sábado, 25 de noviembre de 2017

Desdémona y otras muertas


Biblioteca Vicent Serra i Orvay / Marta Torres


«Muerte cruel». Así define Desdémona su propia muerte en la tragedia de William Shakespeare ‘Otelo’. A manos de su marido. En su propia cama, después de una discusión en la que ella, que quiere a su esposo, no entiende nada. «Estás en tu lecho de muerte», le advierte Otelo, que incluso habiendo tomado ya la decisión de asesinarla sigue llamándola «alma mía». Segundos antes de que él la mate, ella es consciente de su final. Implora. «Apiádate de mí». Se encomienda a Dios. Pide tiempo. «¡Mátame mañana! ¡Esta noche no!». Pero él persiste. «¡Calla, zorra!». «¡Muere, zorra!». «Como te resistas...». La estrangula. «Soy cruel, pero clemente. No quiero alargar tu agonía. Así, así». Desdémona es una víctima de violencia machista. Y ‘Otelo’, uno de los cerca de 40 libros relacionados con esta lacra que integran, este mes, la exposición bibliográfica de la biblioteca insular de Cas Serres.

Rebeca Suárez se ha encargado de seleccionar los títulos, entre los que hay tanto libros de conocimiento como novelas. La intención es que al menos durante este mes los libros relacionados con la violencia machista estén «más accesibles» a los usuarios. En la lista aparecen historias tan populares como ‘El cuento de la criada’, de Margaret Atwood; ‘Yo soy Malala’, de Malala Yousafzai; ‘Mil soles espléndidos’, de Khaled Hosseini, o el ‘Poema de mío Cid’. La inclusión de este último título se debe al incidente de los Infantes de Carrión, que atan y golpean a sus esposas, Elvira y Sol, las hijas del Cid, a las que, además, abandonan en el bosque para que se las coman los lobos. Pepe Garibo, responsable de la biblioteca insular, destaca que al incluir clásicos en las recomendaciones lo que se pretende es invitar a una «lectura crítica».

En esto mismo coincide Patrizio Albanese, auxiliar de biblioteca en Sant Jordi, en la Vicent Serra i Orvay, donde también durante este mes los libros relacionados con la violencia machista (y con la desigualdad y la injusticia que sufren las mujeres en todo el mundo) ocupan un espacio privilegiado. «Leer con una perspectiva crítica es un acto político», indica. Fueron los propios usuarios, bueno, las usuarias (ellas son mayoría en la biblioteca), las que... (seguir leyendo)


sábado, 18 de noviembre de 2017

'Za Za, emperador de Ibiza', a Ray Loriga se le lee hacia adelante


@martatorresmol

A Ray Loriga se le lee hacia adelante. Es mejor. Es infinitamente mejor. Se puede dar una pequeña voltereta y echar la vista atrás para saber de dónde vienen sus palabras, para recordar, para rememorar, pero es mejor leerle hacia adelante. De 'Lo peor de todo' a 'Héroes'. De 'Héroes' a 'Caídos del cielo'. De 'Caídos del cielo' a 'Tokio ya no nos quiere'... Y así hasta llegar a esa maravilla tremenda que es 'Rendición'. Así, salvo por algún escalón despistado, vas siempre hacía arriba, siempre a más. No leí 'Za Za, emperador de Ibiza' en su momento porque me dio pereza. Me dio pereza que saliera mi isla en el título. Me dio pereza la referencia a un megayate en la contraportada. Me dio pereza encontrarme con esa parte de la isla que no me gusta. Y debería haberlo leído entonces, hace tres años. Pero los lectores y los libros somos caprichosos y nos encontramos cuando nos encontramos. Y  Za Za (Zacarías Zaragoza Zamora) decidió que se metía en mi bolsa en el mercadillo de libros de segunda mano. Y no supe decirle que no.

La novela es una locura, una ida de la pinza. Desde el protagonista, ese dealer ya retirado que disfruta de los calmosos inviernos de la isla, a la historia, que incluye una nueva sustancia que te hace reír y no deja rastro, niñas con los poderes de Casandra, simios drogados, el yate más grande del mundo y hasta una conspiración para conseguir que la isla sea independiente. Loriga es siempre Loriga, y eso es como decir que un diamante es siempre un diamante. Es una garantía. Aunque el engarce no sea el mejor. El libro tiene momentos maravillosos, como el de esa lluvia que recorre hasta los más pequeños rincones de la isla, también ese inicio con Za Za disfrutando de la época tranquila. Luego empieza la locura, los embrollos, las confusiones con el protagonista, el yate y la nueva droga, que se llaman igual... Es divertido, entretenido, está bien escrito, tienes la sensación de que el escritor se lo pasó bien dándole forma, pide piscina y un margarita tras otro, pero... En fin, que a Loriga, si se puede, se lee hacia adelante.

"Sí que sucedió. Y no nunca.
Sucedió exactamente durante el verano en el que de pronto empezó a llover a cántaros sobre las islas Pitiusas y la tierra empantanada de las cañadas bajaba negra y furiosa hasta el mar e incluso las viejas payesas que saben, o al menos presumen de saber, de dónde ha salido cada rana, andaban desconcertadas. Y Dios sabe lo difícil que es desconcertar a una payesa, o distinguir entre dos ranas".

Título: 'Za Za, emperador de Ibiza'
Autor: Ray Loriga
Editorial: Alfaguara
Páginas: 216
Precio: 1,5€ (mercadillo)
Procedencia: comprado

viernes, 10 de noviembre de 2017

A la primera librería de mi vida


@martatorresmol


Querida librería,
no tenía más de cinco años cuando te descubrí. Estabas en la esquina de aquella casa con vistas al puerto, aquella en la que sólo tenía que abrir la ventana para que el rumor alegre de los aparejos de los barcos llenara la habitación. Entre tus pequeñas estanterías de cuentos y libros, perdidas en un maremágnum de golosinas, disfraces, maquillaje de carnaval, piñatas, serpentinas, boas de plumas, chocolates y revistas escogí mis primeros cuentos. Aquellas historias maravillosas que aún conservo. Aquel cuento mágico de Caperucita que brillaba en la noche, aquella aventura de Ulises de perfiles recortados... Lectora precoz, aún recuerdo la emoción de los sábados por la mañana. Teníamos una cita, habíamos sellado un compromiso serio. Todos los sábados cruzaba la calle, aquella calle tranquila por la que los niños nos movíamos con la misma seguridad y libertad que por el pasillo de casa y en la que la tendera y el pintor nos echaban un ojo de padres prestados, y entraba corriendo, con mis 195 pesetas en la mano para recoger mi cuento. Cenicienta, Mowgli, Bambi, Simbad, Blancanieves... Cada sábado uno. Uno más de una colección de Disney, 54 relatos que leí y releí, que gasté hasta tener que pegar los lomos con celo, varias veces, incapaces de soportar tanto amor. Ahora, tres décadas después, las capas de celo con las que os protegí se agrietan y procuro no tocaros mucho. Cosas de la isla, algunos sábados me llevé una decepción. Los barcos venían demasiado llenos de productos de primera necesidad (alimentos, medicamentos, bebidas...) y los libros se quedaban en puerto, a la espera de algún hueco en otro barco. Llegaban todos juntos, tres, cuatro, hasta cinco. "Ya tienes lectura para un tiempo", me decía la librera, dándome una bolsa con la que apenas podía cargar, pero que me empeñaba en arrastrar con mis manos hasta casa. Mi madre respondía a la librera con cara de resignación. Sabía que aquellos tres, cuatro o hasta cinco libros me durarían un suspiro. No más de una mañana, tras lo que los releería hasta sabérmelos de memoria, a la espera del próximo sábado. De las próximas 195 pesetas. De la próxima carrera hasta la librería de la vuelta de la esquina. Más de una vez me senté allí mismo, apoyada en la pared, medio escondida entre los disfraces colgados, mientras mi madre pagaba y charlaba, a empezar a leer. Y entonces la librera lo entendía. Entendía que no leía como una niña de cinco años que acaba de empezar a leer. Porque hacía ya unos años que, sin que nadie supiera muy bien cómo, había aprendido a leer. Entendía que aquellos libros que ella me vendía cada sábado eran mi pequeño tesoro, mi refugio. Allí, cada sábado, espantando con un soplo la pluma de una boa que me cosquilleaba la nariz y con un disfraz de china y uno de hawaiana acariciándome los hombros, amé a la primera librería de mi vida.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

'Idiota', el idiota es siempre el otro


@martatorresmol


¿Cuánto es capaz de aguantar una persona para conseguir un dinero que le apañará la vida? ¿Cuánta tensión? ¿Cuánta humillación? ¿Cuánto dolor? ¿Cuánto miedo? Es la pregunta que plantea 'Idiota'. Un adjetivo con el que nadie se identifica. El idiota es siempre el otro. Y parecerlo es algo que nos asusta. El idiota es un arquetipo que, como somos muy listos, identificamos desde el primer momento. Por sus movimientos, por su actitud, por sus pensamientos y opiniones, por cómo los expresa, por cómo trata a los demás...Y ése, en esta historia, está claro quién es: ese hombre un poco pánfilo que se las da de donjuán, que se cree muy listo, y que ha aceptado participar en un estudio sobre la conducta a cambio de un dinero que le permitirá sanear su vida: deshacer mentiras y salvar su negocio, un karaoke cutre que hace mucho que se quedó sin clientes. Un hombre que ¡oh, sorpresa! ha firmado el contrato para someterse a las pruebas sin habérselo leído. Y ahí está, junto a esa doctora tan lista que, condescendiente, intenta ayudarle a superar las cuestiones que se le plantean: ¿Cómo moviendo un único vaso se puede alterar una serie de recipientes? ¿Cómo es posible que si está lloviendo a mares un hombre sin paraguas ni nada para taparse no se moje un un pelo? No contestar a esas preguntas correctamente en dos minutos tiene consecuencias. Su adorada tía y su silla de ruedas pueden acabar rodando por las escaleras de la residencia, un violento grupo de sicarios amputará la mano de su primo... Una presión que, bien gestionada, debería, según el estudio, hacer que el protagonista encuentre las respuestas, aunque crea que no las sepa. Es lo que tiene ser idiota. O que te manipulen. Porque ahí está otro de los aspectos sobre los que esta obra te hace pensar: ¿De verdad decidimos con libertad? ¿A pesar de las presiones? ¿O acabamos tomando exactamente las decisiones que alguien espera o quiere que tomemos? Por más independientes que creamos ser. Por muy idiota que creamos que son todos los demás. Ya sabéis, el idiota es siempre el otro.

Título: 'Idiota'
Autor: Jordi Casanovas
Director: Israel Elejalde
Actores: Gonzalo de Castro y Elisabet Gelabert
Escenografía: Eduardo Moreno
Iluminación: Juanjo Llorens
Sonido: Sandra Vicente
Vestuario: Ana López
Vídeo: Joan Rodón
Música: Arnau Vila
Ilustraciones: Lisa Cuomo
Ayudante de dirección: Pablo Ramos
Dirección de producción: Aitor Tejada y Jordi Buxó
Teatro: Can Ventosa
Precio: 22€

jueves, 2 de noviembre de 2017

'La sustancia del mal', la Bestia del Bletterbach


Vale, sí. 'La sustancia del mal' tiene algo que chirría un poco, pero, sinceramente, me ha dado igual porque he disfrutado mucho. Con los libros, como con los hombres, a veces un pequeño pero te echa para atrás y, a veces, finges que no lo ves porque todo lo demás te gusta mucho. Ni con los unos ni con los otros sirven las matemáticas, las exactitudes, las certezas ni los "yo nunca...". En aeropuertos y aviones huyo de profundidades. Hace tiempo aprendí que no valía la pena. Que adentrarme en historias complicadas o reflexiones a las que dar vueltas es algo que no puedo hacer en aviones ni aeropuertos. Soy inquieta, curiosa y observadora. Los ojos, la atención y la cabeza se me despistan cuando el más pequeño detalle se me cruza. Y en los aeropuertos y los aviones hay demasiados pequeños detalles como para poder concentrarme a fondo en la lectura. Así que hace años que aviones y aeropuertos son, para mí, sinónimo de novela negra, romántica o cómica. Las compro allí mismo. Me gusta curiosear entre las islas cuajadas de novedades y escoger rápido, sin pensarlo mucho, por impulso o por los motivos más banales.

Así fue cómo leí 'La sustancia del mal', de Luca d'Andrea. Y a pesar de ese pero pequeñito la disfruté mucho. Devoré sus casi 500 páginas en poco más de tres días. Y cada vez que me alejaba del libro sentía al Bletterbach, ese cañón inhóspito, llamándome. La novela empieza fuerte, con el protagonista, Salinger, rodeado de hielo, a punto de morir y sintiendo (que no escuchando) la voz de la Bestia diciéndole que se marche de ahí justo en el momento en el que lo rescatan. Rescatan su cuerpo y su vida, Salinger sobrevive, pero algo de él, además de su cabeza, se queda ahí, en el lugar del accidente. Es el único superviviente. Él y su compañero Mike, con el que grababa un programa de televisión sobre el equipo de rescate de ese lugar perdido de los Alpes suizos y que se queda en la base porque no se encuentra bien. Los demás, mueren. Y Salinger debe afrontar no sólo la convalecencia, sino también la culpa. ¿Y cómo lo hace? Pues aprovechando los largos días para intentar desvelar qué pasó en ese mismo lugar que a punto estuvo de tragárselo en 1985. En mitad de una terrible tormenta que dejó aislado el pueblo tres jóvenes fueron brutalmente asesinados en una de las zonas más inaccesibles del cañón. Sus cuerpos aparecieron descuartizados. Nunca se llegó a saber qué pasó.

Desde ya os lo digo: no me gusta Salinger. No me cae bien. No soporto cómo se comporta. Si fuera una persona real no la querría cerca de mí. Y a pesar de eso me tuvo enganchada a su pesquisa, bueno, más bien a su obsesión. Porque lo suyo con ese caso es una obsesión que a punto está de dar al traste con su cordura y con su familia. Es lo mejor de la novela. Esas investigaciones que ponen de uñas a todo el pequeño pueblo, que nunca quiso, en realidad, saber qué ocurrió aquella noche. Esa búsqueda, de casa en casa, de sospechoso en sospechoso, es apasionante. Te crees los indicios. Temes al asesino. Deseas encontrarlo. Te da rabia haberte dejado convencer por la trama porque el asesino es quien creiste en un primer momento. Y ya. Porque la resolución de ese macabro asesinato, esa última visita a las profundidades del Bletterbach, horrorizado antes la posibilidad de que alguna bestia prehistórica le corte la cabeza, me sobra. Un poco.

"Siempre es así. En el hielo, uno primero oye la voz de la Bestia, y luego muere.
Grietas idénticas a aquella en la que me encontraba estaban llenas de montañeros y escaladores que habían perdido las fuerzas, la razón y, finalmente, la vida por culpa de esa voz.
Una parte de mi mente, esa parte animal que conocía el terror porque había vivido en el terror durante millones de años, comprendía lo que la Bestia silbaba.
Ocho letras: 'Márchate'.
No estaba preparado para la voz de la Bestia."

Título: 'La sustancia del mal'
Autor: Luca d'Andrea
Traductor: Xavier González Rovira
Editorial: Alfaguara
Páginas: 472
Precio: 20,90€
Procedencia: Regalo mamá

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