lunes, 15 de julio de 2019

'Hotel silencio'


'Hotel Silencio', Audur Ava Ólafsdóttir (Alfaguara) | @martatorresmol

A veces, saltar de la sartén para aterrizar a las brasas es, en el fondo, confiar en convertirse en un ave fénix. Aunque sea en lo más profundo de uno mismo. Aunque quien da ese salto no sea consciente de ello. Y eso es, exactamente, lo que le pasa al protagonista de ‘Hotel silencio’, la última novela de Audur Ava Ólaffsdótir. Es de esos libros que te despistan al principio, que a medio camino intuyes hacia dónde van y que cierras con una sonrisa que sabes que no abandonará tu cara en un tiempo. Igual no soy muy objetiva. Le tengo cariño a la autora islandesa. Ella estuvo ahí en el inicio de algo muy bonito de lo que, aunque al final no salió bien, tengo buen recuerdo. Triste, melancólico, pero bueno.

Hay algo, bueno, hay mucho, en verdad, de cuento en esta historia que se lee de una sentada. El entorno (...en un país muy lejano...), el viaje que es algo más que un viaje, un elemento casi mágico (...esa caja de herramientas...), el héroe que no busca serlo, el mal... Y eso que al principio despista. Porque el inicio de 'Hotel Silencio' tiene el tono intimista que tan bien le conocemos a la islandesa. Un hombre, Jónas, cuyo mundo parece desmoronarse. Su mujer le ha dejado. La demencia de su madre parece haberse calzado las botas de siete leguas. Su hija no es su hija. El suicidio le pone ojitos, pero a Jónas le horroriza que su nohija, a la que adora, sea quien lo encuentra sin vida. Y con un trauma de por vida. Y entonces llega el giro de 180 grados de Ólafsdóttir que no esperas: se marcha a un país lejano completamente devastado por la guerra. Sólo billete de ida. Allí, cuando cumpla su objetivo, eso si una mina antipersona no lo mata antes, lo encontrará un extraño cuyo trauma, si es que lo tiene después de todo lo que ha visto en la guerra, le preocupa bien poco. Pero claro, ése es su plan, que se desbarata en el momento en el que pisa el que había planificado como último destino. Y es ahí, en ese momento, cuando el libro realmente despega. A partir de esa página no puedes dejar de leer. Imaginas, intuyes, el final. Pero no puedes parar. Porque ahí empieza ese tono de cuento que te hace pensar que todo saldrá bien. Había una vez, en un país muy muy lejano, un hombre con una caja de herramientas...".


"Sé que desnudo tengo un aspecto ridículo, pero me da lo mismo y me quito la ropa igualmente. Empiezo por los pantalones y los calcetines, después me desabrocho la camisa y dejo asomar la ninfea blanca sobre la piel rosada, en el lado izquierdo del torso, a medio cuchillo de distancia del músculo proteico que bombea ocho mil litros de sangre al día. Finalmente me quito los calzoncillos -procedo en ese orden-. No tardo nada. Entonces me quedo ahí de pie, sobre el parqué, completamente desnudo frente a la mujer".

Título: 'Hotel silencio'
Autora: Audur Ava Ólafsdóttir
Traductor: Fabio Teixidó
Editorial: Alfaguara
Páginas: 184
Precio: 18,90€
Procedencia: Bookish

lunes, 8 de julio de 2019

'La gatera'


'La gatera', Muriel Villanueva (Navona) | @martatorresmol

Este libro es un sueño. Bueno, como un sueño. Acabas de leerlo y no sabes muy bien qué ha sido verdad y qué no. 'La gatera', de Muriel Villanueva, es la historia de un piso. O de un gato. O una historia de amor. O de locura. O de una pérdida. Es la historia de Raquel, una joven que hereda de unos familiares dos pisos, uno junto al otro, separados apenas por el descansillo, y decide abandonar su vida en el pueblo para mudarse a la ciudad, a uno de esos pisos, y hacer todo aquello que decidió no hacer para dejar sola a su abuela, la mujer que, tras un desgraciado accidente, la cría. La abuela ya no está. No le queda nadie. Y así empieza el libro, con Raquel subiendo con su mochila la escalera de sus nuevas propiedades. En uno vivirá. El otro, pretende alquilarlo por un precio moderado. Lo que no se esperaba es que los pisos vinieran con inquilino. O con fantasma. Un gato que ronda por ellos y para el que decide abrir una gatera en la pared que los separa.

Ahí, en esa primera subida de escaleras empieza el sueño. Una historia dura, pero contada con ternura, en la que, poco a poco, iremos descubriendo la desgracia de Raquel, los monstruos que la rondan y que quién sabe si se han adueñado ya de ella. Vive sola, va a la universidad, se tropieza constantemente con un artista que le parece muy guapo, conoce a Arnau, se enamora, la novia del artista aporrea su puerta, Raquel tiene secretos, no recuerda algunas cosas, parece no ser ella... Esa ternura con la que había comenzado la historia se diluye (también se pierde, dicho sea de paso, la edición, ya que en los últimos capítulos hay algunas faltas y letras bailonas) al mismo ritmo que se pierde la cordura de la protagonista y crece y crece, sin mesura, la gatera para ese gato que viene y va.

"Entré en el portal con una sola mochila que pesaba como un muerto. Detrás de mí, la cuadrícula del barrio Ampliación, mareada de nubes, y una puerta pesada, de hierro pintado de negro y cristales limpios. Delante de mí, una alfombra larga y roja cortando en dos el amplio espacio blanco, una portera barriendo a la derecha y, al fondo, una escalera de aquellas de mármol con los escalones desgastados como charcos que se han secado al sol. Que empiezan vastas pero que en cuanto subes se van haciendo estrechas porque los techos son la hostia de altos y el cuadrado por donde trepa la escalera también es amplio y pretencioso pero la escalera chano chano para arriba para arriba arrimada a la pared, erosionada y callada, vacía".

Título: 'La gatera'
Autora: Muriel Villanueva
Editorial: Navona 
Páginas: 208
Precio: 20€
Procedencia: biblioteca mamá

domingo, 30 de junio de 2019

José Luis Angulo: "Voldemort es uno de los personajes más malvados que he doblado"



José Luis Angulo, doblador de Voldemort | Sergio G. Cañizares

A José Luis Angulo no le conocen por su cara. Pero sí por su voz. Suya es la que en España han tenido Gargamel de 'Los pitufos', el gato Isidoro y el popular Michael Knight de 'El coche fantástico', interpretado por David Hasselhoff, de quien es voz habitual. También ha doblado a Jean Claude van Damme, Bill Nighy o Samuel L. Jackson, así como al temible Lord Voldemort, a quien da vida Ralph Fiennes, en las películas de Harry Potter, un trabajo sobre el que habló a los asistentes a las últimas jornadas del niño mago organizadas por la asociación Dracs d'Eivissa.

Marta Torres Molina | Diario de Ibiza
¿Es fan de Harry Potter?
¡Claro que sí!

¿Y es de Slytherin?
En la película sí, pero unas niñas me han dicho que no podía serlo con esa maldad...

¿Lord Voldemort es el personaje más malo que ha doblado?
Uno de los más perversos y malvados, sí. Me encantan este tipo de personajes porque se prestan a cambiar la voz. Me atraen mucho. Cuando era joven siempre me daban galanes buenazos, ahora me encanta poner voz de malo.

Con Voldemort se habrá puesto las botas cambiando de voz: de un ser débil que no puede ni hablar a toda una fuerza del mal.
Exacto, eso me supuso poner un tipo de voz diferente en cada película porque el personaje iba evolucionando. En una tenía que poner ese tono que todo el mundo conoce: «¡Haaaarry Potter!» [pone la voz] Y en otras susurrar más. Me supuso un estudio del personaje a lo largo de la saga. Durante el doblaje tenía al lado a un supervisor, el de la saga en Italia y Francia, que me iba marcando un poco.

Veía las películas antes que nadie. ¿Su entorno no le preguntaba por los detalles?
Aunque lo hubieran hecho no podría haber respondido. En algunas películas, como ésta, no podemos dar ninguna información. Me sorprendo cuando algún compañero pone en sus redes sociales que está doblando a tal o cual personaje. Hay cosas que no se deberían decir.

¿Hay que ser muy fiel a la voz original?
Como director procuro que sea así. No somos ellos, pero procuro que el margen de voz sea lo más parecido posible. Hay actores que tienen una voz asociada hace mucho e igual no se parece tanto, pero sí la personalidad. Cuando me llega una película procuro buscar la voz más parecida y, si en ella aparece, por ejemplo, Harrison Ford, siempre llamo a Salvador Vidal, el actor que suele doblarlo. Procuro ser muy fiel y, si tiene una característica especial, intento marcarla. El original te da muchas pistas.

¿Cuando le propusieron ser la voz de Voldemort era consciente de la dimensión de la saga?
No. Cuando dirijo un doblaje intento repartirme cosas muy pequeñas o ninguna. Para estar pendiente de la dirección. Pedí a unos compañeros que hicieran pruebas para Voldemort. Yo les daba indicaciones. Le pregunté al supervisor a quién elegía para el doblaje y me contestó: «Lo tengo muy claro, vas a hacerlo tú». No era consciente de la dimensión que tendría el personaje. Los importantes eran Harry, Hermione... Además, si te fijas, en las películas hablan mucho de él, pero no tenía mucha presencia. En las películas, Harry igual tenía 100 tapes y Voldemort, 20.

¿Con algún otro personaje se había visto rodeado de niños pidiéndole que les haga la voz?
Me sorprendió Sant Antoni. Había niños que me pedían que les dijera algo con la voz de Voldemort. Les preguntaba cómo se llamaban y les repetía su nombre con la voz de Voldemort. Flipan. Y a mí me encanta. Los alumnos de doblaje me dicen que me imitan a mí. Jamás había pensado que este personaje fuera tan importante como para que me imitaran. Es como cuando alguien imita a Ricardo Solans, que dobla a Sylvester Stallone. Le imitan a él, no a Stallone. Pues a mí me está pasando lo mismo con Voldemort y no doy crédito.

Dice que le gustan los personajes malvados, es lo que dicen siempre los actores.
Hacer un galán requiere, casi siempre, la misma fórmula: hablar con tu voz, interpretando, pero con tu voz. Un personaje un poco malo tiene un sarcasmo o una doble intención muy interesante. También me divierte hacer personajes cómicos, como Gargamel, de 'Los pitufos', o Estoico el Vasto, de 'Cómo entrenar a tu dragón'. Los personajes con un poco de trasfondo son muy interesantes porque una sola frase puede indicar muchas cosas cuando la dices como debes.

¿Cada vez le damos menos importancia a la voz?
Ahora es diferente, es cierto. No buscas una voz bonita, sino que se pegue a la original. Cuando empecé había actores que no tenían una voz bonita, pero aquí, si era un hombre o una mujer guapa, se buscaba una que lo fuera. Decían que debía tener voz de rubia. O de rubio.

¿Voz de rubia?
Sí, una voz preciosa. Aunque el original no la tuviera. Ahora no, es más real. A mí me decían que tenía voz de rubio y, al principio, no sabía qué significaba. ¡Cómo han cambiado las cosas! Ahora ya no se habla de voces de rubia o de morena.

¿Cómo era la voz de morena?
Pues, si hablamos de una mujer, más grave, más dura. La de rubia era como de ingenua.

El actor tiene el cuerpo, la voz y la mirada, pero el de doblaje sólo la voz. ¿Cómo se hace para conseguir lo mismo?
Cuando alguien viene al estudio siempre le explico que verá dos doblajes de otra forma. Es sorprendente. Dirigí 'Banderas de nuestros padres', y los actores de doblaje gritaban: «¡Vamos! ¡Adelante! ¡Desembarcad!». Ellos están logrando lo mismo que los actores del desembarco, pero quietos ante un atril. Yo necesito concentrarme antes, pero hay actores que logran el tono correcto aunque hace un minuto estuvieran hablando de fútbol con un compañero. Los admiro. No entiendo cómo lo consiguen. Es de aplauso.

Hablando de fútbol con un compañero o entretenidos con el móvil.
¡El móvil! Cuando dirijo un doblaje, permito que lo tengan aunque en la sala pone que no se puede. Los actores trabajan a través del móvil, y si van a estar tres horas encerrados grabando se lo dejo coger porque lo necesitan. A veces un estudio te dice que les llames inmediatamente. Ahora todo es «hay que entregar ya». Me refiero a las series. Con tantas plataformas y series te mandan un capítulo el lunes y te dicen que lo emiten el miércoles. Tienes que traducirlo, llamar a los actores, mezclarlo... Todo es inmediatez. A veces, les tomo el pelo a los de producción y les digo que como no pueden entregar el capítulo, que se entreguen ellos.

Con el boom de las series harán falta muchos actores de doblaje, ¿no?
Sí, pero eso tiene una doble cara.

¿Perdón?
Como hay que hacerlo todo tan rápido, se tira de los actores de doblaje de siempre. Una de las críticas que se hacen a las series es que se oyen siempre las mismas voces. ¿Por qué? Pues porque hay actores que tienen tanta práctica que son capaces de, en muy poco tiempo, hacer muchas piezas. Y muy bien. Un actor nuevo necesita mucho más tiempo para el mismo trabajo, así que como para las series hay que correr mucho, a no ser que el nuevo tenga práctica, que es difícil porque no ha dado tiempo, pues no se les suele llamar. Yo, lo que hago, es llamar a estos actores para las películas de cine. Ahí me puedo permitir el lujo de, si no sale a la primera, indicarles y repetir, que vayan cogiendo práctica. En una serie entiendo que mis compañeros directores llamen a los de siempre porque lo resuelven en un momento y los estudios exigen inmediatez.

¿No se les mezclan las voces en la cabeza?
Las tengo en la cabeza. Otras cosas de la vida real se me olvidan, pero cuando hago un reparto me van viniendo a la cabeza las voces de actrices o actores. Así como avanzo en los diálogos voy cambiando. Me vienen a la mente los nombres. No se me olvidan. Eso sí, cuando termino una película, la olvido. En Sant Antoni me preguntaban cosas sobre las cintas de Harry Potter y no podía contestar porque se me ha olvidado. Eso me lo decía un actor antiguo, Félix Acaso, ya fallecido, que los actores teníamos memoria de inmediatez. Lo compruebo todos los días. Actores que están haciendo un personaje y a los que, cuando les hago firmar la hoja al acabar el doblaje, me preguntan cómo se llamaba su personaje.

Si las voces no se le van de la cabeza, ¿le puedo pedir que me ponga la voz de Gargamel? ¿O la de David Hasselhoff?
¡Claro! [Dice «Seguid así, queridos pitufos» con la voz de Gargamel y, acto seguido, la emblemática frase «Kit, te necesito» de David Hasselhoff en 'El coche fantástico']. Eso no se olvida. Y cuando llega una temporada nueva, suponiendo que sea un personaje de una serie, también la recuerdas. ¿Sabes cuándo no me acuerdo de la voz?

¿Cuándo?
Cuando el personaje tiene una voz extraña. Pasado un año o, incluso, dos llega la siguiente temporada y no recuerdo qué voz le ponía. Quien tiene eso más claro no soy yo sino el técnico de sonido que me dice: «Angulo, ésta es la voz, no te compliques más». Las voces muy marcadas, como las de Lord Voldemort o Gargamel no se olvidan tan fácil.

Yendo por la calle, ¿le han reconocido por la voz?
Sí, muchas veces. En los taxis, sobre todo. Cuando le doy la dirección a los taxistas me preguntan si me dedico al doblaje. Siempre me sorprende. Hace poco me ocurrió también en una librería. Simplemente le pregunté a la librera si podía pagar con tarjeta y al traerme el datáfono me dijo si era doblador. No sé si me reconocen por la voz, no lo creo, tengo la sensación de que es más por la forma de hablar.

Igual es que, en general, hablamos muy mal.
Sí, eso es lo que creo, que me llevo la forma de hablar del trabajo a la vida real. Si no es así, no lo entiendo porque no es que salga a todas horas en la televisión. La gente tiene un oído impresionante, eso sí, pero creo que es por la forma de hablar, no por la voz propiamente dicha.

¿Cuáles han sido sus últimos proyectos?
Terminé la película 'Detective Pikachu', en la que tuve que hacer unos cambios de texto para que las voces coincidieran con los subtítulos, para que no hubiera muchas diferencias entre el texto y la voz. Y también 'The Rocketman' el biopic de Elton John. Trabajamos con mucha inmediatez. Cada vez tienes que trabajar com menos tiempo. Rodajes como los de las películas de Harry Potter duraban mes y medio. Eso, ahora, sería sorprendente. Incluso los supervisores, cuando los hay, cada vez más te relacionas con ellos a través de Skype. Hace poco también se estrenó 'El parque mágico', con Sílvia Abril y Andreu Buenafuente y 'Cómo entrenar a tu dragón 3' con Melendi.

Cuando en un doblaje se meten cantantes o humoristas, ¿hay que enseñarles antes de rodar?
Mira, hicimos 'Cavernícola' con Chenoa y ponía mucho interés. Al tiempo me la encontré en el estudio porque estaba en otro doblaje y al verme gritó: «¡Mi maestro!». Me hizo ilusión. Con Sílvia Abril no hubo problemas porque lo hacía muy bien y en el caso de Melendi, que es cantante, tiene el ritmo. Si no logran el tono adecuado, me pongo a su lado y les indico. Incluso les hago las voces para que las imiten. Melendi, por ejemplo, me preguntaba cómo lo haría yo y luego él lo repetía. Salió en 'El Hormiguero' y cuando Pablo Motos le preguntó cómo lo había hecho explicó que yo le había ayudado. Le agradecí la mención. Tengo mucha paciencia, no me preocupa que alguien no haya hecho nunca doblaje, ya me encargo de que parezca que lo ha hecho toda su vida.

Antes me he quedado con lo de los cambios. ¿No es más fácil cambiar los subtítulos que repetir el doblaje?
A mí, eso, también me sorprende. No sé por qué es así. Si algún día me lo explican prometo llamarte y darte la respuesta.

¿A cuál de sus personajes les tiene más cariño?
Pues le tengo cariño, por lo que supuso, lo divertido que fue y el éxito que tuvo, a 'Isidoro, el gato'. Dirigía el doblaje e interpretaba al gato. Hacía una voz extraña que se parecía un poco a la de Gargamel. Tuvo tantísimo éxito... Los coches llevaban muñecos de Isidoro. Le tengo mucho cariño. También a Michael Knight de 'El coche fantástico', pero si tengo que elegir uno, me quedo con el gato Isidoro.

jueves, 27 de junio de 2019

'La hija de la española'


'La hija de la española', Karina Sainz Borgo (Lumen) | @martatorresmol

¡El horror! ¡El horror! no se encuentra, sólo, en los meandros más oscuros del río Congo. Puede estar a tu lado. Ser tu realidad. Esperarte a la vuelta de la esquina, en tu propio hogar, en un país que se va desmoronando y en el que los unos y los otros toman las calles y convierten a cualquiera en el enemigo. Da igual de qué lado estés. Da igual si ni siquiera tienes un bando. O si has decidido que tu bando sois únicamente tú y los tuyos, los pocos que aún te quedan. Estás ahí. Y no hay vía de escape. ¡El horror! ¡El horror! puede ser una señora con chancletas que te quita lo poco que aún te queda. Tus escasos tesoros. Aquello que, poco a poco, ha hecho de ti quien eres. ¡El horror! ¡El horror! es, sin duda, tener que dejarte a ti misma atrás, casi olvidarte, para sobrevivir. Una mariposa obligada a meterse en un capullo varias tallas más grande. Una metamorfosis tan dolorosa como necesaria.

Eso es lo que le pasa a Adelaida Falcón, la protagonista de 'La hija de la española', de la periodista Karina Sainz Borgo. En las páginas ella no lo dice explícitamente, pero la pesadilla que estremece a Adelaida, obligándola a tomar decisiones que a ella misma aterran y repugnan (ese cadáver cayendo por el balcón...), sucede en Venezuela. Su Venezuela. Ese país que, quienes la seguimos y la leemos, sabemos que le duele. Es Venezuela, pero podría ser cualquier país en descomposición, putrefacto, maloliente, con conflictos en las calles, supermercados vacíos y en el que las compresas son un lujo y enterrar a tus muertos una odisea. Desde la primera frase ("Enterramos a mi madre con sus cosas...") Adelaida te tiene con el estómago en un puño y el corazón lleno de polillas. Sufres. Te asustas. Te enfadas. Tomas decisiones que no querrías. Lloras. Vives a oscuras. En silencio. Se te rompe el alma cuando ves tus libros convertidos en munición de no sabes muy bien qué guerra, tu loza estallar en pedazos y las lentejuelas de la blusa de tu madre resbalar hasta el suelo, alejándose de un cuerpo que nunca debió lucirlas, escapando, como tú. Como Adelaida Falcón, un personaje que se te pega a la piel

¡El horror! ¡El horror! es tener que huir. De tu hogar. De los tuyos. De tus recuerdos. De lo que fuiste. De ti.

"Enterramos a mi madre con sus cosas: el vestido azul, los zapatos negros sin cuñas y las gafas multifocales. No podíamos despedirnos de otra manera. No podíamos borrar de su gesto aquellas prendas. Habría sido como devolverla incompleta a la tierra. Lo sepultamos todo, porque después de su muerte ya no nos quedaba nada. Ni siquiera nos teníamos la una a la otra. Aquel día caímos abatidas por el cansancio. Ella en su caja de madera; yo en la silla sin reposabrazos de una capilla ruinosa, la única disponible de las cinco o seis que busqué para hacer el velatorio y que pude contratar solo por tres horas. Más que funerarias, la ciudad tenía hornos. La gente entraba y salía de ellas como los panes que escaseaban en los anaqueles y llovían duros sobre nuestra memoria con el recuerdo del hambre".

Título: 'La hija de la española'
Autora: Karina Sainz Borgo
Editorial: Lumen
Páginas: 200
Precio: 18,90€
Procedencia: regalo Sant Jordi

lunes, 24 de junio de 2019

'La señora Harris en Nueva York'


'La señora Harris en Nueva York', Paul Gallico (Alba) | @martatorresmol

Era inevitable. Enamorada de la entrañable señora Harris tras conocerla en 'Flores para la señora Harris', no podía no leer su nueva aventura: 'La señora Harris en Nueva York'. En ella, su autor, el periodista Paul Gallico, la mete en otro buen berenjenal. Allende los mares, como ya se deduce en el título. Y enredando en ella, de pleno, a su amiga del alma, la señora Butterfield, a la que el ímpetu y las buenas intenciones llevadas al extremo de su amiga a punto están de costarle la salud, pobrecita mía. Para quienes no conozcan (o no tengan la memoria muy fresca) a la protagonista, recapitulemos. La señora Harris es una señora de la limpieza londinense. Pero de las buenas. Ella es muy humilde, pero muy íntegra. Y aunque su economía no le permita más capricho que alguna pinta en el pub con su inseparable compañera de fatigas y un sombrero de rebajas y pasado de moda de vez en cuando no tiene problemas en despedirse cuando alguno de sus adinerados clientes (muchos viven en Belgravia, nada menos) hace algo que no le parece bien. A la señora Harris la envuelve un halo de bondad y encanto que la saca de todos los fregados, que no son pocos, en los que se mete.

Ese encanto con el que conquistó a quienes leímos su aventura en París sigue intacto en esta segunda entrega en la que su buen corazón al borde la pone de la prisión en más de una ocasión. El deseo de la querida limpiadora no es, aquí, conseguir un vestido de Dior sino encontrar al padre del pequeño Henry, el niño que vive con sus vecinos. Abandonado por su padre, combatiente estadounidense, primero, y por su madre, una madre soltera sin recursos, después, el pequeño soporta palizas, insultos y falta de comida. Así que la señora Harris, harta de escuchar las vejaciones que sufre el pequeño, urde todo un plan para llevárselo de extranjis a Estados Unidos donde, está convencida, no será muy complicado encontrar a su padre. Así, los tres (Henry, la señora Harris y la sufrida señora Butterfield), acaban embarcados en un transatlántico, enrolando para su misión al embajador de Francia en Estados Unidos, recorriendo varios estados en busca del padre del niño, montando en Rolls Royce, comiendo helado, metiéndose en los barrios más conflictivos de Nueva York... Y, aunque desde el principio, a poco que se conozca a Gallico, una ya se hace una idea muy aproximada de cómo se resolverá todo, leer las aventuras de la señora Harris es siempre una delicia. Una lectura adorable.

"En el fondo de su corazón, la señora Harris sabía muy bien que, para ella, un viaje a Estados Unidos era tan improbable como uno a la luna. Era verdad que había llegado a cruzar el canal de la Mancha, y que gracias a los aviones el océano Atlántico sólo era una masa de agua que se podía sobrevolar a toda velocidad, pero las consideraciones prácticas de los gastos, la manutención, etcétera, hacían que un viaje así le resultara inalcanzable. Había conseguido ir a París y materializar su sueño después de dos años de ahorros y economías, pero ese esfuerzo había sido de los que se hacen una vez en la vida. Ahora era mayor y consciente de que ya no se veía capaz de intentar reunir la cantidad necesaria de libras para financiar semejante expedición".

Título: 'La señora Harris en Nueva York'
Autor: Paul Gallico
Traductor: Ismael Attrache
Editorial: Alba
Colección: Rara Avis
Páginas: 232
Precio: 16
Procedencia: comprado

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...