domingo, 1 de marzo de 2020

Primera memoria


Primera memoriaAna María Matute (Plaza Janés) | @Martatorresmol

La infancia... Qué bien la cuenta siempre Ana María Matute. Siempre que la leo echando la vista atrás, a cuando era niña, me la imagino, chiquitina y pizpireta, con su pelo blanco, agachándose para mirar por el ojo de la cerradura de esa puerta que separa la infancia del mundo de los adultos. Mientras observa, mengua. Las arrugas se desvanecen. Los ojos se le vuelven aún más vivos. La piel le brilla, cada vez más tersa. El color le vuelve a la melena. Mientras anda pegada a esa cerradura, viendo lo que ya vio, viviendo lo que ya vivió, es la niña que ya no es. Y eso que sus infancias, esas que plasma en el papel, no son, precisamente, blancas. Felices. Limpias. Luminosas. Alegres. Ingenuas. Inocentes. Puras. Y ésta, la de Matia, una niña arrancada de la guerra y de la orfandad para llegar a una isla con una abuela a la que no le une ningún apego, no lo es.

'Primera memoria' es un relato sobre la pérdida de la inocencia. Sobre ese momento en el que los niños descubrimos que la maldad no tiene cuernos ni huele a azufre, que las bestias no se esconden en los armarios y que incluso las personas que queremos pueden ser malas. Hacer daño. En un momento. Porque sí. Porque les apetece. Porque se sienten amenazados. Porque creen que es lo mejor. Y eso, exactamente, es lo que le ocurre en esta novela a la pequeña Matia. Una niña que carga ya con la pérdida de sus padres, que ha dejado en la península a la otra persona que la quería y la mimaba, una mujer que trabajaba en su casa; que llega a un lugar extraño, una isla, en la que le espera una abuela firme, adusta, fría, seria; un lugar en el que se convertirá en la única niña en un grupo de niños, donde verá un cadáver de cerca y en el que irá encontrando los cabos de los hijos que tejen secretos familiares. La pequeña Matia, que llega pegada a su muñeco Gorogó, irá dejando atrás la inocencia así como se va, con cierto dolor, desprendiendo de él. Hay mucha luz, en estas páginas. Esa luz tan blanca que se come los colores, que te hace entornar los ojos y ponerte una mano de visera, esa luz que, en realidad, no te deja ver nada y que se cuela, incluso, en la penumbra de las tardes de siestas obligadas.

Matia lo descubre todo a la vez. Los adultos, los secretos, las cartas escondidas, la isla, lo prohibido, el amor, el cariño contenido, el alcohol, el tabaco, la violencia, la desnudez, la muerte, el abandono, la amistad... Y lo que significa, en esa época de posguerra, ser una mujer. Porque para Matia crecer es, además, abandonar a sus primos y sus amigos. Esos con los que escondía tesoros en la cala y con los que se fugaba al campo para interminables tardes de juegos. 'Primera memoria' no se lee fácil. Ni rápido. Tampoco es inocuo. Te hace agacharte. Y mirar por el ojo de la cerradura. Menguas.

"Mi abuela tenía el pelo blanco, en una hola encrespada sobre la frente, que le daba cierto aire colérico. Llevaba casi siempre un bastoncillo de bambú con puño de oro, que no le hacía ninguna falta, porque era firme como un caballo. Repasando antiguas fotografías creo descubrir en aquella cara espesa, maciza y blanca, en aquellos ojos grises bordeados por un círculo ahumado, un resplandor de Borja y aun de mí. Supongo que Borja heredó su gallardía, su falta de absoluta piedad. Yo, tal vez, esta gran tristeza.
Las manos de mi abuela, huesudas y de nudillos salientes, no carentes de belleza, estaban salpicadas de manchas de color café. En el índice y anular de la derecha le bailaban dos enormes brillantes sucios. Después de las comidas arrastraba su mecedora hasta la ventana de su gabinete (la calígine, el viento abrasado y húmedo desgarrándose en las pitas o empujando las hojas castañas bajo los almendros; las hinchadas nubes de plomo borrando el brillo verde del mar)."

Título: Primera memoria
Autora: Ana María Matute
Editorial: Plaza Janés
Páginas: 256
Precio: 1,5€
Procedencia: segunda mano

2 comentarios:

  1. Lo leí hace años y es de esos libros que gustaría volver a leer. Creo que incluso ahora lo disfrutaría más.
    Besotes!!!

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  2. ¡Qué bien lo cuentas, Dorothy! No voy a tener más remedio que buscar el libro, aunque no se será tan bueno como tu reseña.

    Besos

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