lunes, 19 de agosto de 2019

Lena y Karl


Lena y Karl, de Mo Daviau (Blackie Books) | @martatorresmol

Una curva de Gauss. Empieza flojito, pega un subidón y luego vuelve a caer. Me costó entrar en 'Lena y Karl', de Mo Daviau. La he disfrutado, pero... Me costó entrar, luego me pareció genial, divertidísima, y el final no me ha convencido. Lo mejor de esta novela son, sin duda, los personajes: Lena, Karl, Wayne y Glory. Son maravillosos, de esos personajes tan originales que sabes que te costará olvidar, de los que te gustaría tener en tu grupo de amigos. Y no sólo porque te permitirían viajar en el tiempo, uno de los grandes sueños del ser humano, sino porque son un amor. Porque de eso va esta novela, de viajes en el tiempo.

Un día, Wayne, excomponente de un grupo indie de éxito en los 90 que regenta un bar, descubre un agujero de gusano que permite viajar en el tiempo  en un armario de su casa. Él y su amigo Wayne deciden sacarle partido organizando viajes al pasado, pero un único tipo de viajes: a ver conciertos. ¿Os hubiera gustado estar en Woodstock? Pues ellos te llevan. Todo va bien hasta que Karl, que es un poco torpe, se equivoca en la fecha y envía a Wayne al 980, desde donde no puede volver. Y entonces empieza lo divertido, porque entonces entra en escena Lena, la científica a la que Karl pide ayuda para tratar de recuperar a su amigo. Lena es un bombón como personaje. En todas sus versiones, ya que lo que tienen los viajes en el tiempo es que mueves un papel de sitio y cambia todo el futuro. Cambias tú, los que tienes cerca y, como te descuides, hasta haces que desaparezca alguien a quien quieres. Del futuro y de tu memoria. Eso, que no llegó a pasar con la familia de Marty McFly en 'Regreso al futuro', aquí pasa. Y entonces tú, que toda la vida has fantaseado con la posibilidad de viajar atrás en el tiempo, de asistir a algunos momentos históricos, de ver cómo era el día a día de la gente de otras épocas... Te das cuenta de que, seguramente, si apareciera un agujero de gusano en tu armario, te plantearías seriamente tapiarlo.

Sí, porque un viaje en el tiempo no sólo puede hacer que alguien desaparezca sin que tú lo quieras, puede hacer que tú, como Lena, cambies. Y eso, a veces, es una pena. Porque la Lena que, entre viaje al pasado y viaje al pasado, entre concierto y concierto, se enamora de Karl, no es la misma que, en el futuro, se reencuentra con él en una sociedad que... horroriza y que te hace desear recuperar el agujero de gusano y viajar al 980, con Wayne, a una época de naturaleza salvaje y pescado exquisito. Aunque... cuando viajar en el tiempo sea como viajar en avión, no habrá época a salvo de los humanos del futuro. Y eso, además de que hay personas destinadas a encontrarse por más viajes en el tiempo que se hagan, es lo que te hace pensar, entre risas, 'Lena y Karl'. Por cierto, si pudierais viajar al pasado y ver a un grupo en directo, ¿cual escogeríais?

"Más o menos un año antes de que empezaran los viajes en el tiempo, antes de perder a Wayne y de encontrar a Lena, Wayne DeMint entró por primera vez en mi bar. Descubrió que yo era el guitarrista de The Axis y posó sus nalgas, enfundadas en unos pantalones caqui, sobre el taburete de la barra. Una noche tras otra, una cerveza tras otra, se dedicó a compartir conmigo y con quienquiera que estuviera ahí todo lo que aparecía en sus sueños: gatitos que lloraban, bukkakes, piratas desdentados con bayonetas ensangrentadas, su madre muerta cortada a pedazos. Cuando llegaba la hora de cerrar, siempre quería quedarse, como un niño que no quiere apagar la tele e irse a la cama. '¡Pasaré el mocho!', se ofrecía, por lo que casi cada noche me sentaba a ver cómo Waayne esparcía agua de fregona por la tarima del suelo. Poníamos la jukebox a todo volumen y hablábamos de grupos, del amor verdadero, del fracaso y del pasado. Sobre todo del pasado".

Título: 'Lena y Karl'
Autora: Mo Daviau
Traductor: Carles Andreu
Editorial: Blackie Books
Páginas: 320
Precio: 21€
Procedencia: Bookish

martes, 6 de agosto de 2019

La red púrpura


La red púrpura (Carmen Mola) | @martatorresmol


Ya dije cuando leí 'La novia gitana' que aquel final me recordaba (fuertemente, que diría un personaje de Forges) a 'Los sin nombre', de Jaume Balagueró. Acabada 'La red púrpura', la segunda parte, esa sensación es, aún, mucho más intensa. Por eso, supongo, ese momento poco antes del final en el que imagino a la mayoría de los lectores comiéndose los muñones (las uñas las perdieron muchas páginas antes) lo pasé la mar de tranquila, convencida de que pasaría lo que, finalmente, pasó. Y eso, la sospecha desde las últimas páginas de la anterior entrega de que el final sería el que es (perdón por el trabalenguas, pero no es plan de destripar nada) es el único pero que le pongo a los dos libros de Carmen Mola (a ver si algún día sabemos quién es). El único, porque, independientemente de ese detalle, la segunda entrega de los casos y la vida de la inspectora Elena Blanco es, para mí, mucho mejor que la anterior.

Sigue siendo igual de cruda, de dura, de descarnada y de gore. Sí, porque los detalles, como en el primer libro, son de los que te hacen entornar los ojos y leerlos a toda prisa. Un vano intento de que no se te queden pegados como un chicle al cerebro. Si en la primera entrega eran los gusanos la imagen que te perseguía una vez terminada la lectura, en ésta es la violencia humana, el desprecio por la vida del otro, o del dolor. Porque cuesta creer que alguien disfrute viendo cómo una persona le hace daño a otra, hasta que no puede más, hasta que pierde la conciencia, hasta que empieza a desear que todo, incluso su propia vida, acabe. La tensión, sin embargo, no viene sólo de esa red que secuestra mujeres para torturarlas hasta la muerte mientras decenas de depravados con dinero babean de placer con cada grito, desmayo o gota de sangre. La propia Elena Blanco, su secreto, es lo que más inquietud genera. Ella sabe, porque lo sabe desde ese primer vídeo en el que dos hombres torturan y asesinan a una joven, que Lucas, su hijo, el niño que soltó su mano en la multitud de la plaza Mayor y nunca más volvió, tiene algo que ver. Lo sabe, lo teme, lo esconde. Incluso a sus compañeros. Aunque se ponga en peligro a ella misma. Así que en esta segunda entrega los nervios, las ganas de saber qué pasa, la incertidumbre, la tensión, las cloacas de la condición humana... Son aún más intensos que en la primera entrega. Y sí, el final era el que pensaba. El que imaginaba. El mismo con el que Jaume Balagueró me dejó noqueada la primera vez que vi 'Los sin nombre', una de las dos películas más aterradoras que he visto.

"La pantalla muestra un espacio casi vacío, desangelado. Sólo hay una silla de madera en el centro de la estancia y un monitor grande en una pared tosca, de ladrillo. No hay ningún indicio de lo que va a ocurrir allí, pero, poco a poco, más y más ordenadores se irán conectando. Dentro de unos minutos serán casi cien; sus propietarios no se conocen entre ellos, aunque disfrutarán del mismo espectáculo. La mayoría está en España, pero también los hay en Portugal, en México, en Brasil... Muchos son hombres de entre treinta y cinco y cincuenta años; aunque hay alguna mujer, varios jubilados, hasta un menor de edad... Todos han pagado los seis mil euros que les han exigido, en bitcoins y de forma segura, sin dejar huella".

Título: 'La red púrpura'
Autora: Carmen Mola
Editorial: Alfaguara
Páginas: 432
Precio: 19,90€
Procedencia: biblioteca mamá

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