lunes, 6 de agosto de 2018

'Los perros duros no bailan': Mina lee a Negro


'Los perros duros no bailan'  @martatorresmol

Creo que mi humana no se ha dado cuenta. No la he visto aguzar las orejas. Coco, el caniche listillo que vive detrás del campo de fútbol, dice que las personas no lo hacen, pero la mía sí. Yo la he visto. Pero esta vez no. No tendría motivo. En realidad, estas dos noches no he hecho nada diferente de lo que hago cada final del día: pegarme a ella en la cama mientras lee. Es uno de nuestros momentos del día, como correr por la playa al amanecer, jugar con la cuerda o compartir el desayuno. Ella lee, tumbada boca abajo, y yo me estiro a su lado, haciéndole cosquillas en las pantorrillas con la cola. La trufa, siempre cerca del libro. Se lo vi hacer a ella al poco de adoptarla (los humanos se creen que nos adoptan, pero siempre ha sido al revés). Yo no había olido un libro en mi vida. Ahora entiendo por qué lo hace. Cada uno huele diferente. Algunos a mar. A casa cerrada. A verano. A bosque. A buhardilla en días de lluvia. Éste... Éste olía a perro. A perros. A sangre. A sudor. Así que me he pasado dos noches acercando mucho la trufa a las páginas de 'Los perros duros no bailan', de un bípedo que se llama Arturo Pérez-Reverte.

Menos mal que a mi humana no le dio mucho tiempo a leerlo fuera de casa, lo ha leído casi entero de noche, en la cama, en dos tirones. La rabia (no de la canina) que me hubiera dado perderme algo. Se lo metía por la mañana en el bolso y me pasaba el día sufriendo. ¡El alivio que sentí las dos noches al ver que seguía por donde lo habíamos dejado! La aventura de Negro, Teo y Boris el Guapo, me tenía completamente atrapada. No quiero ni imaginar que alguno de los de la pandilla pudiéramos acabar así, separados de nuestros humanos, en jaulas inmundas y muertos de miedo. O muertos, simplemente. Obligados a enfrentarnos hasta la muerte. Desangrados mientras los billetes de unos desalmados pasan de mano en mano. Porque eso es lo que les pasa a Teo y a Boris... Bueno... A Boris no eso exactamente. Los guapos, incluso si son perros, tienen otros infiernos. Porque de eso va, al fin y al cabo, esta apasionante historia. De infiernos. Y de libertades. Porque para Teo la libertad no es lo mismo que para Negro. Y de la lealtad. Entre amigos. Entre perros. Entre humanos y perros. Y de cómo a veces hay que hacer lo que hay que hacer, incluso sabiendo que esa decisión, que es la única posible, te perseguirá hasta que la palmes. Mordiéndote. Cruel. Fiera. Por muy bregado que estés. Aunque seas como Negro, un mestizo con un oscuro pasado y la piel llena de cicatrices. Aún no me he podido quitar su olor de mi trufa. Y llevamos ya algunas noches. Y dos libros más. Ninguno de ellos, por desgracia, huele a perro. A sudor. O a sangre.

"Mi amo creía que peleaba por él, pero se equivocaba. Siempre peleé por mí. Debido a mi raza y a mi carácter, soy un luchador nato: en aquel tiempo pesaba cincuenta kilos, medía setenta y cuatro centímetros de las patas a la cruz y poseía una boca con fuertes colmillos en la que habría cabido la cabeza de un niño. Nací mestizo, cruce de mastín español y fila brasileño. Cuando cachorro tuve uno de esos nombres tiernos y ridículos que se les ponen a los perrillos recién nacidos, pero desde aquello pasó demasiado tiempo. Lo he olvidado. Hace mucho que todos me llaman Negro."

Título: 'Los perros duros no bailan'
Autor: Arturo Pérez-Reverte
Editorial: Alfaguara
Páginas: 168
Precio: 16,90€
Procedencia: regalo de Sant Jordi

12 comentarios:

  1. Pues fíjate que llevo viendo el libro pasar de mano en mano por la biblioteca un tiempecito ya, pero como más o menos se de los que va y a mí el tema de "sufrimiento perruno o gatuno" me toca muy dentro, pues lo he ido dejando de lado, aunque igual en algún momento me da y lo pillo. Es curioso que me gustan los libros duros, a veces incluso macabros, pero si hay animales de por medio, no se porqué pero me produce sufrimiento
    En fin, una es como es...
    Besos

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    1. Marian, se sufre. Hay momentos muy crudos. Y eso hablando sólo de lo explícito, porque si nos ponemos a pensar en todo lo que hay detrás (abandono, malos tratos...) entonces ya nos venimos abajo. Pero también tiene cosas buenas y divertidas, como la camaradería y la amistad.

      Besines.

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  2. Me encanta tu reseña, pero el libro no me gustó demasiado. Mucho sufrimiento y el acento argentino no me gusta nada en escritos propios de otras lenguas.
    Besos

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    1. Marga, yo lo disfruté. Lo leí en nada, como si fuera un relato largo.

      Besines.

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  3. Qué reseña más chula, Mina. Se nota que has tenido buena maestra.
    El libro en cambio no es para mí. Los perros me dan miedo, y además pinta muy cruel. Lo de las peleas creo que no lo iba a llevbar, solo pensarlo se me ponen los pelos de punta.
    Ven a vernos más a menudo.
    Besos Dorothy Balto

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    1. Norah, para disfrutar el libro es necesario empatizar con los perros. Y sí, hay momentos muy crudos. Hay uno, en especial, que no consigo quitarme de la cabeza por lo duro que es. No es para ti, sin duda.

      Un besote.
      (Y un lametón).

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  4. Ojú, ¿a que me vas a reconciliar con Reverte? Jejeje. Magnífica reseña. Me ha gustado muchísimo y me has tentado un montón. Besos

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    1. Marisa, si te gustan los perros, te gustará. Es un ejercicio curioso y, sinceramente, muy visual. Ahora mismo tengo la sensación de haber visto una película y no de haber leído un libro.

      Un besote.

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  5. Que no, que estoy disgustada con Reverte, que ha abandonado a Alatriste... Pero si me lo cuentas así, me haces hasta dudar...
    Besotes!!!

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    1. Margari... Es verdad, ha cambiado a nuestro espadachín de ojos glaucos por un canalla con sombrero. Se lee bien rápido esta historia, es casi como un relato largo.

      Besos.

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  6. Tu reseña es muy buena, pero ni con esas voy a leer a Pérez Reverte. Lo tengo atragantado, como ya te lo he dicho en otras ocasiones
    Besotes

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    1. Sorokin, respeto las filias y fobias de cada uno. Yo también tengo las mías. De todas formas, creo que 'Hombres buenos' te encantaría. Ahí lo dejo...

      Besines.

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