jueves, 29 de enero de 2009

Por suerte estaba Hugh


Menos mal que hay pocos planos en 'Australia' en los que no sale Hugh Jackman (suspiro). Es la única razón por la que merece la pena pasarse más de dos horas en el cine aguantando la cara botoxizada de la Kidman. Vale, es verdad que tiene algún punto bueno tirando a cómico, pero lo único que quita er sentío es el impresionante vestuario que luce la australiana en la película. Semanas antes de que se estrenara alguien en la televisión la comparó con 'Lo que el viento se llevó'. ¡Si mi Vivien Leigh levantara la cabeza! A Dios pongo por testigo que nunca volveré a ver 'Australia' (a no ser que la pongan por la tele dentro de unos años) y que en una semana con siete tardes de lluvia y truenos antes vería siete veces la historia de Escarlata y Rhett que la de Drover y Sarah.

miércoles, 14 de enero de 2009

El gato que llegó sin bigotes


Llegó a casa sin esperarlo. No tenía bigotes y se los pusimos en el nombre: Dalí. Fue el primer animal de verdad que entró en mi vida (pájaros, tortugas, hámsters asesinos y animales que no responden cuando les llamas no cuentan) después de la gata Chispas, que merodeaba por el club de tenis en el que trabajaban mis abuelos. Creo que en el fondo él sabía que yo era más de perros, pero eso no le impedía dormir cada noche sobre mis piernas cuando se encontraba el resto de habitaciones de la casa cerradas. Lo de los bigotes era temporal. Le crecieron, blancos y larguísimos. En los últimos años parece que lo de mi preferencia canina dejó de importarle. Venía corriendo a verme cuando llegaba a casa de mis padres, se tumbaba conmigo en el sofá de la terraza y hasta acercaba su cabeza para que la rozara con la mía una y otra vez. Hace unos días lo vi dormirse para siempre. Nunca creí que me doliera tanto perder al gato que llegó sin bigotes.
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