jueves, 20 de febrero de 2020

Madre alemana, padre mallorquín


Madre alemana, padre mallorquín, Sabina Pons (Sloper) | @martatorresmol

Somos niños de isla. Los que lo somos. Y eso... Crecer en una isla... Te hace diferente. Tu infancia sabe a sal, a helado derretido, a refresco de cola compartiendo la pajita... Suena a gritos y risas en idiomas que no entendías y a los chillidos preocupados de tus mayores pidiéndote que no te fueras tan "a lo hondo". Y tiene el tacto rugoso de la arena siempre pegada en los tobillos. Crecer en una isla es algo peculiar, pero no lo descubres hasta que, con los años, te marchas a vivir fuera, convives con otros que no fueron niños de isla. Y hay cosas que no entiendes. Y cosas que no entienden. Y de eso, de crecer en una isla, de una infancia rodeada de mar y turistas, habla Sabina Pons en 'Madre alemana, padre mallorquín'. Unas memorias deliciosas que se leen de una sentada y que te dejan una sonrisa pintada en la cara.

Es inevitable reír, casi a carcajadas, con algunas de las anécdotas que recuerda Sabina de su niñez. Cómo sus abuelos maternos (los alemanes) se llevaron las manos a la cabeza cuando su hija les dijo que hacía las maletas rumbo a Mallorca con el español que acababa de conocer y cómo luego, tras una primera visita a la isla, no había forma de echarlos de allí. Las noches en las que se iba la luz y las madres y sus niños se juntaban en la misma casa a oscuras para espantar el miedo. Lo "moderna" (qué carga tan fea tenía ese adjetivo) que les parecía su madre a las monjas del colegio en el que estudiaba. Las veladas con los animadores del hotel que tenía su padre. Los tragos al porrón. Las calas desiertas. Los mediodías en el chiringuito. Los traviesos enterramientos en arena... Leer a Sabina es, prácticamente, regresar a esa infancia feliz, a esos veranos en bikini y esos inviernos que se hacían eternos. Pero es, también e inevitablemente, un retrato de unas islas en pleno boom turístico. En las que lo más tradicional trataba de convivir, adaptarse y dar servicio a los miles de turistas que llegaban para disfrutar de sus playas, paisaje y gastronomía.

'Madre alemana, padre mallorquín' no son unas memorias infantiles cargadas de nostalgia. Ni mucho menos. Esa, en este caso, la he puesto yo, como lectora y como niña criada en una isla, al recordar, con las historias de Sabina Pons, cómo me crié. O cómo me criaron. Con una libertad que ahora sería imposible. Impensable. Pero eso, que la nostalgia es mía, porque en esas cien páginas lo que hay es mucha guasa, mucha ironía, muchas anécdotas de esas que, en todas las casas, cuando se recuerdan, al día siguiente toda la familia tiene agujetas. De reír. Sin poder parar.

"Por supuesto, hay sitios más literarios en los que crecer, en el Trastevere romano, en las dunas de Los Hamptons o en los bosques que circundan Oslo, pero a mí me tocó la Playa de Palma, en Mallorca; primero en s'Arenal, luego en Sometimes. Y aun así, mis recuerdos refulgen con el brillo de los flotadores y las colchonetas expuestas en las terrazas de los souvenirs. Mi infancia es una sucesión de días luminosos en una playa atestada, de bocadillos de Nocilla junto a la piscina, de tardes interminables en la plata baja de Galerías Preciados y de domingos solitarios en Es Trenc. Los leotardos azules agujereados en las rodillas son mi infancia, paseada en el tiovivo de la plaza Alexander Fleming. Mi infancia es el cuello duro del uniforme de Madre Alberta y los polos de limón Avidesa".

Título: Madre alemana, padre mallorquín
Autora: Sabina Pons
Editorial: Sloper
Páginas: 100
Precio: 14€
Procedencia: préstamo Marian

4 comentarios:

  1. Mw encantan estas memorias. Supongo que parte de ese encanto surge de mis propias memorias infantiles que florecen con este tipo de lecturas. Parece que visitas a los personajes y que compartes esas vivencias con ellos.
    Puede que el turismo trajera trabajo y oportunidades para muchos pero también trajo una profunda nostalgia.
    Me apunto.
    Besos, Dorothy Durrell.

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    Respuestas
    1. Norah, éste te gustará. Por las anécdotas, pero, sobre todo, por el tono. Sabina lo explica todo con mucha gracia y, además, es difícil no enamorarse de su madre, la alemana, que es para comérsela. O para llevársela de copas.

      Un besote.

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  2. Ohhh... Tiene que ser una lectura entrañable. Claro, tú lo ves desde tú óptica y eso habrá aportado cierto matiz a la lectura. Pero me parece que a mí también me podría gustar mucho. Un beso.

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  3. Pues me interesa, tomo nota. Me ha encantado tu blog, me quedo de seguidora y te invito a que te pases por el mío si te apetece (es Relatos y Más, es que aparecen dos en el perfil).
    Un abrazo.

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