lunes, 17 de agosto de 2020

La Nena (Carmen Mola)

 

La Nena, de Carmen Mola (Alfaguara) | @martatorresmol


Tres novelas ya y seguimos sin saber quién es Carmen Mola. Ése es el gran misterio de la saga (sí, porque esto tiene pinta de convertirse en saga) de la inspectora Elena Blanco y su gente de la BAC. Quienes sean seguidores de estas novelas están de enhorabuena, porque en esta tercera entrega, 'La Nena', Mola deja varias pistas que me hacen dar por seguro que habrá nuevos libros. Sólo espero que no se conviertan en una especie de crímenes de Fjällbacka, a los que después de leer varios títulos les he hecho la cruz porque me parecían todos iguales. Además, después de la estafa del último libro de Camilla Läckberg, creo que tardaré muchísimo en volver al popular pueblo sueco. A lo que íbamos, que creo que habrá más entregas. Por dos motivos. El primero, Zárate. La propia Elena, que regresa de su nueva vida italiana para colaborar en la investigación de la desaparición de Chesca, su excompañera y sucesora al frente de la BAC, le repite al agente una frase casi olvidada: "En cada caso perdemos un trozo de alma". El policía vive en este libro un auténtico colapso que quién sabe si derivará en algo más que estar a punto de cruzar al otro lado en nuevas entregas. Y en segundo lugar, por el trío que se avecina entre la nueva incorporación a la BAC, una recién salida de la academia, gender fluid y sobrina de un alto cargo de la policía. Ella, el agente Orduño y su casi novia Marina, que sigue en la cárcel, se adivina que darán bastante juego. Mola se ha dejado muy bien colocadas las piezas para una cuarta entrega en la que bucear en los fondos más oscuros del ser humano.

Para ser sincera, esta tercera entrega no me ha gustado tanto como la segunda, 'La red púrpura'.  Quizás ésta tenga más sangre, pero aquella era muy superior en cuanto a tensión psicológica. 'La Nena', como todos los libros de esta saga, se lee en un par de tardes. Te atrapa desde el primer momento. Desde ese inicio en cursiva que ya sabemos que nos conduce al origen del horror que vamos a ver en las próximas páginas. Elena Blanco tarda un poco en aparecer. La protagonista del inicio es Chesca, la más dura de los agentes de la BAC, que, despechada por el plantón de Zárate, se lanza sola a las calles en busca de diversión, alcohol y sexo. Error. Chesca acaba drogada, atada a una cama, desnuda, en un lugar lóbrego que huele a estiércol. Un espacio alejado de todo en el que vivirá auténticos horrores y donde la única vía para escapar será una niña sin nombre que abraza a un gatito y que parece contemplar esas aberraciones como si fuera lo más normal del mundo. La desaparición de Chesca pone en marcha a todos sus compañeros de la BAC, que, por el camino para encontrarla y descubrir qué ha pasado con ella, se toparán con no pocas sorpresas. Secretos de la vida de su compañera que no hubieran jamás imaginado y que podrían tener que ver con su desaparición y, a su vez, con la de otras mujeres que se esfumaron sin dejar rastro.

A esta tercera entrega se le ven algo más los trucos que a las otras. Hay un momento, a mitad de la novela, en el que tuve claro qué pasaría con Chesca. Estaba segura de lo general e intuí lo concreto. También hay otro instante, una frase, que deja muy claro dónde buscar algo y que, sin embargo, en la novela llegar a esa conclusión se retrasa. Eso no significa que no haya disfrutado de 'La Nena', lo he hecho, pero son cositas, sumadas a esa menor tensión psicológica de esta tercera entrega, que han hecho que me guste algo menos que 'La red púrpura' que, para mí, es la mejor de las tres. A pesar de esto, es una novela hipnótica, de las que no te puedes alejar mucho tiempo hasta que la acabas. 

Por cierto, que lo que sube, situándose al nivel de 'La novia gitana' y aquellos gusanos que comían poco a poco el cerebro de las víctimas, es el asco. Si coméis carne, os resultará difícil hacerlo, al menos, durante unos días. Y si no la coméis, os reafirmaréis en vuestra decisión. Ahí lo dejo.

"El vestido de novia le queda estrecho, huele a naftalina y, aunque hace tiempo debió de ser blanco, ahora es de un color indeterminado, entre crema y amarillo. La de hoy no era, desde luego, la boda con la que Valentina soñó a sus quince años. El vestido de Ramona, la madre del hombre con el que se ha casado, un novio que ni le ha concedido un beso cuando el funcionario que oficiaba la boda les ha dicho que ya eran marido y mujer. Ramona, su suegra, es seca y antipática, más corpulenta que ella, pero a Valentina las costuras del vestido casi le revientan porque está embarazada de cuatro meses. No sabe por qué su esposo ha aceptado casarse con ella cuando está esperando el hijo de otro.

Valentina se quita el vestido. Su ropa interior es vulgar, de mercadillo. ¿Cuántas veces había pensado que para su noche de bodas se compraría lencería como la que las chicas del club usaban con los clientes? En lugar de eso, lleva unas bragas blancas y un sujetador que no hace juego, que a duras penas alcanza a sostener unos pechos que no paran de crecer con el embarazo. Su propia imagen le causa pena y rechazo."

Título: La Nena

Autora: Carmen Mola

Editorial: Alfaguara

Páginas: 392

Precio: 19,90€

Procedencia: prestado


7 comentarios:

  1. Lo tengo en espera. Lo compré antes de las vacaciones y me lo traje a Andalucía, pero después de leer tu reseña y la que hizo Marian, le tengo un poco de prevención. No sé si aventurarme al horror y el asco bajo el límpido cielo andaluz, o dejarla para la vuelta, al sombrío y frío cielo de Bélgica. Por el momento, acabo de terminar "Sidi" que me ha fascinado. Todavía estoy oliendo a sudor, polvo, sangre y hierro.

    Besotes

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    1. Sorokin, casi que loe va mejor el frío del otoño. Creo que es una novela ideal para esos fines de semana perezosos en los que el tiempo no acompaña y te contentas con quedarte en casa. Lluvia, truenos, cielo gris y 'La Nena'. 'Sidi' a mí me gustó mucho. Por los personajes, que creo que están fabulosamente trazados, y por las aventuras.

      Besines.

      ¡Disfruta del límpido cielo andaluz!

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    2. Finalmente, la he leído en un fin de semana otoñal, mientras golpea la lluvia contra mis ventanas bruselenses. La leí rápido y hubo un momento en que mi estómago casi se niega a seguir. Sí, mi estómago. Pero me ha... no sé si decir gustado. Como dicen en Flickr : "take me to the kitten" cuando abres una página escabrosa.
      Besos

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    3. Sorokin, sí, hay momentos en los que el estómago te pide parar, pero la curiosidad te hace seguir leyendo. No hay duda de que, sea quien sea Carmen Mola, controla a la perfección lo de mantener la tensión, el oficio de contar y, sobre todo, dejarse el plato preparado para el próximo libro.

      Abrazotes.

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  2. Yo creo que son novelas que se leen rápido para acabarla cuanto antes porque son desagradables, me refiero a que ese tipo de sufrimiento lector tiene un límite y quieres que pare lo que cuenta. Los trucos se le van viendo porque ya la vais calando y lamento decir que sí, que tiene toda la pinta de ser la nueva saga donde todos son más o menos lo mismo.
    Y yo sigo pensando que Mola es un hombre que sale por la tele.
    Besitos Dorothy Nesbø.

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    Respuestas
    1. Norah, efectivamente. Novelas para cuando no te apetece pensar mucho, la verdad. Y decir esto no es hacerlas de menos, que muchas veces son éstos los libros que te salvan la vida. Y sí, me temo que vamos camino del Fjällbacka hispánico. Estoy contigo en eso también, en lo del hombre que sale por la tele.

      Besotes.

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