lunes, 30 de septiembre de 2013

'Contra el viento del norte', el amor llega por mail

Me resistía a leer esta novela de Daniel Glattauer. Imaginaba un pastel insoportable. Una de esas historias en las que todo se complica pero al final sale bien. Pero tras varias reseñas y, sobre todo, la opinión de mi madre, me lancé a por esa maravilla titulada 'Contra el viento del norte' y que bien podría titularse 'El amor en los tiempos de Internet'. Emmi Rothner sólo quiere anular la suscripción a una revista, pero se equivoca de dirección y envía el mail a Leo Leike. Ellos no lo saben, pero en ese momento acaban de comenzar una extraña relación que se prolongará durante años, en la que habrá celos, amistad, amor, dudas, miedo... Como en cualquier relación amorosa, y todo eso sin ni siquiera haberse visto nunca. Las palabras de Emmi hieren a Leo en muchas ocasiones. Pero los silencios de Leo no son menos dolorosos para Emmi. (Y es que hay silencios que duelen más que todas las palabras hirientes del mundo) Lo mejor de la novela es ese diálogo entre los protagonistas, fresco, creíble, casi real. Si me dicen que Glattauer no lo inventó, sino que vivió ese romance, que fue Leo, o que robó los correos a los protagonistas reales de esta historia, me lo creería. Me gusta la mordacidad de Emmi, esa seguridad que va cayendo como capas así como avanza la relación, la necesidad de sentirse deseada. Y me gusta el Leo reflexivo, el que controla los tiempos, el que no da un paso hasta que no está seguro, el que no quiere conocerla porque la quiere tanto que no quiere arriesgarse a perder lo que tienen, el que a veces responde desganado, pero responde, porque sabe que hay silencios que dolerían demasiado. Es inevitable querer que salga bien. Aunque Emmi (¡ups! ¿no lo había dicho?) esté casada. Aunque Leo se vaya al otro lado del Atlántico. 'Contra el viento del norte' es una lectura adictiva. He reído (y me he sentido identificada, todo sea dicho) con la ironía de Emmi, con el sarcasmo que dispara contra ella y contra Leo. Y he llorado con sus dudas, con ese amor a destiempo que parece destinado a quedar en nada más que unos cientos de mails.

"Diez minutos después
Re:
Querido Leo:
A ver si acabamos de una vez. eres TÚ quien no ha contestado a la pregunta decisiva. Te la repetiré con mucho gusto: ¿quieres encontrarte conmigo? Si quieres, hazlo. Si no, dime qué es todo esto, cómo continuará o, mejor dicho, si continuará.


20 minutos después
Fw:
¿Por qué no podemos seguir conversando por escrito como hasta ahora?

Dos minutos después
Re:
Es increíble: no quiere conocerme... Oye, LEO, eres incorregible, ¿no ves que puedo ser la rubia de pechos grandes?"

Título: 'Contra el viento del norte'
Autor: Daniel Glattauer
Editorial: Alfaguara
Páginas: 264
Precio: 17,50€

viernes, 27 de septiembre de 2013

Bizcocho de chocolate relleno de mascarpone de fresas para Tonino Carotone



Soy más de salado que de dulce. Mucho más de salado que de dulce. Pero la verdad es que a la hora de meterme en la cocina disfruto muchísimo de la calma y los olores de los postres. En casa siempre piden (cuando comemos en casa de mi madre los domingos) que haga tiramisú, pero oye, de vez en cuando hay que cambiar. Así que la última vez le di un uso muy diferente al mascarpone que había comprado para el tiramisú y me puse con este bizcocho de chocolate relleno de crema con ese queso dulce y fresas. De fondo, mi querido Tonino Carotone, un burgalés con alma de italiano.



Ingredientes:
Para el bizcocho
-Un yogur natural (usaremos el vasito como medida) o, en este caso, de chocolate
-Tres huevos
-Dos medidas de azúcar
-Tres medidas de harina
-Un sobrecito de levadura en polvo
-Una medida de aceite de girasol
-50 gramos de chocolate

Para el relleno:
-300 gramos de fresas
-500 gramos de mascarpone
-100 gramos de azúcar y cinco cucharadas para el almíbar


Para la cobertura:
-Una nuez de mantequilla
-Tres cucharadas de leche entera
-250 gramos de cobertura de chocolate

Preparación:
Lo mejor es hacer el bizcocho el día antes, para poderlo cortar bien luego para rellenarlo. El almíbar del relleno también hay que empezarlo el día antes. Empecemos.
El día antes...
-Lavar las fresas y secarlas con papel de cocina. Trocearlas, no importa mucho el tamaño ni que queden todas iguales, así que no os preocupéis. Ponerlas en un bol con unas cinco cucharadas de azúcar, taparlo con papel de film y dejarlo en la nevera toda la noche.
-Calentar el horno a 250 grados mientras empezáis a preparar el bizcocho.
-Derretir el chocolate con cuidado de que no se queme, en el microondas, de diez segundos en diez segundos, o poniéndolo al baño maría.
-Batir los huevos en un bol con el yogur.
-Añadir el azúcar sin dejar de batir.
-Luego el aceite, el chocolate y, por último, la harina tamizada con la levadura.


-Batir todo bien y volcar en un molde (mejor desmoldable o de silicona) untado con un poquito de aceite.
-Bajar la temperatura del horno y dejar unos 40 minutos. Si veis que empieza a oscurecerse por arriba, cubrir con papel de aluminio. Para saber si está hecho, ya sabéis, pinchar con un palito y, si sale limpio, es que está hecho.
-Sacar del horno, cubrir con un paño limpio y... ¡Hasta mañana!


El mismo día
-Sacar las fresas de la nevera, veréis que han soltado agua y se ha creado un almíbar. Triturar con la batidora.
-Mezclar el mascarpone con el azúcar, con una cuchara y mucho cuidado. Notaréis que se va ablandando.
-Añadir poco a poco el almíbar de fresas, hasta que os guste el color, la consistencia y el sabor (ir probando con el dedito, no os cortéis).


-Partir el bizcocho en dos mitades. Sé que parece complicado, pero no lo es en absoluto. Podéis hacerlo con un cuchillo de hoja larga y fina o con hilo de pescar, que es más fácil.


-Cubrir la parte de abajo con el relleno extendiéndolo por toda la superficie. Si os ha sobrado almíbar de fresas, echadlo directamente sobre el bizcocho, así tendrá más sabor.
-Poner encima la otra mitad del bizcocho. Hay que tener cuidado de que no se rompa. Este no es un bizcocho duro como los americanos, es muy suave y esponjoso, así que es delicado.


-Derretir el chocolate al baño maría (podéis hacerlo en el microondas, pero no tendréis tanto control) con la mantequilla y la leche.
-Cubrir con él la superficie del bizcocho. Mejor ir poniendo poquito por zonas, si lo ponéis todo y luego queréis extenderlo es muy posible que el chocolate se os llene de migas y quedará feo.
-¡Ya está!


miércoles, 25 de septiembre de 2013

'La lista de mis deseos', sueños y desesperanza en una pequeña mercería francesa

La vida de Jo, Jocelyne, no tiene nada de especial. Regenta su propia mercería, está casada con un buen hombre que la quiere, tiene unas amigas con las que queda y se ríe de vez en cuando, dos hijos ya independizados y un blog de labores. Hace mucho tiempo que Jo renunció a sus sueños e ilusiones y se dejó arrastrar por la rutina de una existencia gris. Unos sueños e ilusiones que, gracias a un giro del destino, podrán volver a sacar la cabecita. Y ahí se queda la buena de Jo, pensando si vale la pena recuperarlos o dejarlos escondidos y no trastocar un día a día que, si bien no la llena, no le da muchos disgustos y se alimenta de las cosas pequeñas: un buen bocadillo, una puesta de sol, un paseo por la playa con su marido... 'La lista de mis deseos', de Grégoire Delacourt, se lee rápido, fácil, en un par de horas. Es una historia pequeñita, sencilla, como las millones que hay en el mundo. Es una historia de cómo la rutina fagocita los deseos sin que nos demos cuenta. De cómo creemos que lo que tenemos es lo mejor a lo que podemos aspirar. De cómo el miedo a perder eso hace que renunciemos a los sueños. Y de cómo el destino y la vida juegan con nosotros, poniéndonos en bandeja lo que siempre habíamos querido y que quizás, después de tanto tiempo, tememos coger. 'La lista de mis deseos' es bonita. Como una niña de ojos grandes y flequillo rebelde que juega sola en un rincón del patio. Tiene la belleza de lo cotidiano, de lo normal, de lo que tenemos ahí cada día y no vemos, de lo que nunca diríamos que es bello porque no es gran cosa.

"Nos mentimos continuamente.
Sé muy bien, por ejemplo, que no soy guapa. No tengo unos ojos azules en los que los hombres se contemplan, en los que desean sumergirse para que te lances a salvarlos. No tengo talla de modelo; soy más bien tía buena, tirando a rolliza. De las que ocupan un asiento y medio. Tengo un cuerpo que los brazos de un hombre de tamaño medio no pueden rodear entero. No poseo la gracia de esas mujeres a las que susurran largas frases acompañadas de suspiros a modo de puntuación, no. Yo provoco más bien la frase breve. La fórmula cruda. El hueso del deseo, sin chicha; sin la grasa confortable.
Todo eso lo sé."

Título: 'La lista de mis deseos'
Autor: Grégoire Delacourt
Editorial: Círculo de Lectores
Páginas: 160
Precio: 11,90€

lunes, 23 de septiembre de 2013

Agonizantes supermodelos de floristería

Marta Torres
Nunca he tenido la opción de decidir si ponía en agua un ramo de rosas o lo dejaba asfixiarse en el contenedor. Siempre imaginé que las rosas eran felices. Las supermodelos de la floristería. Deseadas. Ansiadas. Caras. Bellas. Rectas. Estilizadas. Piel de terciopelo y espinas en el carácter. Nunca imaginé que podían acabar así. Despechadas. Tiradas en la calle. Rechazadas. Agonizando en la acera.

viernes, 20 de septiembre de 2013

'Pasaje a la India', ¿qué pasó en las cuevas de Marabar?

Hace muchos, muchos años, leí 'Pasaje a la India', de Edward Morgan Forster. Hace muchos, muchos años, no lo entendí. Hace unas semanas volví a leer 'Pasaje a la India'. Hace unas semanas me enamoré de ese libro. Con locura. No me extraña. Mis amores más profundos siempre empezaron con algún malentendido. 'Pasaje a la India' también se inicia con un desencuentro, el de Aziz, médico musulmán, y la señora Moore, que ha entrado por curiosidad en la mezquita de éste, en la ciudad imaginaria de Chandrapore, adonde ha viajado acompañada de la joven Adela, profesora que, si todo va bien, se convertirá en su futura nuera. De ese malentendido en la mezquita surgirá una incipiente amistad entre la señora Moore y Aziz, una amistad que pervertirán las diferencias entre ambas culturas y los roles que deben jugar británicos e indios en sus relaciones en la colonia. Aziz se ofrece a mostrarles las cuevas de Marabar una invitación que, como muchas en la India, se formulan sabiendo que nunca será una realidad. Sin embargo, un malentendido acaba obligando moralmente a Aziz a gastarse lo que no tiene para organizar una excursión en la que el indio y la joven Adela acabarán solos y a oscuras en una de las cuevas y... Y ahí es cuando empieza realmente la novela. ¿Qué pasó en esa cueva? ¿Aziz abusó de Adela? ¿El calor y el agobio hicieron que Adela se confundiera? El suceso alterará las ya complicadas relaciones entre colonizadores y colonizados, dividirá a la sociedad de Chandrapore, interrumpirá compromisos de boda y se cobrará varias amistades y la reputación de alguno de los británicos, que cree la versión de Aziz. Lo mejor de esta novela es lo que no se cuenta, lo que se intuye, ese ambiente que va enrareciéndose pero en el que al mismo tiempo todo el mundo se esfuerza en aparentar que la cordialidad sigue intacta. Forster es un maestro metiendo al lector en ese ambiente enrarecido, asfixiante, claustrofóbico. Eso sí, ¿qué pasó en las cuevas de Marabar? Lo siento, como indios e ingleses deberéis tomar partido. Y nunca sabréis si os equivocáis o no.

"El tabaco del narguile estaba demasiado apretado, como sucedía con frecuencia en casa de su amigo, y el agua burbujeaba malhumorada. Aziz estuvo persuadiéndolo pacientemente hasta que por fin cedió y el aroma del tabaco se extendió a chorros por su nariz y sus pulmones, expulsando el humo de las hogueras de estiércol que los había invadido mientras el joven médico cruzaba el bazar. Era delicioso. Aziz se hundió en un trance -sensual pero sano- desde el que la conversación de los otros dos no resultaba particularmente triste: discutían si era posible o no tener amistad con un inglés. Mahmoud Ali mantenía que no, Hamidullah disentía, pero haciendo tantas salvedades que no existía desacuerdo entre ellos. Era realmente delicioso estar tumbado en el amplio porche, viendo salir la luna y oyendo detrás preparar la cena a los criados, sin tener que enfrentarse con ningún problema."

Título: 'Pasaje a la India'
Autor: Edward Morgan Forster
Editorial: Alianza
Páginas: 480
Precio: 8,90€

miércoles, 18 de septiembre de 2013

'Inconscientes', una locura en la Barcelona modernista


Hay películas que nunca me fallan. Que me animan. Me hacen reír. Me hacen sentir bien. Consiguen que crea. 'Inconscientes' es una de ellas. Es una película española, dirigida magistralmente por Joaquín Oristrell y protagonizada por Leonor Watling, Luis Tosar, Juanjo Puigcorbé, Mercedes Sampietro y Álex Brendemühl y ambientada en la Barcelona modernista. El punto de partida es sencillo: Alma, embarazadísima, recurre a su cuñado, Salvador, para que le ayude a encontrar a su marido, León, que ha desaparecido en extrañas circunstancias. León es psiquiatra y Alma está convencida de que el secreto de la desaparición se encuentra en la tesis que estaba preparando, cuatro casos de cuatro mujeres. Al pobre Salvador no le queda más remedio que seguir la alocada búsqueda de Alma, que, les llevará a un psiquiátrico, un fumadero de opio y un rodaje de películas porno de la época. Lo mejor de la película, además de las interpretaciones, es la doble lectura que hay en todo momento en los diálogos, las bromas sobre libros y personajes reales. La he visto decenas de veces y siempre encuentro algún comentario en el que no me había fijado. Eso por no hablar de la fotografía, del vestuario, de la ambientación... Que son fabulosos. Y de la última escena. Una escena de cama que cada vez que la veo me hace pensar: "¡Eso es lo que yo quiero!". Y no seáis malpensados, que no van por ahí las cosas.
Pero, ¿cómo podía yo no rendirme ante una película en la que se hacen estas dos preguntas?:
"¿A qué llama usted un hombre malo? ¿Y una mujer mala?"

lunes, 16 de septiembre de 2013

'El sentido de un final', cuando no lo entiendes hasta que es demasiado tarde

Algo que no entiendes y que te tortura. Algo a lo que le has dado mil vueltas y sigues sin entender. Cuando las piezas no encajan. Cuando sabes que estás cerca de la verdad, que la rondas, pero vas a oscuras y no la encuentras. Cuando lo malinterpretas todo porque te falta un detalle clave. Esa es la historia de Tony Webster. Lo que le corroe desde la sorprendente e incomprensible muerte de su amigo Adrian, el chico guapo y con éxito cuya amistad se terminó cuando empezó a salir con su ex, Veronica. Un detalle, ese que falta, que está en el diario del fallecido, que le ha dejado en herencia a Tony y que Veronica se niega a entregarle. Es el camino lleno de atajos y rodeos que traza Julian Barnes en 'El sentido de un final', una novela que debe leerle de un tirón, en dos sentadas a lo sumo, para no salir en ningún momento de la cabeza del protagonista, que comienza siendo un niño y acaba siendo un anciano. Y es entonces, cuando ya es demasiado tarde para todo, cuando encuentra el sentido de Adrian, de Veronica, de la muerte del primero, del desprecio de la segunda, del daño que él mismo ha causado y que ya no tiene remedio.

"Vivimos en el tiempo -nos contiene y nos moldea-, pero nunca he creído comprenderlo muy bien. Y no me refiero a las teorías sobre cómo se dobla y se desdobla, o a que pueda existir en otro lugar en versiones paralelas. No, me refiero al tiempo extraordinario, cotidiano, que los relojes de pared y de pulsera nos aseguran que transcurre regularmente: tictac, clic-cloc. ¿Hay algo más verosímil que una segunda aguja? Y, sin embargo, el placer o el dolor más nimio basta para enseñarnos la maleabilidad del tiempo."

Título: 'El sentido de un final'
Autor: Julian Barnes
Editorial: Círculo de Lectores
Páginas: 196
Precio: 15,50€

miércoles, 11 de septiembre de 2013

'El Paraíso de las Damas', nuestra perdición, según Zola

Llegué a 'El Paraíso de las Damas' gracias a la televisión. A esa pequeña serie de los domingos por la tarde en la que las mujeres británicas descubrían su pasión por las compras, por los grandes almacenes, por adquirir lo que no se necesita, por desear las cosas sólo porque son bonitas y las presentan como algo imprescindible. Pues bien, aquella serie de la BBC bebía de, nada más y nada menos, que Émile Zola, de una obra publicada a finales del siglo XIX. Y me fui directa. 'El Paraíso de las Damas' me ha fascinado. Se me ha hecho cortísimo (¡y eso que tiene casi 650 páginas!). Me hubiera gustado saber mucho más de Denise, esa joven pálida y poca cosa que llega a París huérfana y cargando con sus dos hermanos pequeños y con la desgracia de descubrir que su tío no puede ofrecerle ya el empleo que le había ofrecido. Más de Mouret, ese viudo atractivo y mujeriego cuya locura de convertir una casa de confección en unos grandes almacenes se convierte en su fortuna y la desdicha de los pequeños comerciantes del barrio. Más de Jean y de Pépé, los hermanos de Denise, un adolescente loco por las faldas y un bebé que necesita cuidados. De la señora Aurélie, la encargada de la sección de confección que tiene un hombre manco y un hijo que es su ruina. De Clara, que colecciona amantes que la mantienen. De la señora Desforges, que quiere ser la nueva señora Mouret. De todas esas mujeres que se pierden (literal y metafóricamente) por las galerías de esos almacenes que no hacen más que crecer, que engullen dinero, ilusiones y vidas. 'El Paraíso de las Damas' no es más que una historia de amor, la historia de un negocio, la historia de una nueva manera de entender el comercio. No es más que eso y, sin embargo, no se pueden apartar los ojos de sus páginas porque es imposible no querer sufrir con Denise, porque, eso sí, como buena heroína del siglo XIX, Denise sufre mucho. Sufre el desdén de las estiradas y perfectas dependientas de la sección de damas del establecimiento. Sufre hambre, soledad y el dolor de unos zapatones que no puede cambiar porque el sueldo no le llega. Sufre la difamación de ser una mujer independiente que no acepta un amante que la mantenga. Pero conoce también la miel de superar todo eso, no en vano, ésta es la novela más optimista del escritor francés, cuyas descripciones del ambiente y los personajes que pueblan 'El Paraíso de las Damas' son tan detalladas y certeras que parece que estés allí, en la galería, al pie de las escaleras, con un sombrero con cinta de seda y plumas, unos guantes de piel de cabritilla y un vestido con volantes de encaje de Alenzón, a punto de entrar en el mundo de Denise y Mouret.

"Divisaba, a lo lejos, algunos rincones de las galerías laterales, de la misma forma que, desde la techumbre de un campanario se divisan las esquinas de las calles, por las que pasan las manchas negras de los transeúntes. Pero lo que más le sorprendía era que, cuando cerraba los ojos cansados, que cegaba la deslumbrante mezcolanza de colores, sentía aún en mayor grado la presencia del gentío por su sordo rumor de pleamar y el calor humano que de él se desprendía. subía desde el entarimado un fino polvillo cargado de efluvios de mujer, del aroma de la ropa interior de la mujer y de su nuca, del de su falda y su cabello, un aroma penetrante, invasor, que parecía el incienso de aquel templo edificado para rendir culto al cuerpo femenino."

Título: 'El Paraíso de las Damas'
Autor: Émile Zola
Editorial: Alba
Páginas: 648
Precio: 12€

lunes, 9 de septiembre de 2013

Salmón marinado con soja y las 5, 6, 7, 8´s


Fotos: Marta Torres
Me apasiona la comida japonesa. Desde la primera vez que probé makis, nigiris, sashimis, wakame y gyozas mi vida no ha vuelto a ser la misma. A veces, si tengo invitados y mucho tiempo, saco el vinagre de arroz, las esterillas y la paciencia y preparo sushi. Para mí sola no lo hago jamás, pero el pescado marinado con soja es un gran sustituto. Se prepara rápido y fácil y está muy rico. Así que, ahí va. Sale mejor si de fondo suenan las 5, 6, 7, 8´s. Podría haberos puesto su famoso 'Woo hoo', pero un indio manco que parece tocar la air guitar (no intentéis entenderlo) ha decidido que os ponga 'I'm blue'.



Ingredientes (para dos personas)
-Unos 400 gramos de salmón, en un lomo, no en rodajas (con atún también sale muy rico)
-Una cebolleta
-Un pepino
-Una botellita de salsa de soja
-Wasabi (del tamaño de un guisante, aunque va a gustos)


Preparación
-Aplastar la bolita de wasabi e ir añadiendo poco a poco la soja, disolviendo bien la pasta en la salsa.
-Acariciar el salmón para aseguraros de que no tiene espinas. Son grandes y gruesas, así que se notan (y se retiran) fácil. Para quitarlas sólo hay que tirar con una pinza.
-Quitar la piel al pescado (imprescindible un buen cuchillo, el jamonero es ideal). La manera más fácil es poner el lomo con la piel pegada a la madera y mover el cuchillo poco a poco presionando contra la tabla.
-Cortar el salmón a tacos que no sean muy pequeños, como de un centímetro de lado, más o menos.
-Meter el salmón en la salsa, que quede cubierto.
-Cortar la cebolleta a tiras muy finas y añadirla al pescado.


-Pelar el pepino, partirlo por la mitad a lo largo, quitarle el centro, cortar a tiras muy finas y juntarlo con el pescado y la cebolleta.
-Tapar con un papel de film y dejarlo en la nevera un mínimo de media hora. Cuanto más tiempo marine, más fuerte sabrá el pescado.
-Sacar de la nevera, retirar la mayor parte de la salsa y servir.

viernes, 6 de septiembre de 2013

'El juego del ángel', un error empezar así con Zafón

'El juego del ángel' es lo primero que leo de Carlos Ruiz Zafón. Y, aunque no me atrevo a un "a Dios pongo por testigo que nunca más volveré a leer a Zafón..." (cómo me gusta Scarlett o'Hara), sí puedo decir que me lo pensaré muy mucho antes de volverme a poner con una novela suya. Dejé 'La sombra del viento' para más adelante, para cuando se hubiera pasado la fiebre, quizás debería haber leído ese en vez de este para empezar con el autor, pero 'El juego del ángel' (bueno, 'El joc de l'àngel', que lo leí en catalán) era el que tenía en casa y, además, había tenido buenas críticas, así que pensé que no pasaba nada. Craso error. No puedo decir que me parezca un libro malísimo, pero no me ha gustado, se me ha hecho largo, creo que la trama está desaprovechada y que hay muchos hilos que no se acaban de cerrar y que, al acabar, no entiendes muy bien qué pintan. Y con esto no digo que en una obra no tengan que aparecer más elementos que aquellos que tienen sentido, pero el autor debe ser honesto con el lector y no darle gran importancia y entretenerse en algo que luego no es más que una excusa para introducir a otro personaje u otro hilo. 'El juego del ángel' es la historia de David Martín, un escritor de la Barcelona de los años 20 que empieza como plumilla de historias truculentas en un diario y acaba cayendo en las redes de un misterioso editor que le ofrece una fortuna por escribir un libro que siente las bases de una nueva religión. Ese encargo parece estar ligado a la desgraciada vida de los que habitaron el palacete en el que David se empeña en vivir, atraído desde siempre por ese edificio decandente. Esta trama principal está salpicada de otras historias: la amorosa (la chica que nunca será suya), la amistad traicionada (el amigo desagradecido), la amistad verdadera (el librero y su familia), el descubrimiento del cementerio de los libros (fantásticos pasajes), la policíaca (hay más de un cadáver en esta historia)... En fin, que tiene muchos ingredientes, que está bien escrita y que, a pesar de eso, a mí no me ha convencido como para seguir intentándolo, de momento, con el popular escritor. Por más críticas que lo alaben.

"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el suelo de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela: su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio."

Título: 'El joc de l'àngel' / 'El juego del ángel'
Autor: Carlos ruiz Zafón
Editorial: Planeta
Páginas: 672
Precio: 24,50€

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Omar Khayyam y el destino entre falafels

Foto: Marta Torres
Hay veces que el universo se empeña. Y no puedes hacer nada. Veces en las que te da en los morros y te lo imaginas riéndose de ti al girar la esquina. Y sólo puedes quedarte ahí, quietecita, mirando cómo se ríe de ti. Observando lo que te ha plantado delante cuando menos te lo esperabas y donde pensabas que estabas a salvo. Y ahí está. Otra vez. En la pizarra de un restaurante árabe. Donde debería estar el menú de breguas, falafels, cuscús, pastelas y currys. Omar Khayyam. Y te ríes. Y te sientas en la mesa que queda bajo la pizarra llena con sus palabras. Y, como él mismo haría, pides una gran copa de vino tinto. Dos. Una para ti. Otra para el destino, al que le acabas de guiñar el ojo.

lunes, 2 de septiembre de 2013

'Cinco semanas en globo', reencuentro con Verne

Creo que 'Cinco semanas en globo' es la única novela de Julio Verne que no había leído. De niña, cuando los Reyes traían libros y cajas con 36 rotus y no consolas, animada por la serie de televisión, me empeñé en leer 'La vuelta al mundo en 80 días'. Ése, además de otros muchos títulos de Julio Verne aparecieron un 6 de enero en mis zapatos. Los leí todos. Uno tras otro. Algunos, como 'Viaje al centro de la Tierra' o '20.000 leguas de viaje submarino', varias veces. Aún hoy, después de descubrir la aventura del profesor Fergusson, Dick Kennedy y el fiel Joe, siguen siendo mis favoritos de Verne. A pesar de eso, he disfrutado como una enana con 'Cinco semanas en globo', que encontré en un mercadillo de segunda mano. He vuelto a sentirme una niña arropada por las páginas de Verne, por esa osadía antigua que ahora no puedo más que ver como ingenuidad. Me sigue sorprendiendo, igual que entonces, la importancia que le da el escritor a los detalles técnicos y científicos en sus historias, casi más que a la historia en sí. 'Cinco semanas en globo' no es más que eso, el relato de las cinco semanas que tardan los tres protagonistas en cruzar el continente africano de Oeste a Este. Verne no les escatima las penurias: agobios por la falta de agua, miedo a las fieras, encuentros con caníbales y otras tribus poco amistosas, viento que no sopla, pájaros que atacan el globo... Bueno, y alguna sorpresa más que no os voy a decir, por si no habéis leído el libro, que vale mucho la pena. Por la historia, por los personajes, por leer a Verne, por volverse a sentir niña, por recuperar la novela de aventuras...

"El aire era puro, el viento moderado. El 'Victoria' subió casi perpendicularmente a una altura de 1.500 pies que fue indicada por una depresión de dos pulgadas menos dos líneas en la columna barométrica.
A aquella elevación, una corriente más marcada impelió al globo hacia el Sudeste. ¡Qué magnífico espectáculo se desenvolvía a los ojos de los viajeros! La isla de Zanzíbar se ofrecía toda entera a la vista y se destacaba de un color más oscuro sobre un vasto planisferio; los campos tomaban la apariencia de muestras de varios colores, y grandes ramilletes de árboles indicaban los bosques y las selvas.
Los habitantes de la isla aparecían como insectos. Las hurras y los gritos se perdían poco a poco en la atmósfera, y los cañonazos del buque vibraban solos en la concavidad inferior del aeróstato."

Título: 'Cinco semanas en globo'
Autor: Julio Verne
Editorial: RBA
Colección: Hetzel
Páginas: 379
Precio: 1€
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