lunes, 23 de octubre de 2017

Cuchara para el frío (y para el alma)


@martatorresmol

Soy mujer de cuchara. Siempre lo he sido. Pocas cosas hay que consuelen mi alma dolida como un caldo de gallina. Servido en una taza que pueda rodear con las manos. Para sentir el calor. Solo. Sin nada. Sólo el caldo. Me encantan las cremas de verduras. De cada verdura por separado, intensas, que dejen notar bien el sabor. Si en verano siempre hay gazpacho casero en la nevera, en invierno no faltan nunca las cremas. Me gusta ir al mercado a escoger las verduras, volver a casa y pasar la mañana cocinando con música y una copa de vino. Nunca uso nata. Ni leche. No hace falta. Con una buena cantidad de verdura y un buen rato de batidora no hace falta. Quizás no estén tan melosas, pero el sabor lo compensa. Tampoco mezclo nunca patata. La receta es casi la misma para todas, pero con los años he ido descubriendo pequeños detalles que mejoran cada una de ellas. Espero ir descubriendo muchos más.

Receta base
En una olla grande, sofreír en aceite de oliva una cebolleta grande (o dos pequeñas). Cuando esté transparente, añadir la verdura a trozos, mejor que no sean muy pequeños, y darle unas vueltas. Salpimentar y echar luego un vaso de alcohol (a veces vino, a veces cerveza, a veces coñac). Esperar a que se evapore todo el alcohol (es fácil, basta con acercar la nariz, si queda alcohol, lo notaréis) y cubrir luego la verdura con agua fría. Dejar cocer hasta que notéis con un tenedor que está blanda. Es importante no cocerla de más para que la crema tenga el máximo sabor. Triturar con la batidora hasta que tenga la textura que os guste. Y listo. No puede ser más sencillo.


Crema de coliflor
Mi favorita. Descubierta hace sólo un par de años. Me gusta el sabor intenso de la coliflor combinado con la delicada textura de seda. No hace falta cortarla a trozos muy pequeños, a mí me gusta dejar los brotes enteros y verlos bailar en el agua mientras cuecen, como pequeños arbolitos blancos. Siempre añado un botellín de cerveza mientras se sofríe. Está buenísima tan cual, pero exquisita con un poco de queso azul añadido por encima, dejando que se derrita con el calor de la propia crema.

Crema de zanahoria
Fría o caliente. Da igual. Está rica en cualquier época del año. Mejor, aunque sean algo más caras, comprar manojos de zanahorias de los que vienen aún con los tallos. Es la mejor forma de asegurarse de que están frescas y, sobre todo, tiernas. Si lo son lo suficiente no hace falta ni pelarlas, con lavarlas bien con un cepillito, listo. Un vaso de vino blanco para sofreírlas con la cebolla ya dorada. Siempre le añado un pellizco de comino y en verano, además, menta fresca.

Crema de calabaza
Es la histórica de mi casa. La que mis amigos han probado decenas de veces y la que me piden cada vez que saben que van a venir. Es fuerte, intensa. Me gusta así. Es importante que la calabaza no esté muy madura. Y también es muy importante no dejar sofreír mucho la cebolla. De hecho, ambas cosas son muy importantes, sino la crema quedaría demasiado dulce. Vino blanco. Y un poquito de curry. El jamón ibérico le va genial, si queréis añadirle algo que se mastique. O una cucharada de yogur griego sin azúcar, si queréis suavizar el sabor.

Crema de puerros
Me vuelve loca por su sabor, pero también me vuelve loca por el trabajo que supone pasarla después por el pasapuré para que no quede ningún hilito. Shhhhhh... Un secreto: si cuando la cebolla esté transparente se le añade una manzana granny smith (¡sólo vale granny smith!), la manzana verde ácida de toda la vida, picada, se consigue un sabor exquisito. Vino blanco (como en casi todas las cremas), bien de pimienta y un toque de nuez moscada. Me encanta con unas gambitas cocidas.

Crema de setas
Es la menos económica de todas, pero el sabor lo compensa. Nada de champiñones, setas de cardo. Añadir champiñones para engordar la crema porque son baratos no vale la pena. Es preferible hacer poca cantidad y con todo el sabor. Ni vino ni cerveza. Media copa de coñac y flambear (acordaos de apagar el extractor si lo tenéis encendido). No añadáis mucha agua, sólo cubrir, que se hacen en un momento.

Crema de calabacín
Era una de las que más preparaba hace años y, sin embargo, ahora la verdad es que la cocino poco. Cuando llego al puesto de frutas y verduras los calabacines acaban quedándose en un par y para cualquier otra cosa que no sea crema. Ni se os ocurra echarle cerveza si no tenéis vino, quedará demasiado amargo. Me gusta tomármela con una cucharada de queso crema (tipo philadelphia) y un poco de albahaca fresca o tomate seco picado.

12 comentarios:

  1. Yo también soy de cuchara y de cremas, y de sopas, sobre todo para cenar. ¡Gracias por las recetas! Probaré más de una
    Un beso

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    1. Marian, es que llegar a casa por la noche después del trabajo y encontrarse una crema casera que sólo tienes que calentar es una delicia.

      Besos.

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  2. Pues yo la cuchara, para los yogures. En la cocina solo entro para coger agua y cuando toca fregar, no es lo mío.
    Y cuando hace falta calor, ahí está el chocolate.
    Pero entiendo el sentido que tú le das y el poder "curativo" que tiene para ti todo el proceso.
    Besos Dorothy Child

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    1. Norah, ya sabía yo que esta entrada no era para ti. Cuando cuelgue mi receta del chocolate calentito y picante para las largas tardes de invierno, te la dedicaré.

      Besines.

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  3. Tus cremas te han quedado principescas. como dice mi amigo Joan, el oteador de los mercados: "La cocina es el alimento de nuestra memoria..". (Por ejemplo, no me acuerdo mucho de mi primera visita a Colonia, hace muchos años, pro no se me olvidará nunca la "Erbsensuppe" que probé por primera vez).
    Pero, bueno, que me enrollo. Me ha encantado tu post. Solo un par de dudas:
    Si no usas nata ni leche, ¿qué es esa nube blanca que aparece en la foto en el centro de la sopa?
    La receta base me gusta ¿la usas para todas las cremas? ¿incluída la de setas?
    Las probaré todas (bueno, la de puerros tal vez no) Y tal vez pruebe a ver qué pasa usando mi verdura favorita: berenjenas
    Saluditos

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    1. Sorokin, no uso nata ni leche, pero en el caso de las cremas de calabza o de calabacín, por ejemplo, a veces le pongo una cucharada de queso tipo philadelphia o de yogur griego, pero en frío, para darle un punto de acidez. La receta base la uso para todas las cremas, incluída la de setas, sí, sólo que en vez de vino o cerveza flambeo coñac. Si usas berenjenas ten cuidado, el riesgo de conseguir una crema amarga es alto. Usa la mitad de las berenjenas peladas y la otra mitad sin pelar. No utilices cerveza y, sobre todo, déjalas bastante rato escurriendo con sal para que pierdan amargor. No las uso mucho para cremas, pero sí para babanagush, que me encanta.

      Saludos.
      (Ya me contarás).

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  4. Me ha encantado, a mí también me gustan las cremas, pero no soy nada cocinera y no había pensado que existía tal variedad... Mira que no soy muy amiga de leer recetas pero esta entrada me ha hecho la boca agua e incluso me ha parecido acogedora y calentita.
    Saludos!

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    1. No sé si a hacer cremas de verduras se le puede llamar cocinar, casi se hacen solas. Variedad, toda la que quieras, hay tantas cremas como verduras. Gracias por leer la entrada, aunque fuera algo parecido a una receta.

      Abrazos.

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  5. Soy más de tenedor, lo reconozco, pero este invierno, si llega, quiero meterme en la cocina y preparar alguna cremita, a ver si me sale bien.
    Besotes!!!

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    1. Margari, anímate, las cremas son lo más fácil del mundo, a poco cariño que les pongas salen bien.

      Besines.

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  6. Ay por Dios Dorothy!!! Qué regalo me has hecho. Yo soy sopera. Me encantan las cremas de verdura. Mi preferida una de calabacines. La cocino de forma distinta pero voy a probar tu método. Besos

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    1. Marisa, es que una buena sopita lo cura todo. O casi. Ya me contarás.

      Besines.

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