'La sustancia del mal', la Bestia del Bletterbach

Así fue cómo leí 'La sustancia del mal', de Luca d'Andrea. Y a pesar de ese pero pequeñito la disfruté mucho. Devoré sus casi 500 páginas en poco más de tres días. Y cada vez que me alejaba del libro sentía al Bletterbach, ese cañón inhóspito, llamándome. La novela empieza fuerte, con el protagonista, Salinger, rodeado de hielo, a punto de morir y sintiendo (que no escuchando) la voz de la Bestia diciéndole que se marche de ahí justo en el momento en el que lo rescatan. Rescatan su cuerpo y su vida, Salinger sobrevive, pero algo de él, además de su cabeza, se queda ahí, en el lugar del accidente. Es el único superviviente. Él y su compañero Mike, con el que grababa un programa de televisión sobre el equipo de rescate de ese lugar perdido de los Alpes suizos y que se queda en la base porque no se encuentra bien. Los demás, mueren. Y Salinger debe afrontar no sólo la convalecencia, sino también la culpa. ¿Y cómo lo hace? Pues aprovechando los largos días para intentar desvelar qué pasó en ese mismo lugar que a punto estuvo de tragárselo en 1985. En mitad de una terrible tormenta que dejó aislado el pueblo tres jóvenes fueron brutalmente asesinados en una de las zonas más inaccesibles del cañón. Sus cuerpos aparecieron descuartizados. Nunca se llegó a saber qué pasó.
Desde ya os lo digo: no me gusta Salinger. No me cae bien. No soporto cómo se comporta. Si fuera una persona real no la querría cerca de mí. Y a pesar de eso me tuvo enganchada a su pesquisa, bueno, más bien a su obsesión. Porque lo suyo con ese caso es una obsesión que a punto está de dar al traste con su cordura y con su familia. Es lo mejor de la novela. Esas investigaciones que ponen de uñas a todo el pequeño pueblo, que nunca quiso, en realidad, saber qué ocurrió aquella noche. Esa búsqueda, de casa en casa, de sospechoso en sospechoso, es apasionante. Te crees los indicios. Temes al asesino. Deseas encontrarlo. Te da rabia haberte dejado convencer por la trama porque el asesino es quien creiste en un primer momento. Y ya. Porque la resolución de ese macabro asesinato, esa última visita a las profundidades del Bletterbach, horrorizado antes la posibilidad de que alguna bestia prehistórica le corte la cabeza, me sobra. Un poco.
"Siempre es así. En el hielo, uno primero oye la voz de la Bestia, y luego muere.
Grietas idénticas a aquella en la que me encontraba estaban llenas de montañeros y escaladores que habían perdido las fuerzas, la razón y, finalmente, la vida por culpa de esa voz.
Una parte de mi mente, esa parte animal que conocía el terror porque había vivido en el terror durante millones de años, comprendía lo que la Bestia silbaba.
Ocho letras: 'Márchate'.
No estaba preparado para la voz de la Bestia."
Título: 'La sustancia del mal'
Autor: Luca d'Andrea
Traductor: Xavier González Rovira
Editorial: Alfaguara
Páginas: 472
Precio: 20,90€
Procedencia: Regalo mamá
Tenía dudas porque había leído reseñas menos alentadoras. Pero me recuerda a El diablo de Milan y me gustó tanto aquella historia. Probaré a ver qué tal. Y si hay que afilar algo ya se verá.
ResponderEliminarBesos Dorothy Thilliez
PD en los aeropuertos hay tantas historias vivientes que es imposible atender a una escrita.
Norah, es una novela negra cuyo principal atractivo es el entorno. Tiene algo de Agatha Christie en el sentido de que te va poniendo delante un sospechoso tras otro. Lo único que no me ha gustado es el tema 'Jurassic Park', que me ha chirriado un poco. Te divierte y te entretiene. A veces no hace falta más. Y tiene mucha más acción que 'El diablo de Milán'.
EliminarUn besote
P.S: Efectivamente, se me van los ojos y la atención a todas esas historias, por eso necesito libros que no sean muy exigentes conmigo.
Bueno, mi lado macabro-mistérico-negro me dice que puede tener un pase. Y si no es excesivamente exigente para el lector, creo que aún más. Yo también tengo esos momentos en que si leo algo más denso o más profundo, siento que me estoy perdiendo o que no estoy conectado del todo con la lectura.
ResponderEliminarY sí, aeropuertos, viajes... también son de esos momentos.
Un besote!!
Rober, me da que precisamente lo que me chirría a mí (ese punto de fantasía jurásica) a ti te gustará o, al menos, no te disgustará. Hace bastantes años me molestaba no encontrar según qué libros en las librerías de los aeropuertos, pero ahora lo entiendo.
EliminarBesines.
Bieno..., como tú bien dices ni los libros ni los hombres tienen que ser perfectos para disfrutar de ellos, jeje. Yo en eso no soy como tú, me gustan siempre los libros que me hacen pensar, que me transmiten, incluso en los aeropuertos. Cierto es que de vez en cuando me leo alguno de los que no te hacen pensar, pero no porque los necesite. Sé que soy rara, pero es lo que hay
ResponderEliminarBesitos
Marian, cada uno es como es y tiene sus gustos y rutinas de lectura. Yo hay momentos en que necesito cosas sencillas.
EliminarBesos.
Esta novela solo recibe parabienes. Yo no la he leído pero sí la he regalado y la persona que recibió el regalo también lo devoró como tú y me ha agradecido mil y una vez que se lo regalara jejeje. Así que, a ver si me pongo a ello. Besos
ResponderEliminarMarisa, es curioso, porque a pesar de que tiene cosillas que no acaban de convencer, lo devoras en un par de días. Ya me contarás qué tal.
EliminarUn besote.
Yo, en los aviones, los libros que me gustan son los que me hacen dormir y olvidarme de los traquetreos que se organizan en mitad del vuelo: Este, si es tan excitante, no me conviene. Por ejemplo me va muy bien "Historia de la decadencia y caida del imperio romano" de Gibbon (en versión resumida, claro). Enseguida me duermo. Pero bueno, este me lo apunto.
ResponderEliminarSaludetes
Sorokin, pues para lo que tú necesitas en un avión te recomiendo 'El péndulo de Foucault', mano de santo para caer rendido. Aunque Gibbon no es mala opción.
EliminarSaludos.
No la he leído, pero tengo que darte la razón en que hay ocasiones en las que se agradece una lectura ligera. Saludos :)
ResponderEliminarFlori, la lectura ligera tiene sus momentos.
EliminarSaludos.