lunes, 30 de noviembre de 2020

Media vida (V. S. Naipaul)



 
Una siempre se acerca a un Nobel con reparo. Con inquietud. A veces, incluso, con miedo. Cuando no se le ha leído antes, claro. Cuando el premio llega después de que conozcas sus puntos y sus comas, en cambio, te acercas a sus libros como a la carnicería de la esquina. El ser humano es extraño. Y los lectores, más. El caso es que a V. S. Naipaul (Vidiadhar Surajprasad) me acerqué así, con un poco de reparo, cogiendo el libro con pinzas, y con bastante prejuicio, ya que lo que me venía a la cabeza cada vez que veía un libro suyo o veía su nombre era aquella vez en la que el difunto escritor afirmó que la literatura escrita por mujeres era peor que la escrita por hombres. Y eso, a mí, es algo que no se me olvida. Pero bueno, hace tiempo que trato de no descartar lecturas simplemente porque los autores me caigan mal, al fin y al cabo sin escritores, no relaciones públicas ni comerciales. Así que cuando vi en una librería de segunda mano este ejemplar de 'Media vida', esos maravillosos ejemplares de Plaza Janés para Areté (grandes, pesados, de tapa dura, con papel bueno, espacios en blanco, suaves sobrecubiertas, letra grande, detalles dorados, títulos en relieve...), a dos euros, ni me lo pensé. El Nobel, a la saca.

La historia, la primera de Naipaul después de ganar el Nobel, es curiosa. Un joven indio, cuyo padre bautizó con el nombre del autor de 'Al filo de la navaja' por un encuentro en su juventud, consigue una beca para estudiar en Londres, donde descubre que su vida mejora si se inventa quién es y que acaba huyendo a África tras casarse con una joven que, extrañamente, le admira. Naipaul despista. Empieza con el padre, ese hombre víctima de su propia furia causada por sus propias decisiones (una de ellas, casarse con una mujer de casta inferior que no le gusta como revulsivo) que pensamos que será el protagonista. Pero no. Es sólo un preámbulo para que entendamos, páginas adelante, las reacciones y el comportamiento de Willie en ese Londres de posguerra en el que intenta destacar, sin llegar a conseguirlo, lastrado por la misma ambición mal dirigida de su padre. Y es en ese Londres oscuro e incierto donde ya vemos que Willie no tiene remedio, que será siempre lo que es, aunque lo disimule, y aunque se vaya a vivir a un tercer continente. Willie es uno de esos protagonistas que me ha caído mal. Me ha parecido un panoli. Pero es un panoli necesario para resaltar la personalidad de quienes tiene a su lado. Cuando decía al inicio que la historia es curiosa lo decía porque he tenido la sensación de leer tres libros en uno: la historia del padre, las aventuras de Willie en Londres y su vida en familia en África. Es la misma novela, pero la sensación es que han sido tres, muy cortitas, pero tres. Las dos primeras son necesarias para la tercera, que es la parte que más me ha gustado. Y las tres, en conjunto, es decir, como una única novela, se me han quedado cortas. Me hubiera gustado saber mucho más de ese hombre que decide desnudarse y hacer vida en un templo de la India, el padre de Willie, un personaje hilarante. También de la vida de un recién llegado de la India en el Londres de posguerra. Y de ese día a día en África. Pero es que de eso mismo va 'Media vida', de vivir a medias, de tratar de encontrar tu lugar en el mundo y no llegar a encontrarlo nunca, de los vacíos que nos va dejando la existencia. Y cómo todo ello cae, como una maza, al alcanzar el supuesto ecuador de la vida. Ése en el que el indio al que bautizaron con el nombre de un escritor vuelve, con las ambiciones incumplidas, a Europa, con su hermana, ésa a la que despreciaba por parecerse a su madre y que vive ahora en Berlín, tras una media vida fascinante.

"Willie Chandran le preguntó un día a su padre:
—¿Por qué me llamo Somerset de segundo? En el colegio acaban de enterarse, y los chicos se burlan de mí.
Su padre respondió sin la menor alegría:
—Te pusieron ese nombre por un gran escritor inglés. Seguro que has visto sus libros en casa.
—Pero no los he leído. ¿Tanto le admirabas?
—No estoy muy seguro. Escucha, y decide tú mismo.
Y ésta es la historia que empezó a contar el padre de Willie Chandran. Llevó mucho tiempo. La historia fue cambiando a medida que Willie crecía. Se fueron añadiendo cosas, y cuando Willie se fue de la India, a Inglaterra, ésta era la historia que había oído."

Título: Media Vida
Autor: V. S. Naipaul
Traductora: Flora Casas
Editorial: Plaza y Janés
Páginas: 240
Precio: 2€
Procedencia: segunda mano

viernes, 27 de noviembre de 2020

Minestrone (a la manera de Dorothy)

 



El lunes llegó el frío. Bueno, aquí le llamamos frío, pero un mesetario se reiría de mí. Mirando la temperatura, claro, porque luego, aquí, los 13 grados que se meten en los huesos por culpa de la humedad consiguen que echen de menos sus dos grados. El caso es que el lunes llegó el frío, ese momento en el que la piel se eriza debajo del ligero camisón cuando salgo a dar el primer sorbo del café con leche a la terraza, mirando el mar (la Mar), y eché de menos una buena sopa minestrone. Calentita. Sabrosa. Un pelín picante. Uno de mis básicos de invierno. La preparé por primera vez hace mucho, cuando vivía en Barcelona, en un sábado en el que los cristales del salón, tras pasar la noche temblando, se cubrieron de nieve. Un sábado frío en el que no me apetecía vestirme ni peinarme ni salir de casa. Y busqué en mis libros, revistas y libretas de recetas algo de cuchara (soy muy de cuchara) que pudiera preparar con lo que teníamos en casa. Y así entró la sopa minestrone en mi vida.

Lo bueno de esta sopa es que puedes jugar tanto con ella... La idea es hacerla con verduras de temporada, así se aprovecha que están en su mejor momento, de sabor y para el bolsillo. Además, la puedes adaptar a tu gusto. Que no te gustan las judías verdes, pues no se las pones. Que te flipa el apio, pues cortadito y adentro. Y, sobre todo, como me pasó a mí la primera vez que la preparé, a lo que tengas en ese momento en la nevera. Yo suelo hacerla sólo con verduras, legumbres y pasta, pero si os gusta más el arroz, pues ponedle arroz. Y, si necesitáis engañar vuestro paladar para comer verduras y legumbres con alegría, pues siempre le podéis dar un toque de jamón picado por encima en el momento de servir o un vuelco absolutamente carnívoro con unas costillas de cerdo, unos trozos de chorizo o cualquier otra carne o embutido que os guste. Dicho ésto, yo no os lo recomiendo porque os perderíais una delicia. Cascar un huevo en la sopa con el fuego ya apagado y revolver, como si fuera una sopa de ajo, le da un puntito interesante. Sea como sea, hacedla. Es económica. Se prepara rápido. Está riquísima. Y calienta el estómago y el corazón.

Ingredientes:
—1 cebolla
—3 tomates maduros
—1 calabacín pequeño
—1 puerro pequeño
—1 zanahoria
—1 ramita de apio
—2 litros de caldo (de verduras o pollo)
—400 gramos de judías blancas ya cocidas
—Pasta mediana (yo uso tiburones o coditos)
—Sal y pimienta
—Nuez moscada
—Aceite de oliva
—Parmesano en un trozo
—4 hojas de albahaca

Preparación:
—Picad todas las verduras menos el tomate muy pequeñitas. Cuanto más pequeñas las cortéis, menos tiempo necesitaréis, así que como os guste más o como os convenga más en función del tiempo que tengáis. (Yo he escogido éstas, pero podéis usar las que os gusten o las que haya de temporada eso sí, la cebolla y el tomate son básicos). No mezcléis la cebolla con el resto de las verduras. 

—Rallad los tomates. La pulpa, vaya, la piel la tiráis.

—En una olla, pochad la cebolla a fuego lento en un par de cucharadas de aceite de oliva. Es importante que la cebolla no se dore, sino que se quede transparente.

—Cuando la cebolla esté transparente, añadid la pulpa del tomate y un pellizco de sal. A mí me gusta con tomate natural, pero sé que hay quien usa tomate de lata, natural o triturado. Dejad que el tomate se vaya haciendo, hasta que haya perdido bastante agua y el color sea un poco más intenso.

—Volcad entonces en la olla el resto de las verduras picadas y dadles un par de vueltas, un par de minutos, no más.

—Echad el caldo y esperad a que hierva. Coced unos diez minutos y añadid entonces las judías blancas. Sirven las de bote, pero en ese caso tened cuidado al sacarlas del bote para que no se rompan y pasadlas por agua. Agregad pimienta al gusto, nuez moscada (con cuidadito) y comprobad el punto de sal.

—Coced otros cinco minutos y, si vais a consumirla al momento, añadid la pasta y coced lo que indique el fabricante. Si no vais a comerla al momento, o hacéis para varios días, no le echéis la pasta, dejad ese paso para cuando sí vayáis a consumirla.

—Cuando la pasta esté hecha y el fuego parado, sumergid las hojas de albahaca y dejadlas un par de minutos antes de sacarlas.

—Servid y rallad parmesano al gusto sobre cada plato. Si os gusta la sopa un poco más densa o no tenéis parmesano a mano, yo a veces cometo el sacrilegio de, ya en el plato, mezclarle una cucharada de yogur griego sin azúcar. Le da un puntito más ácido que a mí me encanta.

Buon appetito!


domingo, 22 de noviembre de 2020

El aliado (Iván Repila)




Vamos a ver… Sí pero no. Hace ya un tiempo que acabé ‘El aliado’, de Iván Repila, y aún no tengo claro si me ha gustado o no. Y eso que lo he dejado dormir un tiempo para ver si sí o si no. Me gustó muchísimo el principio. Ese hombre que se considera feminista, bueno, al menos no machista, pero que se da cuenta de que no es del todo así al conocer a Najwa, activista por la igualdad. Reconozco que me reí mucho con algunas de las situaciones entre la pareja al inicio del libro. Pero… Y aquí viene el pero. Hay un momento en el que esta sátira se vuelve no sólo muy agria sino también, y eso es, creo, lo que me sacó por completo de ella, la inverosimilitud. Ese momento en el que la historia, que ha dado ya un vuelco importante, se convierte en increíble. Por más que te esfuerces.

Las ironías del libro, que no son pocas, comienzan en el propio título. En ese concepto falsamente feminista con el que hasta hace poco se definían los hombres que decían que apoyaban la causa de la igualdad de la mujer. La apoyaban, sí, pero luego no afeaban a sus colegas que tocaran el culo a una mujer, que hicieran comentarios sobre su físico, que contaran chistes de machirulos, que compartieran intimidades sexuales, que dudaran de su capacidad profesional y achacaran su ascenso a habilidades nada profesionales… Eso era un aliado feminista. Un hombre que abogaba por la igualdad únicamente de boquilla. Ni un hecho. Así que ahí tenemos ya la primera ironía. La que llega antes de un capítulo cero que es un avance de lo que veremos mucho más adelante. Mucho después de que el protagonista de esta novela conozca a Najwa, feminista, en una conferencia de Siri Hustvedt, de la que no ha leído una sola línea. Mucho antes de que se hagan amigos, se líen, se emparejen. Y mucho antes de que todo se vaya al garete.

Ahí empieza el gran plan de este hombre. Un falso feminista reconvertido por amor y que urde un plan para hacer que el feminismo triunfe: provocar a las mujeres para que reaccionen con violencia y acortar, así, el camino a la igualdad. Muy inteligente, vaya. Y muy feminista eso de pensar que va a ser un hombre el que abra por fin las compuertas de la lucha de las mujeres. Ahí pasa de la sátira agradable a una distopía completamente loca, una exageración descontrolada con la que, sinceramente, me ha costado mucho conectar. A partir de ahí no me he reído nada. De hecho, hay momentos en los que me ha disgustado mucho y en los que he estado a punto de abandonar el libro. Hay algo en esa segunda parte, no sé si es en el tono o en la deriva de la historia, que no me han gustado y que han hecho que se me atragante un poco una lectura que, hasta ese momento, estaba devorando. Hay escenas hilarantes, cierto, pero hay algo que, a mí, no me ha encajado en esa segunda parte que lo que cuenta es uno de los mayores mansplainings (y mansactings, ya puestos) del planeta. Sátira sobre sátira. 

“Yo soy el tío más feminista del mundo.
Sin embargo, tengo mis contradicciones. Ahora mismo, por ejemplo, mis cinco compañeros y yo estamos tirando huevos sobre un grupo de mujeres desnudas o semidesnudas que se manifiestan delante del ayuntamiento. Los dos primeros proyectiles han fallado el objetivo por exceso de fuerza, pero los siguientes han impactado perfectamente en la cara y las tetas de las que sostenían la pancarta principal. Veo volar nuestros huevos como a cámara lenta, describiendo una hermosa parábola de abajo arriba y de arriba abajo, hasta estallar y convertirse en una baba pegajosa, sin belleza, natural, y pienso en la honda de David y el dibujo que hizo la piedra en el aire antes de inflamar la carne y desmontar el cartílago del hueso de Goliat, y no puedo evitar darme la razón cuando digo que hay algo platónico en la violencia”.
 
Título: El aliado
Autor: Iván Repila
Editorial: Seix Barral
Páginas: 256
Precio: 18,50€
Procedencia: comprado

lunes, 16 de noviembre de 2020

La joven de la perla (Tracy Chevalier)

 


A un libro de medio euro no se le dice que no. Y menos si es un libro que, hace años, querías leer. Aunque no fuera el momento. Descubrí 'La joven de la perla' en el cine. En uno con la pantalla como las de antes, grande, centrada, con esas maravillosas imperfecciones de las salas de cine analógicas que tanto echo de menos. Me gustó tanto aquella historia en la que pasa todo sin que pase nada que cuando salí del cine busqué el libro de Tracy Chevalier, ése que en la que la propia pantalla me susurró que estaba inspirada aquella película. Lo busqué en las librerías. Y lo encontré. Leí las primeras páginas, no fuera a ser que todo lo que me había gustado de aquella historia en la que Vermeer, el pintor, absorbe el alma de Griet, la última criada llegada a su casa, en un baile que parece admiración, deseo, enamoramiento, fuera únicamente fruto de la magia del cine. Pero no. Si hubiera habido un taburete me habría sentado allí mismo a seguir leyendo. Hasta llegar a la quinta o sexta página, cuando descubrí que alguien había decidido arrancar unas cuantas hojas de aquel ejemplar, que era el único de la librería. Allí lo dejé. Pensando que era una señal de que no debía romper esa norma de no leer un libro inmediatamente después de ver la película. Y nunca, hasta ahora, se había vuelto a cruzar en mi camino.

Hasta hace unas semanas. En una librería de segunda mano. Buscaba otra cosa y, de repente, ahí apareció. Un ejemplar pequeño, de hojas muy amarillentas. De bolsillo, pero con tapa dura. Y con el popular cuadro del pintor neerlandés que da título al libro estampado en la portada. Ese rostro medio girado de una joven de ojos grandes, que esconde su pelo bajo varias telas y en el que una perla de tamaño considerable, colgada de su lóbulo izquierdo, parece concentrar toda la luz de una mañana de la preciosa Delft. A un libro de medio euro no se le dice que no. Y menos cuando años atrás lo tuviste entre las manos deseando leerlo. 

'La joven de la perla' es bellísima y oscura. Bella como el rostro de Griet, la adolescente protestante que no tiene más remedio que servir en casa del pintor, una familia católica, cuando su padre, un prestigioso azulejero, se queda ciego tras un accidente con el horno. Oscura como las tardes de la bonita localidad de Delft, como los días cuando el sol no consigue vencer la eterna neblina de esas latitudes. Es pequeña. Un caramelo. De los que se degustan sin prisa pero que duran apenas unos minutos en la boca. La fascinante relación entre criada y pintor queda ya establecida en las primeras páginas. En ese primer encuentro sorpresa en la cocina de la casa de Griet en el que el pintor se sorprende por cómo ha colocado las verduras que está picando para el caldo y cuyo orden no se corresponde a en el que se echan en el caldo sino que responde a una cuestión estética. "Los colores se pelean cuando están juntos, señor", responde, tímida, la joven, a la que la familia Vermeer contrata para una curiosa tarea: limpiar el estudio del pintor. Unas dependencias ubicadas en la parte más alta de la casa y en la que toda la familia, incluida su mujer y sus hijas, tienen completamente prohibido entrar. Las directrices que debe seguir Griet son muy claras. Debe limpiar, pero dejándolo todo exactamente en el mismo lugar y la misma posición en los que estaban antes de entrar. Como si en vez de una persona hubiera limpiado un espíritu. 

Y así, sin apenas verse. Con ese diálogo de movimientos fantasmales (Griet limpiando lo que Vermeer luego pasa horas contemplando para sus pinceladas) se establece una relación entre ambos cuya intensidad no escapa al avispado ojo de Maria Thins, la suegra del artista, uno de los personajes más interesantes de la novela. Una mujer inteligente, educada, respetuosa, la autoridad real de la casa. Una mujer que, consciente de que nunca en la casa habían tenido una criada que les fuera a causar tantos problemas, sabe que la presencia de Griet estimula la creatividad del pintor, cuyos cuadros avanzan con demasiada lentitud como para sostener realmente a la familia. Griet lidia con las suspicacias de todos los miembros de la familia (la curiosidad de la inquietante y pequeña Cornelia, los celos de Catharina, la esposa del pintor; la envidia de Tanneke, la otra criada de la casa; la insistencia amorosa de Pieter, el carnicero; las exigencias de Maria...) y la creciente distancia con su familia. Todo se precipita cuando el principal cliente de Vermeer exige al artista que pinte a Griet, a la que persigue y acosa con intenciones poco decorosas. Un juego, un baile, una melodía. Una historia tan bella como oscura.

«Mi madre no me avisó de que iban a venir. Después dijo que no quería que pareciera nerviosa. Me sorprendió, pues creía que me conocía bien. Los desconocidos pensaban que era una persona tranquila. No me ponía a llorar como una cría. Sólo mi madre reparaba en la tensión de mi mandíbula, en lo abiertos que tenía mis ojos ya de por sí abiertos.
Estaba picando verduras en la cocina cuando oí voces al otro lado de la puerta principal: una de mujer, radiante como el latón bruñido, y otra de hombre, grave y oscura como la madera de la mesa en la que estaba trabajando. Eran la clase de voces que rara vez oíamos en nuestra casa. Aquellas voces hacían pensar en lujosas alfombras, libros, perlas y abrigos de piel.
Me alegré de haber fregado con tanto ahínco los escalones de la entrada».

Título: La joven de la perla
Autora: Tracy Chevalier
Traductor: Ignacio Gómez Calvo
Editorial: DeBolsillo
Páginas: 270
Precio: 0,50€
Procedencia: librería de segunda mano

domingo, 8 de noviembre de 2020

Sólo para gigantes (Gabi Martínez)



Yo, de mayor, quiero escribir como Gabi Martínez. Quiero meterme en las historias como se mete él. De cabeza. Y vivirlas como las vive él. Si hay alguien que represente ahora mismo en España el Nuevo Periodismo de los años 60, ése que nos vuelve locos a los que amamos este maltratado oficio en vías de extinción, es él. Periodismo que es casi novela. Investigaciones, casi persecuciones a veces, de historias. Y una forma de contar de las que te atrapa. Y eso es exactamente lo que hace en 'Sólo para gigantes', en la que cuenta la historia de Jordi Magraner, un zoólogo de origen valenciano al que asesinaron en el Hindu Kush pakistaní, donde llevaba quince años buscando al yeti.

La historia comienza en un avión, sobrevolando esas montañas siempre cubiertas de nieve en las que Magraner encontró su paraíso y donde la muerte le encontró a él. En su silla, en su casa, en un refugio al que no hubiera dejado entrar a un extraño. Allí lo degollaron. Lo mismo que, unos días más tarde, al niño kalash al que estaba educando. Allí lo encontró Shamsur, el anterior niño al que había educado. Alguien con quien había compartido esos quince años y que inevitablemente está también en el saco de los posibles asesinos del zoólogo. Un saco bien nutrido, ya que durante todos esos años explorando la fauna de la zona si algo se había granjeado eran algunas enemistades. Vehemente, convencido de tener siempre la razón, un líder nato... Magraner había pisado callos y levantado ampollas en una zona cada vez más caliente en la que, con el estallido de los talibanes, el extranjero amante de los kalash (una etnia de origen indoeuropeo, se dice que descendientes de los soldados del propio Alejandro Magno, que practica el paganismo y que vive rodeada, casi acosada, de musulmanes) se va convirtiendo en un sospechoso. Sobre todo cuando a pesar de las amenazas y de la falta de recursos para sus investigaciones, decide resistir. Quedarse. Seguir en esas montañas. En su edén. A la búsqueda del barmanu, ese ser, mezcla de primate y humano, que aparece en las leyendas. Que muchos lugareños afirman haber visto. Del que hay huellas. Y que el propio Magraner y algunos de sus compañeros de aventura aseguran, incluso, haber oído. 

Gabi Martínez descubre a Magraner en un libro. Y ve ahí una historia que contar. Magraner perseguía al barmanu y Martínez persigue a Magraner. Su eco. Su fantasma. Sus huellas. Lo persigue en las palabras y los silencios de su familia. En los objetos que dejó atrás. En las opiniones de quienes fueron sus colegas, compañeros e, incluso, en sus rivales en esa aventura que para otros era locura. En sus textos. En los recuerdos de quienes se cruzaron con él allá lejos, entre las montañas. Porque sí, Martínez viaja al Hindu Kush, a esas montañas siempre nevadas, para tratar de encontrar la verdad de un asesinato que seis años después seguía sin culpables. Y con un sinfín de preguntas. 'Sólo para gigantes' va y viene. Salta. De la vida de Magraner a la búsqueda de Martínez. De la obsesión por una leyenda a la obsesión por el buscador de leyendas. Del día a día del zoólogo que perseguía un sueño a las preguntas, sospechas y miedos del periodista, que mira a los ojos, pregunta y hasta convive con aquellos que, quién sabe si empuñaron el arma que segó la vida de Magraner. Y quién sabe si no podrían hacer lo mismo con él. De noche. En mitad de las montañas siempre nevadas en la frontera entre Pakistán y Afganistán. Buscar respuestas no es fácil. No es barato. No es inocuo. Las respuestas pueden ser más escurridizas que el barmanu. Pero su búsqueda es apasionante. Y eso es, exactamente, lo que cuenta este libro.

"La sombra del Fokker se tiende sobre laderas de montañas gigantes, la mayoría sin nombre. El pequeño avión de hélices avanza entre las anónimas cumbres inmensas que se erizan alrededor. Dicen que en la cordillera del Hindu Kush hay más de cuarenta picos por encima de los seis mil metros, majestuosas cimas que albergan lagos edénicos, glaciares, torrenteras de fábula y bosques vírgenes donde otra vida es posible. Más de cuarenta picos rebosantes de tesoros..., eclipsados para el mundo, sólo atento a la popularidad de 'los techos'. Noshaq, Istoro-nal, Saraghrar y el campeón, el único que en realidad se menciona y trasciende, el Tirich Mich. 
 Los techos. 
La altura les hizo merecedores de un nombre y, de esa forma, de un lugar en la memoria. 
 Es verano. Ni una nube. El sol ya quema, pero las nieves continúan perpetuas en las cimas de las moles que se encadenan encajonando la vida ahí al fondo, sugiriendo que, en los valles, todo está a su merced. 
 Ahí al fondo. 
 Se habla de talibanes emboscados tras la última ofensiva del ejército pakistaní. Se divisan llanuras imprevistas y hermosas. Se adivinan leyendas de las que nada se sabe al otro lado de esta empalizada geológica que preserva poblados poco más que medievales. Leyendas que hablan de descendientes de Alejandro Magno, de animales en extinción y de seres furtivos que se esconden para huir de los hombres. dicen que, ahí abajo, a veces es difícil discernir qué significa exactamente 'salvaje'". 

Título: Sólo para gigantes 
Autor: Gabi Martínez
Editorial: Alfaguara 
 Páginas: 406 
 Precio: 18,50€ 
 Procedencia: comprado


lunes, 2 de noviembre de 2020

Un cuento perfecto (Elísabet Benavent)





Hay momentos en esta vida en que necesitas luz, porque son oscuros. Hay momentos en los que necesitas que te lleven lejos, a sitios en los que fuiste feliz, porque apenas puedes salir de cuatro paredes. Hay momentos en los que necesitas vida porque sientes que te ronda la muerte. Hay momentos en los que 'Un cuento perfecto' es el mejor libro que se te puede cruzar en el camino, como si esas más de 600 páginas supieran que las necesitas. Seguramente, muchos habréis leído ésta historia de Elísabet Benavent (u otras) como una comedia romántica sin más. Un libro divertido, sin más complicaciones que las propias de una historia de amor, que se lee rápido, que te hace sonreír, también llorar y hasta soñar. Pero ya. Para mí este libro fue algo más. Uno de mis compañeros de hospital. Tuve varios durante ese mes y medio que pasé de forma intermitente en la incómoda butaca del acompañante. Y no todos fueron buenos. Éste, sin duda, fue el que me hizo olvidar con más facilidad dónde estaba. Y eso, en algunos momentos, es lo único que necesitas.


La historia de 'Un cuento perfecto' es una comedia romántica pura. De ésas en las que todo el mundo, menos los protagonistas, se da cuenta de que están enamorados hasta las trancas. De ésas en las que cuando son conscientes de lo que pasa se alejan y niegan de todas las formas posibles que quieren al otro mientras por dentro están muriéndose de amor. Así es la historia de Margot y David. Margot es una chica bien de una familia adinerada que está a punto de casarse con Filippo, el hombre de sus sueños, un italiano también de buena familia, guapísimo y que la trata como la princesa que es. Una princesa a la fuga. Porque mientras los invitados están ya sentados esperando ella se agobia, se angustia y sale corriendo jardín a través, con el vestido y unas bambas, dejando a Filippo plantado. David es el camarero de un bar cutre al que las hermanas de Margot deciden llevarla para tratar de animarla después de la huida de la boda, la bronca de su madre y el enfado de Filippo quien, a pesar de que ella le ha garantizado que sigue queriéndole, ha decidido tomarse un tiempo y coger distancia de la que en otro momento fuera su prometida. David es un chico sencillo, guapo, atractivo, que está enamorado de una mujer que no tiene tan claro como él su amor y que le usa en una relación más física que emocional en la que entra y sale sin dar muchas explicaciones. Se caen bien. Él la hace pasar por su nueva novia para darle celos a la chica que quiere. Y ella encuentra en él alguien con quien se siente bien y que no le está recordando constantemente el plantón de la boda. 

Así empieza una amistad que se va convirtiendo en algo más en un viaje por las islas griegas que Margot decide hacer para olvidarse de que su novio le ha pedido que ni le escriba durante un mes. Un viaje en el que, lejos de las presiones de su familia, de las bromas y consejos de sus hermanas, de las burlas de sus empleados en la empresa familiar... Consigue ser ella misma. El viaje... Ese viaje... Desde que pisé por primera vez las islas griegas tengo claro que ése es mi paraíso particular. Es como casa. Pero sin ser casa. Y eso, sentirse como en el hogar pero descubriéndolo todo por primera vez, es una sensación tan placentera... Y así me he sentido siempre en esas islas blancas y azules. Y eso, que aparezcan esas islas que quiero tanto, es, para mí, un plus del libro. ¡Ah! hay mucho sexo en 'Un cuento perfecto'. He leído reseñas por ahí en las que critican este aspecto. A ver... Es verdad que la historia funcionaría con menos escenas de cama y menos cariñitos, pero oye, los principios de las relaciones son así, te pasas el día abalanzándote sobre el otro a la primera ocasión. Y si no es así, no es de verdad. Al menos en mi caso. Es verdad que alguna escena es un poco... Bueno, si lo leéis sabréis a qué me refiero, aunque está bien para desdramatizar algunas cosas. Porque David, sinceramente, es para llevárselo a casa. Y esa relación, esa forma de conocerse, de hacerse amigos, de enamorarse... Esa relación supongo que es con la que muchas hemos soñado cuando nos hemos permitido soñar. Hay mucha filosofía sobre el amor de este libro que comparto plenamente. Como que el amor es sencillo pero la vida a veces no. O, como dice Candela, la hermana más bohemia de Margot, que los hombres que te hacen reír son malos, porque a ésos nunca consigues olvidarles del todo.

Explicado todo esto, no os voy a contar el final. La historia de Margot y David puede acabar bien o acabar mal. Aunque eso de bien y mal es muy subjetivo ya que, a veces, el mejor final de una historia de amor es un bonito recuerdo, poder mirar atrás, pensar en ella, y que se pinte una sonrisa melancólica en la cara. 

"Mi madre me despertó al alba. La pobre luz de aquel momento del día entraba por los grandes ventanales de la planta baja, donde estaba mi habitación. Le importó muy poco que hubiéramos terminado relativamente tarde la cena preboda y que luego tardara una hora en meterme en la cama pro culpa de su secuestro. Al parecer, dormir en mi casa con mi futuro marido, la noche antes de la boda, era muy mala idea. Era mejor dormir en una de las habitaciones del parador donde iba a celebrarse el enlace... a ochenta kilómetros de Madrid. Un parador con unos jardines preciosos, famoso por el catering que servía la cena, con una puesta de sol increíble..., pero deficiente en sus catres, pro cierto. Así que además de dormir poco y mal, tenía la espalda entumecida y me daba la sensación de moverme con la elegancia de un pollo asado rodando sin cabeza con un palo insertado en el recto."

Título: Un cuento perfecto
Autora: Elísabet Benavent
Editorial: Suma de letras 
Páginas: 640
Precio: 17,90€
Procedencia: comprado




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