viernes, 13 de julio de 2018

'Gran Sol', entre los grados 48 y 56 de latitud norte, 6 y 14 de longitud oeste


De lleno en un puerto del Cantábrico. Con las gaviotas graznando. Ronroneos de motor. Boniteros en el horizonte. Sensación de tormenta cercana. Olor a algas pudriéndose. Y el jaleo de marineros y pescadores a punto de enrolar. Quién sabe para cuántos días. Quién sabe si volverán. Ahí te planta Ignacio Aldecoa en las primeras páginas de 'Gran Sol'. Te mete de lleno en un ambiente que roza la fiesta. Roza el drama. Roza el nerviosismo. Roza la bronca. Un instante que lo roza todo y que, al mismo tiempo, parece no tocar nada. Un instante decisivo camuflado por la cotidianeidad. Si no fuera por ese vestido (conversaciones con las mujeres, vinos en la taberna, frías despedidas...) seguramente ninguno de los protagonistas embarcarían en el 'Aril', rumbo a Gran Sol, junto al barco hermano, el 'Uro', a pescar, a dejarse la salud. Quién sabe si también la vida.

Unas primeras páginas extrañas. Hipnóticas. Aún no conoces a Simón Orozco. Su silencio y su soledad. Ni a Macario Martín, ese hombre al que todos saben que deberían dejar en tierra, por sus formas, por sus vicios, por su comportamiento, pero al que nadie se atreve a dejar sin las pocas monedas que entran en casa. Ni a Gato Rojo, ese cascarrabias que se resiste a echar una mano en todo lo que ocurra fuera de su cuarto de máquinas. Ni a Domingo Ventura, Paulino Castro, Joaquín Sas... Todos los que comparten vida y miserias en ese pesquero en el que las literas nunca están secas y el rancho nunca está sabroso. No los conoces, pero no puedes apartarte de ellos. Y así te encuentras páginas más tarde, embarcada, rumbo a Gran Sol, convertida en una polizón que no pierde detalle. Porque Aldecoa no deja escapar ni uno. Los atrapó todos tiempo antes de escribir esta novela, en el mes que pasó en el 'Alir', compartiendo sal, sudor y tiempo con pescadores de altura. Y ahí están los silencios, los reproches, las preocupaciones calladas o disfrazadas de bravura infantil, las viejas rencillas, la camaradería, la tensión de los momentos de lanzar la red, las órdenes cumplidas a disgusto, las borracheras en tierra, las averías, los temporales, el miedo, el recuerdo de quienes se quedaron ya en el mar (la Mar)... Hay algo épico en 'Gran Sol', la épica de la naturalidad con la que todos en ese barco asumen que la muerte viaja con ellos, dormida, sí, pero quién sabe si se despertará antes de tocar, de nuevo, el puerto del hogar.

"La masa de niebla reposa azulenca sobre la mar, crece lívida, cierra el cielo ya blanca. Las vanguardias del banco de niebla se deslizan, ruedan, se deshacen, flotan, se ayuntan, muran. Los barcos de Simón Orozco penetran en la niebla. Suenan intermitentemente sus sirenas, casi tactos en la ceguera. La niebla mata los resplandores de los focos, que lucen mortecinos, cercanos y lejanos, fijos y errantes. el palo de proa del Aril es una línea borrosa desde el puente. La proa del Aril está al otro lado del horizonte, abriendo aguas que no se ven, cuyo rumor se escucha, cuya fuerza se siente en el hierro trémulo. El olor y el sabor de la mar se han extinguido en la niebla, que tiene olor y sabor propios; olor ácido y sabor dulce".


Título: 'Gran Sol'
Autor: Ignacio Aldecoa
Editorial: Alfaguara
Páginas: 304
Precio 2€
Procedencia: mercadillo

10 comentarios:

  1. De Aldecoa sólo he leído sus Cuentos, que me gustaron mucho. Y ahora que lo pienso, hace ya muuucho tiempo. No conocía esta novela. Tomo buena nota, que me ha llamado mucho la atención.
    Besotes!!!

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    1. Margari, yo no había leído nada de Aldecoa y me ha fascinado su manera de contar. Me apunto yo esos cuentos, a ver cómo respiran.

      Besines.

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  2. Pues mira que dan ganas de embarcarse en el 'Aril', rumbo a Gran Sol, y conocer a todos esos personajes que nombras, pasar un rato con ellos desde dentro de las páginas de la novela
    Besos

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    1. Marian, es una maravilla de libro. Eso sí, te tiene que gustar el mar y las novelas ambientadas en él. Espero que te animes.

      Besotes.

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  3. Yo casi conocía más a su mujer, Josefina, que a Ignacio Aldecoa, aunque la verdad es que no he leído nada de ninguno de los dos, pero este libro que citas apetece un montón leerlo.

    Besotes

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    1. Sorokin, Ignacio Aldecoa murió demasiado pronto. Creo que te gustará. Es una novela escrita desde dentro, se nota que pasó un tiempo en un pesquero como éste, que no escribe de imaginación o de oídas. Es una delicia. si te gusta Conrad, te gustará esta novela.

      Abrazos.

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  4. Está claro que a ti te dicen embárcate y lo lees todo. No suelo embarcarme yo, algún crucero literario ha caído, alguna travesía con Vicent pero poco más. Lo pintas tan auténtico y tan vívido que dan ganas de ir. Me lo apunto a ver cómo me va a mí. Me ha recordado a eso de Pesca Radical, es que no se imagina uno vida más dura.
    Besos Dorothy Ahab

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    1. Norah, a mí embarcarme, bucear, nadar y chapotear me encanta. Y los libros ambientados en el mar me chiflan. Este libro no es un libro cualquiera. Gran Sol es uno de los lugares más hostiles del planeta para quienes van allí a pescar. No hay nada de romanticismo en ello. Eso es lo bueno de este libro, que escribió Ignacio Aldecoa con mucho conocimiento de causa, ya que se enroló en uno de esos pesqueros. ¿Pesca radical? Jajajaja... Aquí no hay nada de espectáculo, es mucho más cotidiano. Una cotidianeidad casi heroica, diría yo.

      Un besote.

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    2. Pues a mí los de Pesca Radical me dan una pena...

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    3. Jajaja... Tienen cámaras delante, seguro que más de la mirad es postureo.

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