La cápsula del tiempo del maestro Albert i Nieto


Fotos: M. T.

«Ahora la sala está muy vacía», comenta Jacint a su abuela, Francesca Salvador Albert, contemplando en el Arxiu Històric de Eivissa algunos de los centenares de libros del maestro Antoni Albert i Nieto (Ibiza 1867-1945) que hasta hace unas semanas ocupaban buena parte de las estanterías. Jacint, bisnieto del ilustre personaje, no está triste. No solo sabe que todos esos volúmenes (y los que quedan en las diez cajas aún por catalogar) estarán ahí si algún día quiere consultarlos, sino que, además, ahora podrá llenar los estantes con sus propias cosas.
En una vitrina de cristal con protección para la luz solar, al fondo del archivo, están, desde ayer, algunos de los muchísimos libros del maestro. Un legado que la responsable del Arxiu, Fanny Tur, y la concejala de Cultura, Lina Sansano, recibieron con los brazos abiertos cuando su nieta se lo ofreció. «Creía que este era el lugar. En casa todos estos libros solo iban a estar cogiendo polvo y llenos de bichitos», comenta Francesca, que aún se sorprende de la cantidad de libros que tenía su abuelo. Y eso que algunos acabaron en el fuego. Aunque de eso prefiere no hablar. Francisca pensaba que la biblioteca de su abuelo cabría en un par de cajas. «Cuando fui a buscarlos había tantos que apenas cabíamos en la furgoneta. Y eso que los llevábamos achuchados», recuerda Fanny Tur.
Todavía no se sabe cuántos volúmenes exactos forman el legado Albert i Nieto. De momento se han catalogado unos 500 entre libros, publicaciones, fotografías y otro tipo de documentos, pero aún quedan nueve cajas llenas en una de las salas del archivo. «Calculamos que habrá alrededor de 800», apunta Tur, que destaca lo «curiosa» que es la biblioteca del maestro.

Un reflejo de su dueño
Y es que en su biblioteca había novelas, diarios, memorias de conferencias que ofrecía y hasta libros sobre higiene, oficios y el cuerpo femenino que utilizaba en clase para enseñar a sus alumnos. Tanto Tur como Sansano señalan que los documentos reflejan muy bien la personalidad del ibicenco. Tur coge una memoria de una ponencia que ofreció a principios del siglo XX en la Sociedad de Amigos del País y en la que ya alerta del nivel de la enseñanza de Ibiza. «¿Puede tolerarse que en pleno siglo XX un territorio que forma parte de una nación que progresa se encuentre en tal lamentable estado de atraso en cuanto a cultura general?», se pregunta Albert i Nieto antes de afirmar: «El analfabetismo es la nota dominante».
Sansano, por su parte, busca un párrafo de 'Antoni Albert i Nieto. Un mestre eivissenc' ('Antoni Albert i Nieto. Un maestro ibicenco'), una biografía en la que el propio Albert i Nieto explica cómo acabó presidiendo el pósito de pescadores, a cuyos hijos impartía clase, cargo del que intentó, sin éxito, huir. Una foto del maestro con sus alumnos del pósito se puede ver en una de las vitrinas, que también acoge la máquina de escribir que usaba: una Blickensderfer de finales del siglo XIX. «Es que en aquel tiempo el maestro era toda una institución y Albert i Nieto era alguien conocido y apreciado», comenta Sansano, que recuerda que el ibicenco fue miembro de la Real Academia de Historia. «Por eso hay muchos libros de historia y de geografía, aunque también los hay de álgebra y aritmética», añade.
Los volúmenes están amarillos y gastados. Algunos libros apenas tienen lomo y los pliegos de páginas parecen sostenerse como por un milagro. Son libros usados. Leídos. Disfrutados. Prestados. «No los tenía, como yo, colocados para apenas tocarlos», comenta Francesca mientras los descendientes más jóvenes del maestro (Jacint, Otilia, Maria y Sharifa) se pierden entre las estanterías del archivo, curioseando libros que no conocen.


Una ´Pepa´ editada en 1820
Una de las «joyas» de este legado es una edición de 1820 de la Constitución española de 1812. También destaca un manuscrito de poesía: una hoja blanca, doblada en cuatro durante décadas, sin apenas un tachón. Abrir los libros de Albert i Nieto ha sido abrir una caja de sorpresas. Muchos de ellos están cuajados de folios manuscritos, notas, esquinas dobladas para marcar páginas que consultaba de forma habitual. Especialmente curiosos son los textos que escribía sobre diversos temas (la antigua Roma, los etruscos, álgebra...) y que guardaba en el libro que tuviera más a mano. En uno sobre los antiguos oficios, lleno de ilustraciones, asoma toda una lección de historia condensada en un folio casi marrón por el paso del tiempo. En algunas de las notas hay incluso dibujos. «Siempre encuentras algo», confirma su nieta. «Cuando recibes estos legados es como abrir una cápsula del tiempo», comenta la archivera.
Tur está convencida de que el ejemplar de 'De la Tierra a la Luna', de Julio Verne, editado en 1936, y que apenas se sostiene, pasó por las manos de muchos de los alumnos del maestro. En breve se incorporarán al legado algunos documentos que su nieta acaba de encontrar en un rulo metálico. «Intenté desenrollarlos y el papel crujía», explica. En ese rulo está la orla de cuando el maestro acabó el Bachillerato y algunos otros títulos académicos. «También tengo algunas fotos de vestidos payeses que le enviaban de Francia», comenta Francesca, a quien Jacint comunica, con una sonrisa, que ya sabe qué pueden poner en las estanterías donde hasta hace poco estaban los libros del tatarabuelo: «¡La consola!».

Comentarios

  1. ¿Qué mejor legado que el escrito, verdad? Y qué pedazo de biblioteca debía de tener este hombre.

    Tiene mucho sentido lo que comentan sobre ese reflejo de la personalidad de Albert i Nieto. Lo que escribimos, cuando lo hacemos, nos definen. Pero cada libro que atesoramos también habla de nosotros, en parte. Si no, no lo conservaríamos.

    Besotes, Dorothy! :)

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    1. Rober, las bibliotecas de la gente me encantan. Creo, como tú, que dicen mucho de la gente. Cuando voy a casa de alguien por primera vez siempre me fijo muchísimo en los libros que tiene.

      Un besazo

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  2. Para mi los libros son como tesoros, tesoros que no sólo se descubren al abrirse, hay que leerlos, y entonces descubres el universo en su interior.
    Podría separarme de muchos objetos que rodean mi vida pero difícilmente podría separarme de mis libros...

    Besos Dorothy :)

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    1. Nieves, a mí también me ha pasado eso durante mucho tiempo, pero ahora, curiosamente, estoy en una fase totalmente diferente, necesito soltar lastre y estoy pensando deshacerme de parte de mis libros. Hay algunos de los que no podría, pero de la mayoría he descubierto que sí puedo desprenderme.

      Besines

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  3. Que impresionante, me gusta saber de estas bibliotecas particulares que encierran tantos tesoros. No solo se disfruta de los títulos y las ediciones sino del hecho de poder comprender mejor a su lector.
    La biblioteca define al lector no hay duda y este hombre era un bibliófilo de los pies a la cabeza.
    Un saludo.

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    1. Mariuca, las bibliotecas personales a mí también me encantan. Sobre todo cuando son como ésta, con libros llenos de notas, dobleces y manuscritos en los libros, porque dan muchísima información sobre su dueño. Era un bibliófilo y, lo que es mejor, prestaba sus libros a sus alumnos una y otra vez.

      Un abrazo

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  4. Estas bibliotecas antiguas son mi debilidad: explorarlas es descubrir el alma de la persona a la que pertenecía, y se encuentran tantas cosas raras... Tengo la suerte de acceder a legados de este tipo y siempre es una experiencia maravillosa, una búsqueda del tesoro. Ahora los libros estarán en buen lugar y escaparán de los peligros del tiempo y del fuego... 1beso!

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    1. Tizire, a mí me pasa lo mismo con este tipo de bibliotecas. Yo también tengo la suerte de poder verlos fuera de las vitrinas, tocarlos, cotillear entre las notas... Ahora todo el mundo podrá verlos.

      Un besazo

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  5. Guau!!! Qié biblioteca, cómo me gustaría verla de cerca un ratito aunque fuera :-) Un besote!

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  6. Qué bien que todo el mundo pueda disfrutar de una colección así!!
    Abrazo!

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  7. Yo no entendería una casa sin libros, aunque, la verdad es que cuando empiezan a ser muchos, como es mi caso, ocupan un montón de espacio.Tendré que cederlos a alguien algún día. Ya me pensaré a quien. :)

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  8. Y, casi se me olvida, qué rayos: Feliz 2014. Por aquí ya están tirando cohetes (en vez de uvas) pero yo, erre que erre, me he comprado mis uvas (y doce ostras)

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