viernes, 5 de mayo de 2017

Pilar Bonet: "A veces debes elegir entre una gran noticia y ser persona"





Marta Torres Molina | Diario de Ibiza
Pilar Bonet (Ibiza, 1952) es corresponsal de El País en Rusia, donde ha sido testigo del final de la URSS, el golpe de estado a Gorbachov, la caída del comunismo y la anexión de Crimea, entre otros momentos históricos. Habla con pasión de su oficio, el periodismo, que defiende en su contepto más clásico: un profesional que ve lo que ocurre, que está pegado a la calle y que interpreta la realidad. Es su manera de trabajar en Rusia, donde lleva desde 1984 como corresponsal de El País (exceptuando un parón entre 1997 y 2001, cuando estuvo destinada en Alemania). Ganadora de varios premios periodísticos, entre ellos el prestigioso Cirilo Rodríguez, confiesa que escribir el discurso para la Medalla de Oro que recibió el viernes le costó más que cualquier crónica.

Después de tanto tiempo, ¿se siente un poco rusa?
No... [Piensa] Soy ciudadana del mundo, pero eso no significa que no tenga unas raíces. Y en Rusia tengo relaciones especiales porque he vivido no sólo muchos años, sino también experiencias históricas, cosas muy intensas que marcan y te hacen sentir de ese lugar. Tengo relaciones afectivas con gente que está viva y con gente que está muerta. Los muertos te ligan a los sitios.


Ha vivido la URSS, el golpe de Estado a Gorbachov, Yeltsin, la caída del comunismo, la Rusia de Putin... ¿Qué momento ha sido más intenso?
Como periodista, el final de la URSS, fue muy intenso, pero también el intento de golpe de Estado de agosto del 91, cuando un grupo de altos funcionarios del entorno de Gorbachov intentó echarlo del gobierno. Eso fue importante, la señal que desencadenó el proceso del final de la URSS. Pero profesional y personalmente viví más intensamente, en 2014, la anexión de Crimea, la crisis en Ucrania, potencia reivindicaciones independentistas y abre un conflicto que aún está abierto. Una situación de guerra de la que no escribimos cada día, pero que es un conflicto grave abierto en el centro de Europa.

¿No se puede escribir cada día de todo lo que pasa?
No. La capacidad de informar que tenemos es limitada. Aunque Internet da la impresión de que podemos estar en todos sitios, no es cierto, y el periodista como transmisor de lo que ve hace lo que puede.

Transmisor de lo que ve... ¿Cada vez se escribe más sin ver?
Sí. Es una interpretación clásica y básica de lo que es el periodismo. La idea de que un periodista sentado en una mesa llega a todos sitios porque hay redes sociales que lo cuentan es ficticia. Nada puede suplir la experiencia personal, pero parece que eso hoy es un lujo porque una red de corresponsales propios es muy cara. Las exigencias de los medios cada vez son más grandes: tienes que hacerlo rápido, en varios formatos, volver a redactarlo de otra forma porque hay que actualizar... Se produce un dilema: salir a ver qué pasa o escribir sobre lo que pasa sin verlo. Nuestra profesión está en crisis, pero confío en que haya una demanda de información honesta, nadie puede hacerlo todo, pero puedes ser honesto y tratar de reflejar lo que ves. No puedes pretender tener la verdad absoluta, pero sí decir «he visto esto». Por eso lo de Crimea y Ucrania fue muy importante, porque encontré gente vetarana como yo que estaba escribiendo editoriales y la volvieron a poner en la calle porque era necesario conocer el trasfondo, la historia. En momentos clave se busca a gente que sabe de qué van las cosas porque la experiencia cuenta mucho. Ahí lo vi. En 2008 también me pasó, cuando la crisis de Georgia y Osetia del Sur. La mayoría de gente no sabía dónde estaba. En el 2004 enviaba cosas de Osetia y me preguntaban dónde estaba. Cuando se produce la crisis hay una demanda de información verídica.

¿Para conocer un país como Rusia hace falta mucho tiempo?
No tanto. El tiempo puede ser una ventaja o un inconveniente. Si es para una descripción superficial el que llega nuevo lo ve con ojos más frescos, pero para un periodismo analítico, cuanta más experiencia tengas, mejor.

Al leerla se nota que le gusta la crónica pura, la descripción con detalles. ¿A veces los detalles dan la medida de lo que está pasando?
Sí, pero debes encontrar esos detalles, porque no todos son iguales. Lo más peligroso en esta profesión es el grafómano, el que escribe por escribir, porque quiere escribir, sin importarle sobre qué. Son peligrosísimos. El secreto es ser selectivo con los detalles, saber cuáles tienen un valor universal y cuáles son accidentales. Ante cualquier realidad debes saber qué es esencial y qué no. Es importantísimo. Por ejemplo, en el secuestro de la escuela de Beslán, en 2004, donde murieron más de 300 personas, iba por la escuela, que estaba llena de sangre y libros deshechos. Podía hablar de la sangre y del olor a cadáver, pero lo que me emocionó fue entrar en una clase y ver el teorema de Pitágoras, el seno y el coseno. Y lo escribí. Aquel detalle era el que acercaba aquella gente a nosotros porque todos en nuestra infancia aprendimos eso. Podía escribir cualquier cosa de cadáveres, pero... (seguir leyendo)




4 comentarios:

  1. Muy buena entrevista. Pilar Bonet es una de las pocas cosas que siguen valiendo en "El Pais", periódico que ha sufrido una evolución totalmente negativa desde mi punto de vista, pero sus crónicas son muy interesantes.

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    1. Sorokin, gracias. A mí me gustan sobre todo sus crónicas, por esos detalles de los que habla. Sinceramente, pocos diarios nacionales se dejan leer.

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  2. Gran entrevista! Y gran periodista!
    Besotes!!!

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    1. Margari, muchas gracias.
      A mí me encanta ella.

      Besines

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