martes, 30 de abril de 2013

'Rubaiyat', amor que arrasa y vino perfumado


"No es amor el amor que no arrasa. ¿Brinda acaso un tizón el calor de una hoguera? Noche y día, y durante su vida entera, el amante verdadero se consume de dolor y placer."

Ese pensamiento lo explica todo. Ese pensamiento explica por qué pensaste en mí al pensar en el 'Rubaiyat' de Omar Khayyam para Sant Jordi. Me conoces. Y sabes que podría firmar ese pensamiento sin ni siquiera tener la necesidad de meter a Carpanta de por medio. Sabes que necesito arrasar y que me arrasen, la hoguera y el placer. Sabes también que, por desgracia, el dolor está ahí, esperando la más mínima excusa para salir a escena. Y, por todo eso, sabes que leería a Khayyam como lo he hecho, afirmando con la cabeza y con el corazón al llegar al punto final de cada uno de sus pensamientos. Incluso el vino, el placer de sentir la cabeza alegre y estómago caliente, compartimos: "¡Vino! ¡Único remedio para mi corazón doliente! ¡vino perfumado con almizcle! ¡Vino color de rosa! ¡Escancia vino para apagar el incendio de mi tristeza! ¡Vino y laúd de cuerdas de seda, oh bienamada!". El vino, el amor, la naturaleza, la fe puesta en duda, la humanidad... Todo ello cabe en los poemas de este hombre apasionado con todo lo que hacía, todo lo que miraba, todo lo que escribía y todo lo que pensaba. Si ni siquiera él, todo un erudito que dedicó su vida a ello, consiguió desentrañar el misterio de las pasiones que nos llenan, nos desbordan y nos consumen, cómo voy a desentrañar yo las mías. Khayyam es visceral. Quiere que amasen sus cenizas con las de su amada. Persigue el placer. Físico. Sexual. Intelectual. La belleza. El amor. La pasión. La felicidad. El conocimiento.

"Caeremos en el camino del amor y el destino nos aplastará. ¡Oh doncella, oh mi cáliz encantado, levántate y dame tus labios antes de que me transforme en polvo!"

domingo, 28 de abril de 2013

Enséñame

Marta Torres

Estoy aprendiendo. Aún hago faltas y lleno la página de tachones. Enséñame.

sábado, 27 de abril de 2013

'Assassinat a El Club', un rapero muerto en el reino de Albert Om

Reconozco que si decidí leer 'Assassinat a El Club' fue, sencillamente, porque llevaba ya muchísimo tiempo en la biblioteca (y este año he decidido liquidar algunos de los abandonados) y porque Jordi Sierra i Fabra es siempre una garantía. El libro surgió como un reto, como una broma. El autor fue el primer entrevistado de 'El club', un magacín de tarde de TV3 que presentaba Albert Om (lo mal que me caía entonces y lo fabuloso que me parece después del magnífico 'El convidat') y que hace tiempo ya que no se emite. Una de las reporteras le planteó el reto de escribir una novela ambientada en el programa y teniendo como protagonistas a los componentes del equipo. Dicho y hecho. 'Assassinat a El Club', una divertidísima novela negra, se lee en un pispás. Estructurada en los bloques del programa, explica una agobiante y claustrofóbica tarde en TV3. Una tormenta aisla por completo los estudios de la televisión autonómica donde, esa misma tarde, aparece muerto el invitado estrella (un rapero al que nadie soporta) y el presentador se encuentra con una nueva amenaza escrita en la puerta del lavabo. Así las cosas, la única opción, hasta que la policía pueda llegar a los estudios, es intentar encontrar al asesino. Lo más divertido, sin embargo, no es la trama sino, para aquellos que conocemos el programa y los personajes (Albert Om, la Màbel, Lluís Llach, Gerard Quintana, Joan Reig y Quimi Portet), cómo Sierra i Fabra los representa y, prácticamente, caricaturiza (geniales los músicos). Un libro que, a diferencia de casi todos los del autor, no se ha traducido al castellano, ya que no sé si, sin conocer a la fauna que lo puebla, se entendería igual.

"L'Albert Om estava nerviós.
Molt nerviós.
Havia arribat un anònim fet amb lletres de diferents mides, retallades i enganxades en un paper blanc, com a l'època punk. Fins i tot els colors eren d'allò més llampants i cridaners. L'autor s'hi havia entretingut. Tot un artista. Llàstima que no tenia cap gràcia.
Al contrari.
-Casunronda!... -va sospirar.
Era el tercer.
Massa.
El va llegir una vegada més i, aquelles paraules, interiors, silencioses, li van ressonar pels racons del cap tot formant ecos esfereïdors: 'Ja t'enxamparem. Ets indigne de dur aquest nom.' 
I la signatura: MIRT."

Título: 'Assassinat a El Club'
Autor: Jordi Sierra i Fabra
Editorial: Columna
Páginas: 219
Precio: 15€

miércoles, 24 de abril de 2013

Sant Jordi, a veces...

Marta Torres
El libro me lo debería haber regalado él, con su enorme sonrisa y alguna broma en su voz rota, no su viuda...
Las novedades no dejaban ver el bosque...
No hubo rosa...
A veces, sant Jordi no puede con su dragón...

lunes, 22 de abril de 2013

'Los jefes. Los cachorros', seis cuentos y Pichula Cuéllar

Leer el primer libro que publicó Mario Vargas Llosa es encontrarse con sus orígenes. Tropezarse con ellos. Enredarse en sus palabras y expresiones aún por limar, descubrir sus personajes tan comunes como extraordinarios y esas situaciones vividas millones de veces en mil sitios y que sólo por cómo las cuenta se convierten en una aventura. Eso es lo que puede encontrarse (lo que yo he encontrado, al menos) en los seis cuentos de 'Los jefes' y en la novelita 'Los cachorros', que me ha encandilado. Podría prescindir de algunos de los cuentos, pero sé que Pichula Cuéllar y sus amigos se quedarán conmigo mucho tiempo. De los cuentos salvo la realidad y la verdad de 'Los jefes', el ímpetu de los alumnos contra los que consideran tiranos y la facilidad con la que se desmontan las revoluciones escolares. Salvo la crudeza de David y Rubén buscando a quien deshonró a Leonor y las dolorosas lágrimas de ésta en 'El hermano menor'. Y salvo la apuesta y la noche de agua de Miguel y Rubén en 'Día de domingo'. Pero si algo hay que salvar en este volumen es 'Los cachorros', la angustiosa y desconcertante vida de Pichula Cuéllar contada por sus amigos. Angustiosa y desconcertante en su aparente normalidad. Guapo, con dinero, con amigos, con una familia feliz, pero con un gran problema que se intuye más que se sabe. Nada fue lo mismo para él desde que un gran danés le mordió. Ni la amistad, ni la vida, ni las esperanzas, ni, mucho menos, el amor y el sexo. Una vida parada mientras la de todos los demás sigue adelante.

"Todavía llevaban pantalón corto ese año, aún no fumábamos, entre todos los deportes preferían el fútbol y estábamos aprendiendo a correr olas, a zambullirnos desde el segundo trampolín del 'Terrazas', y eran traviesos, lampiños, curiosos, muy ágiles, voraces. Ese año, cuando Cuéllar entró al Colegio Champagnat.
Hermano Leoncio, ¿cierto que viene uno nuevo?, ¿para el Tercero A, Hermano? sí, el Hermano Leoncio apartaba de un manotón el moño que le cubría la cara, ahora a callar.
Apareció una mañana, a la hora de la formación, de la mano de su papá, y el Hermano Lucio lo puso a la cabeza de la fila porque era más chiquito todavía que Rojas, y en la clase el Hermano Leoncio lo sentó atrás, con nosotros, en esa carpeta vacía, jovencito. ¿Cómo se llamaba?Cuéllar, ¿y tú? Choto, ¿y tú? Chingolo, ¿y tú? Mañuco, ¿y tú? Lalo. ¿Miraflorino? Sí, desde el mes pasado, antes vivía en San Antonio y ahora en Mariscal Castilla, cerca del Cine Colina."

Título: 'Los jefes. Los cachorros'
Autor: Mario Vargas Llosa
Editorial: Millenium
Páginas: 125
Precio: 1.95€

jueves, 18 de abril de 2013

Conjugando imaginar...

Marta Torres
Confundiste las palabras que se escondían en unos puntos suspensivos. Leiste el 'te quiero' no escrito que sentía pero callaba. Te equivocaste, pensé y dije, ignorante de que la errada era yo, de que ni todos los puntos suspensivos de las obras completas de Saramago podrían esconder ese 'te quiero'. Porque hablar contigo me pone una sonrisa tonta en la boca, porque conoces el camino de las palabras que me abren y me encienden, porque me obligas a lanzarme al abismo de mirarme por dentro, porque me enseñas el auténtico sentido de entrañable, porque llenabas de ilusión el mes de mayo y el momento de abrir un buzón, porque me regalas el prisma con el que mirar con otros ojos, porque te enfrentas con paciencia a mi corazón asilvestrado, porque creas recuerdos que me hacen feliz, porque me buscas canciones, porque alimentas mis sueños... Pero, sobre todo, porque me descubriste la auténtica conjugación del verbo imaginar: yo imagino, tú imaginas, nosotros imaginamos.

viernes, 12 de abril de 2013

'Reina Lucía', se queda en princesa

Vaya por delante que en las últimas semanas me está costando horrores concentrarme en la lectura. Mi cabeza anda en otras letras, más preocupada de juntar palabras que de leerlas. Y vaya por delante que creo que este libro no quería que lo leyera. A mediados de diciembre me lo llevé a Barcelona y ya entonces no conseguí engancharme, ni en el avión ni en un par de ratos muertos en el hotel. A pesar de eso, todo el mundo habla genial de esta novela, así que volví a intentarlo. Y sí, la he leído en un par de tardes, me he reído mucho con ella, pero no es lo que esperaba. Esperaba más risas, más momentos hilarantes, más medias sonrisas producidas por la ironía y el sarcasmo. En 'Reina Lucía' la protagonista absoluta es Lucía, una dama de la alta sociedad que articula la vida social del pueblecito en el que vive, Riseholme. Lucía necesita ser adorada en todo momento. Necesita saberlo todo, controlarlo, decidirlo, organizarlo, manipularlo... Todo debe pasar por su cabeza y su casa. Y eso es un estrés que pocas personas pueden aguantar. Cuando se entera de que la señora Quantock tiene en su casa a un gurú que le enseña yoga, Lucía no puede reprimir la necesidad de quitárselo, de conseguir que se aloje en su casa y ser ella quien organice las clases de yoga para todo el mundo hasta convertirse, ella misma, túnica blanca y vaporosa de por medio, en profesora cuando el gurú (que sospechosamente necesita whisky para meditar) anda en sus cosas. Y así con todo. Esto se acaba, sin embargo, cuando una bella y conocida cantante llega a vivir a Riseholme y todo su séquito, incluído su fiel Georgie, prefieren el estilo de la que parece ser la nueva reina. Se supone que 'Reina Lucía' es una novela de humor. Y hay momentos de verdad divertidos, pero también es una novela triste. Es imposible, por mal que nos caiga, sentir cierta pena por Lucía, por esa mujer que ve cómo lo único que tiene en la vida, su reinado, se tambalea.

"Un abatimiento mortal se cernió sobre los tres, aunque la ausencia de Olga tuviera tan poca importancia. Lucía no retomó sus ejercicios gimnásticos, pues, después de tantos años, su modo de actuar podía considerarse lo suficientemente bueno para Riseholme sin necesidad de dedicarle más ensayos, y no se dijo nada más respecto al alquiler del hacha del Ambermere Arms. Pero como había empezado a ensartar sus cuentas de perlas, concluyó la labor; en cuanto a Georgie, en fin, ya nos e preocupó más de si el festón dorado de la capa del rey Cophetua rodeaba toda la espalda o no y, tras recoger la pieza que estaba cosiendo, la hizo un gurruño y se la puso bajo el brazo. al fin y al cabo acabaría siendo una fiesta normal. No podía pasar nada peor."

Título: 'Reina Lucía'
Autor: E. F. Benson
Editorial: Círculo de Lectores
Páginas: 352
Precio: 20,50€

viernes, 5 de abril de 2013

'Brújulas que buscan sonrisas perdidas', quiero una

No sé si enfadarme con Albert Espinosa o darle las gracias. No sé si enfadarme con él por no haber aprovechado formalmente la magnífica historia que cuenta en 'Brújulas que buscan sonrisas perdidas', por no haberme hecho llorar y emocionarme todo lo que podría con este reencuentro familiar. No sé si darle las gracias precisamente por eso, por no haber hecho que me derrumbe con su lectura en unos días emocionalmente inciertos. 'Brújulas que buscan sonrisas perdidas' cuenta la historia de un hombre, padre de gemelas, que regresa a la casa familiar para hacerse cargo de su padre, exdirector de cine de renombre, que está en las últimas fases del alzhéimer. Un hombre de éxito que nunca prestó atención a su familia y que no aparece en ninguno de los recuerdos felices de sus hijos. Vuelve porque no tiene otro remedio, porque se lo prometió a su madre en el lecho de muerte. Vuelve cargado con sus hijas, con el dolor de lo que vivió de niño en aquella casa, con un trauma por superar y con el dolor de la ´desgracia que ha dejado su vida en standby. Con ese material, además de las pequeñas y deliciosas historias que trufan la novela, se podría haber construido una novela de esas que te vuelven del revés, que te destrozan, que te hacen pensar cómo sería tu vida si hubieras pasado por todo lo que han pasado sus personajes. Pero no. El tono y la manera de explicar la historia (atención a los títulos de los capítulos, fabulosos), ese tono tan peculiar de Espinosa en el que las cosas más tremendas parecen sencillas y ligeras y las cosas cotidianas y simples parecen trascendentales, hacen que, aunque te llegue, no lo haga con toda la intensidad que podría. Y precisamente por eso, no sé si enfadarme con Espinosa o darle las gracias. Lo único que sé es que yo también quiero una de esas brújulas.

"Mi padre era el fascinante chico que sacaba la lengua cuando hacía trabajos manuales... No, él no me lo dijo nunca... Casi no nos hablábamos...
Lo leí en la dedicatoria de un libro que mi abuela le regaló en su octavo cumpleaños... Y él me lo regaló a mí cuando yo cumplí esa misma edad... Me hizo creer que era un regalo que había comprado especialmente para mí... No se imaginó que la dedicatoria que le escribió su madre delataría su mentira...
'Para el fascinante chico que saca la lengua cuando hace trabajos manuales: recuerda que puedes ser todo lo que quieras llegar a ser...'
Lástima que aquello no fuese dedicado a mí... Desde aquel día jamás he podido regalar nada que antes me fuese obsequiado...
Traumas de la infancia, al fin y al cabo es lo que somos cada uno de nosotros, traumas de la infancia..."

Título: 'Brújulas que buscan sonrisas perdidas'
Autor: Albert Espinosa
Editorial: Grijalbo
Páginas: 236
Precio: 16,90€

martes, 2 de abril de 2013

Perversiones vírgenes y un Cadillac solitario

M.T./Diario de Ibiza
La 1.40 de la madrugada en el campo de fútbol de Sant Josep. «Ésta es la vieja historia de un Cadillac solitario». La última palabra de la frase de Loquillo, insonorizada por los gritos de los asistentes (incluidos los que una hora antes le llamaban «Flojillo») al Sant Pepe Rock, se adivina más que se escucha. Todos llevan exactamente 93 minutos esperando este momento, desde pasada la medianoche, cuando el de Barcelona apareció sobre el escenario. 

Traje negro, rostro impenetrable. Nariz altiva al cielo. Mirada castigadora a sus pies. Ni una palabra. Directo al micrófono con ´Y yo bailo el rock´, de su último trabajo, ´La nave de los locos´, del que enlaza cuatro temas antes de dirigirse al público, que ocupa las tres cuartas partes del recinto. «Bona vesprada Ibiza! ¿Alguien se acuerda de la primera vez?», pregunta, dispuesto a desgranar todas las primeras veces de su ´De vez en cuando y para siempre´, que da título a la gira: tocar lo intocado, descubrir perversiones, morirse en un lavabo, contar lo inexplicable... Primeras veces que corean sus acérrimos, a cuyas desgañitadas voces se suman las de la masa unas canciones más tarde cuando, cerca de la una de la madrugada, suenan las primeras notas de ´El Rompeolas´. Un larguísimo «Oooooooh» salta de boca en boca. A Loquillo se le escapa la segunda sonrisa de la noche (la primera, hace apenas unos minutos, al recordar cuando cantó con Johnny Hallyday ´Cruzando el paraíso´), y se prepara para, por primera vez esta noche, enmudecer en los estribillos y dejar que canten todos los demás. Tiempo para paseos entre sus músicos, un par de caladas a un cigarro y un largo sorbo del vaso de cubata que guarda a su espalda. 

«¡Flojiiiiillo! ¡Flojiiiillo!», gritan desde las primeras filas en el momento en que el cantante y su banda desaparecen del escenario mientras todavía suenan los últimos acordes de ´Cuando fuimos los mejores´. «¡Ooootra! ¡Ooootra!», contraatacan los más incondicionales, pegados a las vallas. «¡Queremos un camión!», gritan algunos pocos. Unos y otros callan cuando los dos metros de altura del barcelonés reaparecen enfundados en una levita negra de solapas rojas para abordar la ultraoptimista ´Contento´, también de su último disco. Un espejismo. A partir de ese momento, lo que muchos estaban esperando: la artillería, la caballería, el armamento nuclear del Loco. ´Feo, fuerte y formal´, ´La mataré´, ´El ritmo del garaje´... Todo el mundo canta, baila, levanta los brazos y aplaude el final de los temas. «Voy a dedicar esta canción al recuerdo de mi primera vez aquí. Recuerdo cómo lo pasé... Y con quién. Gracias por el amor», explica el cantante señalando con la mano a alguien entre el público. ´Rock & roll star´ silencia los pícaros silbidos de los asistentes, ya animados, que enloquecen definitivamente a la 1.40 de la madrugada, al escuchar las últimas palabras que les dirige Loquillo: «Ésta es la vieja historia de un Cadillac solitario».
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