jueves, 11 de enero de 2018

Imperfecto. Casi líquido.


@martatorresmol

Él era grafitero. Y skater. Llevaba pantalones anchos y camisetas rotas. Y una gorra calada hasta las cejas sobre la melena a medio crecer. Yo era buena estudiante. Aún bailaba. Acababa de dejar el baloncesto. Y leía mucho. Llevaba el pelo largo y rubio. Siempre un poco despeinado. Empezaba a usar rímel. Mis uniformes eran vestidos con bambas blancas y vaqueros con camisetas que rozaban el ombligo. Él acababa de descubrir la rebeldía. Yo, el poder escondido en mis complejos. Él frisaba una mayoría de edad que a mí me quedaba aún algo lejos. Él me descubrió a Smashing Pumpkins, Guns and Roses y Aerosmith. Yo, a Boris Vian, Sharpe y Bukowski. Él me presentó al Golem y al Kraken. Yo a Ariadna y a Penélope. Le gustaba fumar a la sombra de un sauce, en un rincón tras la agrietada pista de basket. No entendía que yo prefiriera ir a clase. No me creía cuando le decía que era un gusto, no una obligación. Él era feliz cuando iba al viejo parque a verle con su tabla aunque, absorbida por un libro, me perdiera la mayoría de sus trucos. Me observaba fijamente mientras escribía. A veces se acercaba. Yo protegía mis palabras apretando las páginas contra mi pecho. Amenazaba, entre risas, con robarme el cuaderno y leerme. Acabábamos jugando a que nos peleábamos. Como cachorros. Los cachorros que, en realidad, aún éramos. Yo nunca le dejé leer mi cuaderno. Él nunca me dejó observarle con los sprays. Ver cómo se convertían en murales aquellos dibujos a lápiz con los que emborronaba sobres ya vacíos, servilletas arrugadas y los espacios en blanco de todos los libros que pasaban por sus manos. Sabía cuándo había estado haciendo paredes por el olor de su pelo. Tenía la costumbre de saltar a su cuello. A su pecho. Sus dos metros menos tres centímetros no me lo ponían fácil. Sus largos brazos me lo ponían fácil. Ni una sola vez permitió que renegara de mi estatura sin apuntillar: «Siempre saldrás ganando. El contrapicado favorece». Lo repitió, desde la distancia del casi medio metro que nos separaba, todas y cada una de las veces que protesté. A veces, yo escribía sobre su espalda. Otras, él dibujaba en la cara interna de mis muñecas. Emes. Alas. Y un corazón que no lo parecía. Imperfecto. Casi líquido. Siempre el mismo. "Eres tú", decía muy serio. Yo me enfurruñaba. Quería ser un corazón perfecto. Redondo. Lleno. Él reía. Callaba. Y seguía pintando sobre mis pulsos. "Eres tú. Y estás en todas mis paredes", añadía. Y yo me buscaba, imperfecta, casi líquida, en sus muros. Hace unos días nos volvimos a encontrar. Es profesor de arte. Peina tupé. Viste pitillos. Sigue siendo grafitero. Algunas noches. Y skater. Muy pronto, por las mañanas, cuando nadie le ve. Lleva ese corazón imperfecto, casi líquido, tatuado en la muñeca izquierda, sobre el pulso. "Sigues estando en mis paredes", afirmó. Puse cara de niña enfurruñada que quiere un corazón perfecto. Reímos. A carcajadas. Me cogió de la mano y me arrastró fuera del bar. Con esa sonrisa de niño travieso que sigue siendo la misma  más de veinte años después. Esa noche le vi hacer una pared. Y esconderme, entre dos trazos. Antes de hacerlo me miró, preguntando. Le contesté sin decirle nada. Ahí está. Un corazón imperfecto. Casi líquido.

6 comentarios:

  1. Escribes de maravilla, me has emocionado con este texto :)

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  2. Qué bonito, ese primer amor. Y ese piropo velado es genial: el contrapicado favorece. Fue como decir, yo te veo preciosa. Y el misterio, esas parcelas que se conservan solo para uno. Era amor puro, limpio, muy auténtico. Sería un guión muy chulo o una novela juevil válida para cualquier adulto. Has captado muy bien esas sensaciones adolescentes. Solo falta que el final fuera verdad.
    Besos, Dorothy Hughes

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  3. Me gusta mucho tu estilo de frases cortas separadas por puntos :
    "Es profesor de arte. Peina tupé. Viste pitillos. Sigue siendo grafitero. Algunas noches. Y skater. "
    Me gustaría escribir así.

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  4. Muy bonito, contrasta lo efectivo de las oraciones cortas, incluso frases, con la suevidad del tono.
    Besos

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  5. Oh, me gustó mucho. La foto me ha recordado esa canción de Radio Futura... 'Y si te veo pintar un corazón de tiza en la pared...' Besos

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