lunes, 30 de marzo de 2009

Acurrucada con Harper Lee


No es fácil encontrar buenos libros. Me refiero a buenos de verdad. Esos que hacen que desees llegar a casa y no tener ningún plan para poder acurrucarte con ellos en el sofá hasta bien entrada la madrugada. Esos en los que, con una sola frase (a veces corta) consiguen que en tu cabeza aparezca la imagen del personaje. Nítida. Clara. Cómo son, cómo se mueven, cómo hablan, cómo se visten, cómo piensan, qué harán cuando cierres el libro… Es lo que me ha pasado con 'Matar a un ruiseñor', de la estadounidense Harper Lee (lástima que sólo escribiera esta novela). Lo leí siendo apenas una adolescente, en realidad no sé si llegaba a adolescente con once años, en un verano extraño en el que me dió por devorar aquellos libros cuyos títulos llevaban meses llamándome a gritos desde las estanterías: 'El color púrpura', 'Matar a un ruiseñor', 'A sangre fría' y 'Escupiré sobre vuestra tumba' (la palabra escupir en un título era una tentación demasidado irresistible). Algunos los recuerdo casi palabra por palabra. Bueno, más bien imagen mental por imagen mental. Otros, como 'Matar a un ruiseñor' me dejaron un recuerdo vago que fue diluyéndose en el tiempo. Un recuerdo que quería, que necesitaba recuperar. Necesitaba volver a ver el peto de Scout, oler la dignidad del señor Finch, desear un hermano mayor como Jem, sentir la hipocresía de una sociedad incapaz de reestructurarse, oír el silencio de la sala de juicios de Maycomb, salivar con los dulces de la señorita Maudie Atkinson, reírme con la ignorancia disfrazada de sabiduría de miss Caroline, esperar y temer a Boo Radley…

martes, 24 de marzo de 2009

Ulises raperos y lestrigones franceses


La última vez que entré allí todavía era rubia, no tenía flequillo y hacía sólo un par de años que había descubierto que sin tacones no soy yo. Acabé cantando 'Las cosas del querer' prácticamente obligada por el amigo con el que iba. Eso fue hace cinco años. Hace unos meses volví a bajar las escaleras de Ítaka. De la mano de otra amiga. Había cambiado. Yo también. A los cinco minutos me sentí como en casa en aquel lugar oscuro forrado de libros, espejos y cuadros. No he dejado que pasen de nuevo varios años para volver a pesar de los lestrigones (franceses) y los cíclopes (mallorquines) que a veces endurecen el camino y cada vez que voy tengo que luchar con mi yo trasnochador para no ver amanecer al cruzar la puerta de salida. Estar allí es casi narcótico. Cuando me despierto al día siguiente nunca sé si lo que pasó fue real o inventado y me pregunto si sólo existen en mi imaginación los tres habitantes de esta Ítaka. Pilar,la amazona que robó una voz de sirena. Javi, odiseo con el don de hacer sentir bien a los demás y que me descubrió que si te sientas en la barra, mirando hacia dentro, todo deja de existir. Y Gorka, cuya piel de Telémaco rapero esconde todo un Ulises.

lunes, 9 de marzo de 2009

Dos mañanas de terciopelo

http://www.youtube.com/watch?v=Gbadg5BAb1E
http://www.youtube.com/watch?v=dP1tv5cCvaI

"Some velvet morning". He leído estas tres palabras esta mañana. Un amigo las había escogido para su estado en el facebook. Algo en mi cabeza ha hecho 'clac' y desde enonces no he podido dejar de cantar (mentalmente, por supuesto, no es plan de amargarle la mañana a nadie) esta canción. La conocí en las voces de Nancy Sinatra y Lee Hazlewood y, no hace mucho, me sorprendió la versión de Primal Scream para la que Kate Moss prestó su voz. Tengo el día indeciso. Soy incapaz de quedarme con ninguna, así que aquí las tenéis las dos. Elegid vosotros. Yo, sigo cantando:
"Flowers are the things we knew
Secrets are the things we grew
Learn from us very much
Look at us but do not touch…"
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