para ponerlo."


Título: ‘Trilogía del BarLume’
Autor: Marco Malvaldi
Editorial: Círculo de lectores
Páginas: 440
Precio: 20,95
Procedencia: Comprado

lunes, 26 de octubre de 2015

'Un grito de amor desde el centro del mundo', un grito de amor desde Japón

Quien me tendió este libro ya me advirtió que quizás no era la historia más adecuada para el momento en el que estaba. Y es cierto. No era la historia más adecuada para el momento en el que estaba. Una triste y tierna historia de amor para un corazón golpeado. Y precisamente por eso era la historia que necesitaba. Una historia que me hizo llorar lo que aún tenía pendiente. Que abrió las compuertas para que se fuera, lágrima a lágrima, el dolor enquistado que creí que no existía. Así que, contra todo pronóstico, la de Sakutaró y Aki, dos adolescentes japoneses, no era la historia más adecuada para mí en ese momento, pero era la historia que necesitaba en ese momento. Una historia delicada y tierna, como el amor de juventud que los protagonistas, que se conocen en clase, van experimentando entre paseos y aventuras. Un amor de conocimiento pausado, de descubrimiento, de cariño y pasión tímida. Un amor bonito y entrañable que será eterno, porque a Sakutaró y Aki, esos adolescentes que se besan en las escaleras del templo, que huyen de los hoteles por horas, que se bañan de noche en una isla abandonada, el destino les tiene reservado un giro que convertirá su amor en eterno e inolvidable.

"Aquella mañana me desperté llorando. Como siempre. Ni siquiera sabía si estaba triste. Junto con las lágrimas, mis emociones se habían ido deslizando hacia alguna parte. Absorto, permanecí un rato en el futón hasta que se acercó mi madre y me dijo: 'Es hora de levantarse'. No nevaba, pero el camino estaba helado, blanco."

Título: 'Un grito de amor desde el centro del mundo'
Autor: Kyoichi Katayama
Editorial: Punto de lectura
Páginas: 192
Precio: 6€
Procedencia: Préstamo Marian

lunes, 19 de octubre de 2015

'Tanta pasión para nada', reencuentro con los relatos

Hace tiempo que dejé de leer relatos. Me gustan, pero me dan pereza, así que los abandoné. Cuando son malos me siento estafada, me enfado con el autor porque siento que me ha hecho perder el tiempo. Cuando son buenos me siento triste al final, me enfado con el autor porque siento que ha cortado una historia que podía dar mucho más de sí. Así que hace tiempo que me olvidé de ellos, que los dejé apartados y me dije a mí misma que nunca más, que sólo de vez en cuando, y uno a uno, nunca recogidos en un volumen. Pero entonces se puso delante de mí (bueno, me pusieron delante) 'Tanta pasión para nada', de Julio Llamazares, y me volví a sumerger de lleno en el universo relato con este libro que reúne doce cuentos y una fábula. Doce historias cortas en las que el nexo común es la pasión. Y no sólo la pasión sexual, sino la pasión en general, en su más amplio sentido, una pasión que puede resultar, la mayoría de las veces, completamente inútil. La pasión de un futbolista del Dépor a la hora de jugarse la liga en un penalti, la pasión del tío Mario en sus últimos días, la pasión del último Don Tancredo, la de un periodista free-lance en su primera Navidad en casa, la del padre de familia que se convierte en un yonky de la conducción, la del escritor que no consigue escribir... Y así hasta doce. Historias, algunas de ellas, como la del tío Mario, completamente redondas, que llenan la cabeza de imágenes y se quedan ahí durante un tiempo. Y la fábula... qué decir de la fábula... Fui mala, empecé con ella a pesar de que era la última, y acompañó con su desasosiego el resto de relatos.

"Cuando cogió el balón, Djukic se acordó de lo que su mujer le había dicho aquella tarde; parecía como si lo presintiera. Si acaso, le había dicho Ceca, no se te ocurra tirar un penalti."

Título: 'Tanta pasión para nada'
Autor: Julio Llamazares
Editorial: Punto de lectura
Páginas: 160
Precio: 7,95€
Procedencia: Préstamo Marian

viernes, 16 de octubre de 2015

Curvas y trampas

@Martatorresmol
Te pasas la vida reivindicando las curvas. Enfadándote con los editores de las revistas de moda que reproducen el ideal único de belleza. Y con los catálogos de las marcas de ropa y con los anuncios de cosméticos (y de gafas y de lavadoras y de detergentes y de perfumes y de coches y de supermercados y de páginas web...) por el mismo motivo. Defiendes donde haga falta que no hay que ser delgadísima, altísima, blanquísima y con los ojos azulísimos para que te consideren guapa. Te lo crees. Te crees que te lo crees. Incluso llenas el armario de vestidos que marcan curvas. Porque estás convencida de que sin ser un insecto palo puedes ser guapa, sensual, atractiva, incluso. Y entonces aparece alguien. Que te dice que le gustan tus curvas. No que no le importen, o que las soporta o que le gustas a pesar de ellas. No. Que le gustan. Le gustan hasta el punto de decirte algo que no te habían dicho nunca. Y en vez de sonreírle pícara, ponerle ojos de "ahora mismo nos sobra todo el mundo" y comértelo a besos, dudas. Se te planta un enorme nubarrón sobre la cabeza. No le crees. Y te das cuenta de que tú, sí tú, la que enarbola cada vez que puede la bandera de "todas somos guapas", has caído en la misma trampa.

viernes, 9 de octubre de 2015

'La cocinera de Himmler', entre nazis y flan de caramelo

Rose, aunque cueste creerlo, tiene 105 años. Y sigue regentando un famoso restaurante en Marsella. Un restaurante en el que, décadas atrás, sedujo nada más y nada menos (entre otros muchos hombres) que a Heinrich Himmler, líder de las SS. Con su cocina y con su personalidad, hasta el punto que durante años cocinó para él y para otros nazis, incluido Hitler. Y es que Rose ha vivido muy de cerca algunos de los grandes momentos históricos del siglo XX. Desde muy pequeña. Con apenas ocho años experimentó en carne propia el exterminio de los armenios, del que consiguió escapar. Se quedó sola, sin familia, sin amigos. Y salió adelante. Fuerte. Divertida. La vida no le escatima ninguna miseria hasta que encuentra su pasión en la cocina. Esclava sexual y mendiga de una red mafiosa. Tampoco después. Cuando la guerra le aleja de su marido y sus hijos. Rose, cuya historia va de ese pasado tremendo a un presente en el que siempre lleva una pistola en el bolso y recurre a su vecino hacker para que encuentre un rastro perdido de ese pasado, tiene muy claro en todo momento quién es el culpable de todo lo que le pasa. No sólo no perdona, sino que en el momento justo, cuando ha pasado el tiempo y necesita desahogarse, se toma la justicia por su mano. Un afán de justicia que, al igual que el de sexo, no desaparecen a pesar de los años. 'La cocinera de Himmler', de Franz-Olivier Giesbert, se lee casi de un tirón. En un par de tardes, como mucho. La historia es apasionante, la protagonista un bombón de personaje, está muy bien escrita y tiene unos puntos de humor en mitad de todas las tragedias que te pintan una sonrisa en el rostro cuando menos te lo esperas.

"Marsella, 2012. Besé la carta y después crucé dos dedos, el índice y el corazón, para que me trajera buena suerte. soy muy supersticiosa, es mi debilidad. La carta había sido enviada desde Colonia, Alemania, según indicaba el matasellos, y la remitente había escrito su nombre en el dorso: Renate Fröll. Mi corazón empezó a latir con fuerza. Me sentía angustiada y feliz al mismo tiempo. A mi edad, cuando ya se ha sobrevivido a todo el mundo, recibir una carta personal es sin duda todo un acontecimiento. "

Título: 'La cocinera de Himmler'
Autor: Franz-Olivier Giesbert
Editorial: alfaguara
Páginas: 344
Precio: 18,50€
Procedencia: Biblioteca

lunes, 5 de octubre de 2015

No sin prensa

@martatorresmol

Café con leche  y sin azúcar, tostada con tomate (restregado, no cortado) y prensa. Toda la posible. La imprescindible los días de trabajo. La imprescindible, con calma, los días libres. En mi mesa favorita de cualquiera de los bares que frecuento en ayunas. El sonido del mar, de unas tragaperras, de las fichas del dominó de unos abuelos, de los niños jugando en el pasaje. Depende del día. Pero siempre con esa pregunta que ronda de mesa en mesa: «¿Me dejas el diario cuando acabes?». El otro día, en uno de esos cafés, en el que suena a viento colándose por las celosías enredadas de buganvillas y huele a helado, no había prensa. Ni un diario. Los propietarios han decidido prescindir de ella. Un gasto menos. Nunca recurro a la prensa de los bares. La compro. Me gusta separar las hojas aún enganchadas unas a otra por los filos irregulares. La lisura de las páginas todavía por leer. El olor a tinta. Sonreír al descubrir mis dedos tiznados de negro. Nunca uso la prensa de los bares, pero me gusta que la tengan. Necesito que la tengan. Me encanta ver cómo pasa de mesa en mesa. Y me ruborizo cuando veo que alguien se detiene en una de las páginas que he escrito. Me gusta sentir que la gente se interesa por lo que pasa en el mundo y en su mundo. Que los periodistas les acompañamos mientras se toman el café. Por eso, sintiéndolo mucho, no he vuelto al café que suena a viento y huele a helado. Y no volveré a ninguno que no tenga los periódicos del día. No sin prensa.

viernes, 2 de octubre de 2015

'Deseo de ser punk', para leer y escuchar

Me hubiera gustado tener ahora 16 años. O 14. Me hubiera gustado llegar a 'Deseo de ser punk', de Belén Gopegui, con esa edad. Para que la historia de Martina me reconfortara. O me encendiera. No lo tengo claro. Y para descubrir de su mano no sólo el paso de la adolescencia a una supuesta adultez sino también parte de esa banda sonora que la acompaña. Escuchar por primera vez con ella a Reincidentes, ACDC, Guns n'Roses, Neil Young, Bonnie Tyler o ese 'Aunque tú no lo sepas' de Enrique Urquijo que me destroza cada vez que lo escucho. Porque 'Deseo de ser punk' no se puede leer en silencio. Las palabras de Gopegui no deben resonar en tu cabeza, deben rebotar en los acordes de toda esa música que acompaña a Martina en ese momento en el que muere el padre de su mejor amiga, el único adulto al que admiraba, y siente que no pertenece a ningún sitio, que nadie la entiende, que está sola y que los débiles hilvanes de su vida pueden descoserse en cualquier instante. Hay algo de Holden Caulfield en Martina, pero ella me ha gustado mucho más. Quizás porque la entiendo mejor que al protagonista de 'El guardián entre el centeno'. Me gusta Martina. Y me gusta su misión para purgarse de todo ese dolor e incomprensión que se la comen por dentro. Y me encanta la manera de escribir de Gopegui. Frases cortas. Frases muy cortas. Nada importante necesita muchas palabras para decirse.Y porque hay unas frases que me han llegado al alma (casi tanto como mi favorita de Luis García Montero) y se quedarán ahí para siempre: "Hay una parte donde nunca nos abrazan. Aunque nos quieran muchísimo. Esa parte está ahí, esa pena. Y nadie llega a tocarla nunca." Y es cierto. Hay una parte de nosotros a la que no llega ningún abrazo.

"Odiaba su música. Normalmente son los padres los que odian la música de los hijos. Pero es que: uno, yo no tenía música; dos, a ellos les daría igual que la hubiera tenido porque yo no iba vendiéndoles a ellos lo que me gustaba. A lo mejor no debía contártelo. ¿Qué importa? Tener dieciséis años y no tener música."

Título: 'Deseo de ser punk'
Autora: Belén Gopegui
Editorial: Anagrama
Páginas: 192
Precio: 7,90€
Procedencia: Biblioteca

lunes, 13 de julio de 2015

'El guardián invisible', seducida por los crímenes del basajaun

Los crímenes de Baztán y la inspectora Amaia Salazar llegaron a mi vida en mi cumpleaños. Acompañados de seis paquetes de palomitas y un enorme y colorido bol de plástico en el que se lee 'pop corn'. Y las casi 450 páginas de 'El guardián invisible', de Dolores Redondo, se acabaron mucho antes que las palomitas. Ahora que el calor empieza a apretar me encantaría escaparme al valle de Baztán, en el que se ambienta la trilogía, para ver los paisajes tenebrosos y umbríos en los que la protagonista investiga unos terribles asesinatos de adolescentes que ocurren en su pueblo. La investigación la obliga a volver a sus raíces, a Elizondo, a recuperar los lazos familiares y a enfrentarse a un pasado traumático que creía superado. Así, mientras la inspectora intenta descubrir quién anda matando adolescentes, abandonándolas en el bosque con un pastel (txantxigorri) sobre el pubis y un cordel aferrado aún al cuello, asiste al desmoronamiento de la escasa relación que aún tienen sus hermanas, socias en el negocio familiar, una pastelería artesana de cuya parte Amaia se deshizo cuando decidió iniciar su carrera en la policía. Además, la inspectora, férreamente aferrada a la ciencia y la evidencia, llegará a pensar incluso en la posibilidad de que las leyendas de su tierra tengan algo que ver en los asesinatos. Unos asesinatos de los que es imposible separarse, como debe ocurrir con cualquier novela negra, hasta que se descubre el asesino. Un libro para leer de un tirón, o dos, parando sólo para especular sobre quién es el asesino que hornea txantxigorris para sus víctimas.

"Ainhoa Elizasu fue la segunda víctima del basajaun, aunque entonces la prensa todavía no lo llamaba así. Fue un poco más tarde cuando trascendió que alrededor de los cadáveres aparecían pelos de animal, restos de piel y rastros dudosamente humanos, unidos a una especie de fúnebre ceremonia de purificación."

Título: 'El guardián invisible'
Autora: Dolores Redondo
Editorial: Destino
Páginas: 440
Precio: 18,50€

lunes, 6 de julio de 2015

'Dónde estás, Bernadette', moscardonas, una genio y la Antártida

Poco pueden imaginarse Bernadette Fox y su hija Bee que un pequeño incidente a la salida del colegio con una de las madres ("moscardonas", las llama) acabará desencadenando una tragicomedia de dimensiones titánicas. Pero es que Bernadette Fox, genio de la arquitectura reconvertida en ama de casa, es mucha Bernadette. Y es que Audrey Griffin, ama de casa más pendiente de la vida de los demás que de la suya, es mucha Audrey. Así que ese incidente, en el que una de las dos miente, acabará con la desaparición de la arquitecta, incapaz de aguantar el alud de consecuencias. Consecuencias que el lector lee con una media sonrisa porque si una cosa hay que destacar de 'Dónde estás, Bernadette', de Maria Semple, es el fino humor con el que está escrito. Eso y la estructura. Porque no es una novela al uso. El libro es, en realidad, el trabajo de investigación que realiza Bee cuando intenta averiguar qué ha pasado con su divertida y alocada madre. Así, la historia se cuenta a través de documentos: los correos eléctronicos y whatsapps que intercambian los protagonistas, las cartas y circulares relacionadas tanto con su vida privada como con la profesional, artículos y reportajes de prensa, notas manuscritas... En algún momento, aunque pocos, Bee toma la iniciativa e intercala algunos párrafos en los que explica sus sentimientos, impresiones y visión de la situación. Y aunque pueda parecer una forma fría y distante de explicar una apasionante historia que pasa por Seattle, Los Angeles y hasta la Antártida, lo cierto es que te atrapa desde el primer momento, cuando Bee presenta sus notas de noviembre a sus padres en casa, un viejo orfanato que Bernadette compró con la intención de reconvertir en un hogar y que, veinte años después, está plagado de goteras, barro, zarzas, humedad y agujeros. Exactamente igual que la autoestima de Bernadette, un personaje que me ha enamorado.

"¿Que mamá se esfume dos días antes de Navidad sin decírmelo? Pues claro que es complicado. Pero que sea complicado, y que uno piense que es imposible llegar a conocer del todo a otra persona, no quiere decir que no pueda interesarme. No quiere decir que yo no pueda intentarlo."

Título: 'Dónde estás, Bernadette'
Autora: Maria Semple
Editorial: Círculo de Lectores
Páginas: 352
Precio: 16,95€

jueves, 2 de julio de 2015

Microcuento: Monstruito

@Martatorresmol

Era un monstruito con tanta luz que se creyó bombilla.


lunes, 29 de junio de 2015

'Lo que encontré bajo el sofá', secretos entretejidos hasta el nudo

Hay libros que salvan tardes duras de semanas duras en meses duros. Libros que te atrapan desde la primera frase y que no te sueltan hasta el último punto. Esas horas abducida, esas horas en las que algo consigue callar los pensamientos, son la vida. Y eso es lo que me ha pasado con 'Lo que encontré bajo el sofá', de Eloy Moreno. Hacía varias visitas a la biblioteca que me ponía ojitos. Pero me resistía. Ya sabéis que los libros sobre los que habla (o ha hablado) todo el mundo me echan un poco para atrás. Me ha gustado. Mucho. Sobre todo la manera en la que está escrito, la estructura. Me encanta cuando historias diferentes se van entretejiendo de tal manera que, al final, acaban formando un nudo que es imposible deshacer por más vueltas que le des. Y me gustan los personajes, tan reales que creerías si te dijeran que son tu vecina del quinto, la profesora de la hija de una de tus amigas o el señor que te sirve cada día los cafés en el bar. Creo que eso, además de la conexión son la situación económica y social actual del país, son los grandes aciertos de esta novela ambientada en un Toledo al que es inevitable no querer volver. 'Lo que encontré bajo el sofá' es un libro de secretos, de esos secretos que se guardan durante años, hasta el enquistamiento. El primero, el principal, es el de Alicia, que debe abandonar a su marido entre semana para cubrir una sustitución en un instituto en Toledo, ciudad que la seduce y en la que la envolverán otros secretos. El de su tía, la mujer que le ha abierto las puertas de su casa y que no puede evitar suspirar cada vez que se abre la puerta vecina. El de Marta, una guapísima adolescente que mirará a los ojos al abismo de un puente. El del encapuchado de negro que recorre las calles buscando dos dorazones con una fecha. Los mismos corazones que obsesionan a Alicia, que los persigue cogida de la mano de unos ojos verdes que no son los de su marido.

"Hay en Toledo una calle estrecha, torcida y oscura que guarda una casa con tres plantas y un patio interior. Un patio de donde nace una escalera rodeada de una barandilla de madera que está muerta por dentro.
Es casi la hora de cenar y un matrimonio acaba de cerrar la puerta de una pequeña habitación situada en la tercera planta. Fuera de esa misma puerta, a unos metros, un niño permanece sentado en el inicio de la escalera, a la espera de que sus padres salgan. Juega con sus pies contra el suelo mientras se asoma entre los barrotes para observar el arcoíris de macetas que adornan el suelo del patio."

Título: 'Lo que encontré bajo el sofá'
Autor: Eloy Moreno
Editorial: Espasa
Páginas: 320
Precio:19,90€

viernes, 5 de junio de 2015

'Flaó', ese postre que odias o amas

@martatorresmol

Un flechazo. Un amor eterno al primer bocado. O te vuelve loco o lo odias. El flaó es así. No admite medias tintas. Su peculiar sabor (no se parece a ningún otro postre que hayáis probado) lo convierte en único y catarlo debería ser uno de los diez mandamientos a cumplir por todo aquel que visite la isla (prometo compartirlo algún día). Por si no tenéis pensado pasaros por aquí, siempre podéis hacerlo en casa. Es mucho más sencillo de lo que parece. En mi caso, soy de las que lo adora, pero prefiero la humilde greixonera, el primer postre típico de la isla que aprendí a preparar. El flaó es intenso, contundente, con un toque fresco y un sabor imposible de olvidar.

Ingredientes para la masa:
-200 gramos de harina (que no sea de fuerza)
-un huevo
-un pellizco de sal
-30 gramos de azúcar
-ralladura de un limón
-medio vaso de aceite de oliva (se hacía con grasa de cerdo, pero yo lo prefiero con aceite)
-un chupito de anís
-una cucharadita de matalaúva

Ingredientes para el relleno:
-250 gramos de azúcar
-dos huevos enteros y cuatro yemas (intentad que sean payeses, sólo así conseguiréis ese color amarillo tan apetecible)
-300 gramos de queso fresco de burgos sin sal
-200 gramos de queso de oveja
-hierbabuena picada no muy pequeña
-ocho hojas de hierbabuena para decorar

Preparación:
-Lo primero, la masa. Trabajad en un bol grande. Untad el molde (uno de esos dentados) con un poco de aceite. ¡Ah! Poned a calentar el horno (180 grados), así cuando acabéis no tendréis que esperar.
-Batid el huevo, añadidle el azúcar, el pellizco de sal, la ralladura de limón, los granos de matalaúva y el chupito de anís. Mezcladlo todo bien y comenzad a añadir la harina y el aceite poco a poco. Cuando coja cuerpo, sacadla del bol y seguid amasando sobre la encimera. Notaréis en las manos cuando la masa está bien. No debe quedarse pegada a los dedos ni romperse. Si se os pega, le falta un pelín de harina. Si se rompe, le falta un pelín de aceite. Es sencillo.
-Estiradla con un rodillo sobre la mesa (harina abajo para que no se pegue) hasta que tenga el tamaño suficiente para cubrir el fondo y los laterales del molde. Colocadla, debe sobrar un poco. Pegadla bien a los pliegues.
-Vamos con el relleno. Batid en un bol hondo, con un tenedor, los huevos enteros y las yemas. Añadid el azúcar y mezcladlo bien. Incorporad el queso, podéis rallarlo, pero yo prefiero desmenuzarlo con las manos y luego darle un toque de batidora.
-Echad la hierbabuena y mezcladla bien con el resto del relleno. Ni se os ocurra echar mano de la batidora en este momento porque entonces os quedaría un flaó a lo Hulk, o sea, verde. Y, a no ser que sea el día de San Patricio, no es plan.
-Rellenad con esta pasta el molde y colocad encima las hojas de hierbabuena que habéis reservado. Recortad los bordes de la masa para que os quede bien bonita.
-Meted el flaó en el horno y dejadlo a 180 grados entre 40 y 50 minutos. Para saber si está hecho lo mejor es pincharlo con un palillo en el centro. Si sale seco, es que ya está.
-Dejadlo enfriar. Lo tradicional es espolvorear un poco de azúcar por encima, aunque a mí, personalmente, no me gusta hacerlo, lo prefiero sin. Pero reconozco que en eso soy una hereje.

Una curiosidad: Aunque ahora se consume todo el año, antiguamente se preparaba en Pascua, ya que es cuando mejor estaban los quesos. De hecho, en muchas de las casas era un trozo de flaó con lo que agradecían al cura que bendijera y protegiera los hogares dejando un pellizco de sal y salpicando unas gotas de agua bendita en la puerta, lo que se conoce como la salpassa,


lunes, 1 de junio de 2015

'No tengo miedo', no puedo vivir sin Ammaniti

@martatorresmol
El mundo sería un lugar peor si Niccolò Ammaniti no escribiera. Y el mundo es un lugar peor ahora que ya no me quedan más libros traducidos de Ammaniti por leer. Me sedujo con ironía y sonrisas en 'Que empiece la fiesta'. Me tocó el alma con 'Tú y yo'. Me llegó al tuétano con 'Te llevaré conmigo'. Y ha llegado a mi corazón de niña con 'No tengo miedo'. 'No tengo miedo' es una de esas novelas de niños, que te llevan a la infancia, a esos veranos con los amigos en los que las trastadas eran norma. Pero a la parte oscura. Porque Ammaniti no se iba a quedar ahí, en una historia feliz, dulce y con olor a vacaciones porque entonces no sería él. 'No tengo miedo' está plagada de zonas umbrías y tremendas que vas descubriendo página a página, con Michele, el protagonista de esta novela que si no fuera por lo turbio, con todos los niños arriba y abajo en bicicleta todo el día podría recordar a 'Verano azul'. Es en una de esas excursiones en bicicleta por los alrededores del pequeño pueblo en el que viven, en una de esas mañanas entre tierra y trigales, de bromas pesadas y pagar prendas al malote de la pandilla, cuando Michele descubre algo que no debería haber descubierto: un niño, casi de su misma edad, en el fondo de una casa abandonada y medio derrumbada. Un niño que habla de osos lavadores, que está sucio, que bebe de un cubo, se protege del frío con una manta ajada y cree que está muerto y que Michele es su ángel de la guarda. Michele no podrá olvidar a ese niño engrilletado y lo visita una y otra vez, cumpliendo una promesa que le hace cada vez que se despide de él, a pesar de que algo le dice que cada vez que lo hace pone su vida en peligro. Es su secreto. Un secreto que no se atreve siquiera a confesar a su bella madre ni a su callado padre, especialmente cuando conversaciones nocturnas en la cocina de su casa le hacen sospechar que los adultos del pueblo no son ajenos a ese niño atado de la casa abandonada. 'No tengo miedo' es hipnótica, te obliga a seguir leyendo. Te da miedo soltar el libro y que Michele siga su vida y su aventura mientras no estás. Te ata a ese pueblo caluroso y claustrofóbico en el que algo pervierte la despreocupación de la infancia. Te ata. Como todos los libros de Ammaniti.

"Iba a adelantar a Salvatore cuando oí gritar a mi hermana. Me volví y la vi desaparecer hundida en el trigo que cubría la colina. No debía llevarla conmigo, mi madre se enfadaría. Me detuve. Estaba sudando. Tomé aliento y la llamé:
-¡Maria! ¡Maria!"

Título: 'No tengo miedo'
Autor: Niccolò Ammaniti
Editorial: Anagrama
Páginas: 232
Precio: 7,90€ 

viernes, 29 de mayo de 2015

'Los pájaros amarillos', una terrible mentira piadosa en la guerra de Irak

Da igual si os gusta o no el género bélico. Si lo amáis o lo detestáis. Porque 'Los pájaros amarillos' no es una novela sobre combates y bombas y heridos y muertos y militares y traductores e inocentes y arena y decisiones y dolor. Al menos no es sólo una historia sobre todo eso, porque todo eso cabe en las apenas 200 páginas en las que Kevin Powers (que sirvió al ejército estadounidense en Mosul y Al Tafar) cuenta la historia del soldado Bartle, enviado a Irak con veintiún años, y su compañero Murphy, que sólo tiene dieciocho cuando llega al frente. De lo que vivieron allí (las dudas, los miedos, las preguntas sin respuesta, la incertidumbre) y de lo que pasó después, ya en estados Unidos. Es, sobre todo, la historia de una mentira piadosa. De las consecuencias que puede tener esconder la verdad, una verdad tan dolorosa que, en un momento de tensión en un país extraño y en guerra donde todo el mundo es un fantasma dispuesto a matarte, pueda parecer lógico esconderla, sin pensar en qué pasará en la otra punta del mundo, al otro lado del Atlántico, donde esa mentira se convertirá en una herida difícil de cerrar. 'Los pájaros amarillos' destila realidad, se nota que el autor vivió en carne propia la guerra, pero también un ligero tono poético que te envuelve desde las primeras frases hasta el momento en que esa mentira estalla ante tus ojos.

"La guerra intentó matarnos en primavera. La hierna verdeaba las llanuras de Nínive, el tiempo se volvía más cálido y nosotros patrullábamos las colinas bajas que estaban más allá de las ciudades y los pueblos. avanzábamos por ellas y entre los pastos movidos por la fe, abriendo caminos entre el herbazal azotado por el viento como si fuéramos pioneros. Cuando dormíamos, la guerra frotaba sus mil costillas contra el suelo..."

Título: 'Los pájaros amarillos'
Autor: Kevin Powers
Editorial: Sexto Piso
Páginas: 192
Precio: 18€

lunes, 25 de mayo de 2015

A veces basta soplar

@martatorresmol
A veces basta soplar.
Soplas y silbas.
Soplas y vuelan las semillas de los dientes de león.
Soplas y el azúcar desparramado corre por la mesa.
Soplas y las pompas de jabón bailan.
Soplas y parece que mueves las nubes.
Soplas, te ves en el espejo y te ríes.
Soplas y la llama del pastel se convierte en un deseo.
Soplas y resoplas.
Soplas y te sientes lobo.
Soplas y haces que la niebla de alguien desaparezca.
Soplas y el aliento frío te eriza la piel.
Soplas e imaginas que cura.
Soplas y parece que duele un poquito menos.
Soplas y quieres que cierre la herida.
Soplas y...
A veces no basta soplar.


viernes, 22 de mayo de 2015

'Vestido de novia', un perfecto cubo de rubik en una novela negra

Todo lo que cuente sobre esta novela podrá ser utilizado en mi contra. Y es que 'Vestido de novia', de Pierre Lemaitre, hay que leerla. No dejéis que nadie os cuente nada sobre ella. No dejéis que nadie os fastidie su lectura virgen. Porque entonces ya no será lo mismo. 'Vestido de novia' hay que leerlo a ciegas, descubriendo a cada página las mil vueltas que da una trama extenuante, que no te deja ni respirar y, mucho menos, soltar el libro. La protagonista es Sophie Duguet, viuda con trabajos temporales que va dejando un rastro de cadáveres a su paso y... Ya está. No debo contaros nada más de este angustiante thriller, pero a partir de ese momento la trama dará un giro tras otro hasta el final. Incluso cuando penséis que ya está, que todo ha encontrado su lugar, Lemaitre aún lo retorcerá un poco más. Y tendrá lógica. Y todas las piezas encajarán a la perfección, como un cubo de rubik aparentemente desastroso que queda perfecto en cinco segundos. Sólo os diré una cosa más sobre esta novela negra. Desconfiad. Desconfiad de cada palabra. No os fiéis de Lemaitre, ni de lo que os cuenta Sophie. Os estarán engañando todo el rato. Un engaño del que no querréis separaros hasta la última página.

"Aquella mañana, como tantas otras, se despertó llorando y con un nudo en la garganta, aunque no tenía ninguna preocupación concreta. En su vida, el llanto no es nada excepcional: las lágrimas la acompañan todas las noches desde que está loca."

Título: 'Vestido de novia'
Autor: Pierre Lemaitre
Editorial: Alfaguara
Páginas: 296
Precio: 18,50€

lunes, 18 de mayo de 2015

Coca de pimientos ibicenca

@martatorresmol
Soy más de salado que de dulce. De siempre. Y la coca de pimientos típica de mi isla es una de mis debilidades. Me gustaba desde pequeña, cuando la comía en las entregas de trofeos del club de tenis que regentaban mis abuelos. Eran compradas, pero compradas de los años 80, cuando a las panaderías no habían llegado las baguettes ni el pan congelado, cuando los panaderos preparaban todo con el mismo mimo con el que se cuida un hijo y sus panes y pasteles sabían igual que hechos en casa. Ahora eso es imposible. Las cocas de pimiento puestas a la venta no saben a nada. No tienen nada que ver con aquella delicia que llenaba la boca de sabor y el cerebro de endorfinas. Antonia, la señora que limpiaba en casa cuando era apenas una adolescente, me enseñó a prepararla. Han pasado muchos años desde entonces, pero sigo preparándola. Muy a menudo. Mucho. No exactamente igual que Antonia, porque he ido perfeccionándola, pero es una de las delicias que me reconcilian con el mundo. El olor de los pimientos asados llena la casa y soy un poquito más feliz.

Ingredientes:
-450 gramos de harina
-aceite
-medio vaso de vino blanco
-sal y pimienta
-seis pimientos rojos
-dos ajos
-aceitunas negras

Elaboración:
-Mejor si los pimientos los preparáis un par de días antes, así tienen más sabor. Calentad el horno al máximo. Lavad los pimientos y colocadlos en la bandeja del horno son un poco de sal y un chorrito de aceite. Bajad la temperatura hasta 180 grados. El tiempo dependerá del tamaño y grosor de los pimientos, pero cuando estén un poco negritos, dadles la vuelta. Cuando del otro lado tengan el mismo color, sacadlos del horno y, si le tenéis cariño a las yemas de vuestros dedos, esperad a que se enfríen para pelarlos.
-Pelad los pimientos y quitadles todas las semillas. Intentad no dejar ni una, que amargan un poco. Troceadlos a tiras, con los dedos, no importa que no sean iguales, y ponedlas en un envase de plástico.
-En un mortero, machacad los ajos con un pellizco de sal y añadidle aceite, como un vaso, más o menos. Echadlo sobre los pimientos (tienen que quedar más o menos cubiertos), dadles un par de vueltas, tapad y reservad en la nevera.
-Para la masa, mezclad la harina con un pellizco de sal y aceite (como un vaso de chupito). Añadidle el vino poco a poco y amasad bien. Lo mejor es mezclarlo en un bol grande y cuando la masa tenga cierta consistencia pasar a la encimera. Amasad bien, hasta que la preparación no se pegue a los dedos y tenga una consistencia elástica. Añadid un poco de agua si está seca o un pelín más de aceite si no está suficientemente elástica. Golpeadla contra la encimera, rompedla y volvedla a juntar, pellizcadla... ¡Todo sirve!
-Estirad la masa con un rodillo. Cuanto más fina quede, mejor. Engrasad con un pelín de aceite la bandeja del horno y colocad encima la masa. Calentad el horno.
-Cubrid la masa con los pimientos, intentando que no queden mucho huecos. Espolvoread un poco de pimienta y colocad las aceitunas como más os guste. Pensad que os pueden servir de guía para después hacer las porciones. Con una cuchara, echad por encima un poco del aceite con jugo de pimientos que queda en el recipiente. (¡No se os ocurra tirarlo! Es ideal para las tostadas y para aderezar ensaladas).
-Meted en el horno a 180 grados y en unos 20 minutos aproximadamente estará lista, aunque lo mejor que podéis hacer es no perderla de vista. cuando los bordes estén tostaditos, es el momento de sacarla.
-Esperad a que se enfríe y... ¡A disfrutar!

viernes, 15 de mayo de 2015

'La huida del teniente Alili Messaoud', historia de una aventura real

Era sólo una adolescente cuando supe quién era Alili Messaoud. A través de la prensa local. Todos en la isla nos quedamos alucinados con su historia: un teniente del ejército argelino que desertó huyendo en un helicóptero de transporte militar y aterrizó en Ibiza, un destino que no estaba en sus planes. 'La huida del teniente Alili Messaoud', de Manuel Vega Alocén, no es tanto la historia de aquella aventura como la historia que llevó a este hombre a tomar la difícil y peligrosa decisión de huir de una guerra cuyas injusticias y muertes ya le pesaban demasiado. Y la historia de lo que pasó después. Porque quince años después Alili sigue viviendo en la isla, mantiene el primer trabajo que consiguió aquí y su historia sigue fascinando a los que la descubren. Así, este libro explica cómo el niño Alili soñaba con volar, un sueño que sólo podía permitirse en el ejército, ya que su familia, humilde, no podía permitirse la formación como piloto comercial. También lo que sufrió durante los años en que veía día a día cómo se violaban los derechos humanos en su país, especialmente en 1997, año en el que tomó a decisión de huir. El libro, escrito en primera persona tras las largas conversaciones entre Vega y Messaoud acompañas con té de menta, se lee muy rápido. Y se entiende a la perfección. Casi se puede ver el viaje rasante, a poca distancia de la superficie del mar para evitar los radares, que protagonizó Alili. Y la cara de sorpresa de la pareja de bañistas que, al amanecer, se toparon con el helicóptero en la playa de Formentera en la que paró el teniente para orientarse. Y se huelen sus nervios a la hora de abordar en solitario y en secreto ese vuelo. El libro se lee muy rápido, de un tirón, en una tarde, aunque quizás peca de, en algunos puntos, ser un poco notarial, una sucesión de datos y hechos y no un relato. El propìo autor, sin embargo, insiste en que no quería escribir una novela, sino contar la auténtica historia de Alili.

"Me llamo Alili Messaoud. Tengo cuarenta y cuatro años. Y soy un apátrida. No siempre fue así. Hubo un tiempo en que tuve una patria, pero ya no la tengo. Hubo un tiempo en que lo tuve casi todo, y ahora ya no tengo casi nada. Hubo un tiempo no muy lejano en que trabajé en lo que más amo en este mundo: pilotar, pero ya no lo hago."

Título: 'La huida del teniente Alili Messaoud'
Autor: Manuel Vega Alocén
Editorial: Edicions Aïllades
Colección: Anacrèptica de narrativa
Páginas: 136
Precio: 17€

lunes, 11 de mayo de 2015

'También esto pasará', un dolor crudo y tierno

'También esto pasará'. Un título y, al mismo tiempo, un mensaje de una buena amiga. Esa amiga a la que quiero como una madre y con la que hace años comparto la ilusión de regalar libros en Sant Jordi. También esto pasará. Porque es verdad, todo pasa. Te duele más o menos. Te destroza más o menos. Te cambia más o menos. Pero todo pasa. Incluso cuando crees que no lo hará. Incluso cuando es algo grave e irreparable, como la muerte de un ser querido, que es lo que le pasa a Blanca, la protagonista de esta deliciosa y cruda novela de Milena Busquets. Porque cruda, dolorosa, pero también deliciosa y tierna. Y huele a verano. La novela comienza ahí, en el entierro de la madre de Blanca. Con un dolor profundo que no sabe cómo aplacar, que sólo parece remitir durante el sexo. Pero regresa. Blanca tiene dos hijos. Y dos ex con los que mantiene una buena relación. Tan buena que se acuesta con uno de ellos. Y un amante casado. Tres amigas que la miman y la animan. Y un desconocido con el que tontea en Cadaqués, el lugar de su infancia y al que regresa con toda la troupe para intentar hacer más llevadero el calor del verano y el duelo eterno por su madre, con la que la relación no fue nunca fácil. Parece una historia fácil, sencilla, simplona. Pero nada de eso. Desde la primera página, desde la primera frase, 'También esto pasará' destila tanta verdad que duele y te acaricia al mismo tiempo. Párrafo a párrafo. Que te llena de frío mientras te calienta como el sol de verano. Un verano que, en algunos momentos me ha llevado a la también deliciosa 'Los caballitos de Tarquinia', de mi adorada Marguerite Duras. 'También esto pasará' no se lee, se bebe con sed, de un trago, sin parar ni para respirar.

"Por alguna extraña razón, nunca pensé que llegaría a los cuarenta años. A los veinte, me imaginaba con treinta, viviendo el amor de mi vida y con unos cuantos hijos. Y con sesenta, haciendo tartas de manzana para mis nietos, yo, que no sé hacer ni un huevo frito, pero aprendería. Y con ochenta, como una vieja ruinosa, bebiendo whisky con mis amigas. Pero nunca me imaginé con cuarenta años, ni siquiera con cincuenta."

Título: 'También esto pasará'
Autora: Milena Busquets
Editorial: Anagrama
Colección: Narrativas hispánicas
Páginas: 176
Precio: 16,90€

viernes, 8 de mayo de 2015

Profesionales, no "nenas"

@Martatorresmol
Hace unos meses le colgué el teléfono a un concejal de un municipio de la isla porque en una llamada de trabajo en vez de llamarme por mi nombre repetía una y otra vez la palabra "nena" para referirse a mí. La alternaba con "nena". Le pedí en varias ocasiones que no lo hiciera. Y le dio igual. Siguió insistiendo con el "nena" y con el "guapa". Le colgué el teléfono. Si yo en vez de yo hubiera sido cualquiera de mis compañeros de la redacción eso no habría pasado. ¿Os imagináis llamándole "nene" o "guapo"? Evidentemente, no. De hecho, seguro que a más de uno le entra la risa floja al imaginarse la escena. Pues a mí no. A mi me da mucha rabia.

La misma rabia que sentí hace un par de semanas mientras escuchaba a los comentaristas de Teledeporte durante el partido de la tenista española Carla Suárez conrea la suiza Belinda Belcic en los octavos de final del torneo de Stuttgart. Empezaron a llamarla "Carlita", diminutivo que, según ellos mismos, no le hace mucha gracia. ¿Entonces? ¿Por qué lo hacen? El "Carlita" rápidamente pasó a un segundo plano porque comenzaron a llamarla "cariño": "¡Vamos cariño!", "¡Ánimo cariño!"... Imaginad a los comentaristas animando así a Rafa Nadal en su partido contra Fabio Fognini en el Conde de Godó. No se les ocurriría jamás. No se atreverían.

No importa lo que consiga una mujer. A dónde llegue en su trabajo. Para los neandertales del siglo XXI (cuidado, chicas, están en todas partes) la mujer sigue siendo mujer antes que profesional. Y se sienten con derecho a tratarnos con condescendencia, con paternalismo, a rebajarnos a nenas, guapas y cariños. Sinceramente, siento ganas de coger la raqueta de Carla Suárez y utilizarla para hacer un smash. Y no precisamente contra el campo contrario.

lunes, 4 de mayo de 2015

Escena con nieve y lavadora

@Martatorresmol
Tuvo su momento romántico. Estaba allí, con su querida lavadora (arma imprescindible para su obsesión por el suavizante) y la pestaña recién puesta a pesar de que eran las nueve de la mañana. Entonces llegó la nieve, emborronando la postal de Dalt Vila que veía desde el lavadero. Y así se quedó. Con el camisón de seda en una mano y el jabón para prendas delicadas en la otra deseando fingir una gripe y quedarse en casa, al fuego de la chimenea, peinando amorosamente el mohair de sus jerséis.
Pero fue sólo un espejismo. Los copos se cansaron rápido de un lugar en el que no podían cuajar. Al salir de casa tropezó con la cabeza negra de su perro adornada de topos blancos. El frío, lejos de matar la ciudad, la había revitalizado. Los niños se asomaban a las ventanas de los colegios. Los patios inundados de risas a horas de matemáticas. Abuelas con el carrito de la compra al ralentí. En el mercado la nieve volaba de boca en boca. La verdulera. El carnicero. La charcutera. El pescadero. Todos la habían visto. El vendedor de la ONCE la había olido. La playa nevada. Frío. Mofletes enrojecidos y gorros sacados a toda prisa del último rincón del armario. Y se acordó... El jersey de mohair colgaba de la cuerda de la ropa. Corrió a casa con la esperanza de que las hebras no se hubieran congelado. Partido. Soñando en poder peinarlo amorosamente de noche, frente a la chimenea.

jueves, 30 de abril de 2015

De por qué ya no compro en Mango

M. T. M.
Imaginaos que os regalan ropa para Reyes. Imaginaos que os va grande. Imaginaos que no podéis cambiarla. Parece algo extraño en estos días en que la mayoría de las tiendas permiten cambios, devuelven el dinero o hacen vales para que los gastes cuando quieras. Todo por no perder al cliente. Bien, pues Mango no es una de esas empresas. A Mango los clientes le dan igual. O, al menos, eso parece. Me regalaron ropa para Reyes. Me iba grande (por suerte una ya no es lo que era) así que fui a la tienda que Mango tiene en Ibiza para cambiarla. Pero claro, era mediados de enero, en plenas rebajas. La misma prenda, pero más pequeña, ya no estaba, ni en el establecimiento ni en la web. Y en los percheros del local no había nada decente porque estaban llenos de ropa traída especialmente para las rebajas, esa que nunca antes habías visto en la tienda o que descubres, al despegarse un poco la etiqueta, que viene de otros países (Filipinas, Holanda...) en los que el patronaje es diferente y, por tanto, no se ajusta bien a las hechuras ibéricas. Decidí esperar. Volví a pasar varias veces y el último día antes de que expirara el plazo de devolución, al ver que no había nada, le pedí a la encargada que me hiciera un vale para poder gastarlo más adelante. Pues bien, resulta que no, que no me podían hacer un vale, que no tenía más remedio que quedarme con la prenda o cambiarla, pero ya me advirtieron de que si la cambiaba para alargar el plazo de devolución, que no podría volver a cambiarla por algo que de verdad me gustara. Además, como comprobé más tarde en la central, es "política de empresa" no hacer vales. Algo ridículo cuando tienen cheques regalo que podrían utilizar en esos casos. A eso le llamo yo tener al cliente contento. Pedí la hoja de reclamaciones y, ya firmada, la encargada me ofreció un vale. Eso sí, a cambio de romper la reclamación allí mismo. Eso, en mi tierra, se llama chantaje. Así que me quedé con mi ropa grande y con mi reclamación. Y ellos se quedaron sin una clienta. No he vuelto a entrar en un Mango.

lunes, 27 de abril de 2015

'Si hay que matar, ¡se mata!', una 'femme fatale', un par de muertos y unos terrenos por recalificar


Hacía tiempo que me ponía con una de detectives al estilo clásico. Una de detectives en la que toda una femme fatale entra por la puerta luciendo cuerpazo, problemas y miedo y en la que ellos, ante esa visión, no pueden más que rendirse a sus encantos y ayudarla. Poner todo su empeño en salvarla, protegerla y descubrir al asesino incluso sin tener muy claro si la mujer que hace ostentación de sus curvas y su voracidad sexual es la víctima o una mantis religiosa. Realmente, no le hubiera prestado ninguna atención a ‘Si cal matar, matem’ ('Si hay que matar, ¡se mata!', en castellano), de no haber descubierto que sus autores (Andreu Martín y Jaume Ribera) son los mismos que perpetraron algunas de las novelas con las que más me divertí en mi adolescencia, la serie de Flannagan (si no las habéis leído, da igual que hayáis pasado ya la edad del pavo, tenéis que hacerlo). Y esa ironía y ese punto canalla lo mantienen en el protagonista de esta serie para adultos, el detective Àngel Esquius, viudo, aún de buen ver, que a veces ve y siente a su esposa muerta y con dos hijos treintañeros que en ocasiones le dan más problemas que los matones, asesinos, extorsionadores y clientes con los que trata cada día en el despacho. En ‘Si cal matar, matem’, Esquius tiene que refugiarse en un pequeño pueblo del Pirineo por dos motivos: huir del marido de una clienta, que le ha amenazado, y descubrir quién extorsiona y amenaza a Sara Artigues, viuda, femme fatale, aficionada a hablar con diálogos de películas y con tanto dinero como enemistades en un pueblo dividido y enfrentado por el proyecto que prevé construir un campo de golf en plenno bosque. En esta novela no faltan golpes, intrigas, misterios, sexo, amor, policías, dinero, acción, nieve, robos, personajes extravagantes… Y todo salpicado con ese toque de humor e ironía que Martín y Ribera dominan tan bien.

"Aunque parezca extraño, a pesar de que hace muchos años que trabajo como detective privado, nunca he conseguido saber qué y cómo es exactamente una mujer fatal. 
A mí, este adjetivo, fatal, aplicado a una persona, me lleva a pensar en un individuo peor que malo, pésimo, nefasto, desgraciado, peligroso, mortal de necesidad, desagradable, inoportuno y, por lo tanto, repelente y, en consecuencia, feo. Nos obstante, tengo entendido que las mujeres fatales son tremendamente atractivas. Sirenas seductoras y malvadas que te atraen hacia los arrecifes para hacerte naufragar."

Título: 'Si hay que matar, ¡se mata!'/'Si cal matar, matem'
Autores: Andreu Martín y Jaume Ribera
Editorial: Flamma/Columna
Páginas: 286/292
Precio: 19,50€/22,25€

jueves, 23 de abril de 2015

Y para Sant Jordi... Un cuento

M. T. M.
El Músico decía que le daba igual la lluvia. Que no la notaba. Que después de toda la vida debajo del agua las gotas no eran más extrañas que el aire. No existían. Se lo decía, empapado, a la Niña que llevaba rato mirándolo. Escuchándolo. Le observaba desde abajo, con los ojos atravesando el plástico transparente de su paraguas. No lo entendía. Si se quitaba el paraguas se mojaba. Sentía frío. Notaba las gotas resbalar por su nuca y haciéndole cosquillas en la espalda. No entendía que el Músico no sintiera nada.
-Tú y tu guitarra tenéis el corazón de piedra- concluyó, seria, dudosa.
El Músico encogió los hombros. No valía la pena contestar. ¿Qué iba a entender una cría sobre la vida? Dejó de tocar. Guardó con mimo la guitarra en su funda y se marchó. Con la música a otra parte. Donde no hubiera niñas cotillas, sabihondas y metomentodo que le preguntaran por la lluvia. No sirvió de nada. Volvió a pensar en ella por la noche. Buscaba notas y acordes perdidos mientras escuchaba el agua contra los cristales. Rellenó su vaso. Inspiración de alta graduación. Le pareció que los ojos del indio que le miraba desde la botella eran los de la Niña. Grandes. Redondos. Serios. Al primer sorbo sintió algo extraño en el pecho. Un chirrido. Se quitó la camiseta y se miró. Extrañado. ¿Tenía una puerta en el pecho? ¿En el lado izquierdo? Era de hojalata vieja, un poco herrumbrosa, y no ajustaba bien. ¿Eso siempre había estado ahí? La abrió despacio, con los dedos temblorosos. ¿Y si le dolía? ¿Y si abría y se escapaba de sí mismo? Pero no. No pasó nada. Sólo un ruido largo y desafinado que se le quedó pegado a los tímpanos durante horas y al cerebro durante años. Allí dentro algo se movía. Miró. Un corazón. Granate, marrón y blanco. Y palpitaba. ¡No era de piedra! Se iba a enterar la Niña cuando la pillara… Pero… Había algo raro. Se frotó los ojos, dio otro sorbo y se fijó bien. El corazón cargaba otro corazón. Pequeño, con un mástil y seis cuerdas. Aguzó el oído. ¡Sonaba! Y muy bien. Rió a carcajadas. Miró con más atención. ¿Qué era eso negro que le cubría el corazón? Se atrevió a colar los dedos entre las costillas. Lo tocó. Plástico. Tiró un poco. No dolía. Lo sacó. Estaba empapado. Lo abrió. Un impermeable, con una calavera en la espalda.

A la mañana siguiente seguía lloviendo. Salió a la calle. Se mojaba. Sintió frío. Notaba las gotas resbalar por su nuca y haciéndole cosquillas en la espalda. 
Por: Marta Torres Molina

viernes, 17 de abril de 2015

'Los huesos del invierno', el country de la metanfetamina

En las montañas de Orzak hace frío, muchísimo frío. Y Ree Dolly, apenas una adolescente que se hace cargo de su madre enferma y sus dos hermanos, no lleva medias. Sólo ligeros vestidos con botas y el viejo abrigo de su abuela, que no abrocha. El frío del que no se despega es de las pocas cosas que le recuerdan que está viva, que lo que le pasa no es una pesadilla. El padre de Ree, uno de los mejores cocineros de meta de las montañas ha desaparecido después de pagar su fianza. Está en libertad condicional y, si no se presenta en la comisaría, perderán la casa, que ha puesto como aval. Así que Ree, a pesar del invierno, del frío, del silencio hostil con el que responden sus familiares y conocidos, de la desesperación y del peligro que supone enfrentarse a algunos de los fabricantes de metanfetamina de la región, está dispuesta a encontrar a su padre. 'Los huesos del invierno', es un golpe que te deja KO, un puñetazo en el estómago que te deja sin aliento del que no te recuperas hasta que cierras el libro. Con cada palabra que lees se te encogen un poco más las entrañas, incapaz de cree que la vida puede ser así de cruel. Con cada página te hundes más y te das cuenta de que hay personas, como Ree, a las que parece que sólo les está destinada una desagradable lucha continua para salir adelante. A pesar del hambre. De las palizas. Y del frío.

"Nubes de nieve habían sustituido el horizonte, coronaban el valle de oscuridad y una racha juguetona de viento movía la carne colgada de las ramas oscilantes. Ree, pelo castaño, dieciséis años, cutis lechoso y abruptos ojos verdes, estaba con los brazos al aire de cara al viento, que le agitaba el vestido amarillo y le enrojecía las mejillas como a bofetones. Parecía más alta con las botas militares, fina de talle pero fuerte de brazos y hombros, un cuerpo a medida para saltar sobre la necesidad."

Título: 'Los huesos del invierno'
Autor: Daniel Woodrell
Editorial: Alba
Colección: Novela negra
Páginas: 216
Precio: 18€

lunes, 13 de abril de 2015

'Muchachas', demasiados cabos sueltos

“Una historia de chicas que llevan la batuta”. Así define ‘Muchachas’ la contraportada del libro. Pues, después de más de 400 páginas yo, sintiéndolo mucho, no he visto esa batuta. Tampoco he visto esa historia de chicas. Aparecen, sí, les pasan cosas que te hacen desear leer más sobre ellas, también, pero, al final, Katherine Pancol se centra únicamente en una de ellas, Stella, y se olvida de las otras dos, de Hortense y de Josephine, y, sinceramente, yo quiero saber qué pasa con ellas. Se supone que las tres protagonistas (Stella, Josephine y Hortense) cruzan sus vidas en algún momento de la historia, pero esa relación ni es clara ni importante para el argumento. De hecho, Hortense y Josephine parecen estar ahí únicamente para sumar páginas a la historia de Stella. Y es una pena, porque me gusta cómo escribe Pancol y me gustan las vidas que va hilvanando. ‘Muchachas’ comienza con la bella Hortense paseando con Nueva York pensando en sus diseños e intentando que Gary, ese músico maravilloso con el que vive hace tres años, siga tan enamorado de ella como hasta ahora. Luego continúa con Stella, chatarrera de un pueblito francés con una historia familiar de malos tratos y amenazas a sus espaldas. Y sigue con Josephine, que disfruta en la Toscana de unas vacaciones con ese hombre perfecto que no puede creerse que la quiera, a ella, tan fea, tan desgarbada. Y luego vuelve a Stella, que tiene que esconder a su amor sin papeles y a su hijo de su sádico padre. Y entonces deberíamos volver a Hortense y a Josephine, ¿no? Pues no. Pancol se queda ahí, en la apasionante y dura vida de Stella, que te atrapa, no lo discuto, pero que no deja espacio para que las demás historias se desarrollen. Y eso, comenzar historias y olvidarse de ellas, es un pecado imperdonable.
"-¡Qué fea es la gente!- suspira Hortense recolocándose las gafas en la punta de la nariz-. No es de extrañar que yo tenga tanto éxito...
Sentada en el marco de la galería del salón, vestida con un cárdigan verde anís, pitillo de color rojo y manoletinas arlequín en los pies, observa las idas y venidas de los transeúntes en la calle.
-Son bastos, son gordos, son grises, tiemblan, hacen muecas, se quejan, parecen quejicas tontos del bote..."

Título: 'Muchachas'
Autora: Katherine Pancol
Editorial: La esfera de los libros
Páginas: 416
Precio: 19,90€
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