lunes, 26 de septiembre de 2022

'El siglo de los cirujanos' (Jürgen Thorwald)


'El siglo de los cirujanos', Jürgen Thorwald (Círculo de lectores).

 


Hoy os voy a hablar de uno de los libros más fascinantes que he leído en los últimos años. Eso sí, viene con advertencia: no es apto para hipocondríacos ni para aquellos a los que impresione la sangre. Desde que pasé el covid en febrero de 2021 mi capacidad de concentración no es la misma. Voy recuperándola poco a poco, pero me cuesta. Lo noto a la hora de leer, de ver una película larga e, incluso, mi velocidad escribiendo en el trabajo no es la supersónica de la que hacía gala antes. 'El siglo de los cirujanos', de Jürgen Thorwald, es de los poquísimos libros que en el último año y medio me ha tenido pegada a sus páginas. Tiene más de 300 y me lo ventilé en un par de días. Un par real. 

El libro repasa algunos de los grandes avances en la medicina ocurridos entre el siglo XIX y principios del XX. Avances sin los que ahora se nos hace inconcebible que no existiera. Hablo de la anestesia, de las cesáreas o de la asepsia. ¿Alguien es capaz de hacerse una idea de cómo se sanaba antiguamente sin estos adelantos? ¿Del dolor que sentían los pacientes? ¿De las elevadísimas tasas de mortalidad? Pues Thorwald lo explica. Y lo hace una forma apasionante. Reconozco que, por el camino hacia el que ha derivado mi carrera profesional, es un tema que me interesa muchísimo. Por eso compré el libro cuando lo vi en una tienda de segunda mano. Pero jamás esperaba que me fuera a gustar tantísimo. 

Thorwald utiliza las memorias de su abuelo, médico, para ir contando las historias que éste, seguidor y observador de todos estos avances, dejó por escrito. Les da forma, casi, de cuento. Con sus héroes, sus fracasos, sus malvados y su desenlace. Absolutamente comprensible. No hay ni un término ni un concepto ni una palabra que no se entienda, que no esté puesto a la altura de los simples mortales.  Si algo consigue el autor es que logra que esas historias sean conmovedoras. Ríes, lloras, sufres, anhelas... Y aprendes. Sobre todo aprendes. Y eso, para mí, es lo más apasionante de la vida. En el libro se combinan relatos en los que el abuelo del autor fue simple observador, pero también hay otras en las que él o alguien muy cercano a él, son los protagonistas. Hay historias duras, escenas que de tanto en tanto resuenan en la cabeza. Como la del primer dentista que descubrió la anestesia. Lo tenía. Tenía ahí el gran descubrimiento. Pero se le escapó por los pelos y el ridículo que sintió en su primera demostración le destrozó. El viaje a la India para mostrar cómo se intervenía allí a los afectados por piedras en el riñón es un relato de terror. Todo lo contrario que el capítulo en el que se explica cómo llegaron los guantes a los hospitales y, con ellos, un salto mortal en la reducción de las infecciones. Sólo os diré que fue por amor. Hay que leer esa historia. 

"McDowell fue el héroe de mi juventud. murió en 1830, cuando yo tenía cuatro años. No le vi jamás. Pero mi padre le había visitado varias veces. El relato de mi padre acerca del doctor rural de Danville que siempre iba a caballo —y quien casi cuarenta años antes del descubrimiento de la antisepsia se había atrevido en los bosques de Kentucky a abrir con éxito el cuerpo de una persona viva en contra de las opiniones teóricas de todo el mundo— es un relato que presentó multitud de formas. En él, mi padre se iba adaptando al grado de los conocimientos médicos que fui adquiriendo en su consulta y a los de anatomía femenina, ya que la primera persona operada por McDowell fue una mujer. Mi padre me hablaba ya del doctor, cuando todavía me sentaba en sus rodillas y siguió haciéndolo muchos años más tarde, cuando yo estaba firmemente resuelto a convertirme en cirujano".

Título: 'El siglo de los cirujanos'
Autor: Jürgen Thorwald
Traductor: E. donato Prunera
Editorial: Destino para Círculo de Lectores
Páginas: 336
Precio: 8€
Procedencia: librería de segunda mano


viernes, 23 de septiembre de 2022

'Ibiza, de la tierra a la mesa'


'Ibiza, de la tierra a la mesa'


"Sabíais que los atletas de la Antigua Grecia morían de gusto con el dulzor de los higos? ¿O que al romero también se le conoce como el ginseng mediterráneo? ¿Es buena para la digestión la costumbre de añadir unas gotas de zumo de limón a la paella? ¿Por qué los aztecas, además de por su forma, creían que el aguacate era un potente afrodisíaco? ¿Son las nueces, las avellanas y las almendras, en realidad, frutos secos? ¿Para qué infecciones empleaban antiguamente las mujeres la hierbabuena?
La tierra esconde historias. Y sus productos, un buen puñado de secretos. Esta es una pequeña y humilde guía para sacar el máximo provecho, para el cuerpo y para el paladar, a verduras, frutas, hortalizas, plantas aromáticas y especias".


Así se presenta, en la contraportada, 'Ibiza, de la tierra a la mesa' ('Eivissa, de la terra a la taula', en su edición en catalán), mi segundo libro de cocina. Debería haberse publicado para Sant Jordi, pero una serie de catastróficas desdichas impidieron que eso fuera posible. Nos perdimos el 23 de abril, con sus puestos de libros y rosas y su jornada al sol en el principal paseo de la isla, pero qué le vamos a hacer. Nuestro niño no llegó a tiempo. Y digo "nuestro" porque no soy la única madre. En esta aventura me han acompañado el fotógrafo Toni Escobar Cardona y el naturólogo Josep Colonques Garrido. Ahora que lo pienso... El primer libro de cocina salió en plena pandemia, así que tampoco pudimos disfrutar de un Sant Jordi al uso... ¡Vaya gafe!

'Ibiza, de la tierra a la mesa' no es un libro de cocina tradicional. En esto es totalmente diferente al primer libro de cocina que publicamos, 'Cocineras en Ibiza' ('Cuineres a Eivissa', en catalán). Consumidora de libros de cocina desde hace años —me encaaaaantan— me gustan especialmente aquellos que ofrecen algo más que recetas. En el primero contábamos las historias de once mujeres que durante años han llevado las riendas de populares restaurantes de la isla sin que se las reconociera (de hecho, el título original antes de que la editorial lo cambiara era 'Cocineras sin nombre') porque permanecían escondidas en las cocinas mientras sus maridos, hermanos, padres, hijos o tíos, que se encargaban de la sala, eran los realmente populares. Habían alimentado el estómago y el paladar de generaciones de ibicencos y turistas sin que éstos supieran nunca sus nombres ni conocieran sus caras. 

En éste, ese extra que tanto disfruto en los libros de cocina lo aportan los productos. Josep Colonques Garrido explica los orígenes, características, propiedades, riesgos y algunas anécdotas sobre frutas, verduras, especias, hortalizas y plantas aromáticas con las que esta periodista y bloguera prepara las recetas. Recetas que hago habitualmente en casa y para las que el electrodoméstico más avanzado que se necesita es una batidora. Algunos de los conocimientos de Josep me obligaron, incluso, a cambiar algunas de las recetas que tenía pensadas, ya que había algunas en las que intervenían productos que impedían sacar el máximo provecho nutricional a otros. Mientras leía sus fichas para introducirlas en el documento de word conjunto me maravillé no pocas veces con algunas de las anécdotas que explica.




Hay quien desprecia los libros de cocina, que los considera un producto menor dentro del mundo editorial. Quien dice eso no ha hecho nunca jamás un libro de cocina, porque os aseguro que fácil no es. En el anterior libro muchas de esas mujeres nos prepararon las recetas y en la mayoría de los casos hicimos las fotos allí mismo, donde hubieran cocinado. En esta ocasión, al ser nosotros mismos quienes cocinábamos, bueno, yo cocinaba, Toni Escobar se planteó hacer el mayor número de fotos posible con luz natural. En espacios reales. En el campo, en granjas, en huertos, en casas payesas... Y os aseguro que eso requiere muchísimo trabajo. Pensar los lugares, pedir permiso, cuadrar todas las agendas, preparar las recetas de forma que horas después, cuando se vaya a hacer la foto, todo se mantenga perfecto, rezar para que no llueva... En esas extenuantes sesiones nos hemos quemado con el sol, acabado llenos de pinchos de los cardos, frustrado, peleado con el viento, chillado, tenido que idear trucos de urgencia... 

El resultado, a mi parecer, que no es objetivo porque es amor de madre, es precioso. Creo de verdad que Toni ha conseguido una estética muy original dentro de los libros de cocina. "Cada foto es una obra de arte", aseguró, en la presentación, Josep Lluís Joan, técnico de calidad agroalimentaria del Consell de Ibiza. Y creo, firmemente, que tiene razón. Aunque también sé que Toni, si hubiera tenido tiempo, hubiera repetido más de una imagen. Me quedo, sin duda, con el pan cubierto de eivigrote que reposa sobre el mar en el rincón umbrío de una cala, con la luz que se cuela en el bote de cristal del escabeche de frutos rojos, la hamburguesa en un hopperiano dinner de los años 50 o el gazpacho de invierno en copa de martini al borde del trampolín de una piscina.

Por cierto, quien crea que haciendo un libro de cocina te pones las botas comiendo, que se quite esa idea de la cabeza. Muchas veces, para hacer las fotos los platos pasan varias horas al sol o en mitad del campo, a merced de bichos y bichillos, así que lo último que haría, salvo que quisiera entonar un "adiós, mundo cruel",  sería hincarles el diente. Algunos sí que los comimos. Como el arroz de mamá, del que usamos sólo un poco para la foto; la panna cotta de coco, de la que había preparado tres (por si alguna se ponía farruca al intentar desmoldarla), o el guiso de fideos chinos con setas, cuyas fotos fueron rápidas y en un ambiente controlado. Chuparnos los dedos, eso sí, nos los chupamos mucho.

Si te gusta la cocina (o que te cocinen), si eres gastronómicocurioso, si te apasiona el mundo vegetal, 'Ibiza, de la tierra a la mesa', es un libro para ti. Incluso si sólo te gustan las cosas bonitas, porque ha quedado precioso y no nos importa nada que lo consideréis un libro objeto. Aquíaquí y en todas estas librerías lo encontráis.

Título: 'Ibiza, de la tierra a la mesa'
'Eivissa, de la terra a la taula'
Autores: Marta Torres Molina, 
Josep Colonques Garrido 
y Toni Escobar Cardona
Traductor al catalán: Bernat Joan
Editorial: Balàfia Postals
Páginas: 276
Precio: 29€

lunes, 19 de septiembre de 2022

'El misterio del agua azul (Beau Geste)', Percival Christopher Wren

'El misterio del agua azul (Beau Geste)', Percival Christopher Wren


Fantasmas. Muertos. Legionarios que a pesar de estar ya sin vida se aferran a sus bayonetas defendiendo un fuerte en mitad del desierto del Sahara. Es la dantesca y surreal escena con la que se encuentran las tropas de socorro cuando llegan al lugar. Soldados muertos apostados en las almenas. Es la dantesca y surreal escena que se clava en la imaginación tras leer los primeros capítulos de 'El misterio del agua azul', también conocida como 'Beau Geste', de Percival Christopher Wren. Una historia de aventuras, de ésas que se disfrutan especialmente en verano, a la sombra de un olivo, arrullada por el mar o en la tumbona junto a la piscina. 

Antes de esa escena hay otra, en un tren. ¡Qué juego dan los trenes en la literatura! Un encuentro entre dos hombres. Una conversación en la que empieza a picarnos la curiosidad por esos hermanos, por esa joya, por una mujer... Y entonces dejas de leer, dejas bien colocadito el punto de lectura y pasa las páginas para saber cuánto te falta para que empiece, de verdad, la aventura. Y devoras esas páginas en el tren, esa conversación, para llegar al capítulo que da título a la novela y en el que empieza todo. Con esa mujer, con un cura, con unos jóvenes, apenas unos críos, y con un momento de oscuridad en el que el agua azul, esa joya de familia, desaparece. Un momento tenso, un misterio, un robo sin resolver que hace que los hermanos Geste huyan del confort familiar rumbo a África, a la legión, al desierto.

Hay arena, hay sudor, hay malvados (cómo no va a haberlos en una novela de aventuras) y hay amistad. De la buena. De las de "contigo al fin del mundo" aunque estar en la legión francesa en África es ya ese fin del mundo. Hay locura. Hay muertes. Rumores. Malentendidos. Estrategia. Desconfianza. Hombres muy listos. Otros que se creen muy listos. Hay batalla. Y descubrimientos. Y reencuentros. Sobre todo reencuentros. El que llevas esperando toda la novela. Y el que te rompe el alma. Y ahí, de nuevo en ese fuerte fantasmagórico con esos soldados sin vida que sujetan sus bayonetas apoyados en las piedras, empieza a resolverse el misterio del Agua Azul. 

"George Lawrence, miembro de la Orden de San Miguel y de San Jorge, Oficial de Distrito de primera clase del Servicio Civil de Su majestad, estaba sentado junto a la puerta de su tienda, mirando a lo lejos la imagen que le ofrecía el desierto africano con ojos de profundo desagrado. No había belleza alguna ni en el paisaje ni en los ojos del hombre que lo contemplaba."

Título: 'El misterio del agua azul (Beau Geste)'
Autor: Percival Christopher Wren
Traductor:
Editorial: Zenda
Páginas: 478
Precio: 17,9€
Procedencia: comprado


lunes, 12 de septiembre de 2022

Ritos de paso (William Golding)

'Ritos de paso', William Golding.

 

Un relato marino. Sin tempestades. Sin naufragios. Sin rescates. Sin ataques enemigos ni capturas. Sin cañonazos y con un único disparo de trabuco. Que conste que esto no lo digo yo. Lo dice Golding. William Golding. Sí, el Golding de 'El señor de las moscas'. Lo dice sobre 'Ritos de paso', una novela que una empieza esperando una trepidante travesía en barco y con lo que se da de bruces es con las miserias humanas contadas con no poca guasa. Y es que así como van pasando las páginas de ese diario que el protagonista, Edmund Talbot, escribe en formato epistolar a "su señoría", sobreviene la sonrisa. La risa. La carcajada. Me imagino al bueno (buenísimo) de Golding sentado escribiendo y retorciéndose de la risa consigo mismo. 

'Ritos de paso' está formada, en realidad, por dos textos. Uno, el primero, ese diario en el que Talbot, que parte de Inglaterra rumbo a Australia para trabajar como secretario de la administración británica, va desgranando el día a día a bordo. La tripulación. El resto de los pasajeros. Las anécdotas. Las confusiones. Las peleas. Los misterios. Sí, porque en ese viejo barco de guerra empleado ahora para transporte de cuyas tripas surge un olor nauseabundo, viajan unos cuantos secretos. La intención de Talbot es, al principio, no dejarse ni un detalle por plasmar en su cuaderno de esa travesía ambientada en el siglo XVIII. Sin embargo, él mismo se da cuenta, casi desde los primeros días, que esa tarea es harto imposible. Porque cuando en un lugar tan pequeño conviven tantas personas pasan muchas cosas. Y porque el papel tiene que durarle hasta el puerto de destino. Ahí habla de algunos de sus compañeros de travesía. Desde la bellísima y ridícula Zenobia, que lleva de cabeza a todos los hombres de la embarcación, al señor Colley, un clérigo de pueblo que en un primer momento confunde con el capellán de la nave.

Y ahí llega el segundo texto. Una extensa carta que el religioso, que ni en sus peores pesadillas podría haber imaginado la que se le venía encima al embarcarse, escribe a su hermana detallando, a su vez, su vida a bordo. Unas páginas, éstas, en las que no están tan presentes la ironía o el sarcasmo. Unas páginas en las que queda patente de una forma tremenda la maldad humana.

Es casi imposible leer 'Ritos de paso' (el primero de los tres libros que forman la conocida como 'Trilogía del mar' de Golding) sin que en algunos momentos asomen entre las frases ecos de Conrad, del Conrad del mar, o de Melville, que surcaba mares y bibliotecas, pero también de O'Brian. Más allá del relato de una travesía, esta obra de Golding, que conocía bien el mar (fue teniente de navío), muestra cómo cambian los hombres en situaciones extremas. Además, es una gran historia sobre la culpa. Y el remordimiento. Porque ni todo el humor con el que Talbot trufa sus entradas en el diario es incapaz de esconder esos sentimientos.


"Respetado padrino:
Con estas palabras inicio el diario que me comprometí a enviarle: ¡No hay palabras más adecuadas!
Bien, pues. Lugar: a bordo del buque, al fin. Año: lo sabe usted. ¿Fecha? Sin duda, lo que importa es que éste es el primer día de mi travesía al otro extremo del mundo; en símbolo de lo cual inscribo en este momento el número '1' al principio de la página. Pues lo que estoy a punto de escribir debe servir de constancia de nuestro primer día. ¡Poco pueden significar el mes o el día de la semana, pues en nuestra larga travesía desde el sur de la Vieja Inglaterra hasta las Antípodas vamos a pasar por la geometría de las cuatro estaciones!".

Título: 'Ritos de paso'
Autor: William Golding
Traductor: Fernando Santos Fontela
Editorial: Alianza Tres
Páginas: 286
Precio: 2€ (segunda mano)


lunes, 5 de septiembre de 2022

'La señora March', Virginia Feito

 

'La señora March', Virginia Feito (Lumen)


Hay algo extraño en la señora March. En ella, como personaje. Pero también en el libro que se titula como ella. Las expectativas, supongo, siempre las expectativas... O no. No sé. No lo tengo claro. Hace un par de meses que leí el aclamado libro de Virginia Feito y aún no tengo claro. ¿El libro me ha gustado? Sí, mucho. ¿Es para tanto? Esta vulgar lectorcilla cree que para tanto para tanto, no. Estoy segurísima de que ha pesado mucho en este "no sé yo..." en el que me debato desde que llegué al punto final de la novela el hecho de que, mediada la lectura, empecé a notar en 'La señora March' algunos puntos que me conducían a Alice Gould, la protagonista de 'Los renglones torcidos de dios', de Torcuato Luca de Tena. Hay un momento en el que una empieza a dudar de la cordura de esa esposa que pretende ser perfecta y ya no hay vuelva atrás en esa relación. También que la señora March no es una protagonista que me haya caído bien, con la que haya empatizado en algún momento. Y eso, evidentemente, complica enamorarse de una novela que, por otra parte, es fascinante.

El inicio del libro es impecable. De ésos que te atan a la historia, te convierten en su rehén. La señora March, esposa de George March, profesor universitario y novelista de éxito, acudiendo a comprar unos dulces. A su pastelería favorita. Donde siempre compra su delicioso pan de aceitunas. Donde la dependienta le cae bien. O todo lo bien que le puede caer una persona a la señora March. Una dependienta que está leyendo la última novela del señor March y que, inocentemente, le comenta a la señora March que la protagonista, una prostituta vulgar y gorda a la que los clientes pagan para no acostarse con ella porque les da asco, se le parece. Un comentario que trastorna por completo a esta ama de casa de la alta sociedad estadounidense. Todo el mundo la mira. Todo el mundo sabe que ella está tras esa protagonista que no soporta. 

Un comentario que hace que la señora March empiece a dudar de algo de lo que estaba convencida: conocer perfectamente a su marido. Ésa es la puerta de entrada al declive de la señora March, del que el lector es espectador de primera fila. O de primera neurona. Porque si algo hace bien Virginia Feito es meternos en la cabeza de su protagonista. En sus miedos, sospechas y desconfianzas. En ese viaje que transita entre la cordura y la locura y cuyo destino sólo sabemos al final. Un final que, en realidad, no es un final. Porque tengo que reconocer que me he quedado con ganas de saber qué pasa después de... De lo que pasa, vaya. Es como si las más de 300 páginas del libro fuera, en realidad, el primer capítulo. ¿Qué le pasa a la señora March después de la página 328? Quizás se avecina segunda parte. O quizás, pasa saberlo, habrá que esperar a que la serie que protagonizará Elisabeth Moss, que desde que leyó el libro tuvo claro que quería meterse en la piel de la señora March, tenga tantísimo éxito que se inventen una segunda temporada.

"George March había escrito otro libro. Era un volumen grueso, y la cubierta mostraba un óleo de la escuela holandesa en el que una joven sirvienta se tocaba el cuello con recato. La señora March pasó por delante de una de las librerías del barrio y, en el escaparate, vio una pirámide impresionante de ejemplares de tapa dura. El libro pronto sería proclamado la obra maestra de George March y, aunque ella no lo supiera, ya había empezado a ascender en todas las listas de los más vendidos y más sugeridos para clubes de lectura, se estaba agotando hasta en las librerías menos frecuentadas e inspiraba recomendaciones entusiastas entre grupos de amigos. '¿Has leído el último libro de George March?' se había convertido en la frase de moda para iniciar una conversación en los cócteles".

Título: 'La señora March'
Autora: Virginia Feito
Traductora: Gemma Rovira
Editorial: Lumen
Páginas: 328
Precio: 19,90€
Procedencia: comprado en Sant Jordi


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