jueves, 27 de julio de 2017

La sirena inversa


@Martatorresmol


Se miraba la cola. Las piernas. O la cola. O las piernas. Daba igual. Ya sólo le quedaban unas pocas escamas, en la colina de su cadera. Translúcidas. Aún conservaban algo de brillo. Tímidos reflejos que parecían desperezarse cuando, por las mañanas, se acercaba al mar (la Mar). Había renunciado a ellas. Si echaba la vista atrás podía ver un camino de escamas tornasoladas. Podía, incluso, contar la historia de cada una de ellas. Cada escama una ilusión. Cada escama una renuncia. La primera… Aún sonreía con tristeza al recordar la primera. Se la llevó un flotador perdido. Era tan gracioso aquel pato de plástico… Y ella  tan pequeña… Le costó alcanzarlo. Le echó los brazos al cuello, para llevárselo a las profundidades, pero no quería. Se rebelaba. Volvía a la superficie una y otra vez. La arrastraba con ella. Se rindió. Allí lo dejó. Amarillo, con la mirada fija en el horizonte. Dándole la espalda, ahora se fijaba, a un niño que, a lo lejos, lloraba desconsolado y estiraba los brazos, creyendo de verdad que aquel pato cabezota daría la vuelta y regresaría. Fue ella, con los embates de su pequeña cola quien lo guió, enfurruñada, hasta la orilla, adonde llegó con un último coletazo que le arrancó aquella primera escama. Asistió, escondida entre los borreguitos de las olas, a la alegría del reencuentro entre pato y niño. Se le encogió el estómago. Quiso ser aquel crío que reía y saltaba en el mismo lugar en el que ahora, sentada, se miraba la cola. O las piernas O la cola.

Y así las fue perdiendo casi todas. Una escama tras otra. Una por aquel polo de fresa que se le cayó a alguien que se asomaba al muelle. Otra cuando volvió los ojos al cielo, extasiada, para seguir el vuelo de un globo rojo. Unas cuantas enredándose conscientemente en una bufanda mugrienta y deshilachada que danzaba al ritmo de las corrientes, al nadar casi rozando las aletas de unos buzos, jugando con el anzuelo de unos pescadores, mientras, pegada al casco de un yate, trataba de imitar las risas de unas mujeres, persiguiendo tablas de surf, al hacerles cosquillas con su cola a sorprendidos bañistas... Las dejaba escapar a puñados, como confeti, cada vez que se dejaba hipnotizar por el guiño constante de un faro. Las últimas, las que la dejaron varada en tierra, con aquella piel que se arrugaba en el agua, las perdió una noche de fiesta. Era verano. Las hogueras brillaban en el horizonte. Las siluetas de los humanos se recortaban en la penumbra. Estiró las puntas de los dedos hacia las estrellas, embelesada, para cazar al vuelo las chispas de colores de los fuegos artificiales.

Ya no pudo volver a su abismo de sal . Nadó, a duras penas, hasta la playa. Allí está desde entonces. Sentada en la orilla. Mira su cola. Sus piernas. O su cola. O sus piernas. Ya no lo sabe. Contempla el brillo cansado de ese puñado de escamas que se descuelgan desde su cadera derecha. Sonríe. Se desperezan cada vez que las olas le lamen los dedos de los pies.

martes, 25 de julio de 2017

Libros que leí en verano...


@Martatorresmol

Hay libros que estarán siempre ligados al verano. Y no por las vacaciones, que nunca las tengo en esa época del año, sino porque si pienso en ellos recuerdo los escasos momentos tirada en el césped de la piscina o sobre la toalla en la playa. Momentos que son los únicos en los que, realmente, me abstraigo de todo. Sólo estamos el libro y yo. No hay mal de amores ni preocupaciones laborales ni móvil. Sólo las olas, el viento haciendo bailar mi vestido colgado en la rama de un olivo, el sol...


'Redburn', el primer viaje de Melville
Wellingborough Redburn es Wellingborough Redburn. Herman Melville es Herman Melville. Pero Redburn, en realidad, es Melville. Redburn es Melville antes de que Melville se fuera a cazar ballenas, y de que viviera con una tribu de caníbales en las Islas marquesas. Redburn es Melville cuando el escritor tenía poco menos de veinte años y se enroló, sin saber nada del mar (la Mar, como diría alguien a quien aprecio)...

@Martatorresmol

Pues sí, 'Te llevaré conmigo'...
Vuelvo (quizás algún día explique por qué me fui) con un libro que ya no está conmigo, pero que llevaré siempre dentro, porque es de esos que se te meten en el cuerpo por los ojos, los respiras, se cuelan en tus venas y ahí siguen, dando vueltas por tu organismo una y otra vez.

'Cuentos de Eva Luna', 23 mujeres y un alma llena de escamas
En otra vida quiero ser una mujer de Isabel Allende. Una de esas mujeres que viven, a veces su vida a veces su destino, con intensidad, con pasión, con decisión... De esas mujeres que viven la vida desde las entrañas, de esas mujeres que pueblan las páginas de los 23 'Cuentos de Eva Luna', una delicia que me ha recordado por qué me gustaba tanto la Isabel Allende de los principios, la que llenaba sus palabras de magia y sus frases de emociones.

'Martin Eden', el aprendizaje
La noche en la que Martin Eden conoció a Ruth fue el principio de su fin. Pero decir eso es adelantarse más de 400 páginas en esta subyugante novela de Jack London en la que la naturaleza y el mar (la Mar), sus pasiones, están sin estar. Una novela que llevaba años deseando leer y que disfruté hace unas semanas entre sol, sal, algas y arena. En esta historia la aventura se intuye, se recuerda, se huele, pero, en realidad, todo ocurre en la civilización, entre cuadros y libros y trajes y cordialidad y enfrentamientos velados y estrictos modales y prejuicios y conflictos de clase.

'Hombres buenos', regreso a las tardes de uniforme y libros de aventuras
He vuelto. He regresado de París. De la España de fines del XVIII. De un viaje, más bien una misión, lleno de peripecias y peligros. He regresado de todos ellos. Pero sobre todo he vuelto de un lugar y un tiempo mucho más lejano. He vuelto de las lecturas de infancia. De aquellos libros de aventuras en los que me sumergía algunas tardes, aún con el uniforme del colegio pero descalza, para creerme por un rato viajera, pirata, científica, diosa griega, marinera, reina, guerrera, espadachina, mosquetera, princesa, niña demasiado curiosa, heroína, hada, hechicera...

@Martatorresmol

'Trilogía del barLume', los abuelos detectives de Marco Malvaldi
Seguro que todos conocéis un bar de pueblo en el que un grupo de abuelos se reúne para jugar a las cartas. O al dominó. Un grupo de abuelos que siempre se sientan en la misma mesa, que tocan las narices al camarero, que se meten donde no les llaman y que, a pesar de todo eso, sin ellos ese bar no sería lo mismo. Bien, pues en esta trilogía del italiano Marco Malvaldi el pueblo es Pineta, el establecimiento es el BarLume, el divertimento son las cartas (crímenes a un lado), el sufrido camarero es Massimo y los abueletes son Ampelio, Aldo, Rimediotti y Del Tacca.

'El copartícipe secreto', el capitán y su doble
"El gran logro de Conrad es haber transformado la experiencia de su vida marinera en metáfora convincente de la existencia humana". Así lo asegura Jules Cashford en 'Joseph Conrad: homo duplex', el pequeño ensayo que cierra 'El copartícipe secreto', de Joseph Conrad, una frase con la que no puedo estar más de acuerdo. Porque da igual dónde estén ambientadas y quiénes sean los protagonistas de sus obras, siempre tienes algo a lo que agarrarte. O que te agarra. No sé cuántas veces he leído 'El corazón de las tinieblas'. Al menos, que recuerde, cinco. Y ninguna de esas cinco veces leí el mismo libro, aunque recorriera con los ojos las mismas palabras.


viernes, 21 de julio de 2017

'Las voces del Pamano', siento haber tardado tanto...


Confieso que he tardado demasiado en leer 'Las voces del Pamano'. Pido perdón por los casi tres años que he tenido este libro sobre mi viejo escritorio de la biblioteca, cubriéndose de polvo es una esquina lacada en blanco, sobre el cuero dorado. Siento infinitamente haberlo olvidado, o haber fingido que lo olvidaba, porque 'Las voces del Pamano', de Jaume Cabré, no se lo merece. Y, sin embargo, ahí ha estado, esperando como espera quien te quiere (o te desea) de verdad. Aguardando el momento justo, para abrirse y entregarme, sin rencores ni reproches, una historia de ésas que no se olvidan, que te acompañan, que se hacen un poco tuyas. Y eso... Eso no lo dudaba. Pero me daba miedo. Temía no leerlo en la época adecuada. Tener las neuronas demasiado dispersas y echarlo a perder. Porque Cabré, tejedor experto, crea unos impresionantes tapices de vidas y de palabras, pero que requieren toda la atención. Eso es algo que descubrí en la maravillosa 'Yo confieso'. Quizás de ahí el temor. Quizás más a la desilusión, a la decepción, que a la incomprensión. Un miedo injustificado, porque 'Las voces del Pamano' es todo lo que era 'Yo confieso'. Y aún más. O menos. Porque si bien Cabré sigue controlando los cambios de voz, de época y de tiempo verbal como si estuviera poseído por el mismo Cronos, aquí son mucho más comprensibles, menos intrincados, no te obligan a frenar en seco la lectura y recomponer los pedazos para situarte. Aquí no. Aquí los personajes van adelante y atrás, décadas, con un simple cambio de tiempo verbal. Y lo entiendes. Y no te descolocas. Y te encanta.

'Las voces del Pamano' comienza con una profesora, Tina, descubriendo, escondida en un hueco tras la pizarra de una escuela que están a punto de derribar, una caja en la que Oriol Fontelles, antiguo maestro, conservó una carta con la esperanza de que ésta, algún día, llegara a su destinatario. Tina, que vive en un pueblo del Pallars, en los Pirineos, conserva esa carta. La lee. Siente curiosidad por Oriol Fontelles, un falangista que tiene una calle en la aldea, una imagen que no cuadra, para nada, con lo que ella va leyendo en esa larguísima carta. Y así, con la excusa de la carta, en las páginas del libro van engarzándose las vidas de Tina (un matrimonio que se desmorona, un hijo que escoge una vida que jamás habría querido para él, una enfermedad...) y de Oriol (un maestro republicano que llega para hacerse cargo de la escuela del pueblo, una amistad forzada con el cacique del pueblo, fingirse falangista o morir, el cadáver de un niño sobre su conciencia, ayudar al maquis de incógnito, el amor por la señora del pueblo...). Una vida, ésta última, cuyos secretos alguien está muy interesado en mantener escondidos. Una vida, ésta última, que trastocará la vida de Tina, quien, curiosamente, empieza a escuchar las voces que llegan del río, algo que los ancianos del lugar saben muy bien qué anuncia. He tardado demasiado en leer 'Las voces del Pamano'.

"El día en que relegaron su nombre al olvido salió muy poca gente a la calle. Tampoco habría salido más aunque no hubiera llovido, porque casi todos optaron por fingir indiferencia, aunque, desde una ventana discreta o desde la cerca de un huerto, siguieron el acto y recordaron la abundancia de lágrimas. El alcalde había decidido celebrar la ceremonia pese a la lluvia..."

Título: 'Las voces del Pamano'
Autor: Jaume Cabré
Editorial: Destino
Colección: Áncora y Delfín
Páginas: 688
Precio: 24€
Procedencia: Préstamo Marian

miércoles, 19 de julio de 2017

'La insólita pasión del vendedor de lencería', esas corseterías de toda la vida...


Hay libros que son para ti. Que no son grandes libros, pero que sabes que tienen algo que te va a gustar. Lo sabes desde el primer momento, desde que lees alguna reseña por ahí y se te ponen las orejas en punta porque algo te llama la atención. Libros que anotas en tu libreta de libros pendientes, no entre los prioritarios, y que, de repente, sin esperártelo, te llegan en el intercambio de libros que cada verano haces con tu amiga Marian. Es lo que me pasó con 'La insólita pasión del vendedor de lencería', de Asako Hiruta. Cuando lo descubrí en el blog de Norah supe que quería leerlo. Me gusta la lencería. Me gustan esas corseterías de toda la vida donde dependientas cercanas a la jubilación saben lo que quieres antes, incluso, que tú, donde los probadores son amplios, con luz matizada y las paredes forradas de terciopelo. Locales donde te sientes especial, donde disfrutas del tacto de la blonda, la secuencia perfecta del encaje, el juego de las transparencias, la seda resbalando sobre tu piel... Pues así, más o menos, es Toujours Ensemble, la corsetería que protagoniza esta novela. Sí, porque están Satsuko Kunieda y Yô Isaji, pero la protagonista es la tienda. Kunieda es una treinteañera que trabaja en publicidad y que lleva una vida aburrida y sin muchas aspiraciones personales después de que su novio de toda la vida la dejara. Si no prestaba atención a la lencería cuando estaba en pareja, ahora, mucho menos. Pero un día, en un semáforo, se da cuenta de que ha salido de casa sin sujetador (¿quién no se ha despistado un día y ha salido de casa sin ropa interior?) y decide, a toda prisa, entrar en la primera tienda de lencería que encuentra. Y ésa es la de Isaji. Un lugar cálido y acogedor, glamuroso, lleno de piezas delicadas, bellas y caras, y con un dependiente que despierta todas las suspicacias de Satsuko, sobre todo cuando es él mismo quien se mete en el probador con ella, le toma las medidas y selecciona varias prendas que no sólo la sacarán del apuro sino que, además, supondrán un cambio. Sí, porque de eso va la novela, de cómo un pequeño cambio, algo imperceptible y aparentemente tonto, puede ayudarte a dar un gran cambio. Más de uno pensará que es una tontería. Pero a las que nos gusta la lencería sabemos que no es así. Sabemos que en las citas importantes de trabajo, debajo de la camisa y la americana, llevamos prendas con las que nos sentimos fuertes. Que la seguridad y la sonrisa con la que llegas a una cita no depende sólo de la ilusión y el vestido que hayas escogido. Que los días tontos se enfrentan mejor si sientes que la ropa íntima te protege y te abraza. Más allá de eso, 'La insólita pasión del vendedor de lencería' es una comedia romántica. De ésas que sabes que, por mucho que sufran los protagonistas (vale, es una novela japonesa, así que tampoco esperéis un gran drama), al final siempre sale todo bien. Todo se arregla. Todo acaba como se supone que debe acabar para que todos sean felices y coman ramen y sushi (no sé yo cómo andarán de perdices en Oriente).

"Satsuko relacionaba la lencería con el tipò de mujer superficial y frívola que proliferaba en la época de la burbuja económica. No había lugar para esos caprichos en el mundo frío y cruel de la mujer japonesa trabajadora. Ella se conformaba con comprar en internet los conjuntos de bragas y sujetador que vendían por tres mil yenes."

Título: 'La insólita pasión del vendedor de lencería'
Autor: Asako Hiruta
Traductora: Marta Estefanía Gallego Urbiola
Editorial: Reservoir Books
Páginas: 224
Precio: 20.90€
Procedencia: préstamo Marian

viernes, 14 de julio de 2017

La niña que miraba el mar


@Martatorresmol

A veces, cuando miro el mar, se me escapa una sonrisa. A veces, cuando alguien piropea mis ojos castaños, sonrío, melancólica, y pienso en la niña que se pasaba los días buscando el mar (la Mar) con la mirada. Era una niña que vivía en el puerto (bueno, junto al puerto). Paseaba por el muelle. Hacía equilibrios sobre los norayes. Jugaba a adivinar los cabos encapillados. Corría por los pantalanes. Contaba barcos en el horizonte. Se sentaba en los escalones del monumento a los corsarios para lamer su cucurucho de chocolate y limón. Apoyada en el espigón, dejaba que el pelo le hiciera cosquillas al bailar con el viento. Saltaba entre las redes extendidas. Se embobaba mirando a los viejos pescadores coserlas. Secos. Enjutos. Con las manos nudosas. Renegridos de sol. La piel surcada de arrugas. Perdía la noción del tiempo mirando el baile de los dedos. Y los ojos. Azules. Siempre azules. De toda una vida mirando el mar, pensó la niña. Ansiosa por una mirada de agua, trazó un plan. No apartaría la vista del mar. Hasta que le llenara los ojos. Más de 30 años después aquella niña sigue mirando el mar. Sigue esperando. A veces, se le escapa una sonrisa. A veces, cuando alguien piropea sus ojos castaños, sonríe, melancólica.


lunes, 10 de julio de 2017

'Como agua para chocolate', la cocina, el amor...


Hay libros que son como un imán. Libros a los que sé que no debo acercarme mucho porque estaré perdida. Libros que hacen que lo deje todo para volver a acurrucarme con ellos durante horas, que se me pegan a la piel y al cerebro y al corazón y al alma y a los ojos y... Libros que se me metieron dentro en el umbral de la adultez, que es cuando los libros aprovechan tu falta de conciencia y se te cuelan hasta el tuétano, y que ahí siguen. Sólo tengo que acercarme y ellos y yo somos como esas gotas de lluvia pegadas al cristal que saben que (sólo hace falta la gravedad y unos minutos) acabarán siendo una sola. Me pasa con 'El amante' y 'El amante de la China del Norte', de mi adoradísima Marguerite Duras; con 'El amor en los tiempos del cólera', de Gabriel García Márquez; ´con 'Cumbres borrascosas', de Emily Brontë; con 'Orgullo y prejuicio', de Jane Austen; con 'Mucho ruido y pocas nueces', de William Shakespeare... Basta acercarme sin querer a alguno de ellos y estoy perdida. Volverán a mis manos. volveré a leerlos. Se me meterán aún más dentro. Lo sé. He caído una y otra vez. Por eso los tengo lejos. En las estanterías más altas, ésas a las que sólo llego utilizando la escalera. O en las que quedan a ras de suelo, ésas a las que sólo te asomas a conciencia, cuando lo necesitas.

Y sí, también me pasa con 'Como agua para chocolate', de Laura Esquivel. Lo guardo, lo escondo, más bien, entre mis decenas de libros de cocina. En una estantería que no distingue entre recetarios, novelas, sociología, historia, viajes... Da igual la forma. Si huelen, si saben, si me hacen volar a la cocina, ése es su sitio. Y ahí está. Él, escondido. Yo, a salvo. Es el mismo ejemplar que compré siendo quinceañera, cuando comencé a componer mi pequeña biblioteca. La misma que me ha acompañado. Por ciudades y en mudanzas. Con sus naufragios, sus pérdidas y sus renuncias. Lo compré en el otoño del 94. Una edición insultantemente barata de una de esas colecciones que llenaban los quioscos en septiembre. Casi un cuarto de siglo y no he dejado de quererlo. Ni una sola de las muchas veces que lo he leído. Ni una sola de las pocas veces que he osado preparar alguna de las doce recetas que narran esta historia. La del amor prohibido entre sus protagonistas, Tita y Pedro. Pero sobre todo la pasión entre Tita y la cocina. Ésa, he aprendido con los años, es la auténtica historia de amor que hay en el libro. Me fascina la cocina. Siempre he pensado que hay algo mágico en ella. Algo que va más allá de preparar un plato. Cocinas con amor y pasión y lujuria para el hombre al que quieres y deseas. Con ilusión cuando tienes a los amigos en casa. Con cariño para la familia. Con tristeza cuando falta alguien. Preocupada si las cosas no van bien. Enfadada cuando acabas de discutir. Esas emociones son un ingrediente más. Incontrolable, a veces. Y eso es lo que ocurre en la cocina de la familia De la Garza, ésa en la que Tita, la hija pequeña, encuentra su consuelo y su vía de expresión. Condenada a permanecer soltera para cuidar de su madre, la dura Mamá Elena, hasta su muerte, sus platos son su forma de expresar sus emociones. Su amor por Pedro, que se casa con su hermana para estar cerca de ella. Su tristeza por esa boda. La pasión que se despierta en ella cuando recibe su primer ramo de rosas. La alegría por tener de nuevo en casa a su hermana Gertrudis, general del ejército revolucionario mexicano... Lo he leído un puñado de veces. Ninguna de ellas ha sido el mismo libro. Yo no era la misma mujer, supongo. Ayer volví a caer. Ponía orden en la estantería de los libros de cocina y, al dar con él, entre 'Afrodita', de Isabel Allende, y 'Ároma árabe', de Salah Jamal, no pude resistirme. Acabamos enredados de nuevo.

"Lo malo de llorar cuando uno pica cebolla no es el simple hecho de llorar, sino que a veces uno empieza, como quien dice, se pica, y ya no puede parar. No sé si a ustedes les ha pasado pero a mí la mera verdad sí. Infinidad de veces. Mamá decía que era porque yo soy igual de sensible a la cebolla que Tita, mi tía abuela".

Título: 'Como agua para chocolate'
Autora: Laura Esquivel
Editorial: Salvat
Páginas: 220
Precio: 195 pesetas
Procedencia: comprado

jueves, 6 de julio de 2017

'Una vida mejor', Gavalda, ¿pero qué has hecho?


Me gustaría poder borrar ahora mismo de mi cabeza 'Una vida mejor', de Anna Gavalda ('Una vida millor', lo leí en catalán), olvidarme de él y recuperar el recuerdo que tenía de su literatura. Con las sensaciones que me habían dejado 'Juntos, nada más' (ese ejemplar que ya no está en mi biblioteca y que acabó en manos de la misma persona con la que una noche leí 'La sal de la vida') y, sobre todo, 'El consuelo', esa historia que es un auténtico caramelo. Ahí me tendría que haber quedado. Pero no. Leí 'Una vida mejor' y ya no hay vuelta atrás. Porque no lo entiendo. No entiendo qué ha hecho la escritora en este libro. No hay en él nada de lo que me encantó en los otros tres. No hay una buena historia, empadada de esa alegre melancolía, ese tono que tan bien se le da. No está especialmente bien escrito. Y no me ha caído bien ninguno de los personajes. De ninguna de las dos historias.

Sí, porque se supone que 'Una vida mejor' cuenta dos historias: la de Mathilde y la de Yann. Pero, sinceramente, se podría haber ahorrado la segunda y acabar en condiciones la primera. Mathilde es una descerebrada que se pasa con la bebida y con la fiesta, que comparte piso con dos gemelas pijas y un poco aguafiestas (los extremos, vaya) y que un día pierde el bolso, en el que lleva 10.000 euros que le han dado las hermanas para una reforma del piso. A raíz de esa pérdida conoce a un hombre bastante feo, poco hablador, que se viste fatal y al que no le pilla el sentido del humor y, milagros de la literatura, decide perseguirle por toda la ciudad (¿a un hombre con el que no compartes sentido del humor? ¿estamos locos? ¡si no te hace reír, si no le haces reír, si no os reís de las mismas cosas eso no va a ningún lado!). El caso es que las páginas se acaban sin que acabe la historia, momento en el que empieza otra historia, la de Yann, al que el mueble de una mudanza impide que pueda subir a su casa y eso hace que se replantee su vida. Sinceramente, no he prestado mucha atención a las páginas de Yann, esperaba que en algún momento enganchara con la historia de Mathilde, que quería saber cómo acababa, pero no. En Yann no hay nada de Mathilde. La verdad es que he acabado el libro con la misma sensación con la que acabé 'La vida de los elfos', de Muriel Barbery después de 'La elegancia del erizo', sensación de tiempo perdido y pensando ¿qué has hecho Gavalda? , ¡con lo que me gustabas...!

"Un café cerca del Arco de Triunfo. Me siento casi siempre en el mismo sitio: al fondo a la izquierda, detrás de la barra. No leo, no me muevo, no consulto el móvil, sólo espero a alguien. Espero a alguien que no vendrá y, como me aburro, miro caer la noche sobre L’Escale de la place de l’Étoile. Últimos compañeros de trabajo, últimas copas, últimos chistes malos, calma chicha durante cerca de una hora y París se despereza por fin..."

Título: 'Una vida mejor' / 'Una vida millor'
Autora: Anna Gavalda
Traducción: Isabel González-Gallarza / Ferran Ràfols
Editorial: Seix Barral / Edicions62
Páginas: 256 / 256
Precio: 18€ / 18€
Procedencia: préstamo Marian

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