lunes, 31 de agosto de 2020

Lo que el viento se llevó (Margaret Mitchell)




Siempre quise ser Escarlata O'Hara. De niña, cada vez que la veía en la televisión, quería ser como ella. Tan guapa. Con los ojos tan verdes. Con aquellos vestidos tan bonitos. Rodeada siempre de hombres enamorados de ella. Bromista. Divertida. Valiente. Lo único que no me gustaba era que estuviera ella tan enamorada del soso de Ashley Wilkes. No me parecía guapo. Ni divertido. Ni irónico. Ni interesante. No sé las veces que he visto 'Lo que el viento se llevó', pero sean las que sean, me parecen pocas. Durante muchos años, además, creía que la película se acababa con aquel contraluz en el que Escarlata, con un puñado de la tierra roja de Tara en su mano, jura, en el flamígero atardecer sureño, que nunca más volverá a pasar hambre. No fue hasta bien entrada la adolescencia cuando descubrí que aquello era sólo la primera parte, que quedaba mucha historia después de aquel momento. Y no ha sido hasta ahora, leyendo la novela de Margaret Mitchell, cuando he descubierto que 'Lo que el viento se llevó' no es una historia de amor. La hay, claro que sí. Las hay, muchas. Pero eso es lo de menos. El amor (y el desamor) es algo que le pasa a los personajes mientras trazan sus propios caminos.

Todos tenemos en la cabeza el amor tozudo y eterno de Scarlett por Ashley Wilkes, al que insiste en amar a pesar de sus respectivos matrimonios y que nunca va más allá, en lo físico, de un par de besos. Y el amor salvaje entre ella y Rhett Butler, una maravilla de personaje. Canalla que reconoce que lo es. Práctico. Irónico. Listo. Bromista. Capaz de leer la mente de las mujeres. Un hombre enamorado que se esfuerza en aparentar que no lo está. Fabuloso sobre el papel o la pantalla, pero, reconozcámoslo, un infierno en la realidad. Pero eso, esos dos amores, son una pequeñísima parte de la fabulosa novela de Mitchell, por la que recibió el Pulitzer, por cierto. 'Lo que el viento se llevó' es la historia de una mujer capaz de salir adelante en cualquier situación. Una mujer con una cabeza tan capacitada para los negocios que asusta a los hombres y a la sociedad conservadora de Estados Unidos de mediados del siglo XIX. Una mujer hermosa que se niega a ser sólo eso pero que se aprovecha de ello, el único camino de una mujer en ese momento, para sacar de la miseria y los problemas a toda su familia. Y a aquellos que quiere. Pese a quien pese. Y llevándose por delante a quien sea necesario. Y lo consigue. Escarlata sale adelante, se rehace, del hambre, de la guerra, del desamor, de las malas lenguas, de los negocios, de las desgracias, de la pobreza. Nada, absolutamente nada, puede con ella. La muchacha feliz y despreocupada que en los primeros capítulos se pelea con Mamita (bombonazo de personaje, no me extraña que le dieran más peso en la película) por los modales que debe tener una señorita bien educada se va convirtiendo, con el paso de las cerca de mil páginas de este novelón, en una mujer valiente, emprendedora y decidida a valerse por sí misma y a conseguir lo que quiere, que no es otra cosa que una seguridad económica que le permita mantener su adorada tierra roja de Tara y garantizarle todos los lujos posibles. Eso, según los dictados de la época, debería proporcionárselo un hombre. Pero no tenerlo, o no tener a uno capaz de lograrlo, no es algo que la detenga.

Visto desde la actualidad, es inevitable que el tratamiento que hace la novela hacia los esclavos chirríe. Se habla en todo momento de ellos como personas que forman parte de las familias, que cuidan y ayudan a sus amos en la misma medida en que ellos cuidan y protegen a sus esclavos. Estos mismos, además, alaban a quienes les compraron y desprecian a los negros libres que llegan al sur cuando los yankees ganan la guerra. Evidentemente, el libro refleja la forma de pensar de los protagonistas de la novela, un reflejo de la sociedad sureña de la época, pero se hace muy difícil no arrugar la nariz cada vez que Mamita o Peter (el leal esclavo de la tía Pitty) hacen algún comentario al respecto. A pesar de esto, no entiendo (bueno, sí, pero ya me entendéis) la censura que se aplicó durante unos días a la película. Y todo lo que se dijo. No podemos juzgar con mentalidad del siglo XXI obras de otras épocas. Podemos hacer lecturas o visionados críticos, teniendo en cuenta qué ahora no sería aceptable, pero no borrarlas del mapa. Son reflejo de una época, o de una forma de pensar de una época. Tampoco creo que se deba censurar 'Lolita', por muy despreciable que, llevada a la realidad, me parezca la historia. Con esa regla de tres sólo podríamos leer y ver, por tanto, conocer, aquello que se atiene a las normas, la ley o lo políticamente correcto. Y eso, queridos, ya lo hacen, en cierta forma, los algoritmos de las redes sociales mostrándonos sólo aquello que nos va a gustar o con lo que estamos de acuerdo. Y así nos va, cada vez más intolerantes con lo diferente, que ya no es diferente sino enemigo, y sin capacidad para escuchar y reflexionar sobre lo que viene de la otra orilla.

"Scarlett O'Hara no era bella, pero los hombres no solían darse cuenta de ello hasta que se sentían ya cautivos de su embrujo, como les sucedía a los gemelos Tarleton. En su rostro contrastaban acusadamente las delicadas facciones de su madre, una aristócrata de la costa, de familia francesa, con las toscas de su padre, un rozagante irlandés. Pero era el suyo, con todo, un semblante atractivo, de barbilla puntiaguda y de anchos pómulos. Sus ojos eran de un verde pálido, sin mezcla de castaño, sombreados por negras y rígidas pestañas, levemente curvadas en las puntas. Sobre ellos, unas negras y espesas cejas, sesgadas hacia arriba, cortaban con tímida y oblicua línea el blanco magnolia de su cutis, ese cutis tan apreciado por las meridionales y que tan celosamente resguardan del cálido sol de Georgia con sombreros, velos y mitones."

Título: Lo que el viento se llevó
Autora: Margaret Mitchell
Traductores: Juan G. de Luaces / J. Gómez de la Serna
Editorial: RBA
Páginas: 990
Precio: 1,50€
Procedencia: mercadillo

lunes, 24 de agosto de 2020

Memorias de una vaca (Bernardo Atxaga)

 

'Memorias de una vaca', de Bernardo Atxaga | @martatorresmol


Negra. Un poco rebelde. Con alma de Houdini. Y muy lista. Así es Mo, la protagonista de 'Memorias de una vaca', de Bernardo Atxaga, publicado en la mítica (al menos para los lectores de mi quinta) colección Barco de Vapor. Por eso, por recuperar aquellas primeras lecturas que devoraba compulsivamente, creo que rescaté este libro del mercadillo solidario que, una vez al año, monta una de mis bibliotecas (sí, soy usuaria de varias). Lo rescaté (sí, de nuevo) de una de las montañas de libros pendientes de leer que brotan sin descanso por los rincones de casa una tarde de esas un poco tontas en las que el bochorno abotarga las neuronas y me sentía incapaz de meterme de nuevo en el sitio de Sevastópol. Irme a las montañas del País Vasco con una vaca un poco loca me parecía un plan más apetecible. Aunque sea una lectura juvenil. Supuestamente juvenil. Porque la verdad es que tanto por la historia como por el tono y el lenguaje es una lectura también para adultos.

'Memorias de una vaca' es, exactamente, eso, las memorias de una vaca que nace en un caserío del País Vasco en el que rápidamente, porque es muy espabilada, se da cuenta de que algo ocurre. A ello la ayuda su gran amiga, La Vache qui Rit, mayor que ella, contrahecha y con aversión a las vacas tontas, entre las que no se encuentra la protagonista de esta historia. Y es que en el caserío tiene pocas compañeras, apenas unos ejemplares de vacas negras, como ellas, y rojizas. No hay otros animales. Y algunas noches, a pesar de que en la finca hay hierba fresca de sobra, celebran lo que los animales llaman "el banquete", que no es otra cosa que encerrarlas en el establo y llenarles los comederos de pienso. Pero por separado. Unas veces el banquete es sólo para las negras. Y otras, sólo para las rojizas. Además, no hay ninguna pauta. Eso hace que a Mo, que sabemos que hace tiempo que salió de la granja y que vive su vejez con una simpática monja que le siega hierbas variadas para comer, se le disparen las alarmas y que, tras mucho rumiar (en los dos sentidos) con La Vache qui Rit, descubra qué pasa en ese falso caserío. 

Más allá de la historia, una de las cosas que más me ha gustado del libro es el tono irónico que tiene. Las dobles lecturas. Los guiños. La forma de hablar de la monja, que mezcla el francés con el castellano, y las reflexiones que hacen Mo y La Vache qui Rit (que está convencida de que es un jabalí que nació con el cuerpo equivocado de una vaca), más humanas que vacunas. Para leer en una tarde. Y reírse.


"Por lo visto tenía que nacer, y acabé naciendo en un bosque del País Vasco a poco de terminar la guerra de 1936. El bosque pertenecía a los terrenos de la casa llamada Balanzategui, y a aquella casa quedé adscrita; allí tuve mi primer establo y mi primer hogar, y allí pasé también la primera época de mi vida, la más importante. Cierto que no me quedé durante mucho tiempo, cierto que llevo años lejos de aquella casa; sin embargo, mi espíritu sigue anhelando aquel rincón del mundo. Y, ¡quién sabe!, a lo mejor este espíritu mío vuela hacia allí cada vez que me quedo dormida. Porque ya lo dijo un sabio oriental: El mirlo de Estambul siempre vuela hacia Estambul.

Yo no seré mirlo ni zorzal ni pájaro de ninguna clase, que bastante más grande y pesada ya soy, pero no digo ninguna mentira si afirmo que mi corazón no es muy diferente del de ellos. Efectivamente, mi corazón es como el de un pájaro; si por él fuera ahora mismo abriría mis alas y me pondría a volar hacia la tierra de mi niñez."


Título: Memorias de una vaca

Autor: Bernardo Atxaga

Traductora: Aránzazu Sabán

Editorial: SM

Colección: Barco de Vapor

Páginas: 208

Precio: 1,5€

Procedencia: mercadillo


lunes, 17 de agosto de 2020

La Nena (Carmen Mola)

 

La Nena, de Carmen Mola (Alfaguara) | @martatorresmol


Tres novelas ya y seguimos sin saber quién es Carmen Mola. Ése es el gran misterio de la saga (sí, porque esto tiene pinta de convertirse en saga) de la inspectora Elena Blanco y su gente de la BAC. Quienes sean seguidores de estas novelas están de enhorabuena, porque en esta tercera entrega, 'La Nena', Mola deja varias pistas que me hacen dar por seguro que habrá nuevos libros. Sólo espero que no se conviertan en una especie de crímenes de Fjällbacka, a los que después de leer varios títulos les he hecho la cruz porque me parecían todos iguales. Además, después de la estafa del último libro de Camilla Läckberg, creo que tardaré muchísimo en volver al popular pueblo sueco. A lo que íbamos, que creo que habrá más entregas. Por dos motivos. El primero, Zárate. La propia Elena, que regresa de su nueva vida italiana para colaborar en la investigación de la desaparición de Chesca, su excompañera y sucesora al frente de la BAC, le repite al agente una frase casi olvidada: "En cada caso perdemos un trozo de alma". El policía vive en este libro un auténtico colapso que quién sabe si derivará en algo más que estar a punto de cruzar al otro lado en nuevas entregas. Y en segundo lugar, por el trío que se avecina entre la nueva incorporación a la BAC, una recién salida de la academia, gender fluid y sobrina de un alto cargo de la policía. Ella, el agente Orduño y su casi novia Marina, que sigue en la cárcel, se adivina que darán bastante juego. Mola se ha dejado muy bien colocadas las piezas para una cuarta entrega en la que bucear en los fondos más oscuros del ser humano.

Para ser sincera, esta tercera entrega no me ha gustado tanto como la segunda, 'La red púrpura'.  Quizás ésta tenga más sangre, pero aquella era muy superior en cuanto a tensión psicológica. 'La Nena', como todos los libros de esta saga, se lee en un par de tardes. Te atrapa desde el primer momento. Desde ese inicio en cursiva que ya sabemos que nos conduce al origen del horror que vamos a ver en las próximas páginas. Elena Blanco tarda un poco en aparecer. La protagonista del inicio es Chesca, la más dura de los agentes de la BAC, que, despechada por el plantón de Zárate, se lanza sola a las calles en busca de diversión, alcohol y sexo. Error. Chesca acaba drogada, atada a una cama, desnuda, en un lugar lóbrego que huele a estiércol. Un espacio alejado de todo en el que vivirá auténticos horrores y donde la única vía para escapar será una niña sin nombre que abraza a un gatito y que parece contemplar esas aberraciones como si fuera lo más normal del mundo. La desaparición de Chesca pone en marcha a todos sus compañeros de la BAC, que, por el camino para encontrarla y descubrir qué ha pasado con ella, se toparán con no pocas sorpresas. Secretos de la vida de su compañera que no hubieran jamás imaginado y que podrían tener que ver con su desaparición y, a su vez, con la de otras mujeres que se esfumaron sin dejar rastro.

A esta tercera entrega se le ven algo más los trucos que a las otras. Hay un momento, a mitad de la novela, en el que tuve claro qué pasaría con Chesca. Estaba segura de lo general e intuí lo concreto. También hay otro instante, una frase, que deja muy claro dónde buscar algo y que, sin embargo, en la novela llegar a esa conclusión se retrasa. Eso no significa que no haya disfrutado de 'La Nena', lo he hecho, pero son cositas, sumadas a esa menor tensión psicológica de esta tercera entrega, que han hecho que me guste algo menos que 'La red púrpura' que, para mí, es la mejor de las tres. A pesar de esto, es una novela hipnótica, de las que no te puedes alejar mucho tiempo hasta que la acabas. 

Por cierto, que lo que sube, situándose al nivel de 'La novia gitana' y aquellos gusanos que comían poco a poco el cerebro de las víctimas, es el asco. Si coméis carne, os resultará difícil hacerlo, al menos, durante unos días. Y si no la coméis, os reafirmaréis en vuestra decisión. Ahí lo dejo.

"El vestido de novia le queda estrecho, huele a naftalina y, aunque hace tiempo debió de ser blanco, ahora es de un color indeterminado, entre crema y amarillo. La de hoy no era, desde luego, la boda con la que Valentina soñó a sus quince años. El vestido de Ramona, la madre del hombre con el que se ha casado, un novio que ni le ha concedido un beso cuando el funcionario que oficiaba la boda les ha dicho que ya eran marido y mujer. Ramona, su suegra, es seca y antipática, más corpulenta que ella, pero a Valentina las costuras del vestido casi le revientan porque está embarazada de cuatro meses. No sabe por qué su esposo ha aceptado casarse con ella cuando está esperando el hijo de otro.

Valentina se quita el vestido. Su ropa interior es vulgar, de mercadillo. ¿Cuántas veces había pensado que para su noche de bodas se compraría lencería como la que las chicas del club usaban con los clientes? En lugar de eso, lleva unas bragas blancas y un sujetador que no hace juego, que a duras penas alcanza a sostener unos pechos que no paran de crecer con el embarazo. Su propia imagen le causa pena y rechazo."

Título: La Nena

Autora: Carmen Mola

Editorial: Alfaguara

Páginas: 392

Precio: 19,90€

Procedencia: prestado


lunes, 10 de agosto de 2020

Yo, Claudio


'Yo, Claudio', de Robert Graves | @martatorresmol


Robert... Cariño... ¿Cómo me haces esto? ¡Lo que me ha costado acabar 'Yo, Claudio'! Bueno, perdón, lo que me ha costado comenzarla, porque acabarla, la he acabado rápido. En el momento en el que Tiberio y después Calígula se hacen con el poder de Roma, todo ha ido como la seda. Páginas y páginas y horas y horas como si fueran un suspiro descubriendo la depravación y las conspiraciones del círculo imperial. Esa escalinata por la que se suceden los cadáveres... Esos venenos administrados durante años... Esos asesinatos... Esos destierros... Ese despilfarro... ¡Apasionante! Pero... ¿y antes? ¿Por qué no podías explicarlo todo como ese último tercio del libro? A ver, Robert, cariño, yo te quiero igual, pero creo que en el inicio de esta novela que, además, se supone que es tu gran obra (eso dicen), has patinado un poco (alguien a quien quiero afirma que este libro tuyo es, sencillamente, "malo"). Yo, que precisamente por todas las alabanzas que ha recibido, la había ido dejando para el final... Me he quedado un poco fría. Con lo que me divertí con 'La hija de Homero'... Si hasta pensé en llamar Nausícaa a una hipotética hija. Aún recuerdo aquel verano adolescente en el que supe de ti, de tus 'Mitos griegos', que devoré tomando notas, obsesionada por que no se me olvidara nada, tras lo que me lancé con ansias a 'El vellocino de oro' cuando lo ví en Círculo de Lectores. Cogí tu falsa autobiografía de Tiberio Claudio con ganas, en unos días de vacaciones de este verano tan extraño, en mitad de unas semanas complicadas, convencida de que serías sino una salvación, sí una evasión momentánea, que no es poco. Pero me ha costado. Hasta que no he llegado a Tiberio, me ha costado. 

Hasta ese momento me has parecido denso. Demasiado. Como nadar en una piscina de toffee endureciéndose. Interesante, sí, pero denso. Me pregunto si la sensación hubiera sido igual si, en vez de comenzar por tus inicios hubieras empezado por el momento en el que acaba el libro, cuando, sin pretenderlo ni esperarlo ni buscarlo, con cierta molestia, de hecho, te conviertes en emperador de Roma (esto no es un destripe, es Historia) tras el asesinato de Calígula, ese niño que se paseaba por los campamentos militares como si fuera uno más y que media Roma adoptó como mascota sin conocer su maquiavélico fondo. Y no será porque a lo largo de las casi 500 páginas no haya historias interesantes... Como la de tu matrimonio con esa mujer que detestabas. O la de tus concubinas que eran más esposas que tu propia esposa. O tu encuentro con Livio y Polión, aficionados, como tú, a la historia. O los mensajes secretos escritos con leche. La descripción del año en Cartago. Las supersticiones de Germánico. El miedo a ser llamado ante el emperador. Las campañas militares. Los tejemanejes para volver a llenar las arcas públicas dilapidadas en animales exóticos y pomos de oro. La de las islas artificiales hechas con miles de barcos requisados, madera y tierra. Los presos en las cárceles, con el agua y la comida medida para que justo sobrevivan. El circo y los gladiadores. Los bailes de madrugada en la habitación de Calígula... Pero es que... algo falla. Y sí, ya sé que millones de lectores han alabado esta obra tuya, pero yo, Robert, cariño, me sigo quedando con 'La hija de Homero', que sí leí en un par de tardes, que no pude separarme de ella hasta la última palabra, en la que escogí un nombre para una hipotética hija... 

"Yo, Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico Esto-y-lo-otro-y-lo-de-más-allá (porque no pienso molestarlos todavía con todos mis títulos), que otrora, no hace mucho, fui conocido de mis parientes, amigos y colaboradores como 'Claudio el Idiota', o 'Ese Claudio', o 'Claudio el tartamudo' o 'Cla-Cla-Claudio', o, cuando mucho, como 'El pobre tío Claudio', voy a escribir ahora esta extraña historia de mi vida. Comenzaré con mi niñez más temprana y seguiré año tras año, hasta llegar al fatídico momento del cambio en que, hace unos ocho años, a la edad de cincuenta y uno, me encontré de pronto en lo que podría denominar 'la jaula dorada' de la cual jamás he podido escapar desde entonces."

Título: Yo, Claudio
Autor: Robert Graves
Traductor: Floreal Mazía
Editorial: RBA
Colección: Novela Histórica
Páginas: 466
Precio: 1,95€
Procedencia: comprado


lunes, 3 de agosto de 2020

El diamante de Moonfleet



El diamante de Moonfleet, de John meade Falkner | @martatorresmol

A mí, el verano, me pide aventuras. Nada como estar tumbada al sol, con el sonido del mar (la Mar) de fondo para sumergirse en duelos de espada, peligrosos recorridos fluviales, búsquedas de tesoros o apasionantes singladuras. Cada verano, entre chapuzón y chapuzón, devoro más de una. 'El diamante de Moonfleet', de John Meade Falkner, editado por Zenda Aventuras (prólogo de Arturo Pérez-Reverte), ha sido la primera de este extraño verano. "Es la novela que siempre quise escribir, pero lo único que pude hacer fue 'La isla del tesoro'", afirman que dijo sobre ella Robert Louis Stevenson. Y oye, si lo dice R. L., pues se lee. Sin pensarlo mucho. Si para alguien no basta, ahí van otros dos motivos para aventurarse por los acantilados del poblado inglés con el joven huérfano John Trenchard y el experimentado contrabandista Elzevir: Joseph Conrad (...te alabamos, óyenos...) elogió la construcción de estos personajes y Hergé ha reconocido el paralelismo de los protagonistas con Haddock y Tintín.

La verdad es que la relación entre los protagonistas es lo mejor de la novela. El joven John encuentra en Elzevir el padre que no tiene. Y el viejo lobo de mar halla en el adolescente alguien en quien volcar el cariño y la ternura que una vez dedicó a su fallecido hijo. John llega al ¿Por Qué No?, el pub que regenta Elzevir, medio muerto después de quedarse encerrado en la cripta que los contrabandistas de la localidad usan para guardar la mercancía. Curioso y aventurero, el joven no puede reprimir las ganas de saber qué se esconde tras los golpes que, procedentes de la cripta, interrumpen el oficio religioso. De allí, medio moribundo tras varios días sin agua ni comida, lo saca Elzevir, que, enternecido por la valentía del chico, lo adopta. De su paso por la cripta, John se lleva como recuerdo un medallón en cuyo interior hay lo que el joven interpreta como una pista que les llevará directos al diamante de Moonfleet, la joya que un día perteneció al monarca de Francia y que, según la leyenda de esa pequeña aldea pesquera de un condado del poniente inglés, anda escondido. Una joya que le permitiría dejar de ser un simple huérfano y ofrecerle una vida y un futuro dignos a Grace, la joven a la que ama y que, para más inri, es hija del juez, un hombre cuya enemistad con Elzevir viene de lejos. La aventura está servida.

Hay duelos. Hay sangre. Hay peligro. Algo de amor. Amistad. Espadas y pólvora. Naufragios. Villanos. Aprovechados. Vértigo. Largos caminos por fieros acantilados. Muerte. Huidas. Justicia poética. Un mensaje en clave. El diamante más perfecto jamás visto. Criptas. Contrabandistas. Una subasta. Disfraces. Mar. Y la mayor aventura de todas: la de hacerse adulto.

"La aldea de Moonfleet está situada a setecientas yardas del mar, en el lado derecho o margen occidental del curso del Fleet. Cuando este riachuelo pasa por entre las casas es muy angosto, y sé de un saltarín ágil que lo ha cruzado de un solo brinco sin la ayuda de una pértiga. Luego, sin embargo, el riachuelo se ensancha y se desparrama en las marismas que hay más abajo del pueblo, hasta que por fin desemboca en un lago de agua salobre. Esta extensión de agua conforma uno de esos lugares que en las Indias denominan laguna, y no tiene ninguna utilidad salvo como un refugio de aves marinas, garzas y ostras. La laguna está cercada por una playa enorme y monstruosa, un dique de guijarros que la separa de los mares abiertos del Canal de la Mancha(...). Cuando yo era un niño, creía que el pueblo se llamaba Moonfleet, porque durante las noches serenas, ya fueran de verano o de invierno helado, la luna brillaba de modo deslumbrante sobre la laguna. Sin embargo, más tarde, supe que el nombre era una contracción de Mohune-Fleet, y debía su origen a los Mohune, una familia de gran relevancia que antiguamente había sido la propietaria de todas esas tierras".

Título: El diamante de Moonfleet
Autor: John Meade Falkner
Traductora: Dolores Payás
Editorial: Zenda Aventuras
Páginas: 372
Precio: 16,90€
Procedencia: comprado

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...