jueves, 25 de septiembre de 2008

Desayuno con Jordi Labanda



Leer los diarios del domingo con mucha calma y un café con leche gigante hiperazucarado (soy una mujer de extremos: el café solo sin nada de azúcar y el café con leche con mucha, lo amargo, amargo; y lo dulce, dulce) es ya de por sí un placer. Si no hace frío, sopla un poquito de viento y no tengo que ir a trabajar ese momento puede ser uno de los mejores de la semana. Pero abrir el Magazine y descubrir una frase mía junto a la ilustración de Jordi Labanda (vale, no ganó, pero al menos la seleccionaron) fue un orgasmo dominical en toda regla.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Una noche en el planeta imaginario

http://www.youtube.com/watch?v=BIITiM-drII

Quizás fueron las cañas. Quizás una luna que un día antes había sido llena. No lo sé. Sólo sé que el martes por la noche volví a soñar como cuando era pequeña. Me metí en la cama pensando en todas las imágenes que que devoré delante de la tele junto a mi osito tuerto. Unas cañas en la penumbra de una plaza con unos amigos habían encendido la moviola de la memoria, que no conseguí parar (tampoco quería, en realidad) durante el camino a casa. En poco más de una hora recordamos a la exasperante hormiga Ferdy; David el gnomo y su sucesor, el juez Klaus; el peludo perro de los Fraggle; el irreverente Casimiro que nos mandaba a dormir bailando sobre sus All Star rojas; Pippi, la niña a la que todos envidiábamos por vivir en un maravilloso caos ¡Y sin padres!; el zepelín del profesor Poopsnagle… Hasta descubrimos cómo un maestro kamikace puede perder todo su prestigio al confesar ante los alumnos que le puso la voz al marisabidillo de Mochilo, el más antipático de los horrorosos Fruitis. La memoria es caprichosa y en plena borrachera de melancolía no conseguimos acordarnos de los pavorosos muñecos capitaneados por Gallofa y Poti-Poti que nos hipnotizaban a pesar de los rígidos movimientos, el desastroso doblaje, sus andrajos y las dantescas caras de los malos: ‘Los Aurones’. Ya a oscuras y en casa el ‘Arabesque’ de Claude Debussy no dejaba de danzar en mi cabeza. Sonaba en la cabecera de ‘El planeta imaginario’ y todavía hoy cuando la escucho mi cuerpo y mi mente dejan por unos segundos de ser los de ahora para revivir las sensaciones de la curiosa niña de cinco años que veía el programa cada lunes. Una música que durante un par de años era la puerta a un mundo mágico en el que la pintura convertía en exuberante una estéril tierra de cartón, las cámaras de televisión flotaban en el universo, un vampiro absorbía la tinta de los libros hasta dejar las páginas en blanco y en el que me enamoré de la Luna de Méliès.

jueves, 11 de septiembre de 2008

I love Martha



A veces compro las cosas por los motivos más estúpidos. Un libro del que no tengo referencia alguna porque me gusta el diseño de la portada. Un detergente para la ropa delicada porque la botella es original. Una diadema (que sé que nunca me pondré) sólo porque es demasiado bonita para no llevármela a casa. En el caso de Martha Wainwright compré el CD sencillamente porque el título me pareció genial: ‘I know you’re married but I’ve got feelings too’. Anticomercialmente larguísimo y con un punto de mala leche al que no me pude resistir. Soy una chica fácil cuando algún CD me pone ojitos. Podría haberme encontrado cualquier cosa, pero, por suerte, no tuve que lamentar la compra. Bueno, acepto que hice un poco de trampa: ser hermana de Rufus ya era una semigarantía. La primera vez que la escuché tuve un dejavú. La misma sensación que en mi pérdida de la virginidad musical con Tom Waits. Bueno, aquí me he pasado un poco mucho pero necesité escucharlo entero con los ojos cerrados y una copa de vino para decidir si me encantaba o lo aborrecía. Ahora es mi banda sonora de las últimas tres semanas. Algunas de sus frases no dejan de dar vueltas en mi cabeza. “…my heart was made for bleeding all over you…”, “…I cannot read between your lines…”, “…I live and breath for the rush…”, “…I bury your heart on the knees…”, “…There is this dead woman in my lane, she’s eating my brain…”

domingo, 7 de septiembre de 2008

Historia de una canción cursi

http://www.youtube.com/watch?v=_QbK0nlon4A

Más de uno me ha preguntado qué estaba cantando para que el armario del baño decidiera suicidarse el pasado martes. Pues no era la fatídica ‘Gloomy Sunday’. Era ‘Stay (I missed you)’, de Lisa Loeb. Vaya, una canción cursi, cursi, cursi de los años 90 (a veces me cuesta controlar mi lado Candy Candy). Pero es que le tengo mucho cariño. Me pasó desapercibida cuando, siendo adolescente, vi ‘Reality bites’. Años más tarde, en la primavera de 2002, una amiga se presentó en casa con la banda sonora recién salida del FNAC de Diagonal. “Escucha ‘Stay’, eres tú ahora”, me soltó antes de obligarme a ponerme la pestaña y salir de la burbuja autocompasiva en la que había decidido refugiarme en un complicadísimo y tristísimo momento sentimental (lo siento, tiendo a la tragedia griega). Todavía recuerdo la primera vez que la escuché a conciencia: tirada en el sofá de ‘Cuéntame’ del piso de estudiantes de Barcelona a las cinco de la mañana después de compartir una botella entera de tequila (es el mejor antídoto para el mal de amores) en el pequeño pub de la querida Plaça de la Concòrdia. Creo que la escuché como cinco veces seguidas, los recuerdos son borrosos, hasta que me aprendí la letra de memoria. Han pasado seis años pero sigo cantándola cada vez que me duele un poquito el corazón. La repito como un mantra buscando sentirme otra vez como aquel amanecer de finales de mayo en el que por primera vez después de dos meses los más madrugadores rayos de sol de la mañana me volvieron a parecer el principio de todo.

jueves, 4 de septiembre de 2008

La cosmética mata


La cosmética mata, o al menos lo intenta. No se trata de un rollo metafísico y ecologista que pretenda sustituir la crema hidratante por aceite de oliva, la espuma del pelo por merengue o las colonias por un frotis de hojas de lavanda. Tampoco de imaginarse a nadie con la sonrisa desencajada y la piel blancuzca pintada con polvo de arroz por una geisha yonky. No es que el Joker haya vuelto para acabar con la humanidad a golpe de laca tóxica. Nada de esto. Se trata de un intento de asesinato de los de verdad. Por la espalda y con nocturnidad. Decenas de botes cayendo al suelo mientras el armario se desploma. Tapas de oro. Letras de plata. Botes de colores. Y muchos cristales. Medio segundo de lluvia. Bellísima imagen que se proyecta una y otra vez a cámara lenta en la pantalla de mis párpados cerrados. Las cosas bonitas tienen la desfachatez de ser bonitas siempre. Incluso cayendo al vacío rumbo al desastre.
Recuperada (y viva) después del susto no puedo más que pensar…
¿Querrá el cosmos decirme que estoy abusando del contorno de ojos?
¿Que no pasee a oscuras por el baño?
¿Quizás que no cante a las siete de la mañana animada por el alegre ronroneo de la ducha?
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