miércoles, 14 de junio de 2017

Una Osa Mayor imperfecta


@Martatorresmol

Por las noches, cuando sopla viento del norte y mira al cielo, se acuerda de él. Él. El astrónomo aficionado. El hombre que de noche buscaba historias en la cúpula celeste y por las tardes, constelaciones en su piel. “Búscame a tauro”, le pedía ella, ofreciéndose sobre la cama. Y él, bizco de concentración, repasaba una y otra vez sus lunares. Los rozaba con la yema del índice derecho. “Alcíone, Aldebarán, Elnath...”. Llamaba a las estrellas. Sin éxito. “He encontrado la Osa Mayor”, la consolaba él, besando uno a uno aquellos seis lunares en la caída de su hombro. Una estrella. Un beso. “Dubhe, Merak, Phecda, Megrez, Alioth... Alkaid”. Gruñía. Volvía a intentarlo. “Dubhe, Merak, Phecda, Megrez, Alioth...”. Buscaba con los ojos. Con los besos. Con la yema del dedo. “Te falta Mizar”, susurraba. Y ella lo sabía. Sabía que, una vez más, él se perdería en la noche. Rumbo al norte. Buscando la constelación perfecta.

8 comentarios:

  1. Aplauso. Discreto e íntimo porque el relato lo merece, pero aplauso. Que la materia oscura no venga a interponerse entre tantas constelaciones.

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    1. Sorokin, gracias... La materia oscura siempre está ahí. Y tiene la manía de interponerse. Ella es así. Gracias otra vez.

      Saludos.

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  2. Hay rumbos que e toman con los ojos cerrados, solo sintiendo.

    Besos :)

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    1. Nieves, quizás por eso, porque se toman con los ojos cerrados, acabamos naufragando.

      Besos.

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  3. Qué bonito y cómo me gusta leer textos sencillos que con pocas palabras cuentan tanto.
    Besos, Dorothy Winterson.

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    1. Norah, gracias. Es un texto de hace un tiempo que he recuperado con algunos cambios.

      Un besote.

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