lunes, 18 de diciembre de 2017

'Tres abuelas y un cocinero muerto', pobres abuelas


Hay algo buenísimo en pagar por los libros (además de remunerar económicamente a los autores por su trabajo): seleccionas más, te lo piensas más, aciertas más. De hecho, estoy convencida que por eso al final no compré 'Tres abuelas y un cocinero muerto', de Minna Lindgren, las dos veces que estuve a punto de hacerlo. La primera, hace años, al verla en el catálogo de Círculo de Lectores. La segunda, hace relativamente poco en la librería de un aeropuerto. Eso de que la autora es "la Agatha Christie del norte" me olió a hipérbole mayúscula, pero la historia me hizo gracia: tres nonagenarias, internas en una especie de residencia que tratan de descubrir al asesino del cocinero. La primera vez que me topé con esta novela tenía muy cerca en la memoria a otros ancianos aficionados a resolver crímenes: los divertidos, cascarrabias, molestos y metomentodos jubilados de Marco Malvadi en la 'Trilogía del BarLume'. Una novela (tres en realidad) con la que disfruté tanto que la idea de volverme a encontrar con ancianos con espíritu de detectives privados me parecía muy atractiva. Al final, las dos veces opté por otros títulos. Pero el otro día lo vi en una de las estanterías de la biblioteca y caí.

Lo de que Lindgren sea la Agatha Christie que viene del norte no es que sea una exageración, es que la pobre Agatha debe estar revolviéndose (una vez más) en su tumba de Cholsey, porque en las 400 páginas de este libro de la 'Trilogía de Helsinki' (sí, se ve que hay dos más) no he encontrada nada que recuerde a la reina del crimen. Ni los espacios en blanco. Y hay unos cuantos, porque no sólo me ha parecido aburrida sino que creo que le sobran la mitad de las páginas. La trama se dispersa, se pierde, se enreda... Y no en el buen sentido, porque hay varias historias que no tienen ninguna relevancia, no conducen a nada. Además, la idea original, averiguar quién asesinó al cocinero, queda tan diluida que en más de una ocasión he tenido que recordar que habían asesinado al cocinero. Es una pena porque las tres protagonistas, las abuelitas detectives, Siiri, Irma y Anna-Liisa, son para comérselas. Están muy bien definidas, tienen mucha fuerza, caen simpáticas, te hacen pensar sobre el papel que ocupan en la sociedad las personas mayores, cómo se les aparta. Pero todo eso a mí no me ha servido para nada. De un libro como éste esperas que te enganche, que te haga desear tener un rato libre para seguir descubriendo al asesino, no que te dé pereza abrirlo cada vez que lo ves sobre la mesa. Lo he acabado, ha sido un maratón de domingo por la tarde. Era la fecha tope que le había dado. Si en esa tarde no lo acababa, hasta nunca.

"Cada mañana al despertarse Siiri Kettunen descubría que aún no había muerto. Entonces se levantaba, se lavaba, se vestía y tomaba algo para desayunar. Iba despacio, pues lo que es tiempo tenía de sobra. leía el periódico con detenimiento, escuchaba los programas matutinos de la radio y de ese modo sentía que seguía perteneciendo a este mundo. A eso de las once solía ir de paseo en tranvía, pero aquel día no tenía fuerzas".

Título: 'Tres abuelas y un cocinero muerto'
Autora: Minna Lindgren
Editorial: Suma de letras
Páginas: 400
Precio: 18,90€
Procedencia: biblioteca

4 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo contigo. Todavía estoy buscando el por qué de esa comparación con Agatha Christie. Es aburrida. Se salva solo por esa crítica al modo en que tratamos a los ancianos en nuestra sociedad. Y por los personajes, que están bien definidos. Pero poco se aprovecha de ello.
    Besotes!!!

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    1. Margari, es que no hay quien la entienda. Aburridísima. No entiendo que los editores no le hicieran darle un par de vueltas antes de publicarlo.

      Besines.

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  2. Me pasaba lo mismo, que me hacía gracia el título y la situación y encima me parecía original. Pero había algo como que no, y nunca pensé en comprarlo pero lo tuve en la mano en la biblio varias veces, donde sí, tenían toda la trilogía. Veo que por esta vez la intuición lectora me ha jugado a favor.
    Ríete de las guillotinas cantineras.
    Besotes Dorothy Guillotin

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    Respuestas
    1. Norah, yo también debería haberle hecho más caso a mi intuición. Mira que siempre me fío de ella, pero en esta ocasión no sé qué me pasó. Es que yo soy muy Robespierre, más de lo que parezco, aquí donde me ves.

      Un besazo.

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