lunes, 29 de junio de 2015

'Lo que encontré bajo el sofá', secretos entretejidos hasta el nudo

Hay libros que salvan tardes duras de semanas duras en meses duros. Libros que te atrapan desde la primera frase y que no te sueltan hasta el último punto. Esas horas abducida, esas horas en las que algo consigue callar los pensamientos, son la vida. Y eso es lo que me ha pasado con 'Lo que encontré bajo el sofá', de Eloy Moreno. Hacía varias visitas a la biblioteca que me ponía ojitos. Pero me resistía. Ya sabéis que los libros sobre los que habla (o ha hablado) todo el mundo me echan un poco para atrás. Me ha gustado. Mucho. Sobre todo la manera en la que está escrito, la estructura. Me encanta cuando historias diferentes se van entretejiendo de tal manera que, al final, acaban formando un nudo que es imposible deshacer por más vueltas que le des. Y me gustan los personajes, tan reales que creerías si te dijeran que son tu vecina del quinto, la profesora de la hija de una de tus amigas o el señor que te sirve cada día los cafés en el bar. Creo que eso, además de la conexión son la situación económica y social actual del país, son los grandes aciertos de esta novela ambientada en un Toledo al que es inevitable no querer volver. 'Lo que encontré bajo el sofá' es un libro de secretos, de esos secretos que se guardan durante años, hasta el enquistamiento. El primero, el principal, es el de Alicia, que debe abandonar a su marido entre semana para cubrir una sustitución en un instituto en Toledo, ciudad que la seduce y en la que la envolverán otros secretos. El de su tía, la mujer que le ha abierto las puertas de su casa y que no puede evitar suspirar cada vez que se abre la puerta vecina. El de Marta, una guapísima adolescente que mirará a los ojos al abismo de un puente. El del encapuchado de negro que recorre las calles buscando dos dorazones con una fecha. Los mismos corazones que obsesionan a Alicia, que los persigue cogida de la mano de unos ojos verdes que no son los de su marido.

"Hay en Toledo una calle estrecha, torcida y oscura que guarda una casa con tres plantas y un patio interior. Un patio de donde nace una escalera rodeada de una barandilla de madera que está muerta por dentro.
Es casi la hora de cenar y un matrimonio acaba de cerrar la puerta de una pequeña habitación situada en la tercera planta. Fuera de esa misma puerta, a unos metros, un niño permanece sentado en el inicio de la escalera, a la espera de que sus padres salgan. Juega con sus pies contra el suelo mientras se asoma entre los barrotes para observar el arcoíris de macetas que adornan el suelo del patio."

Título: 'Lo que encontré bajo el sofá'
Autor: Eloy Moreno
Editorial: Espasa
Páginas: 320
Precio:19,90€

viernes, 5 de junio de 2015

'Flaó', ese postre que odias o amas

@martatorresmol

Un flechazo. Un amor eterno al primer bocado. O te vuelve loco o lo odias. El flaó es así. No admite medias tintas. Su peculiar sabor (no se parece a ningún otro postre que hayáis probado) lo convierte en único y catarlo debería ser uno de los diez mandamientos a cumplir por todo aquel que visite la isla (prometo compartirlo algún día). Por si no tenéis pensado pasaros por aquí, siempre podéis hacerlo en casa. Es mucho más sencillo de lo que parece. En mi caso, soy de las que lo adora, pero prefiero la humilde greixonera, el primer postre típico de la isla que aprendí a preparar. El flaó es intenso, contundente, con un toque fresco y un sabor imposible de olvidar.

Ingredientes para la masa:
-200 gramos de harina (que no sea de fuerza)
-un huevo
-un pellizco de sal
-30 gramos de azúcar
-ralladura de un limón
-medio vaso de aceite de oliva (se hacía con grasa de cerdo, pero yo lo prefiero con aceite)
-un chupito de anís
-una cucharadita de matalaúva

Ingredientes para el relleno:
-250 gramos de azúcar
-dos huevos enteros y cuatro yemas (intentad que sean payeses, sólo así conseguiréis ese color amarillo tan apetecible)
-300 gramos de queso fresco de burgos sin sal
-200 gramos de queso de oveja
-hierbabuena picada no muy pequeña
-ocho hojas de hierbabuena para decorar

Preparación:
-Lo primero, la masa. Trabajad en un bol grande. Untad el molde (uno de esos dentados) con un poco de aceite. ¡Ah! Poned a calentar el horno (180 grados), así cuando acabéis no tendréis que esperar.
-Batid el huevo, añadidle el azúcar, el pellizco de sal, la ralladura de limón, los granos de matalaúva y el chupito de anís. Mezcladlo todo bien y comenzad a añadir la harina y el aceite poco a poco. Cuando coja cuerpo, sacadla del bol y seguid amasando sobre la encimera. Notaréis en las manos cuando la masa está bien. No debe quedarse pegada a los dedos ni romperse. Si se os pega, le falta un pelín de harina. Si se rompe, le falta un pelín de aceite. Es sencillo.
-Estiradla con un rodillo sobre la mesa (harina abajo para que no se pegue) hasta que tenga el tamaño suficiente para cubrir el fondo y los laterales del molde. Colocadla, debe sobrar un poco. Pegadla bien a los pliegues.
-Vamos con el relleno. Batid en un bol hondo, con un tenedor, los huevos enteros y las yemas. Añadid el azúcar y mezcladlo bien. Incorporad el queso, podéis rallarlo, pero yo prefiero desmenuzarlo con las manos y luego darle un toque de batidora.
-Echad la hierbabuena y mezcladla bien con el resto del relleno. Ni se os ocurra echar mano de la batidora en este momento porque entonces os quedaría un flaó a lo Hulk, o sea, verde. Y, a no ser que sea el día de San Patricio, no es plan.
-Rellenad con esta pasta el molde y colocad encima las hojas de hierbabuena que habéis reservado. Recortad los bordes de la masa para que os quede bien bonita.
-Meted el flaó en el horno y dejadlo a 180 grados entre 40 y 50 minutos. Para saber si está hecho lo mejor es pincharlo con un palillo en el centro. Si sale seco, es que ya está.
-Dejadlo enfriar. Lo tradicional es espolvorear un poco de azúcar por encima, aunque a mí, personalmente, no me gusta hacerlo, lo prefiero sin. Pero reconozco que en eso soy una hereje.

Una curiosidad: Aunque ahora se consume todo el año, antiguamente se preparaba en Pascua, ya que es cuando mejor estaban los quesos. De hecho, en muchas de las casas era un trozo de flaó con lo que agradecían al cura que bendijera y protegiera los hogares dejando un pellizco de sal y salpicando unas gotas de agua bendita en la puerta, lo que se conoce como la salpassa,


lunes, 1 de junio de 2015

'No tengo miedo', no puedo vivir sin Ammaniti

@martatorresmol
El mundo sería un lugar peor si Niccolò Ammaniti no escribiera. Y el mundo es un lugar peor ahora que ya no me quedan más libros traducidos de Ammaniti por leer. Me sedujo con ironía y sonrisas en 'Que empiece la fiesta'. Me tocó el alma con 'Tú y yo'. Me llegó al tuétano con 'Te llevaré conmigo'. Y ha llegado a mi corazón de niña con 'No tengo miedo'. 'No tengo miedo' es una de esas novelas de niños, que te llevan a la infancia, a esos veranos con los amigos en los que las trastadas eran norma. Pero a la parte oscura. Porque Ammaniti no se iba a quedar ahí, en una historia feliz, dulce y con olor a vacaciones porque entonces no sería él. 'No tengo miedo' está plagada de zonas umbrías y tremendas que vas descubriendo página a página, con Michele, el protagonista de esta novela que si no fuera por lo turbio, con todos los niños arriba y abajo en bicicleta todo el día podría recordar a 'Verano azul'. Es en una de esas excursiones en bicicleta por los alrededores del pequeño pueblo en el que viven, en una de esas mañanas entre tierra y trigales, de bromas pesadas y pagar prendas al malote de la pandilla, cuando Michele descubre algo que no debería haber descubierto: un niño, casi de su misma edad, en el fondo de una casa abandonada y medio derrumbada. Un niño que habla de osos lavadores, que está sucio, que bebe de un cubo, se protege del frío con una manta ajada y cree que está muerto y que Michele es su ángel de la guarda. Michele no podrá olvidar a ese niño engrilletado y lo visita una y otra vez, cumpliendo una promesa que le hace cada vez que se despide de él, a pesar de que algo le dice que cada vez que lo hace pone su vida en peligro. Es su secreto. Un secreto que no se atreve siquiera a confesar a su bella madre ni a su callado padre, especialmente cuando conversaciones nocturnas en la cocina de su casa le hacen sospechar que los adultos del pueblo no son ajenos a ese niño atado de la casa abandonada. 'No tengo miedo' es hipnótica, te obliga a seguir leyendo. Te da miedo soltar el libro y que Michele siga su vida y su aventura mientras no estás. Te ata a ese pueblo caluroso y claustrofóbico en el que algo pervierte la despreocupación de la infancia. Te ata. Como todos los libros de Ammaniti.

"Iba a adelantar a Salvatore cuando oí gritar a mi hermana. Me volví y la vi desaparecer hundida en el trigo que cubría la colina. No debía llevarla conmigo, mi madre se enfadaría. Me detuve. Estaba sudando. Tomé aliento y la llamé:
-¡Maria! ¡Maria!"

Título: 'No tengo miedo'
Autor: Niccolò Ammaniti
Editorial: Anagrama
Páginas: 232
Precio: 7,90€ 

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...