martes, 29 de octubre de 2019

"Sabía que publicar el libro finalista del Planeta supondría una confrontación con la iglesia"




Antonio Roig Roselló, escritor y excarmelita. ‘Todos los parques no son un paraíso. Memorias de un sacerdote’ es la novela con la que Antonio Roig Roselló (Ibiza, 1939) quedó finalista del Premio Planeta en 1976. En ella contaba sus experiencias homosexuales en Londres y tras su publicación, en 1977, fue suspendido a divinis por el arzobispo de Valencia.

Marta Torres Molina | Diario de Ibiza
Le expulsaron de la Iglesia tras la edición de ‘Todos los parques no son un paraíso’. Visto lo ocurrido, ¿publicarla fue valentía o inconsciencia?
Un poco de todo. Tuve tiempo para meditar. Se publicó en el 77, pero lo escribí antes, sin pensar en la publicación, para mí, para aclararme. Algunas páginas las escribí llorando. A veces debía dejar de escribir porque no me atrevía a seguir. Al acabarlo fue cuando me di cuenta de que igual estaría bien pensar en publicarlo. ¿Fue una inconsciencia o una valentía? Pues se escribió en la época de Franco y venía de una orden estricta como son los carmelitas. Tenía muy poca visión del exterior y entre el 72 y el 75 había estado en Inglaterra y eso me dio otra visión y necesitaba aclararme. Eso hay que tenerlo en cuenta al leer el libro. Era tan difícil de asumir que le pedí a una persona que sabía que podía ser sincera hasta la crueldad que escuchase el libro y me dijera qué pensaba.
¿Escuchar el libro?
Sí, escuchar el libro. No lo quería soltar nunca. Tenía miedo de que desapareciese. Cuando estuvo escrito se lo expliqué a los hermanos que vivían conmigo y les dije que quería presentarlo en un día de retiro. Que si lo entendían serían capaces de perdonar. Pero no lo quería soltar, así que este compañero lo escuchó en dos tardes. Y su veredicto fue lo que me faltaba para embarcarme en la publicación del libro.
¿Qué le dijo?
Que si él tuviera dinero lo publicaría, pero que me iba a generar muchos problemas. Yo pensé que esos problemas los podía asumir y que si él estaría dispuesto a afrontar la publicación es que no había escrito un disparate. Los miembros de mi comunidad, al proponerles la presentación del libro, me decían, quizás con un poco de sorna, que lo presentara a un premio literario. Y es lo que hice. Fue el primer Planeta sin Franco.
Le suspendieron a divinis. ¿Cree que ahora le habría pasado lo mismo?
Un libro como ése, va a sonar un poco vanidoso, no se ha escrito nunca y no se va a volver a escribir. De hecho, no lo he vuelto a leer. Cuando he necesitado entrar dentro de mis sentimientos he cogido el segundo libro que publiqué: ‘Variaciones sobre un tema de Orestes’. El primero, que hay quien dice que es su libro de cabecera, jamás he podido volver a leerlo. Quedará para siempre. Es muy fuerte decir eso, lo sé, pero piensa que se publicó en 1977 y se acaba de hacer una edición en digital.
¿Era consciente de las consecuencias que tendría?
En el libro, de una manera subliminal, hay unas tesis que no quería que pasaran desapercibidas. Yo lo veía. Sabía que iba a entrar en una confrontación que iba a trascender a todos y que ellos tendrían que hacer lo que debían hacer, lo que estaban obligados a hacer, incluso. Lo que no pensaba es que hubiera ensañamiento y crueldad. Y los hubo.
¿Ensañamiento?
Sí. Que me expulsen el día 4 de enero y que me den 24 horas, en pleno invierno, para marcharme. Sin trabajo ni nada. Me dijeron que podía quedarme con mi libro y pensé que era ironía. Pero no. Ése era todo el capital que tenía. Me extendieron un cheque de 50.000 pesetas, que rechacé. Y me quedé en la calle.
¿Cómo se sobrevive en la calle un 4 de enero con sólo un libro como capital?
Pues ocurrió lo que no pensaba: mis amigos se fueron y aparecieron otros. Los homosexuales, en ese momento, no me ayudaron. Quizás no lo entendieron. Cuando terminó todo, me fui a Barcelona para poner un poco de tierra por medio y para resolver temas de la publicación con la editorial. Tenía claro que tenía que vivir en Valencia. Allí había ocurrido todo, no quería esconderme, quería que mi vida diaria fuera un recordatorio. Para mi sorpresa, un día que cogí el metro estando en Barcelona me entregaron una hojita y, al mirarla, vi que era del Front d’Alliberament Gai. De ahí me fui a pasar un tiempo a Inglaterra. El libro comenzó a dar sus frutos y me llamaron de una academia muy prestigiosa, el Centro Internacional de Lengua y Cultura Española. Empecé a trabajar allí en el 79, después de un tiempo sin empleo, y allí me jubilé.
¿No perdió la fe?
Yo, íntimamente, no. Lo digo siempre. Conozco un sacerdote que ha seguido con su vida y dice claramente que es ateo. Y eso que había sido experto en las Sagradas Escrituras. Yo nunca he dudado del amor de Dios y me mantengo ahí, por eso no he renunciado de mi sacerdocio.
¿Cree que si hubiera relatado experiencias heterosexuales en vez de homosexuales el resultado hubiera sido el mismo?
No sé cómo se podría enfocar hablando de otras personas. Una de las facetas que tuve en mi vida como sacerdote fue la de orientador de cursos matrimoniales. Conservo muy buen recuerdo y me guardaba mucho de hablar de mi experiencia. Pero podía entender el amor. Lo tremendo para mí en la Iglesia es que no se trataba de la dinámica del amor o vivencias universales en las que cupiéramos todos.
¿Le han entendido?
Me procurado relatar las cosas en los tres libros que escribí, que forman una trilogía, para conocer mi propio pensamiento. No tengo internet en casa, pero me voy encontrando personas que han escrito de mí, de mi trayectoria, de una forma muy inteligente. Me gustaría destacar a David Vilaseca, profesor de la Universidad de Londres. Quise conocerlo, pero había fallecido en un accidente de bicicleta. Escribió ‘La risa kafkiana de Antonio Roig’, que me produjo emoción porque hablaba de la risa y de Kafka. En una de sus publicaciones hace un estudio de varios personajes o corrientes. De Terenci Moix destaca los aspectos eróticos y sexuales y cuando habla de mí, me emociona pensarlo, ¿sabe qué dice de mí, un fraile ingenuo, frágil e ignorante para muchos, un profesor de la Universidad de Londres?
No, dígame.
Destaca los tintes políticos y revolucionarios. Eso es lo que él ha leído en mis libros y por eso me produce sorpresa cuando veo que se confronta mi pensamiento de forma superficial. Muchas veces habría que leer un poco mejor. En su momento no sabía nada de política. Acabé la carrera de Psicología, que estudié porque entendí que debía hacerlo, a los 52 años. Al llegar al último curso, había optativas y escogí Psicología Política. El profesor me puso la máxima calificación: matrícula de honor. La trilogía hay que enmarcarla en la Transición, aunque la escribí en un estado naïf, ingenuo, sin saber nada de política. Mi historia sin la Transición no se hubiera entendido. Ten en cuenta que he corrido peligro físico y me he sentido protegido por la policía.
Ahora algunos ponen en duda la Transición.
Sí, pero se escuchaban muchas ideas y no había la violencia que hay ahora. Había unos pactos que hoy día se echan en falta. Cuando se pacta se tiene que escuchar al otro y bajar un poco para que el otro suba un poco. Es lo que le pasó a mi historia, que no me escucharon. Pasó algo muy grave que he descubierto ahora, con la sentencia del Procés y los disturbios en Barcelona. He aprendido que el último plazo de la sentencia es entregarla al sentenciado. Pues a mí, el señor arzobispo de Valencia José María García Lahiguera me suspendió a divinis, pero no puso en mis manos ningún papel, no tengo una sentencia. Eso no se puede hacer. Para algo tan grave. Cuando los periódicos de Valencia dieron la noticia de que el arzobispo había pasado un trámite más para la canonización, alguien escribió que el mayor obstáculo que tendría para eso es la forma en que tramitó el asunto del reverendo padre carmelita Antonio Roig. Pues ese comentario ya ha desaparecido, la mano larga de alguien está intentando limpiar cosas. Imagina el consuelo que me daría, al llegar la noche, acostarme y ver un rostro decir; «tengo que hacerte eso, pero me duele en el alma». Pues no. No veo nada. Se me condena. Da igual la sentencia. No la tengo.
¿La iglesia tiene la mano larga?
El poder, en general, tiene la mano larga. Las manos. Porque tiene varias: la mano que se ve y la invisible. El poder está en todas partes y tenemos que andarnos con mucho cuidado. Es una alegría venir aquí, a casa, y que se me escuche. Lo agradezco con toda el alma. Me gusta llegar al público. Quienes vengan me pueden preguntar todo lo que quieran.
¿Todo?
Sí, si algo no lo sé, diré que no lo sé. También hay cosas que no he dicho nunca.
Publicó tres libros, el último ‘Vidente en rebeldía. Un proceso en la iglesia’, en 1979. ¿Tiene previsto publicar más?
Tengo escritos media docena de libros y me gustaría que se publicaran. Sobre todo alguno de ellos. Uno tiene dos vertientes. La primera quién es Dios para mí, que tengo 80 años. Hago esa reflexión en forma de cuento, con vivencias personales. El título es ‘La casa de las escaleras’. Arranca en mi infancia, en mi casa. En la parte de arriba vivía una hermana que tenía tuberculosis y en la de abajo vivía mi madre, que había perdido ocho hijos y a la que le pesaban las piernas. Yo era el intermediario entre arriba y abajo. Además, he hecho un guiño a ‘La subida al monte Carmelo’, de San Juan de la Cruz. En mis libros no hay nada gratis. La segunda vertiente es la de un hombre de 80 años que reflexiona sobre el sexo. Ése es el libro. Me encantaría publicarlo porque es mi legado, mi testimonio. Nunca voy a renegar de él. No soy un converso, soy una persona que cree que el sexo hay que integrarlo, no reprimirlo.
¿También en la Iglesia?
¡Claro! Mira, hay una frase de Pascal a la que le tengo mucho cariño: «El hombre no es ni ángel ni bestia, y para su desgracia, el que quiere hacer de ángel hace de bestia». Ahí puede la Iglesia poner el sexo.

6 comentarios:

  1. Hola. Me ha encantado la entrevista. Siempre consigues comunicarte con gente súper interesante. Me gusta mucho cómo siguió enfocando su fé y cómo ha entendido la religión a pesar de lo que le hicieron. Fue valentía y pura supervivencia.
    Hasta ahora el libro de esta temática que más me ha gustado ha sido el de Tom Spanbauer, aunque sin religión de por medio.
    Enhorabuena, Marta. Un besote

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    1. Norah, es un señor muy interesante y, cuando explica su historia, te sorprende la integridad. la sinceridad y la coherencia de cómo lo hizo todo. No he leído el libro, pero estoy esperando que me llegue. Siento mucha curiosidad. Gracias.

      Un besazo.

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  2. Interesante entrevista. Y tengo que admitir que no conocía al autor ni el libro con el que fue finalista del premio, así que me ha sorprendido todo.
    Besotes!!!

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    1. Margari, yo tampoco los conocía antes de que él viniera a la isla para una conferencia por el Día de las Bibliotecas. Creo que a Planeta también se le había olvidado que habían tenido este libro en su catálogo. No me extrañaría que quisieran recuperarlo y volver a publicarlo.

      Besines.

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  3. Ufff Dorothy, apabullante entrevista. Me encantaría conocer a este hombre. Yo quiero leer ese libro!! BEsos

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    1. Marisa, es un señor fascinante, con una coherencia y una sinceridad... Yo ando detrás del libro. A ver si llega...

      Besotes

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