lunes, 5 de marzo de 2018

'Memorias de Adriano', Yourcenar en la mente del emperador


@martatorresmol

Despacio. Lento. Pausado. Es el ritmo que pide 'Memorias de Adriano', de Marguerite Yourcenar. La tentación, tras ese primer encuentro con el emperador, tumbado en la cama, al lado del médico, siendo consciente de que la vida se le apaga, es devorarlo. Adentrarse en esa larga, larguísima, carta dirigida a Marco Aurelio, al que adoptó como nieto, en la que desgrana sus memorias y no parar, ni para dormir ni para respirar, hasta arrumbar hacia Bayas con él, para acompañarlo, junto al mar, en sus últimos estertores. Pero la historia de este emperador nacido en Itálica, amante del mundo heleno, que busca la paz pero no la idolatra, que fue el primero en instaalarse pacíficamente en Bretaña, que sólo luce la toga en Roma, requiere tiempo. Para degustarla. Para asimilarla. Para imaginar esas campañas romanas por media Europa hasta el más pequeño detalle. Para perderse en las reflexiones del emperador. Para volver atrás y releer algunas de las frases de Yourcenar. Por lo que dicen. Y por bellas. Porque si algo desbordan estas falsas memorias es la belleza. Y cierta melancolía por la belleza perdida, por el mundo antiguo que Adriano tanto echaba de menos. No en vano, en las notas de la propia autora incluidas al final de la carta Yourcenar recuerda una frase de Gustave Flaubert que define esa sensación: "Cuando los dioses ya no existían y Cristo no había aparecido aún, hubo un momento único, desde Cicerón a Marco Aurelio, en que sólo estuvo el hombre".

He tardado casi un mes en leer estas falsas memorias. Y creo que las he leído demasiado rápido. Abro el libro para repasar las frases, comprobar detalles, y vuelvo a quedarme pegada a sus palabras. A los soldados muertos, al dolor por el amante ahogado en el Nilo, a las conspiraciones palatinas, al desdén por la esposa impuesta, a ese Hermógenes que prepara al emperador para su fin, a Samotracia, las guarniciones del Danubio, Antioquía, Bretaña, Falera, Atenas, Bitinia, Éfeso, Egipto... Cuanto más lo pienso, más me fascina la capacidad de Yourcenar para meterse en la piel y el cerebro de Adriano y escribir esta maravilla. Porque no sólo es un recorrido por la vida de Adriano, desde su nacimiento al sur de España a su muerte junto al mar; y por su reinado, en el que mostró humanidad con los esclavos y valoró las artes además de combatir y negociar para aumentar la gloria de Roma. Es también, y sobre todo, un paseo por sus emociones y sentimientos. Por su felicidad en ese verano que ansiaba eterno por el Bósforo con Antinóo y por su dolor cada vez que la pérdida se asomaba a su vida. Fascinante.

"Es difícil seguir siendo emperador ante un médico, y también es difícil guardar la calidad de hombre. El ojo de Hermógenes sólo veía en mí un saco de humores, una triste amalgama de linfa y de sangre. Esta mañana pensé por primera vez que mi cuerpo, ese compañero fiel, ese amigo más seguro y mejor conocido que mi alma, no es más que un monstruo solapado que acabará por devorar a su amo".

Título: 'Memorias de Adriano'
Autora: Marguerite yourcenar
Traductor: Julio Cortázar
Editorial: Edhasa / RBA
Páginas: 272
Precio: 50 céntimos
Procedencia: comprado (mercadillo solidario)

8 comentarios:

  1. ¿Te acuerdas de lo que comentabas de Svetlana en Twitter? Pues novelas de este tipo son las que me ponen a mí en la misma situación que tú con la bielorrusa.
    Yo te veo leyendo este libro otra vez y de vez en cuando, alternando con el del arte de la guerra. Y por tu culpa lo fui a buscar a la biblio y lo dejé porque no es para leer en quince días, que sí, que renovando es un mes pero creo que a mí no me alcanza.
    Pero tengo que leerlo. ¿Lo has leído en amaneceres? Le pega, un libro para leer bien despierto. ¿Que cómo pudo meterse en la mente del personaje de esa manera? Pues siendo un genio, que sí, que seguro que trabaja horas sin fin y escribía hasta que le sangraban los dedos pero algo de talento ya hay que tener.
    ¡Feliz viaje!
    Besos, Dorothy Earhart

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    1. Norah, es que Svetlana es mucha Svetlana. Es Dios, para mí. Escribe increíble, sobre temas muy crudos, reales, con mucha emoción, pero sin olvidar que es periodista. no te equivocas, yo también me veo leyéndolo otra vez. Al calor del verano.
      ¡Qué bonita esa descripción tuya de la Yourcenar escribiendo!

      Besos, Norah.
      (Los amaneceres son para correr, jugar con Mina en la playa y darse un chapuzón)

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  2. Tengo este libro pendiente en la estantería desde hace... Mejor ni lo digo. Ya es hora de que me empiece a plantear su lectura.
    Besotes!!!

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    1. Margari, espero que no te arrepientas. Ya me contarás.

      Besines.

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  3. Uffff palabras mayores. Qué bueno es este libro. Jamás pensé que me fuera a gustar tanto. Yo pillé una edición de Edhasa en la biblioteca y me costó la misma vida devolverlo. Desde entonces ando detrás para comprarlo. Muy buena lectura. Besos

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    1. Marisa, es una maravilla. No se puede escribir mejor. Yourcenar me ha dejado impresionadísima. Tenía en casa este libro (y otros de esta colección que compré por medio euro en un mercadillo) hacía mucho tiempo. Ahora me arrepiento de haberle hecho esperar tanto.

      un besote.

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  4. Lo leí hace mucho tiempo, cuando la Yourcenar se puso de moda en España, aunque recuerdo que me gustó más el "opus nigrum" y me impresionó "Alexis o el tratado del inútil combate". Los tendría que volver a leer en su idioma original, ahora que vivo en la tierra de Marguerite Yourcenar. No sé por qué, pero además la relacioné con Yukio Mishima (¿escribió algo sobre él?), que me deprimió profundamente. Pero sí, Marguerite es una gloria belga, la tengo que releer, sentado, con una buena cerveza trapista de 8º.
    Saludos

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    1. ¿La Yourcenar se puso de moda en España? Tengo pendiente 'Opus nigrum', del que he leído auténticas maravillas y que tengo aún en casa, esperando. Escribió sobre Mishima, sí señor. Entiendo lo que dices. La forma de escribir de Yourcenar destila lluvia, melancolía, es como si escribiera en sepia bajo el chaparrón. Te cambio la cerveza trapista por un buen tinto.

      Abrazos.

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