martes, 22 de enero de 2019

'Ritos funerarios', la última decapitada de Islandia


'Ritos funerarios', Hannah Kent. | @martatorresmol

Hipnótica. "Dicen que debo morir...", empieza ella, Agnes, y ya no puedes parar. Sabes que Agnes no es sólo un personaje de novela, construido palabra a palabra, gesto a gesto, silencio a silencio. No. Sabes que Agnes, esa mujer que espera que el hacha del verdugo caiga sobre su blanco cuello, es real. Fue real. Existió realmente. Sabes que la historia que teje Hannah Kent en 'Ritos funerarios' es la de Agnes Magnúsdóttir, la última mujer decapitada en Islandia. Su belleza, su carácter frío, sus silencios... No juegan a favor de Agnes, criada de un famoso curandero, condenada, junto a otra criada y un joven del pueblo, por el brutal asesinato de su amo y de otro hombre. Agnes es una asesina, una mujer peligrosa, una alimaña... Eso es, al menos, lo que cree la gente. Y eso es también lo que piensan los Jónsdóttir, horrorizados, cuando el comisionado de la región les comunica que deben acoger en su casa a Agnes hasta que llegue la hora de su ejecución.

Los Jónsdóttir, a pesar de que su casa de turba se cae a pedazos, de que es pequeña, de que tiene dos hijas adolescentes que compartirán habitación con la rea... no pueden eludir la orden. Un rechazo y un fastidio que comparte su mujer, Margrét, y que le dan la bienvenida a Agnes cuando llega al pegujal y la badstofa que serán su última morada. Maniatada. Tratando de mantener el equilibrio sobre un caballo. Con la roña de meses pegada a la piel. Con las calzas llenas de orín. Es un cadáver. Respira. Siente dolor. Miedo. Frío. El corazón le late con fuerza. Pero es un cadáver. Todos son conscientes de ello. Ella también. Es un cadáver con tiempo para pensar. Para explicarse. Para reencontrarse con aquellos que, en esa vida anterior a ser la ramera y la más temible asesina de Islandia, en algún momento la trataron con cariño. Con respeto. Con misericordia. Aunque no reconozcan en esa mujer aparentemente fría, a aquella adolescente que sonreía para agradecer favores. Ese camino, de la presunta asesina a la mujer, del cadáver que respira al cuerpo inerte tendido junto al hacha ensangrentada del verdugo, es hipnótico. Agnes es una Sherezade que, encuentro a encuentro con el párroco encargado de preparar su alma para la ejecución, desgrana su vida, su relación con el curandero y, sí, qué pasó la noche en la que ambos se convirtieron en cadáveres. Él, envuelto en sangre. Ella, atenazada por los grilletes. Pero eso, qué pasó realmente aquella noche, es lo de menos. Porque lo único que te apetece es que Agnes, la de la roña, la ramera, la de mirada inquietante, siga con su relato. "Dicen que debo morir..."

"Dicen que debo morir. Dicen que le robé el aliento a unos hombres y que ahora ellos deben robarme el mío. Supongo, entonces, que todos somos llamas de vela, brillantes de grasa, parpadeando en la oscuridad y en el aullido del viento, y en la quietud de la habitación escucho pisadas, pisadas espantosas que se acercan, que vienen a apagarme y a sacarme la vida del cuerpo en forma de corona de humo gris. Me fundiré con el aire y con la noche. Nos apagarán a todos, uno a uno, hasta que quede únicamente su luz, bajo la que se ven ellos. ¿Dónde estaré yo entonces? 
A veces me parece verla otra vez, la granja, ardiendo en la oscuridad. A veces siento la punzada del invierno en los pulmones y me parece ver las llamas reflejadas en el océano, esa agua tan extraña, tan trémula por la luz. Hubo un momento aquella noche en que me volví a mirar. Me volví a mirar el fuego, y si me lamo la piel, aún noto el sabor a sal. A humo.
No siempre ha hecho tanto frío.
Oigo pisadas."

Título: 'Ritos funerarios'
Autora: Hannah Kent
Traductora: Laura Vidal
Editorial: Alba
Colección: Contemporánea
Páginas: 384
Precio: 19,50€
Procedencia: comprado

jueves, 17 de enero de 2019

Tiempo de mujeres: Isabel Barreto, primera almirante de la armada


Isabel Barreto

«Llena de libertad, coraje y curiosidad por el mundo». Así define la escritora francesa Alexandra Lapierre a Isabel Barreto, considerada la primera mujer almirante de la Armada Española, en su novela 'Serás reina del mundo'. Barreto es una de las exploradoras a las que dedica el mes de enero el calendario 'Tiempo de mujeres, mujeres en el tiempo', de la Organización de mujeres de la Confederación intersindical del sindicato STES. «Lideró la expedición encargada de buscar el quinto continente después de los descubrimientos de Cristóbal Colón», explica el dossier del calendario. «Su gesta fue atreverse a soñar lo mismo que los hombres de una época en la que las mujeres pertenecían a sus padres cuando eran vírgenes, a sus maridos cuando estaban casadas y a sus hermanos cuando eran viudas», continúa Lapierre, que destaca que, precisamente por eso, fueron los hombres de su vida quienes hicieron «posible» su aventura: «Primero su padre, quien la escogió entre sus hijos para llevar su apellido y seguir su obra, después su marido –Álvaro de Mendaña–, quien osó hacer lo que ningún otro navegante habría hecho: llevarla con él». De Mendaña, además, al morir, le dio todos los poderes «para protegerla de sus propios hombres». Más tarde, fue su segundo marido –Fernando de Castro– quién la emancipó «legalmente de su tutela otorgándole, además, la gestión de su fortuna». Lapierre califica de «conducta revolucionaria» la de estos tres hombres y recuerda que Barreto no fue la única heroína entre las pioneras del Nuevo Mundo, a pesar de que sus nombres «han pasado desapercibidos».

De hecho, reconoce que tampoco Isabel Barreto ha recibido la atención que merecía y tiene muy claro el motivo: «Era una mujer y su palabra no tenía peso social ni económico ni legal». La escritora explica que su peor enemigo era su capitán que, destaca, «hizo muchos esfuerzos para desacreditarla escribiendo un texto terrible contra ella porque quería ser el único héroe y conseguir, así, un nuevo mandamiento del rey. Al fin, influyó el silencio exigido a todos los navegantes, bajo pena de muerte, sobre sus descubrimientos para que las naciones enemigas no se sirvieran de sus hallazgos, conservados en cartas que se perdieron durante siglos».

Participó en varias expediciones por el océano Pacífico con su marido, descubridor de las islas Salomón y Marquesas. «Nunca dejó de ser una mujer que reivindicó su belleza y feminidad», asegura Lapierre, que considera que Barreto fue una mujer entregada tanto al mar (la Mar) como en sus relaciones: «Cuando amó lo hizo con pasión. Sus matrimonios fueron auténticas historias de amor». La escritora, que dedicó tres años a investigar la figura y la vida de Isabel Barreto para escribir su novela, explica que visitó el convento de clausura de Santa Clara de Lima, donde la primera almirante de la Armada Española quiso ser enterrada: «Fue la experiencia más emotiva y especial que he vivido». «Desde que descubrí a Isabel, mi vida no es como antes», sentencia Lapierre.

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