domingo, 31 de mayo de 2009

Un paseo por 'Humboldt County'


Estos que veis en la foto son Rosie, Jack, Charity, Max, Bogart y Peter, los protagonistas de 'Humboldt County', la única película que he podido ver en el Festival Internacional de Cine de Ibiza. Tiene guasa. Te pasas todo el día en el festival y en cinco días sólo he visto una película. La única que me han permitido los maratonianos horarios del certamen. No me arrepiento. Aunque en un principio, al mirar la cartelera, era quizás la que menos me llamaba la atención, la verdad es que me encantó y desde el jueves no hago más que recomendarle a todo ser con el que me cruzo que vaya a verla al cine (cuando la estrenen) o que se la coja en DVD (si es que no llega a las salas que tengan más cerca). 'Humboldt County' es una de esas historias que te pintan una sonrisa en la cara, con la que ríes a carcajadas en algunos momentos, pero que te dejan un regusto un poco tristón en el fondo de la garganta. Empieza como una historia de amor. Pero no os dejéis engañar. A los diez minutos la chica, Bogart, desaparece con el coche y deja al protagonista, Peter, con su familia, que se dedica a criar marihuana entre rosas y secuoyas. "Me voy a casa", dice ella por la mañana. "Me voy contigo", responde él. "¿Estás seguro?", le insiste ella. Y se montan en el coche. Lo que Peter no sabe es que su casa está a muchos kilómetros de distancia, en un lugar en el que Darren Grodsky, director de la cinta junto a Dany Jacobs (divertidísimos Epi y Blas en versión Sundance), pasó largos veranos. De hecho, Rosie, la física que deja el laboratorio por la maría, está basada en su tía. Lo dicho. Una delicia.

lunes, 25 de mayo de 2009

Un regalo deliciosamente sangriento


Cómics de niñas muertas muy vivas, películas de Tim Burton, cualquier cosa con calaveras, corazones sangrantes o el símbolo del veneno, Lovecraft, Poe, monísimas plantas carnívoras, vampiros... Cuando alguien que me conoce bien ve estas cosas piensa en mí. No es que vaya siempre vestida de negro, ni sea gótica, ni me pase el día invocando espíritus. Es sólo que me tira un poco lo oscuro, sobre todo si tiene un punto tierno. Así, no es de extrañar que cuando mi familia vio que en el Teatro Apolo de Barcelona Mario Gas recuperaba el musical 'Sweeney Todd' todos pensaran que era el regalo perfecto de cumpleaños. Avión, hotel y compras incluidas. Han pasado varias semanas desde que vi a Joan Crosas (Sweeney Todd) degollar como nadie y a Vicky Peña (Mrs. Lovett) rellenar con carne y loción de afeitar sus deliciosas empanadas y sigo alucinada. Creo que apenas parpadeé en las dos horas y media que duró el espectáculo. Todavía sigo tarareando algunas de las canciones, que ya conocía en inglés por la película de Tim Burton, a quien no eché de menos en ningún momento. Bueno, miento. En uno. Los tonos, las caras y los comentarios sin salir del recargado salón del teatro no pueden superar los bañadores antiguos de rayas y el singular día de playa que acompañan el tema 'By the sea' en la película. El resto, impresionante. Vicky Peña está divertidísima, Joan Crosas no se concede ni un segundo de relax en su atormentado rostro, los cantantes ponen los pelos de punta y la iluminación en ocasiones hace que las caras del coro sean espeluznantes. Más de diez minutos de aplausos. Eso sí. Al salir, a un japonés. Por si acaso.

domingo, 3 de mayo de 2009

Eva, Adán y 6.000 yens en manzanas


Cuatro horas. Es lo que he tardado en devorar 'Ni de Eva ni de Adán'. El último libro de Amélie Nothomb me quemaba en las manos desde que me lo compré para Sant jordi. Pero en esto de la lectura soy muy ordenada (los libros, la música y el ordenador son los únicos tres espacios de mi vida que mantengo apartados del caos) y antes debía acabar las páginas de Wilhelm Genazino. En cuatro horas fui testigo de la historia de amor entre la propia Amélie y su alumno de francés, un japonés pulcro, joven y de buena familia. cuatro horas que debí interrumpir en varias ocasiones, muy a mi pesar. Y en los escasos minutos que cerré el libro no podía dejar de preguntarme qué estaba pasando allí dentro, como si la historia continuara a pesar de que yo me hubiera ido. 'Ni de Eva ni de Adán' no es una historia de amor, aunque en realidad es lo que cuenta. Pero hay mucho más. Es imposible no sonreírse al pasar las páginas. Y no ríes porque desde el principio, desde la primera clase de francés, cuando Eva-Amélie calcula que podrá comprar seis manzanas con los 6.000 yens que le ha pagado Adán-Rinri, sabes cómo acabará todo.
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