domingo, 13 de octubre de 2019

Olga


'Olga', Bernard Schlink | @martatorresmol

A los libros con nombre de persona hay que temerles. No se suele salir de ellos indemne. Y a pesar de eso son como un abismo. Hay algo en los libros con nombre de persona que te empuja a asomarte a ellos. Poner los pies en el borde, cerrar los ojos, sentir el viento y la adrenalina. Y que pase lo que tenga que pasar. Y con 'Olga', de Bernhard Schlink, lo que pasa es que te rompe. Te da un toquecito, al principio, no te das cuenta, pero consigue que poco a poco, página a página, te vayas resquebrajando. Porque la historia de Olga, nacida a finales del siglo XIX, es de las que te tocan. De esas que te gustaría que tuvieran un final feliz porque Olga se lo merece, pero con las que sabes que no hay final feliz posible. Porque a Olga, la felicidad, le ha sido esquiva toda la vida. Desde que era una niña.

Olga es huérfana. Cuando sus padres enfermaron se quedó con una vecina que la quería, pero murieron pocos días después y, en vez de permanecer con aquella mujer que hubiera sido feliz cuidándola, se tuvo que ir con su abuela, una mujer fría, que pretende cambiarle el nombre por uno más alemán y que nunca aprobó el matrimonio de sus padres. Olga es lista. Y tiene ideas propias. Y los pómulos altos. Y cree en las personas. Y sabe salir adelante. Y quiere. Quiere mucho. A quien quiere. Y abraza las pequeñas felicidades con las que, como si fuera un error, el destino salpica su vida. Los juegos con sus amigos Viktoria y Herbert. Los besos del amor de su vida. Sus pequeños logros en la escuela. El niño que la quiere como si fuera su madre. Olga es de esas personas que no tira la toalla. Y aunque sabe la verdad, siempre deja un resquicio en su cabeza y su corazón para lo que sueña cada noche. Una mujer que escribe durante años a su amor, perdido durante una expedición al Ártico, aunque sabe que debe dormir bajo el hielo hace mucho. Una mujer que toma decisiones duras en silencio. Una pequeña heroína, de las que hubo y hay tantas, una heroína de lo cotidiano, que libra sus batallas personales mientras el mundo, la sociedad, los países, libran otras.

Una mujer a la que Schlink presta su voz. Él nos cuenta, con tanta crudeza como ternura, su infancia, él escribe sus cartas que navegan hacia el Ártico, hacia nadie, él se mete en la piel del niño al que Olga crió y al adulto en el que se convierte para contar, en tres partes, desde tres puntos de vista, una historia de la que es muy difícil salir indemne y que debería llevar, en esas fajas que no sirven más que para ensuciar portadas, un mensaje: "Este libro rompe".

"-No te va a estorbar nada, lo que más le gusta es mirarlo todo.
Al principio, la vecina con quien la madre había dejado a su hija no se lo creía, pero realmente fue así. La niña, que tenía un año, entró en la cocina y se dedicó a observarlo todo: la mesa y las cuatro sillas, el aparador, el horno con las sartenes y los cucharones, el fregadero, con el espejo encima y la palangana, la ventana, las cortinas y, finalmente, la lámpara que colgaba del techo. Entonces dio unos pasos y se detuvo ante la puerta abierta del dormitorio, desde donde siguió su examen: la cama, la mesita de noche, el armario, la cómoda, la ventana, las cortinas y, finalmente, una vez más, la lámpara. Parecía sumamente interesada, aunque el piso de la vecina tenía casi la misma distribución y el mismo mobiliario que el de sus padres."

Título: 'Olga'
Autor: Bernard Schlink
Traductor: Carles Andreu
Editorial: Anagrama
Páginas: 256
Precio: 19,90€
Procedencia: Bookish

9 comentarios:

  1. Por lo que cuentas, es de esas novelas que sé que voy a disfrutar mucho y que me va a doler mucho también. Apuntada, que no la conocía.
    Besotes!!!

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    1. Margari, es una maravilla, como dices, de las que te duelen, pero que disfrutas.

      ¡Besines!

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  2. Ay que yo la tenía apuntada. Con este autor me pasa como con Zweig, que me fascina la forma en que retratan y consiguen dar vida a los personajes femeninos. Pero que me rompan no, estoy aún en proceso de recomposición. ¿Por qué me has quitado la ilusión de un final feliz?
    Besos, Dorothy Tolstoi

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    1. Norah, ¿final feliz? Los finales felices sólo existen porque alguien deja de contar, cierra los ojos a lo que viene después. En la literatura y en el cine, la comedia acaba justo en el momento en el que arrancan los dramas. ¿Sabes? A veces la única forma de recomponerse es hacer polvo los trozos que quedan, añadir un poco de agua y moldear piezas nuevas. Olga es uno de esos personajes que se quedan contigo. Y a ti, por algo que hace, creo que te gustará. Creo, igual no, pero creo que sí.

      Un besote

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  3. No he leído nada de Bernard Schlink. En realidad, los escritores alemanes me han resultado siempre extraños ("extraños" en el sentido de "diferentes a mi percepción"). No sé si es, tal vez, porque no puedo leerlos en su idioma (mi alemán da justo para chapurrear en la calle) o por prejuicios sobre su supuesta pesadez. Puede que este libro sea una oportunidad para intentarlo. Entre tanto sigo esperando "los dieciséis árboles del Somme" :)
    Besazos

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    1. Sorokin, algo parecido me pasa a mí con los orientales, que me cuesta. Siempre hay algo que me falta (curioso, nunca me sobra). Te aseguro que 'Olga' no es nada pesada. Al revés, es cortito y se hace cortito. 'Los dieciséis árboles del Somme' te encantará' (creo).

      Besines.

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  4. ¡Hola! Veo que como yo has disfrutado con la lectura. Me encanta la prosa de este autor tan cuidada (la descubrí en "Mujer bajando una escalera") y los dos personajes (Olga y Herbert) principales me fascinaron, sobre todo el de ella y como tú dices, la novela se quedó conmigo para siempre, son de esas que no se olvidan.
    Besos

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    1. Marian, pues la verdad es que yo no había leído nada de Schlink y me ha fascinado su forma de escribir. Me anoto 'Mujer bajando una escalera', porque tengo claro que voy a repetir con él. Olga me ha parecido un personaje maravilloso. Herbert, no tanto... A ver, como personaje sí, es necesario, pero como hombre-pareja-novio-querido se me queda corto, me parece un poco tibio, la verdad.

      Besos.

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    2. Sí, yo también quiero repetir con el autor. El personaje de Herbert me gustó por peculiar, muy "a su bola"pensando todo el rato en irse, en descubrir mundo, pero no lo querría ni como novio, ni como marido, jeje
      Un beso

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