martes, 27 de octubre de 2020

Criadas y señoras (Kathryn Stockett)


Criadas y señoras

 

Hay libros que me gustaría haber leído antes de ver la película. Pero hay libros de los que hacen las películas tan rápido que no llegas a tiempo, siquiera, a saber que esas películas tienen un libro. Es lo que me pasó con 'Criadas y señoras', de Kathryn Stockett. Me gustó tantísimo la película cuando la vi en el cine (las interpretaciones, el ritmo, el tono, la historia...) que no se me pasó por la cabeza leer el libro. No al menos en ese momento, con la cinta tan reciente. Todas esas mujeres me parecían tan maravillosas en la pantalla. Y la historia que protagonizaban tan bonita y tan importante, tan grande y tan pequeña al mismo tiempo... Ahí se quedó la duda sobre si leerla o no. Hasta que hace unas semanas encontré este ejemplar en una tienda de libros de segunda mano. Intacto. Como si nunca se hubiera abierto. Y aun precio ridículo. Así que se vino conmigo. Y con otra decena de libros tan perfectos como él y con preciso también de miseria. No tardé ni un par de días en empezarlo. Y ya no pude parar. Aunque conocía a los personajes. Aunque me sabía la historia al dedillo. 

'Criadas y señoras', en pantalla o en papel, da igual. Es una delicia. Desde la primera hasta al última página. Y se hace corta. A pesar de su medio millar de páginas. Leí la última hace ya unas semanas y echo de menos a todas sus protagonistas. A Skeeter, la periodista que decide contar las historias de esas mujeres negras que han criado los niños y mantenido las casas de la sociedad blanca de Jackson (Mississipi); a Aibileen, que tiene el corazón destrozado de tantas veces que se ha tenido que despedir de los pequeños a los que ha arrullado, acunado, protegido, enseñado, contado cuentos.., la primera en atreverse a mostrar su día a día, a abrirle su memoria y su vida a esa blanca que parece realmente interesada en ellas; a Minny, tremenda, valiente, bocazas, divertida, la mejor cocinera de Misisipi, una mula de carga que a veces muta en toro desbocado; y, sí, también a Celia, por su buen corazón, por tratar a Minny como una amiga y no como una criada, por su ingenuidad y por cómo la tratan las demás mujeres de la Jackson blanca simplemente por ser guapa, exuberante, sexy y haberse casado con uno de los hombres que les estaban destinados a ellas.

Este libro es la historia de una de esas pequeñas heroicidades que cambian muchas vidas. Porque en la Jackson de principios de los 60 había que ser muy valiente para romper las barreras entre blancos y negros. De hecho, el proyecto de Skeeter, el libro que publica de forma anónima, las tiene a todas durante meses con el corazón en la garganta. Ella, aparcando lejos de casa de Aibileen y temiendo que la descubran en un barrio negro. Y Aibileen y Minny muertas de miedo de que alguien descubra que están contando sus experiencias laborales para que todo el mundo lo sepa. Da igual que estén cambiando sus nombres, los de sus empleadores y hasta de la ciudad. El miedo está constantemente ahí. En que las pillen durante esas noches en las que las criadas, sentadas en el salón de Aibileen, van desfilando frente a la máquina de escribir de Skeeter. En que las señoras descubran las miradas de complicidad entre las criadas y la periodista. En que esas mismas señoras, amigas de toda la vida de Skeeter, se enteren de que está a punto de poner sus vidas en un escaparate. En que no les publiquen el libro. Porque, así como van pasando los meses, la idea loca de escribirlo se va convirtiendo en una necesidad. Un pequeño gesto por la igualdad en un país y en un momento en el que empiezan a verse grandes movimientos. Y así como avanzan las páginas va naciendo la hermandad entre esas mujeres, entre la blanca que escribe y las negras que le cuentan, y una y las otras se sienten cada vez más seguras, más fuertes, más capaces de todo. Hasta de ver a sus señoras, a sus amigas, leyendo ese libro anónimo que todo el mundo cree que está ambientado en Jackson. 

'Criadas y señoras' se mete en las casas y las vidas de todas esas mujeres. En sus cabezas y en sus corazones. Haciéndote detestar la forma en la que algunas de esas supuestas señoras tratan a quienes mantienen sus vidas. Las que les limpian, les cocinan y crían a sus hijos, abandonando a los suyos propios. Y todo eso, además de una gran trastada, un seguro para que quien peor las trata niegue vehementemente que esas historias son de Jackson. Heroínas.

"Mae Mobley nació una mañana de domingo en agosto de 1960. Un bebé de misa, como los llamamos nosotros. Me dedico a cuidar bebés de familias blancas, además de a cocinar y limpiar sus casas. A lo largo de mi vida, he criado diecisiete niños. Sé cómo conseguir que se duerman, que dejen de llorar y que se sienten en el orinal antes d que sus madres se levanten de la cama. Sin embargo, nunca antes había visto a un bebé berrear tanto como a Mae Mobley Leefolt. El primer día que entré en esa casa allí estaba, colorada como un tomate y aullando debido a un cólico, luchando por quitarse de encima el biberón que le ofrecía su madre como si le estuvieran intentando meter en la boca un rábano podrido. Miss Leefolt contemplaba aterrorizada a su propia hija. —¿Qué hago mal? ¿por qué no consigo que esta cosa se calle? '¿Esa cosa?' Ése fue el primer indicio que tuve de que había algo raro en esta historia. Tomé a aquel bebé rosita y llorón entre mis brazos y lo puse sobre mi cadera para darle botecitos y removerle los gases. en menos de dos minutos, la pequeña dejó de llorar y me miró sonriente. Sin embargo, ese día Miss Leefolt no volvió a tener en brazos a su propia hija".

Título: Criadas y señoras 
Autora: Kathryn Stockett 
Traductor: Álvaro Abella 
Editorial: Maeva 
Páginas: 480 
Precio: 2€ 
Procedencia: segunda mano

lunes, 5 de octubre de 2020

Inés del alma mía (Isabel Allende)


Inés del alma mía, de Isabel Allende | @martatorresmol


Descubrí quién era Inés Suárez hace un año y medio, a raíz del calendario 'Tiempo de mujeres, mujeres en el tiempo', que dedicó 2019 a exploradoras y aventureras (podéis descargarlo aquí). Historias, vidas en realidad, todas ellas fascinantes. Inés Suárez no aparecía en él, pero llegué a ella buscando información sobre Mencía Calderón, otra de aquellas mujeres que se aventuró a cruzar el Atlántico rumbo al Nuevo Mundo. Ya entonces supe que Isabel Allende había escrito un libro sobre ella. Y lo anoté en mi libreta de libros que me gustaría leer. Y ahí se quedó. Hasta hace un par de semanas, cuando vi el anuncio de la serie que se ha hecho sobre el libro. Y corrí a buscarlo. Para conocer la historia en papel antes que en pantalla. Por suerte, un librero de viejo lo tenía, y en esa maravilla de colección Areté de Plaza y Janés. Libros grandes, pesados, de tapa dura, márgenes anchos, letra generosa, aire entre líneas y palabras y dorados en la sobrecubierta. Y apenas por un euro. 

'Inés del alma mía' empieza en la cama, con una Inés Suárez ya mayor, de pelo cano y alma dispuesta a marcharse. Pero no sin dejar escrito antes todo lo que vivió. La aventura de embarcarse a las Indias en busca de su marido, la de sobrevivir remendando calzas y vendiendo empanadas, la de cruzar el desierto rumbo a un territorio desconocido, la de enfrentarse a los mapuches, el hambre, la sed, el agotamiento extremo, la de fundar una ciudad, la de gobernarla... Lo mucho que amó a los tres hombres de su vida. Juan de Málaga, en su Extremadura natal, su marido, mujeriego y guapo y gracioso, que le descubrió el amor y los secretos de alcoba. Pedro de Valdivia, en Perú, soldado, fuerte, soñador, tan apasionado en la conquista como ingenuo entre sábanas, casado con una mujer etérea que quedó allá lejos, en España y con quien compartió la salvaje conquista de Chile. Rodrigo de Quiroga, amigo antes que marido, soldado también, risueño, valiente, con la cabeza bien puesta y las manos y los labios cuajados de amor. 

Así, desde la cama, en noches de insomnio y arropada por los fantasmas de quienes un día la acompañaron en una vida con la que la joven Inés no podría haber soñado jamás. Inés, que va y vuelve de sus recuerdos mientras escribe, no escatima detalles. Por duros que éstos sean. Las atrocidades que cometieron los españoles en su llegada al Nuevo Mundo para apropiarse de recursos y personas están ahí. También las cruentas respuestas que recibieron en ocasiones de un pueblo que no estaba dispuesto a ceder sus riquezas y su libertad por las buenas. Tampoco se olvida de las humillaciones y los peligros a los que se enfrentaban, además de a los propios de la aventura, las mujeres. Hay mucho sufrimiento en este apasionante relato que parte de un pueblo de Extremadura y acaba en Santiago, en Chile, pasando por meses de dura travesía en barco, Panamá y Perú. También mucha valentía. En quienes luchaban y se adentraban en selvas, desiertos y rutas nunca exploradas por el hombre blanco, sí, pero también y sobre todo de aquellos que les acompañaban y cuyos nombres nunca quedaron escritos. Mujeres e indígenas. Soportaron las mismas calamidades que los aguerridos conquistadores. Y muchas veces a pie, sin un caballo o una mula. Y cargados con comida, agua, catres, armas, tiendas, baúles... 'Inés del alma mía' es la historia de una costurera que se enfrentó a lo que más miedo le daba, el océano, por amor. Que no regresó a España cuando supo la suerte que había corrido su marido precisamente para no volver a montarse en un barco. Y que llegó a ser gobernadora de Santiago de la Nueva Extremadura, por su valía. Porque era una mujer valiente, con arrestos, capaz de afear conductas crueles a su amante, el gobernador Pedro de Valdivia, lista, inteligente, que curaba huesos, soportaba la fetidez y el dolor de las peores heridas, apreciada por los más débiles, a quienes defendía y por cuyo bien procuraba, capaz de encontrar agua en el desierto, de cocinar empanadas cuando no quedaba un gramo de carne, de comunicarse con los mapuche y que blandía la espada como el más experimentado de los guerreros. Sencillamente apasionante.

 "Soy Inés Suárez, vecina de la leal ciudad de Santiago de la Nueva Extremadura, en el Reino de Chile, en el año 1580 de Nuestro Señor. De la fecha exacta de mi nacimiento no estoy segura, pero, según mi madre, nací después de la hambruna y la tremenda pestilencia que asoló a España cuando murió Felipe el hermoso. No creo que la muerte del rey provocara la peste, como decía la gente al ver pasar el cortejo fúnebre, que dejó flotando en el aire, durante días, un olor a almendras amargas, pero nunca se sabe. La reina Juana, aún joven y bella, recorrió Castilla durante más de dos años llevando de un lado a otro el catafalco, que abría de vez en cuando para besar los labios de su marido, con la esperanza de que resucitara. A pesar de los ungüentos del embalsamador, el Hermoso hedía. Cuando yo vine al mundo, ya la infortunada reina, loca de atar, estaba recluida en el palacio de Tordesillas con el cadáver de su consorte; eso significaba que tengo por lo menos setenta inviernos ente pecho y espalda y que antes de la Navidad he de morir. Podría decir que una gitana a orillas del río Jerte adivinó la fecha de mi muerte, pero sería una de esas falsedades que suelen plasmarse en los libros y que por estar impresas parecen ciertas. La gitana sólo me auguró una larga vida, lo que siempre dicen por una moneda". 

Título: Inés del alma mía 
Autora: Isabel Allende 
Editorial: Plaza y Janés 
Páginas 368 
Precio: 1€ 
Procedencia: librería de segunda mano

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