lunes, 2 de octubre de 2017

'Todos nuestros ayeres', las pequeñas cosas son las que hacen bailar las cortinas


@martatorresmol
Si el destino se anuncia con música de charanga, mejor ponerse en guardia. Es una villanía maldecir a un perro. Sin la vergüenza la humanidad sería mucho mejor. Llega un momento de la vida en el que son los hijos los que educan a los padres. A los muertos se les debe juzgar como si estuvieran vivos. El valor no te lo encuentras un día en el bolsillo. Los cerdos son felices en cualquier lado. Una casa sin visitas es triste. Todo hombre, mirado muy de cerca, acaba dando pena. Son sólo algunas de las enseñanzas que supura 'Todos nuestros ayeres', de Natalia Ginzburg, maravillosamente traducida por Carmen Martín Gaite. Una novela que baila en la cotidianeidad, como las cortinas en una casa por cuyas ventanas se cuela el aire. El vendaval. La tormenta. La guerra. Y todo hace bailar las cortinas, las vidas, las cabezas...

'Todos nuestros ayeres' va de eso, de la vida, que puede con todo y sigue a pesar de todo. A pesar de la muerte de los demás, a pesar de la guerra, a pesar de la pobreza, a pesar del desamor, a pesar del abandono, a pesar de las dificultades, a pesar del enfado, y de la miseria y del hambre y de los malentendidos y de las desgracias y de los planes frustrados y de los días sin risas y de las malas caras y del desengaño y de la clandestinidad y de las bombas y del recuerdo y de la tristeza. Sólo la muerte, la propia, se interpone a esa vida que continúa pese a todo. A esa cotidianeidad invencible. Tu propia muerte sólo acaba contigo, lo demás, pasado el duelo, sigue igual. O casi. Queda una mota, una mancha enorme, un recuerdo que de vez en cuando te da un mordisco, pero la vida avanza. Eso es algo que saben muy bien los protagonistas de esta novela, que comienza en los pasos previos a la Segunda Guerra Mundial y culmina con la liberación de Italia. Lo sabe muy bien Anna, que debe sobreponerse al suicidio de su hermano Ippolito, que encuentra en un revólver la solución a no querer ir a la guerra, y a un embarazo no deseado. Lo sabe muy bien Danilo, que esconde panfletos antifascistas y acaba en la cárcel. Y Cenzo Rena, que en una aldea del sur de Italia, guarda a Anna e intercede por los campesinos frente al alcalde. Y la señora Maria, que se adapta a todo. Y el turco refugiado. Y Franz, el judío, que se esconde de los alemanes. Y Giuma, que desconoce el significado de la palabra responsabilidad. Anna observa. Y cuenta. Ese baile de cortinas, tan cotidiano que casi pasa desapercibido, tan cotidiano que muestra y esconde la vida. Ésa que sigue a pesar de todo. Porque las grandes cosas hacen mucho ruido, pero son las pequeñas, al fin y al cabo, las que dan forma a todo. Y en eso, en esas pequeñas cosas, es en lo que se fija Natalia Ginzburg, lo que cuenta, en donde pone el foco, lo que engrandece para darle su lugar justo.

"Anna, Giustino y la señora Maria iban al cementerio algunos domingos. Concettina no, porque ella nunca salía de casa los domingos, eran días que detestaba. Se ponía el vestido más feo que pudiera encontrar y se quedaba encerrada en su cuarto zurciendo medias. En cuanto a Ippolito, tenía que hacerle compañía al padre. En el cementerio, la señora Maria rezaba, pero los chicos no, porque el padre siempre decía que rezar es una estupidez, que Dios a lo mejor existe pero no hace falta rezarle, es Dios y ya sabe por sí mismo cómo anda todo."

Título: 'Todos nuestros ayeres'
Autora: natalia Ginzburg
Traductora: Carmen Martín Gaite
Editorial: Lumen
Páginas: 360
Precio: 20,90€
Procedencia: regalo

12 comentarios:

  1. La vida continua, a pesar de todo... Atractivo libro el que me presentas hoy. Lo tendré que leer, no sé cuándo, pero lo tendré que leer.
    Besotes!!!

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    1. Margari, es una maravilla, a veces un poco lento, pero entiendes que es el ritmo que lleva la vida de los protagonistas.

      Besines

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  2. Descubrí a esta autora este año con Querido Miguel. Me recuerda un poco a Nemirovsky en su forma de mirar las cosas y las personas. Ojalá hubiera situado esta historia más adelante. Es verdad que la vida sigue adelante, siempre, pero sin nosotros ella no existiría, nos necesita.
    Me lo guardo para cuando me haya leído los demás.
    Besos, Dorothy McCullers

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    1. Norah, sé que no te gusta nada la Segunda Guerra Mundial, pero aquí, la guerra, siendo la que lo determina todo, no aparece para nada. Apenas unas noticias mal escuchadas por una radio artrítica y algún alemán perdido por la Italia profunda. Es un pueblo italiano perdido durante una guerra que bien podría ser cualquier guerra, que sea la Segunda Guerra Mundial es circunstancial. Y sí, la vida, por suerte o por desgracia, sigue siempre.

      Un beso.

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  3. Recientemente he estado pensando en eso, en que la vida sigue a pesar de... El libro lo vi por estos lares hace algunos meses. Ya por entonces me resultó atractivo pero creo que aún le toca esperar. Besos

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    1. Marisa, todo tiene su momento, también los libros. Éste requiere tiempo y calma. No es para leerlo de una tirada o en un par de sentadas.

      Besines.

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  4. Tengo que leer a Ginzburg, ¡si es que lo sabía! Qué inicio de reseña más potente.
    Tenía Léxico familiar como opción pero creo que me tiro a este tuyo primero.
    Un besito

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    1. Cuentalibros, ha sido el primero, pero no será el último libro de Natalia Ginzburg que lea. Me ha gustado su manera de mirar, también la de escribir, claro, pero sobre todo su manera de mirar.

      Un beso.

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  5. Es tal cual lo has contado, me pareció una preciosidad de libro, en pequeñas cosas, no hace falta más
    Besos

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    1. Mientras Leo, a veces nos fijamos en lo grande y no nos damos cuenta de que son las pequeñas cosas las que lo determinan todo. Es una preciosidad, sí.

      Besotes.

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  6. Me ha llamado la atención!! Madre mía, no sé cómo leerme todos los libros que tengo pendientes, mi lista es enorme jejee
    Muy buena reseña, veo que ésta novela te ha gustado y hablas de ella con mucha pasión! :)) besoteee

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    1. María, yo tampoco, por eso tengo la biblioteca llena de libros que sé que quizás nunca leeré. Y, a pesar de eso, sigo comprando libros que empiezo a leer antes, incluso, de salir dela librería. Es una novela maravillosa, de ésas que es mejor leer a pequeños sorbos, dejando que se meta bien dentro de ti.

      Un besote

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