domingo, 8 de abril de 2018

'La guerra no tiene rostro de mujer', las olvidadas del Ejército Rojo


@martatorresmol

Ella les dio voz. Hasta que ella llegó, estaban mudas. Sus historias, sus vidas, se habían quedado arrumbadas en su memoria. Algunas ni eso. Algunas, incluso, las habían olvidado. De no contarlas. De no pensar en ellas. No existían. Casi un millón de mujeres callando una época de sus vidas. Sus proezas y sus miserias. Todas ellas lucharon en la Segunda Guerra Mundial, en las filas del Ejército Rojo. Pilotaron aviones. Incluso tanques. Curaron a los heridos. Consolaron a los moribundos. Se destrozaron las manos lavando uniformes duros de sangre seca. Empuñaron armas. Dispararon a los enemigos. Muchas murieron. Otras sobrevivieron. Y callaron. Acabó la guerra, todos regresaron a sus casas, ellos contaron sus historias de la guerra y ellas... Ellas callaron. Habían combatido como ellos, habían pasado el mismo dolor que ellos, las habían herido como ellos, las habían amputado como a ellos, habían visto la muerte todos los días como ellos... Pero no contaron sus historias. No interesaban. Al fin y al cabo, eran sólo mujeres. Así que trataron de tener una vida, fingieron olvidar aquellos años, cerraron los ojos a sus cicatrices y guardaron lo que habían hecho y lo que habían vivido en el frente en lo más profundo de su memoria. Y tiraron la llave. Hasta que llegó ella. Hasta que Svetlana Alexiévich se plantó un día en sus vidas y les pidió que buscaran aquella llave, que hicieran memoria, que le contaran sus experiencias. Muchas dijeron que no, recordar era demasiado doloroso, pero otras muchas dijeron que sí.

Y ahí están todas ellas, en 'La guerra no tiene rostro de mujer', un impresionante documento. Tan escalofriante como conmovedor. Porque todas esas historias son reales. Porque los muertos murieron de verdad, los heridos sufrieron para recuperarse. Porque el desprecio que recibieron tras la guerra (se dejaron la vida y las acusaron después de frescas e indecentes por haber compartido la guerra con los hombres) aún les escuece. Hablan de la guerra, de su guerra. Recuerdan el combate, las veces que salieron vivas de él, a quienes no lo consiguieron, la dureza de sus funciones (pilotos, sargentos, soldados, auxiliares sanitarias, médicas, ingenieras, jefas de transmisiones, cirujanas, operadoras de globos aerostáticos, tenientes, navegantes, exploradoras, enfermeras, partisanas...), que sumieron con naturalidad, porque no veían más opción que sumarse a la lucha para defender a los suyos.

Pero también recuerdan otras cosas, cosas que no aparecen en los relatos de los hombres. Los pies en carne viva porque, con un 36, tenían que llevar botas del 42, el número más pequeño. Abortos provocados entre lágrimas para poder ir al frente. Vivir con una única muda de ropa interior, a pesar de las necesidades femeninas en las que, obviamente, ningún militar había pensado. Los besos y las caricias de hermana que dieron a quienes no pasarían de esa noche. El peso de un hombre herido arrastrado hasta el hospital. Las caras de sorpresa de los hombres al verlas llegar a un batallón. La camaradería. La necesidad de cargar con unos zapatos de tacón o algo bonito para seguir sintiéndose mujeres. El olvido forzoso del coqueteo, del amor, de la juventud. El cartucho que guardaban para ellas, para no ser violadas por un batallón de alemanes si caían en sus manos. Comer cuatro migas de pan sentadas sobre la tierra encharcada de sangre y entre cadáveres. La aversión de por vida al color rojo, el color de la sangre. Soñar, cuando podían dormir, con bombones. La sensación de ver envejecer sus almas día a día, combate a combate...

Cosas, todas ellas, que no se cuentan por casualidad. Ni porque sí. Ni a cualquiera. no soy creyente, pero Svetlana Alexiévich es dios.

"1978-1985
Escribo sobre la guerra...
Yo, la que nunca quiso leer libros sobre guerras a pesar de que en la época de mi infancia y juventud fueran la lectura favorita. De todos mis coetáneos. No es sorprendente: éramos hijos de la Gran Victoria. Los hijos de los vencedores. ¿Qué cuál es mi primer recuerdo de la guerra? Mi angustia infantil en medio de unas palabras incomprensibles y amenazantes. La guerra siempre estuvo presente: en la escuela, en la casa, en las bodas y en los bautizos, en las fiestas y en los funerales. Incluso en las conversaciones de los niños. Un día, mi vecinito me preguntó: '¿qué hace la gente bajo tierra? ¿Cómo viven allí?'. nosotros también queríamos descifrar el misterio de la guerra.
Entonces por primera vez pensé en la muerte... Y ya nunca más he dejado de pensar en ella, para mí se ha convertido en el mayor misterio de la vida."

Título: 'La guerra no tiene rostro de mujer'
Autora: Svetlana Alexiévich
Traductoras: Yulia Dobrovolskaia
y Zahara García González
Editorial: DeBolsillo
Páginas: 370
Precio: 9,95€
Procedencia: regalo

8 comentarios:

  1. Tengo ganas de leer algo de esta mujer. Ya son muchas personas las que me han hablado maravillas de sus libros pero si te digo la verdad, creo que para estrenarme elegiría otro título. Creo tener algún otro por ahí anotado. Besos

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  2. Todavía no he leído nada de ella, pero sin duda tomo nota. Un besote!

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  3. Mira, tenemos una cosa en común esta mujer y yo. Es verdad que las historias de mujeres que nos llegan son de las que se quedaban y ojo, que bien dura era esa vida pero no suelen hablar de las que combatían. Alguna espía sí que ha caído de vez en cuando pero con una visión de ella como muy épica y romántica.
    No voy a engañar a nadie, esto no puedo leerlo.
    Por cierto que a mí las que me han contado historias de la guerra han sido mujeres.
    Besos, Dorothy Hunt.

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  4. Esta mañana vi tu foto y sobre todo leí el pie y me dije, me lo pido. Estaba por el de Chernobil pero creo que este me convence más para empezar. No salgo a buscarlo porque creo que requiere su momento pero espero "disfrutarlo" tanto como al leer tu reseña :)
    Besos

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  5. No he leído nada de esta autora aún, pero la tengo muy pendiente. Tomo buena nota de este libro. No me importaría estrenarme con este libro.
    Besotes!!!

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  6. Son una serie de relatos que te pueden dejar impresionado. Muchas eran niñas cuando cogieron un fusil, un tanque, un avión y lo hicieron con determinación, sin racanear. Un libro imprescindible.
    Abrazos

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  7. Llevo MUCHÍSIMO tiempo queriendo leer este libro y este verano voy a leer SÍ O SÍ.
    Por cierto, no conocía tu blog y ya te sigo. Te dejo mi blog por si te gusta también y quieres seguirme: leerenlaluna.blogspot.com.es
    Te leo y estaré comentando por aquí :P
    Besos

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  8. Leí otro libro de esta mujer que nos acerca a tanta víctimas y les da voz, y es brutal cada uno de sus testimonios. Tengo otro en casa, creo que no es el que nos traes, pero con el tiempo quiero leerlos todos. Eso sí, son lecturas que necesitan un estado anímico especial para afrontar su crudeza.
    Besotes

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