sábado, 20 de mayo de 2017

Así empieza la manada (trece energúmenos)


 
@Martatorresmol
Las diez de la mañana del sábado. Zombi. Salí de la redacción pasadas las dos de la madrugada y enfilo de nuevo el camino hacia allí. Sólo quiero un café. En mi bar de las mañanas. Un bar de parroquia básicamente masculina. Trabajadores. De todas las edades y condición. De veinteañeros a octogenarios. De pantalón manchado de mil tonos de pintura a traje caro y corbata de seda . Todos educados. Respetuosos. Siempre. Nunca me he sentido atacada. Nunca he tenido la sensación de ser un trozo de carne. De vez en cuando hay alguna mirada que va más allá, pero nada que me haga sentir molesta. Me tratan como a una reina. Es casi mi casa. Hasta hoy.

Trece energúmenos (me niego a llamarles hombres) sentados en al terraza me jalean al pasar. Gritan. Aplauden. Hacen sonar la bocina de un megáfono. Despliegan verbalmente todo un catálogo de obscenidades. Son trece y están de despedida de soltero, según deduzco por sus camisetas. En la mesa hay varias botellas (hierbas y whisky) ya vacías y un número incontable de vasos de tubo. Me enciendo (en el peor sentido del verbo), me quito las gafas de sol y les miro, seria, antes de seguir hacia el interior del bar. Se callan. Pero sólo dura unos segundos, luego siguen con los gritos, los jaleos y la bocina. Conmigo. Y con todas las mujeres que pasan por la calle. Algún cafre aún dirá que deberíamos sentirnos halagadas. ¡Trece hombres jaleándonos! ¡Trece hombres jóvenes piropeándonos! ¡Trece hombres deseándonos! Quien diga eso no entiende absolutamente nada. Da igual si somos Beyoncé o la hermana fea de los Calatrava. Eso no importa. Somos mujeres y sólo por eso trece bestias hasta arriba de alcohol se sienten con derecho sobre nosotras. Sienten que tienen derecho a pensar en nuestro cuerpo como si fuera suyo. De cada uno de ellos y de todos a la vez. Un juguete. Una diversión. No se les pasa por la cabeza que no lo queramos, que nos ofenda, que nos haga pasar vergüenza o sentirnos, en cierta manera, violadas. Se sienten arropados. Protegidos en su nube de testosterona desatada. Nos jalean. Y, lo que es peor y más peligroso, se jalean. En ese momento, si a alguno se le ocurre ir más allá, dejar el megáfono y los gritos para pasar a las manos, hay muchas probabilidades de que los demás le sigan. Que no acepten un no por respuesta. Y si es de noche, no hay nadie cerca y estás sola contra trece armarios... Así empieza la manada.



7 comentarios:

  1. Lamento mucho que hayas tenido que pasar por esa experiencia :(
    Y no, esto no debe verse como una broma o un "no es para tanto". Sí lo es. Pero socialmente, por desgracia, sigo escuchando constantes justificaciones.
    Un abrazo.

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  2. Pues sí, así empieza... Y como dice Letraherido, se sigue escuchando justificaciones, por desgracia.
    Besotes!!!

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  3. Pues te voy a contar una cosa, aquí entre tú y yo. A mí por lo general me insultan, de toda la vida ha sido así aunque según vas madurando la cosa disminuye. Pero alguna vez que me han soltado una de esas torpezas que encima tendrías que agradecer, he pensado: "esto jode más", porque ataca a tu intimidad, te hace sentir vulnerable, pequeña e indefensa, en el fondo sabes que si te atacan estás perdida.
    Y claro que la cosa es en grupo, y si uno tira los demás todos detrás y a aplaudir. Siento que te amargaran tu momento del día. Y lo siento más por la futura esposa, solo espero por su bien que no salga en la página de sucesos dentro de un tiempo.
    Un besito, Marta.

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  4. No, desde luego, quiendiga eso no entiende nada, no. Lo siento, y más lo siento por la novia que se iba a casar con uno de ellos. Un besazo.

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  5. I el més fort de tot: com que vivim en una societat incapaç de controlar la testosterona desbordada, som nosaltres, les dones, les que hem de perdre llibertats.
    Compte no vagis sola. Compte amb el que et poses... I així, generació rere generació.

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  6. Es... tremendo... que estas cosas sigan pasando. Que, además, se sigan fomentando (me vienen a la cabeza algunos programas de televisión que son caldo de cultivo para impulsar este tipo de actitudes). Y, sí, claro, así empieza la manada :(

    Un abrazo

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  7. Buenísima reflexión. O, más que eso, buenísima protesta.
    Lo peor es la sensación de indefensión que te asalta ante estas situaciones, el miedo y la rabia que se condensan... ¿Cuánto tiempo más pasará para que a las mujeres que nos dejen en paz de una vez?
    Me encantan tus entradas.
    Un saludo.

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