lunes, 18 de mayo de 2020

El prisionero de Zenda


El prisionero de Zenda, de Anthony Hope (Zenda Aventuras) | @martatorresmol

"Algún día iré a Zenda -dije. -Está usted loco." Son, seguramente, las palabras más conocidas de 'El prisionero de Zenda', de Anthony Hope. La leí hace muchos años, durante mi fiebre aventurera adolescente, post Verne y pre Shakespeare. Llegué a ella por la película de Richard Thorpe, de los años 50, que vi una tarde de sábado tumbada en el suelo de la salita de aquella casa que miraba al puerto. El lunes siguiente por la tarde, fui directa a la bibliotecaria para preguntarle (las bibliotecarias en los 80 eran lo más parecido a Google) si de aquella película había libro. Lo había. Y estaba disponible. Me llevé a casa aquel ejemplar con los personajes estampados en color sobre una portada blanca. Y lo leí en un par de tardes, poniéndole a la princesa Flavia la cara de Deborah Kerr. A los dos Rudolf, el viajero y el rey de Ruritania, una vez iniciado el libro, no pude ponerle la de Stewart Granger.

No había vuelto a ella hasta este confinamiento, en el que me ha costado tanto concentrarme y durante el que, aprovechando mi cumpleaños, me regalé los tres libros editados hasta ahora por Zenda Aventuras. Es curioso. Los libros no cambian, pero nosotros sí. Aquella adolescente se quedó con la historia de amor y con el valor del Rudolf viajero, obligado por su honor a hacerse pasar por el Rudolf rey para que su hermano Michael el Negro no le arrebate el trono ni a Flavia, con quien todo el país espera verle prometido en breve. Ahora, años después, me quedo, sin duda, con Robert de Hentzau. Un canalla. Uno de los seis esbirros de Michael el Negro, que le sale un poco rana. Alguien de quien no te puedes fiar pero que tiene, sin embargo, cierta gracia. Un personaje caníbal. Se come al resto. Da igual qué ocurra con el rey, con el viajero, con su amor correspondido pero imposible con la princesa Flavia, con Ruritania, con Michael el Negro y su intento de hacerse con el trono... Llegada a las últimas páginas lo que quiero saber es qué pasa con el traicionero espadachín cuando huye a lomos de un caballo comprado por la fuerza a una moza. Y luego están los secundarios buenos. Esos que acompañan al héroe, le ayudan, le dan ánimos, toman decisiones por él y hacen reír o sonreír al lector. Los responsables de la seguridad del rey, que no dudan en poner en marcha el engaño para que su soberano no pierda el trono, un plan tan alocado como eficaz, ya que El Negro no puede desvelar que el rey coronado no es, en realidad, el rey sin descubrir su malvado plan.

En 'El prisionero de Zenda' hay peleas, castillos con fosos, reinos en peligro, hermosas princesas, amores imposibles, villanos que siempre guardan un puñal en la manga, trenes, secuestros, sangre, viajes cuajados de sorpresas, asesinatos, robos... Una novela por la que no pasan los años. Al menos para aquellos a los que nos gustan las novelas de aventuras. Para los que, de niños, empuñamos sables y surcamos mares con Dumas, Verne, Stevenson y London.

"—¡No sé cuándo te vas a decidir a hacer algo de provecho, Rudolf! exclamó la mujer de mi hermano.
Mi querida Rose -respondí, dejando sobre la mesa la cucharilla con la que acababa de cascar el huevo, ¿por qué tendría que hacer algo de provecho? Mi situación es desahogada. Tengo rentas casi suficientes para satisfacer mis necesidades (ya se sabe que nadie considera del todo suficientes sus rentas), disfruto de una posición social envidiable: soy el hermano de lord Burlesdon, y el cuñado de su encantadora señora, la condesa. ¿No te parece bastante?
Tienes veintinueve años observó ella y no has hecho más que...
¿Dar tumbos? Es cierto. Nuestra familia no necesita hacer nada."

Título: El prisionero de Zenda
Autor: Anthony Hope
Traductor: Miguel Temprano García
Editorial: Zenda Aventuras
Páginas: 220
Precio: 14€
Procedencia: comprado

miércoles, 13 de mayo de 2020

Boulder


Boulder, de Eva Baltasar (Random House) | @martatorresmol

Boulder. Una roca. En el mar (la Mar). Un obstáculo. Un peligro. Algo que rodear. Que evitar. Algo a lo que acercarse con cuidado. Boulder. Así es como Samsa, islandesa, vikinga, grande, hermosa, llama a la protagonista de la novela de Eva Baltasar. Boulder. Una mujer dura. Curtida. Pequeña. De las que más que mirar, disecciona. Sin más miedo que el de perderse a ella misma. 'Boulder'. Así se titula también el libro. Pequeño. Duro. Oscuro. Bellísimo. Escrito desde las tripas. Desde ese rincón que guarda la verdad de cada uno de nosotros y al que nunca, nunca, nunca, dejamos que llegue la luz. 'Boulder' es tan hermoso en su forma como crudo en su fondo. Poesía disfrazada de prosa para contar la historia de una mujer a la que el amor convierte. Transforma. Da la vuelta. Hace que vaya directa a la boca de su propio lobo. Se pierde. Se estanca. Ella, errante, echa raíces en una tierra fría y llena de gigantes de pelo blanco.

La novela empieza en un pequeño puerto. Bajo la lluvia. En una isla. A punto de subir a un barco que llega a medianoche. Ése es el ambiente en el que ella se mueve bien. Claustrofóbico. Oscuro. Húmedo. Donde las máquinas silencian la voz de los hombres. Donde los hombres no quieren hablar. Y menos con ella. La cocina de un barco. Ahí es realmente ella. Volviendo a tierra cada no se sabe cuántas semanas. O meses. Para beber. Y buscar el cuerpo cálido de otra mujer. Hasta que conoce a Samsa. La vikinga de la isla de hielo. Ese cuerpo al que se ata. Que la ancla lejos del mar (la Mar). A una vida que no buscaba. Que no sabe si quiere. A espacios amplios, sexo de rutina, amor, sí, amor, pero con sus efectos secundarios, amigos, gente, que habla, que socializa, invadiendo ese silencio que le gusta sentir envolviéndola, como un protector capullo que no tiene intención de reventar desplegando sus alas. 'Boulder' es un viaje a la cabeza de su protagonista. A sus pensamientos más sinceros. A su piel. A su corazón. A su conciencia. A esa jaula que ella misma ha creado. Deseado, incluso. Duro. Bello. Crudo. Bellísimo.


"Quellón. Chiloé. Una noche hace muchos años. Las diez pasadas. Ni cielo ni vegetación ni océano. Sólo viento, la mano que todo lo doma. Seremos una docena de personas. Almas. En un lugar como este, a esta hora, puede decirse que las personas son almas. El embarcadero es pequeño y hace pendiente. La isla se entrega al agua en bloques de hormigón a los que están sujetos, uno al lado de otro, algunos amarraderos. Parecen las cabezas deformes de los descomunales clavos que sujetan este muelle al fondo del mar. Nada más. La quietud de los isleños me maravilla. Están sentados bajo la lluvia, dispersos, junto a unos bultos grandes como baúles. Se cubren con plásticos resistentes al viento, comen en silencio con un termo entre las piernas. Esperan. La lluvia les percute como si los maldijera, les resbala por la chepa y forma riachuelos que bajan hasta el mar, esa boca inmensa nunca cansada de recibir y tragar."

Título: Boulder
Autora: Eva Baltasar
Traductora: Nicole d'Amonville Alegría
Editorial: Random House
Páginas: 120
Precio: 16,90€
Procedencia: Bookish

jueves, 7 de mayo de 2020

Vlad, la última confesión del conde Drácula


Vlad. La última confesión del conde Drácula, de C. C. Humphreys | @martatorresmol

Desde pequeña me fascinan los vampiros, Drácula y, en consecuencia, Vlad Tepes. Descubrí los vampiros en una película de dibujos, creo que era japonesa, que ponían algunas mañanas de verano. Las repetían de vez en cuando: la de los vampiros, la del mago de Oz, la de Mujercitas... Por la estética diría que todas eran de la misma factoría. Aquella película de los vampiros me daba miedo, pero no podía dejar de mirarla. De ahí pasé a las aventuras de 'El pequeño vampiro' y, con poco más de doce años, 'Drácula', de Bram Stoker, una de las novelas que más veces debo haber leído. Seguí con las 'Crónicas vampíricas' de Anne Rice y luego salté ya a las novelas y libros sobre Vlad Tepes. Algunos pretendidamente históricos, pero todos con un único objetivo: entretener. Hace ya mucho que no leía nada sobre vampiros ni El Empalador, pero cuando encontré 'Vlad. La última confesión del conde Drácula', de C. C. Humphreys, en el montón de libros de segunda mano de mi librero favorito, la cogí. Sonreí recordando aquellas largas tardes y noches leyendo sobre el tema. Y la volví a dejar en el montón. Di una vuelta por el establecimiento y regresé al montón. Leí las primeras páginas. Negué con la cabeza y me fui a la caja. Cuando estaba pagando, sin embargo, corrí al rincón de los libros que buscan una segunda vida y me lo llevé. En recuerdo de aquella adolescente rubia, con cara de buena, que vestía de negro y que pasaba las tardes pegada a los libros.

Esta novela es lo que es. Una novela histórica para pasar el rato, de las que se leen rápido y que tampoco van más allá. La gracia está en quiénes cuentan la historia del príncipe de Valaquia. Tres personas muy allegadas a Vlad Tepes: el hermano Vasilie, el que fuera su confesor; Ilona Ferenc, su amada y amante que acaba recluída en una abadía, e Ion Tremblanc, caballero y amigo que luchó con él durante años. Los tres, ya mayores y dada su vida por finalizada, encerrados cada uno en sus propias prisiones, regresan a un castillo de los Cárpatos para, sin salir de unos confesionarios, explicarle al conde Horvathy, sus vivencias con el temido soberano. Un escribano para cada uno de ellos. Tinta de diferentes colores para cada uno de sus testimonios. Y muchas horas por delante para responder a las preguntas del interrogador, que pretende "conocer la verdad" sobre 'El Dragón'.

Entre los tres recorren la vida del fascinante personaje, desde que era un niño raptado por los enemigos turcos y criado, junto a sus hermanos Mircea y Radu, entre ellos. Una infancia dura, de príncipe rehén, en la que el único cariño procedía de su maestro, Agha Hamza, que le transmite su pasión por la cetrería, y en la que aguanta constantemente las humillaciones de Mehmet, el hijo del sultán, y los castigos de éste, que le envía al infierno de Tokat, una escuela de tortura. Un recorrido por una vida llena de escenas terroríficas que la novela, si bien no se recrea especialmente en ellas, no esconde. Reconozco que leí a medias, pasando por encima y sin respirar, la clase en la que enseñan a los alumnos la técnica por la que Vlad se hizo famoso. Lo mismo que el sangriento banquete de boda. Dantesco. El libro pretende mostrar otras facetas del príncipe valaco, su parte más íntima, presentarlo como un hombre enamorado y que persigue la justicia, aunque sus métodos te repugnen hasta la náusea.

"Valaquia, marzo de 1481.
Nada se movía. Acababan de caer los últimos copos de la repentina nevada. Todo se había detenido.
En la horquilla de la una haya roja había un hombre sentado. Tenía los brazos cruzados, las manos enguantadas apoyadas en los muslos, la derecha debajo para sostener el peso del azor posado en la izquierda. Llevaban allí un largo tiempo, el tiempo que había durado la ventisca. Hombre y pájaro: parte de la quietud, parte del silencio. Los dos tenían los ojos cerrados. Ninguno dormía.
Esperaban el primer sonido. Algo que les permitiera reconocer que había pasado la tormenta, ser los primeros en moverse antes de que llegara la próxima.
Allí. Un pequeño temblor de nariz, el rosa como único color en un mundo blanco. Una nariz que husmeaba: el primer sonido, seguido por una muy ligera brisa que subía por el valle. La liebre no podía oler a los que tenía detrás.
Apenas era un sonido, pero tanto el hombre como el halcón abrieron los ojos."

Título: Vlad
Autor: C. C. Humphreys
Traductor: Sebas Casas
Editorial: Zeta
Páginas: 480
Precio: 3€
Procedencia: segunda mano

lunes, 4 de mayo de 2020

Gente normal


Gente normal, de Sally Rooney (Random House) | @martatorresmol

A veces, quererse no basta. Por si no fuera ya suficientemente complicado que la persona a la que quieres también te quiera, a veces eso no basta. La distancia. El ritmo. El tiempo. Los tiempos. El momento. Los momentos... Enamorarse no es tan difícil como estar juntos. Y, al mismo tiempo, estar juntos es más fácil que enamorarse. Pero eso no es lo que nos lo han enseñado las comedias románticas, que nos han hecho creer que por más obstáculos que haya, cuando el amor es de verdad, del bueno, siempre sale adelante. Pues no. Y algo así es lo que les pasa a Marianne y Connell, protagonistas de 'Gente normal', de Sally Rooney.

Dicho esto, más de uno pensará ahora que se trata de una novela romántica o de un libro de desamor. Pues sí. Y pues no. Es mucho más. Hay algo en esta novela, tan extraña, tan común, tan extraordinaria, que te obliga a revisar, uno por uno, los costurones de tu propio corazón. Y eso, depende del momento, duele. O no duele, pero hace que recuerdes el dolor, lo que, para el caso, es lo mismo. 'Gente normal' es la historia de uno de esos amores de adolescencia que, lejos de agotarse y olvidarse, perdura durante mucho tiempo. Aunque sus protagonistas, Marianne y Connell, apenas estén juntos una pequeña parte de ese tiempo. Se pierden y se encuentran. Se quieren. Están enamorados. Pero muy pocas veces coinciden los tiempos. O las ganas. Porque sí, se puede querer muchísimo a alguien y, a pesar de eso, a pesar de que se te inflama la piel con el simple hecho de pensar en esa persona, sentir en algunos momentos que estar con ella no es una buena idea.

Marianne y Connell se conocen en el instituto. Y coinciden en la mansión de ella, donde limpia la madre de él. Ella, en clase, es una rarita. Y él. Él es un chico popular. Y se enamoran. De verdad. Para toda la vida. Se quieren. Se admiran. Se desean. Y se hacen daño. Sin querer. Y a veces queriendo porque, en el fondo, es una manera de recordarse que se quieren. Pasan los años. El instituto. La universidad. Las cosas se dan la vuelta. Marianne es la popular. Connell el chico rarito y callado.

Hay algo, en ese Connell, del Holden de 'El guardián entre el centeno'. No sé muy bien qué es. No sé si es esa forma de callarse. De no decir. De esconderse. De quemarse por dentro. Y eso, a veces, no sirve de nada. Quemarse por dentro no sirve de nada. Sobre todo cuando la otra persona está esperando que prendas una hoguera.

"Marianne abre la puerta cuando Connell llama al timbre. Va todavía con el uniforme del instituto, pero se ha quitado el suéter, así que lleva solo la blusa y la falda, sin zapatos, solo las medias.
Ah, hola, dice él.
Pasa.
Marianne da la vuelta y echa a andar por el pasillo. Él cierra la puerta y la sigue. Bajan los escalones que dan a la cocina; la madre de Connell, Lorraine, se está quitando un par de guantes de goma. Marianne se sienta de un brinco en la encimera y coge un tarro abierto de crema de cacao, en el que había dejado clavada una cucharilla.
Marianne me estaba contando que hoy os han dado los resultados de los exámenes de prueba, dice Lorraine.
Nos han dado los de lengua, dice él. Vienen por separado. ¿Quieres ir tirando?
Lorraine dobla los guantes de goma con cuidado y los vuelve a guardar debajo del fregadero."

Título: Gente normal
Autora: Sally Rooney
Traductora: Inga Pellisa
Editorial: Random House
Páginas: 256
Precio: 19,90€
Procedencia: Bookish

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