jueves, 22 de febrero de 2018

'Todos deberíamos ser feministas', todos deberíamos leer a Chimamanda


@martatorresmol


Todos deberíamos leer a Chimamanda Ngozi Adichie. Sí, todos. Sin excepción. Si no sus novelas, al menos esos dos libritos que se devoran en menos de una tarde y que son como la biblia de bolsillo del nuevo feminismo: 'Todos deberíamos ser feministas' y 'Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo'. Como mínimo, el primero de ellos, que no requiere más de quince minutos de lectura. Y es que la autora nigeriana no necesita más que eso, quince minutos y 60 páginas para ofrecer una visión fresca, nueva y sobre todo muy práctica del feminismo. Y muy esclarecedora. Porque el término "feminista", por desgracia, acarrea no pocas connotaciones negativas.

En este libro, una adaptación de una charla TED que ofreció la autora en 2012 y que se convirtió en viral, Ngozi echa mano del sentido del humor, y de sus propias experiencias, para ponerte frente a situaciones muy parecidas a las que cualquier mujer ha vivido y de las que, quizás, nunca se había planteado todo el machismo que cargan a sus espaldas: las cuentas en los restaurantes siempre se las traen a los hombres, se espera que la mujer renuncie más a su carrera que el hombre cuando tiene un hijo... Hace hincapié en que a pesar de que somos el 52 por ciento de la población vamos desapareciendo del paisaje cuanto más arriba subimos en la escala profesional. En los roles que se asocian a las mujeres desde que son niñas. En los valores que se nos adjudican (dulzura, sentimentalismo, suavidad...) desde que nacemos, lo que cuesta salirse de ellos y las consecuencias que tiene eso para una mujer. El libro está cuajado de esas frases que subrayas, de las que te acuerdas, que te tocan, que podrías haber escrito tú. Pero claro, tú no eres Chimamanda. Frases que te tauarías. "Un hombre al que yo intimide es exactamente la clase de hombre que no me interesa". Es una de mis favoritas.

La autora empieza recordando a su amigo de la infancia Okoloma, el primero que la llamó "feminista". Una palabra que, aunque era poco más que una niña y venía de alguien a quien quería, le sonó como suenan los insultos. Y continúa recordando los consejos que, cuando empezó a publicar, recibió para que no se autodefiniera nunca como feminista "porque las feministas son mujeres infelices porque no pueden encontrar marido".  A lo largo de este pequeño gran libro-discurso, Chimamanda Ngozi Adichie explica con cierta vis cómica cómo todo el mundo le dio motivos por los que no debía o no podía decir que era feminista y todos los añadidos que le tuvo que ir poniendo a esta palabra para que se ajustara a ella: "Feminista feliz africana que no odia a los hombres y a quien le gusta llevar pintalabios y tacones altos para sí misma y no para los hombres".

"Okoloma era uno de mis mejores amigos de infancia. Vivía en mi calle y me cuidaba como si fuera mi hermano mayor: si a mí me gustaba un chico, yo le pedía opinión a Okoloma. Okoloma era gracioso e inteligente y llevaba botas de vaquero con las punteras picudas. En diciembre de 2005, Okoloma murió en un aaccidente de aviación en el sur de Nigeria. Todavía me cuesta expresar cómo me sentí. okoloma era una persona con la que yo podía discutir, reírme y hablar de verdad. También fue la primera persona que me llamó "feminista"."

Título: 'Todos deberíamos ser feministas'
Autora: Chimamanda Ngozi Adichie
Traductor: Javier Calvo Perales
Editorial: Literatura Random House
Páginas: 64
Precio: 4,90€
Procedencia: comprado

miércoles, 14 de febrero de 2018

Carta de un librero


Pedro González | Sergio G. Cañizares

Pedro González es librero. Mi librero de cabecera. Es alguien de cuyo criterio me fío. Y en cuyo criterio confían aquellos que me regalan libros (seguramente no habría llegado a 'El secreto de Joe Gould' y 'Todos nuestros ayeres' sin su recomendación) . Ama su oficio. Disfruta viendo a la gente hojeando libros en su librería, aunque no los compren. Se apasiona hablando de libros. Y se enamora de algunos. En sus estanterías nunca falta un ejemplar de 'Martin Eden', la vida de ese marino que "descubre la belleza de la vida y se la quiere comer a bocados". Esa historia complicada y medio autobiográfica de Jack London que, para él, tiene uno de los finales más bellos de la historia de la literatura. En sus mesas los clásicos se mezclan con esas novedades que quedan escondidas por las grandes apuestas de las editoriales y en cuyas páginas vale la pena sumergirse. La semana pasada, Pedro (aquí podéis leer una entrevista con él), que hace un año y medio abrió su propia librería (Sa Cultural), envió una carta a los medios de Ibiza. Una carta que le salió "de las tripas" y que es "un grito" al que todos los amantes de los libros deberíamos atender. Aquí os la dejo.


"Querido amigos:
Esta es una carta especial, un deseo, un sueño, un instante compartido. Somos libreros y es hora de dar un golpe en la mesa, es el momento de decir que aquí estamos y no nos vamos a ir. A pesar de un mundo en constante cambio, a pesar de la falta de compromiso de las instituciones con nuestro oficio, no nos vamos a mover de aquí. Creemos en lo que hacemos, sentimos que somos una parte muy importante de la cultura de un barrio, de una ciudad, de un país. La gente ha de conocernos, ha de comprender nuestro esfuerzo y dedicación y necesitamos de vuestro apoyo para ello. Son pocas las noticias en las que se habla de nuestro oficio, pocas las veces que si no es por algo negativo, se habla de lo que hacemos y amamos. Soñamos despiertos, disfrutamos de nuestro amor por las historias, por las vidas de otros que protegemos y recomendamos a cualquiera que se decide a entrar en nuestro refugio literario. Siempre miramos hacia delante nunca nos rendimos a pesar de todo. Como decía Baudelaire, nos embriagamos de poesía, de una pasión que sale de lo más profundo de nuestro espíritu. Una librería es un baluarte, una defensa contra el vacío absoluto, contra el silencio más aterrador. Antes de que tengamos que aprendernos los libros de memoria, queremos luchar por mantenerlos, por vencer a cualquiera que quiera acabar con nuestra forma de vida. Hoy la marea está alta y no se ve la playa, pero mañana será otro día y podremos caminar y sentir la arena."

domingo, 4 de febrero de 2018

Cáncer: ni lucha ni guerra


@martatorresmol

Marta Torres Molina | Diario de Ibiza
Cada vez que oigo que alguien lucha contra el cáncer mi cuerpo reacciona. Se me ponen los pelos de punta. Se me revuelve el estómago. Me pongo en tensión. El cáncer no es una lucha. Ni una guerra. Ni una batalla. Ni un combate. Ni una pelea. Ni siquiera un pulso. No. El cáncer es una enfermedad. Se sufre. Se padece. Se vive el día a día con ella. En ocasiones, cada vez más, se supera. Otras, por desgracia, no. Luchar, hacer la guerra, batallar, combatir, pelear o echar un pulso tiene unas consecuencias: la victoria y el fracaso. Una parte gana, la otra pierde. Me niego a que personas a las que quería y que se llevó el cáncer sean perdedores. Porque eso de "ha perdido la batalla contra el cáncer", también lo he leído y escuchado. Tampoco aquellos a los que aún tengo la enorme suerte de poder querer porque se están curando son vencedores que enarbolan haber superado el cáncer como un trofeo. No he conocido a ningún enfermo de cáncer que no quisiera vivir. Incluso en los momentos en los que el dolor era insoportable. O cuando apenas podían moverse ya de la cama. Todos querían vivir. Todos hubieran hecho lo imposible por conseguirlo, por no irse. La enfermedad no les ganó. Ellos no perdieron. El cáncer no es una lucha.

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