martes, 29 de diciembre de 2009

Un pastel de bodas en el sitio de Leningrado

Un adolescente que no sabe lo que es el amor (físico, que no platónico) y un universitario pedante que habla de clásicos rusos sobre los que nadie ha oído una palabra son, planteados así, un dúo devastadoramente aburrido. Pasados por la mente y las teclas de David Benioff, en cambio, se convierten en una pareja apasionante. Me costará olvidar a Lev y Kolya. Se han colado en el rincón de mi memoria que sólo abre la puerta a los personajes a los que la tinta y el papel les quedan cortos. Estas hormiguitas del sitio de Leningrado asoman brazos, pies, un rizo rubio y una nariz siónica entre las páginas del libro ya cerrado. Me duelen las piernas de caminar por la nieve, tengo todavía en la nariz el olor a perro mojado de los combatientes capturados por los nazis, no me puedo quitar de la cabeza la carne colgada en el piso de los caníbales por desesperación y por más chicles que mastico la lengua me sabe a la goma de los pasteles de biblioteca. A pesar de todo. De las imágenes aterradoras. De las historias crueles. De los sabores que dejan la lengua de trapo. De los sonidos que deberían sonar en un agujero negro. A pesar de todo eso me sale media sonrisa recordando a esta extraña pareja y su extraña misión de conseguir una docena de huevos para un pastel de boda en pleno sitio de Leningrado.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Banda sonora de la escafandra

http://www.youtube.com/watch?v=cNiQ9ZuQPMI

Caótica, cínica y apocalíptica. Cierro los ojos. Cierro los oídos. En mi escafandra todo suena distorsionado excepto una canción que se repite una y otra vez. 'El último habitante del planeta', de Mastretta. La banda sonora del fin de un mundo que se aleja a la velocidad del escarabajo pelotero. Pero no pasa nada. En la escafandra nunca pasa nada.




martes, 15 de diciembre de 2009

El pasado huele a Moschino y Dior


Este mediodía, en una tienda, una mujer ha pasado a mi lado, olía a L'eau de Moschino. Mi cerebro me ha dejado sola entre mikados, teteras y mantas de sofá. Ha viajado al pasado. A una noche de San Juan en la playa, a tequilas en un balancín de flores, a un adiós que nunca oí. Al llegar a casa he buscado la botella. Estaba segura que todavía guardaba una con apenas unas gotas. Duró lo que duró la botella. Todos han tenido un olor propio. Desde los trece años. Cada ruptura u olvido me ha llevado a la perfumería en busca de otro aroma. Primero fue el chico Don Algodón, ligero y tranquilo. Después el chico Anouk, un poco más contundente, al que siguió el chico LouLou, intenso y dramático. Pasada la adolescencia llegó el hombre Eau d'Eden, clásico y profundo, al que siguieron los hombres Acqua di Gió (fresco y sin problemas), L'eau de Moschino (fugaz), Cheap and Chip (retorcido y complicado), Sicily (apabullante y trágico), Moschino Glamour (volátil), Opium (constante), Miss Dior Chérie (divertido) y Cinéma (…). Ahí me planté. No ha habido hombre Nina, colonia que continúo combinando a días con la anterior. Me sigue gustando el olor y ya no lo asocio a nadie. Hay colonias que no merecen un olvido.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

La inquietante leyenda del cómo


The Tale of How from Shy the Sun on Vimeo.

Todavía me tiembla el corazón. Hace más de una hora que he vuelto a ver este vídeo y persiste la necesidad de meterme en este mundo fantástico aunque un punto oscuro.  Se trata de 'The tale of how', el segundo corto de la 'Dodo Trilogy', de la que también forman parte 'The tale of then' y 'The tale of when'. Bello e inquietante, el corto explica, en cuatro minutos, cómo un monstruo de las profundidades acaba con sus tentáculos con la población de dodos que viven en el árbol que crece en su cabeza. Impresionantes dibujos recuerdan a los jarrones chinos, un poco al manga en algunos personajes, a los grabados del siglo XVIII y a las ilustraciones de los libros de Beatriz Potter. Lo he visto cinco o seis veces y siempre descubro algún detalle que antes se me había pasado por alto: que los dodos usan las dalias como falda, la orfebrería de las raíces del árbol alrededor de la cabeza del monstruo, una caña de pescar que en lugar de anzuelo tiene un rústico móvil... Dicho así parece muy bonito, pero una pátina negra envuelve este surrealismo atroz en el que los tentáculos abren a los pájaros como si de muñecas rusas se tratase y en el que la música, una ópera light que cuenta la historia como si la cantara una Tosca del inframundo, sólo sirve para encoger un poco más el corazón.

So they got in the ocean,
to swim far away.
The water turned red,
On that terrible day.
For Otto the monster,
how hideous the slaughter,
he picked them like fruit,
from that inky black water...

sábado, 5 de diciembre de 2009

Un cuento de hielo

Bello. Entrañable. Carcajadas internas. Una lágrima gorda y cálida cayendo por la mejilla. Precioso. Peces que hacen nudos en el agua. Whisky de muchos años. Una helada que cambia un barrio. Una pareja que sale del armario. Un policía con las dos manos enyesadas. Un niño que clama al cielo para que su familia no se desmorone. Un perro que gira sobre si mismo. Una bailarina de streaptease enamorada. Un matemático ruso que hará lo que sea por salvar sus peces de colores. Una cocinera que sólo sabe preparar carpa encebollada. Una profesora que se rompe el coxis. Una cámara escondida en un cajón. 'El frío modifica la trayectoria de los peces' (Pierre Szalowski) es ideal para estas fechas. Para recuperar, aunque sólo sea durante el tiempo que se tarda en devorar sus poco más de 200 páginas, la ilusa confianza en los humanos. Inevitable para los que cayeron rendidos con 'La elegancia del erizo' (Muriel Barbery), 'El consuelo' (Anna Gavalda), 'El curioso incidente del perro a medianoche' (Mark Haddon), 'Juntos, nada más' (Anna Gavalda), 'El ángel más tonto del mundo' (Christopher Moore) o 'Un final feliz' (Matthew Quick). Recomendable para los gruñones, cínicos o descreídos que, igual que el gigante de Wilde, esconden un gran optimista bajo la capa de polvo gris. Un cuento maravilloso cubierto de placas de hielo sobre personas que se mueven por la vida como peces en agua caliente.
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