miércoles, 7 de junio de 2017

'Voces de Chernóbil', si duele leerlo...


No sé si habrá alguien que sea capaz de leer de un tirón, sin pararse a respirar, 'Voces de Chernóbil', de la Premio Nobel de Literatura de 2015 Svetlana Alexiévich. De hecho, si hay alguien capaz de leer este libro (por qué me parece que esa palabra se le queda pequeña...) de un tirón seguramente pensaría que lo ha leído sin entender o que no tiene empatía ni sentimientos. Y no tengo claro cuál de las opciones me gusta menos. Yo he tenido que parar en tres ocasiones, dejar mi edición de bolsillo reposando unos días sobre la mesilla de noche y volver después de lecturas menos contundentes. Si duele leerlo no quiero ni pensar en lo que le tuvo que doler a la periodista escribirlo.

'Voces de Chernóbil' es, precisamente, eso: voces de Chernóbil. Los relatos de los supervivientes. Las historias de aquellos a los que el gobierno silenció. Los recuerdos y sensaciones de los que tuvieron la suerte o la desgracia de que el accidente en la central nuclear de esta localidad bielorrusa  el 26 de abril de 1986 no se los llevara por delante. Más de 40 monólogos (porque eso es lo que hace Alexiévich, meterse en la cabeza de sus entrevistados y hablar por sus bocas) en los que hablan las mujeres de los primeros bomberos que acudieron a la zona cero, niños con malformaciones nacidos décadas después, científicos que acudieron a estudiar la zona y a sus habitantes, personas que se negaron a abandonar su pueblo contaminado, padres que vieron morir a sus hijos, pequeños a los que trataban como apestados cuando conseguían escapar de la contaminación, familias que huyeron de allí con más miedo del que le habían tenido a la guerra, soldados a los que el gobierno engañó para que fueran a Chernóbil, operarios que limpiaron la central soñando en todo lo que comprarían con el sueldo desorbitado que les ofrecían mientras ignoraban que se estaban matando, mujeres que muchos años después siguen temiendo quedarse embarazadas, profesores que describieron el paisaje de Chernóbil como el de una pesadilla, fotógrafos que fueron incapaces de captar imágenes en color de un paisaje tan gris, cazadores y pescadores que tuvieron que acabar con todo animal que encontraron en la zona, médicos rurales incapaces de olvidar los datos exactos de la radiación de sus pacientes...

Sin la primera persona leer este libro no sería lo mismo. Consigue que puedas oír a esas personas. Tener la sensación de que te están hablando a ti. Que te están contando sus historias. Sus recuerdos. Sus miedos. Sus pequeñas ilusiones. Sus vidas. Sus casas. Sus vergüenzas. Sus vivos. Y sus muertos. Cada monólogo tiene su propio tono. Su propia voz. Su propia personalidad. Ése es el gran mérito de la periodista bielorrusa. Que siendo ella la artífice de todo (de las conversaciones, de las preguntas, de los años de investigación...) no la oigas más allá del prólogo, en el que explica de forma breve y concisa qué ocurrió el 26 de abril de 1986 en la central nuclear y sus consecuencias, y del epílogo, en el que habla de cómo el reactor sellado, el sarcófago, se ha convertido en un atractivo turístico. un epílogo que consigue que el libro (insisto, qué pequeña se le queda esta palabra a pesar de ser tan grande) te golpee de nuevo. Con la misma fuerza que en las primeras páginas, ésas en las que Liudmila Ignatenko, esposa del bombero fallecido Vasili Ignatenko, recuerda el ruido en mitad de la noche, los gritos, y cómo su marido, antes de salir de casa por última vez, le dijo que cerrara las ventanas y se acostara, que él volvería pronto. Recuerda que no volvió, que se lo llevaron a un hospital de Moscú, a donde fue a buscar al hombre con el que acababa de casarse y donde ocultó su embarazo para que la dejaran pasar a verle. Recuerda la agonía. Cómo se fue desintegrando. Cómo se iban muriendo sus compañeros. Cómo en quince días se fueron todos. Cómo enterró a su marido... Es sólo el primer monólogo. Hay 42 más.

"No vi la explosión. Sólo las llamas. Todo parecía iluminado. El cielo entero... Unas llamas altas. y hollín. Un calor horroroso. Y él seguía sin regresar. el hollín se debía a que ardía el alquitrán; el techo de la central estaba cubierto de asfalto. Sobre el que la gente andaba, como él después recordaría, como si fuera resina. sofocaban las llamas y él, mientras, reptaba. subía hacia el reactor. Tiraban el grafito ardiente con los pies... Acudieron allí sin los trajes de lona; se fueron para allá tal como iban, en camisa. Nadie les advirtió; era un aviso de un incendio normal."

Título: 'Voces de Chernóbil. Crónica del futuro'
Autora: svetlana Alexiévich
Traductor: Ricardo San Vicente
Editorial: DeBolsillo
Páginas: 408
Precio: 11,95€
Procedencia: regalo mamá

12 comentarios:

  1. Es un libro que tengo pendiente leer (le tengo ganas a la autora), pero aún lo seguiré postergando un poco, que además no me apetece leer ahora sobre tragedias.
    ¡Un abrazo!

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    1. Letraherido, ¿cuándo nos apetece leer sobre tragedias? Pero a veces hay que hacerlo. Es un libro fantástico, la verdad.

      Abrazos.

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  2. ¡Hola!
    Leí Voces de Chernóbil este año y coincido palabra por palabra con tus impresiones de la reseña.
    Es un libro muy duro, difícil, pero creo que también muy necesario para escuchar esas voces que fueron silenciadas. Tengo ganas de leer más de esta autora.
    Con tu permiso, me quedo por el blog :)
    Un saludo,
    Sofía

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    1. Sofía, es uno de esos libros que, cuando los lees, querrías que los leyera todo el mundo. Por cómo están escritos y por lo que cuentan. Son unos testimonios valiosísimos.
      ¡Bienvenida al blog!

      saludos.

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  3. No me he animado aún con este libro por esa misma razón, porque tiene que doler mucho. Pero sí, tengo que buscar el momento idóneo para enfrentarme a su lectura. Gran reseña!
    Besotes!!!

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    1. Margari, duele, pero es muy necesario. Duele, pero es una maravilla. Son monólogos, son reportajes, son historias mucho mejor escritas que muchísimas novelas.

      Besines.

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  4. De Svetlana he leído "la guerra no tiene cara de mujer". Toda una serie de entrevistas con mujeres soviéticas que habían combatido en lo que en Rusia se llama "la gran guerra patria" (1940-1945). En el ejército soviético combatieron cerca de un millón de mujeres, tiradoras de élite, pilotos de avión, conductoras de carros blindados. Muchas de las entrevistadas empezaron a combatir con diecisiete o dieciocho años. Es un relato impresionante.
    Sin embargo, no me animo a leer las voces de Chernobil. He estado personalmente muy implicado, por motivos profesionales, en el asunto. Conozco Chernobil, Prippiat, Kiev... y no sé. No sé.

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    1. Sorokin, en la cola tengo el libro de la Alexiévich sobre las mujeres. No dudo que los relatos sean tan impresionantes o más que los de 'Voces de Chernóbil'. Atrévete. Es duro, pero también está escrito con tanta ternura... Creo que sabía que era necesaria para que el lector siguiera adelante, testimonio tras testimonio.

      Saludos.

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  5. Pues ya es difícil haberle dado una voz distinta a cada relato, eso deja claro una cosa, además de talento para escribir, es innegable que tiene talento para escuchar. Por eso le ha quedado así de impactante.
    He visto algunos reportajes que han hecho en Cuarto Milenio sobre el tema incluso un programa especial pero no me imagino leyendo estos relatos reales.
    Todavía me duele el chal.
    Besos, adorable Dorothy.

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    1. Norah, es un trabajo... Periodismo con mayúsculas. Y te aseguro que está mucho mejor escrito que muchísimas novelas. Con mucha ternura, además, algo imprescindible para que sea soportable. Cuando te recuperes del chal, anímate, vale la pena el sufrimiento.

      Besos, Norah

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  6. Estoy de acuerdo contigo.
    Yo comencé esta novela, y sólo con leer el primer testimonio se remueve todo por dentro. Tuve que dejarlo unos días y retomarlo. Así lo he dejado un par de veces.
    Creo que es una novela muy difícil de leer y que se tiene que hacer de forma pausada.
    A ver si poco a poco lo voy terminando.

    Un saludo

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    1. Pasajes, creo que es necesario leerlo a tirones, parando, porque es imposible que a una persona con un poco de humanidad no le duelan los testimonios. Algunos de ellos son muy crudos.

      Saludos.

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