martes, 27 de diciembre de 2016

'La nave de los muertos', a bordo del Yorikke


Hay novelas que congelan la sonrisa. Porque te hacen sonreír, pero, al mismo tiempo, te hacen pensar que, si vas más allá de las palabras, no deberías hacerlo. Ése es el caso de ‘La nave de los muertos’, de B. Traven. Si te quedas en la superficie no ves más que la historia, contada con bastante gracia, de Gerard Gales, un marinero norteamericano que tras una noche de juerga en Amberes pierde su barco, en el que, además, se quedan todos sus papeles, motivo por el que el único sitio en el que puede embarcar de nuevo es en el Yorikke, que el protagonista define como la nave de los muertos. Y está bien. Leída así es una novela entretenida, magistralmente escrita. Con aventura, con risas, con vicisitudes, con viajes, con naufragio.... Pero lo que requiere de verdad ‘La nave de los muertos’, la lectura que de verdad te deja huella, es la que va más allá. La que traspasa las muletillas simpáticas, los personajes un tanto ingenuos, la historia que viaja de despropósito en despropósito. Si no fuera por eso, supongo que la aventura de Gales sería, simplemente, demasiado dura. Porque el protagonista no es más que un sin papeles. Alguien que no puede demostrar quién es, que pierde su identidad y, con ella, todos sus derechos. Alguien a quien la burocracia condena a una vida sin oportunidades y en la que no le queda otra que coger aquello que ofrecen, aunque sepa de antemano que es un engaño, que ser un esclavo. Escrita a principios del siglo XX, ‘La nave de los muertos’ es actual. Refleja hoy en día, como lo debió hacer en su momento, las absurdidades e injusticias de la sociedad occidental. Un mundo en el que un marinero sin papeles no es nadie, pero una millonaria sin ellos sigue siendo alguien importante merecedora de todo respeto y facilidades. Un mundo en el que sabemos que hay gente a la que engañan, que realizan actividades peligrosas sin ninguna protección y por las que no les pagan más que una migajas. Y da igual que sufran daños o, incluso, pierdan la vida. A la sociedad le da igual porque siempre habrá más personas en su situación dispuestas a sustituirlas. A reemplazar las piezas estropeadas. Porque eso son, para el mundo, los embarcados en el Yorikke. Piezas reemplazables. Inexistentes, en realidad. Algo muy crudo. Aunque Traven (periodista, viajero y fotógrafo, y se nota) lo cuente con una gracia magistral. Una historia imprescindible.


“¿Qué si era el segundo oficial? No, sir. No era el segundo oficial de esta bañera. Era un simple trabajador de cubierta, un mero obrero. Verá usted, señor, en realidad ya apenas quedan marineros y tampoco es que se necesiten. Un buque mercante tan moderno como éste ya no es exactamente un barco: es una máquina flotante. Y, aunque no tenga ni idea de barcos, seguro que no se le escapa que una máquina no necesita marineros para funcionar”.


Título: ‘La nave de los muertos’ 
Autor: B. Traven 
Traductor: Roberto Bravo de la Varga 
Editorial: Acantilado 
Páginas: 352 
Precio: 20,90€  
Procedencia: comprado

8 comentarios:

  1. Menuda bofetada de realidad. No sé si estoy en el mejor momento para eso. Por otro lado creo que no sería capaz de quedarme solo con la aventura sabiendo que hay algo más que entender.
    Me la guardo para más adelante, cuando se me pase el espíritu arco iris.
    Besos luchadora Dorothy

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    1. Norah, que sí, mujer. Te lo digo yo. Tiene el suficiente humor, en el tono, como para que te atrevas. La leí hace un par de años, pero se quedó abajo de todo de la montaña de libros por reseñar (crece, como la de libros pendientes, aunque no a la misma velocidad), de donde la rescaté al ver a alguien a quien le tengo cariño leyéndola. Yo creo que te gustará.

      Besines, Norah heptacolor

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  2. Pues mira al principio no me decía nada y no ha sido hasta que has empezado a hacer el análisis y a comentar los temas que trata y vaya me parece duro y más cuando actualmente se da cada día. Lo de perder la identidad en un mundo que lo exige a diario...uff.
    Un beso!

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    1. Lesincele, es un novelón. Con diferentes niveles de lectura. Tú escoges si te quedas sólo con las peripecias de este marinero o ves más allá. En ese caso, es muchísimo más actual de lo que pensarías por su fecha de publicación, a mediados de los años 20.

      Besos

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  3. Si resulta actual siendo de principios del siglo XX ya tiene un punto a su favor. Además, el tema me parece muy interesante.
    Me la apunto, sin duda.
    Abrazo!

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    1. Zamarat, tremendamente actual. De hecho me costaba pensar en todo momento que se escribió en los años 20. Espero que disfrutes y sufras con esta historia.

      Abrazos.

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  4. Me gusta lo que comentas, y que haya envejecido bien es un plus. Acantilado se va colando cada vez más en mis estantes
    Besos

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    1. Mientras Leo, las novelas que envejecen bien son un gustazo y, sí, Acantilado siempre es una buena opción para escoger un libro a ciegas.

      Besines.

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