martes, 29 de diciembre de 2009

Un pastel de bodas en el sitio de Leningrado

Un adolescente que no sabe lo que es el amor (físico, que no platónico) y un universitario pedante que habla de clásicos rusos sobre los que nadie ha oído una palabra son, planteados así, un dúo devastadoramente aburrido. Pasados por la mente y las teclas de David Benioff, en cambio, se convierten en una pareja apasionante. Me costará olvidar a Lev y Kolya. Se han colado en el rincón de mi memoria que sólo abre la puerta a los personajes a los que la tinta y el papel les quedan cortos. Estas hormiguitas del sitio de Leningrado asoman brazos, pies, un rizo rubio y una nariz siónica entre las páginas del libro ya cerrado. Me duelen las piernas de caminar por la nieve, tengo todavía en la nariz el olor a perro mojado de los combatientes capturados por los nazis, no me puedo quitar de la cabeza la carne colgada en el piso de los caníbales por desesperación y por más chicles que mastico la lengua me sabe a la goma de los pasteles de biblioteca. A pesar de todo. De las imágenes aterradoras. De las historias crueles. De los sabores que dejan la lengua de trapo. De los sonidos que deberían sonar en un agujero negro. A pesar de todo eso me sale media sonrisa recordando a esta extraña pareja y su extraña misión de conseguir una docena de huevos para un pastel de boda en pleno sitio de Leningrado.

2 comentarios:

  1. Just he comprat aquest llibre per regalar a sa meva germana. Espero que li agradi tant com a tu. i de pas, ja li demanaré per llegir-lo.

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  2. um, una altra cosa per demanar als reis...tanta sort que he agafat un bon ritme de lectura, sino, el meu llistat no acabarà mai...
    Bon Any Nou!

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