jueves, 28 de julio de 2016

'El jardín de los dioses', ¿de verdad no puedo ser una Durrell?


Quiero ir a Corfú. Quiero descubrir esa isla griega en la que he pasado tan buenos momentos. No he estado nunca, pero he sudado por sus caminos, comido fruta fresca a la sombra de sus árboles, corrido por la costa, bañado en sus aguas cristalinas y hasta naufragado entre sus amistosas olas de poco más de un metro. No he estado nunca allí, pero me siento tan corfiota como el británico Gerald Durrell, mi gran amigo en esas correrías imaginarias y literarias. Con ‘El jardín de los dioses’ (tercer volumen de la Trilogía de Corfú) he vuelto a ser una niña. Ingenua, curiosa, traviesa, risueña, pícara, sin miedo. Entre sus páginas he vuelto a compartir la desmedida afición del pequeño Durrell por cualquier bicho viviente que no sea humano y he vuelto a reírme a carcajadas con los bretes en los que él y sus hermanos Larry, Leslie y Margo meten a su madre, la adorable señora Durrell, quien se esfuerza en mantener las formas y el pundonor británico en esa isla en la que la familia se refugió de la guerra. Sin mucho éxito, todo hay que decirlo. Entre animales salvajes, invitados sorpresa y enamorados de Margo las ansiadas tranquilidad y cordura de la señora Durrell son pura utopía. Especialmente logrados en esta entrega están las aventuras de los pretendientes de Margo, a los que hace sufrir como la niña malcriada que es en realidad por muy femme fatale que ella se crea; las que viven algunos de los invitados del pretencioso Leslie y la visita del rey Jorge, cuyo paso por la isla seguro que quedó marcado a fuego en su regia memoria. Como los dos anteriores, ‘El jardín de los dioses’ huele a verano. A veranos de infancia. Aquellos en los que todo era sol y mar y aventuras y risas y sorpresas y descubrimientos y animales y encuentros y sal y siestas y celebraciones y manchas y sandía desbordando las comisuras y conciertos de cigarras y el sonido del viento entre los olivos.


“Aquel verano fue pródigo por demás. Diríase que el sol hubiera hecho sacar a la isla todas sus reservas, pues nunca habíamos tenido tal abundancia de frutos y flores, nunca había estado el mar tan caldeado y tan lleno de peces, nunca tantos pájaros habían criado, ni salido mariposas y otros insectos de sus crisálidas para animar el campo con sus colores.”



Título: ‘El jardín de los dioses’
Autor: Gerald Durrell
Editorial: Alianza
Páginas: 280
Precio: 12,95€
Procedencia: regalo


sábado, 23 de julio de 2016

Buika: "La música es un milagro y un misterio"


@Martatorresmol

La conversación con Concha Buika fluye como algunos de sus temas. Empieza calmada, plácida, suave, lenta, susurrante... Y, casi sin que te des cuenta, poco a poco, las palabras te adentran en una charla intensa y profunda, que viaja de su niñez a su futuro, una charla que no está exenta de ese dramatismo coplero que impregna sus temas más desgarradores (esos que me pierden, que tarareo a escondidas y grito en soledad) y que rompe con constantes carcajadas. Una conversación, un regalo, de ésos que duele tener que cerrar, que, si no fuera por el tiempo, el trabajo y el espacio limitado de la página de un diario, ésa que a veces se queda corta y a veces larga, estirarías todo lo posible. Me quedo con el recuerdo de esa charla, en la que eché de menos tener una copa de vino en la mano y no un bolígrafo, y de una noche en la que, aunque ni el escenario ni el equipo de sonido le hicieron justicia, Buika se hizo sentir.

—¿Canta desde la cabeza, la garganta, el corazón, el estómago...?—No lo pienso. Canto desde la sensación primitiva de no tener que pensar en nada. Ni desde dónde, ni en cuándo, por qué... Nada. Desde ahí. Desde el instinto.
—¿Compone desde el mismo sitio?—Depende.
—¿De qué?—¡Uy! De muchas cosas. Del quién, del por qué, del cuándo, del cómo...
—No hay una sola manera.—La música sigue siendo un milagro y un misterio, si no ya la habríamos destruido.
—¿Somos muy de destruir?—Somos humanos y eso comprende muchísimos términos, todos los que existen, de hecho, porque los hemos inventado nosotros.
—¿Se puede crear sin vivir?—Es otro tipo de experiencia que se puede describir en una canción, en un poema, en una fotografía... Crear es la necesidad de seguir. Desde el presidio y desde la incomunicación se crean piezas increíbles por el deseo de la libertad.
—Entonces, para crear lo importante es el deseo de algo.—Sí. Crear no es ni más ni menos que desear. Ahí es donde metemos nuestros anhelos y deseos. Estoy convencida de que la única biblia que tiene el ser humano es su historia artística, y hablo desde mi naturaleza primitiva, desde aquella que ni piensa ni siente ni desea ni sueña ni pretende. La historia la escriben los que ganan, pero una canción, una obra, un poema, un artículo, eso lo escribe quien anhela, quien desea, quien... (seguir leyendo)

miércoles, 20 de julio de 2016

'Ante todo no hagas daño', neurocirugía con corazón


@Martatorresmol

Supongo que ‘Ante todo no hagas daño’, la autobiografía del neurocirujano británico Henry Marsh, no es un libro para cualquiera. Hipocondríacos, alérgicos a los hospitales y aquellos que se marean con la sangre deben abstenerse, sin duda. Y, por desgracia, se perderán una biografía apasionante en la que el eminente médico expone sus éxitos y fracasos, su fortaleza y su debilidad, cómo se muestra seguro con los pacientes y familiares y cómo se desmorona, muchas veces en su sofá rojo, cuando las cosas no salen bien. Reconozco que me daba cierto reparo este libro, recomendado por uno de los médicos con los que trato habitualmente por trabajo. Por las historias, por la terminología, por las operaciones que detalla… Reparo absolutamente infundado. Hay historias que te indignan, otras que te enfadan, algunas con las que no puedes evitar llorar. Decisiones que no entiendes y situaciones que te ayudan a entender algunas decisiones y procesos médicos. Henry Marsh se muestra a sí mismo en el quirófano, donde actúa con precisión y donde, por desgracia, en ocasiones las cosas no salen como esperaban. Se muestra también tranquilizando a sus pacientes antes de una intervención, pedaleando a toda velocidad para atender una emergencia, interrumpiendo la compra en el súper para llegar al hospital, comunicando malas noticias, blasfemando por la ineptitud de sus residentes o la falta de camas o la burocracia o los protocolos que lo complican todo. Marsh explica con una pasión contagiosa los secretos del cerebro. Cómo se abre, cómo se cura, cómo se opera, por qué es el único órgano del cuerpo que no duele. Marsh, a pesar de ser consciente de que es uno de los mejores neurocirujanos del mundo, no es complaciente consigo mismo. Todo lo contrario. Es duro. Se critica. Se confiesa. Reconoce que es ese médico que con un catéter y un microscopio se abre paso en el cerebro y que puede devolver la vista o dejar en una silla de ruedas a su paciente.


“La idea de que mi aspirador avance a través del pensamiento en sí, de la emoción y la razón, de que los recuerdos, los sueños y las reflexiones puedan formar parte de esa gelatina, resulta demasiado extraña como para comprenderla. Mis ojos sólo ven materia. Y, sin embargo, sé que si penetro por equivocación donde no debo, en la zona que los neurocirujanos llamamos el ‘cerebro elocuente’, cuando acuda a la sala de recuperación después de la cirugía para comprobar mis logros, me encontraré con un paciente con secuelas y discapacitado.”



Título: ‘Ante todo no hagas daño’
Autor: Henry Marsh
Editorial: Salamandra
Páginas: 352 
Precio: 19€
Procedencia: comprado


jueves, 14 de julio de 2016

Premio de Periodismo contra la Violencia de Género


@Martatorresmol

Hay sorpresas que no te esperas. Momentos con los que fantaseas pero que no sabes si llegarán. Instantes balsámicos a los que sabes que podrás aferrarte cuando lo necesites. Este año he vivido uno de esos. Y aún no me lo creo. A finales de mayo me comunicaron que había ganado el Premio de Periodismo sobre Violencia de Género, en el apartado de prensa escrita, convocado por la fundación Grupo Norte. Un premio nacional de periodismo. ¡Yo! Temblé mientras me lo comunicaban. Temblé durante días. Y temblé aún más cuando fui a recogerlo y tuve que hacer un pequeño discurso (os lo dejo ahí abajo y más abajo el enlace a los cinco reportajes premiados). Una interesante mañana compartida con las otras premiadas, Laura Otón, de COPE; y Marisol Soto y Carolina González, de TVE.

No me lo creía. Pensaba que lo ganaría algún reportaje publicado en un gran medio. En un medio nacional. Pero no. Valoraron un trabajo hecho con mucha conciencia y mucho mimo en un medio pequeño. Que profesionales como los que componían el jurado (Javier Ojeda, presiente de la Fundación Grupo Norte; Victoria Prego, presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid; Elsa González, presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España; Monserrat Lluis, subdirectora de ABC; Eva Sáiz, subdirectora de El País; Nacho Cardero, director de Elconfidencial.com; María Luisa Azpiazu, directora de redacción de la Agencia EFE; Óscar Vázquez, director de Noticias de Fin de Semana de Antena 3; Juan Pablo Colmenarejo, director y presentador del programa La Linterna de la COPE; Myriam Noblejas, redactora de Informativos TVE; María Pardo de Satayana, directora de la revista Marie Claire; Alfonso Rodríguez, director de la agencia COLPISA; Javier Fernández Arribas, director del estudio 'Cómo informar sobre la violencia contra la mujer', y José San Martín, catedrático de Filosofía de la Ciencia en el Departamento de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Valencia) piensen que tu trabajo merece un premio te hace pensar que, igual, no lo estás haciendo tan mal.

Es un premio a un trabajo (una serie de reportajes sobre la violencia machista) pero también a una manera de entender el periodismo, un periodismo de libreta y bolígrafo, de sentarse a hablar con la gente mirándola a los ojos, y con calma. Dejando de tomar notas cuando lo que te cuentan sabes que no debes contarlo. Dando un abrazo o haciendo una broma cuando quien te está abriendo su vida lo necesita. Ese periodismo que algunos se empeñan en decir que está muerto.

«Mariana Carmen, estrangulada. Silvia, apuñalada. Isabel Laureana, más de 30 puñaladas. Lucinda, tiroteada. María, degollada. Lisa Jane, estrangulada con el cargador de un teléfono. Ascensión, a golpes. Ana, de un tiro delante de sus hijos. Igual que Cristina. Soraya, a tiros. Yolanda, decenas de heridas por arma blanca. Rosario, a martillazos. Marina Candelaria, estrangulada. Lucía, apuñalada. Y así hasta más de veinte mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas en lo que va de año en España. 

Más de veinte mujeres asesinadas y quién sabe cuántas en riesgo diariode engrosar  esta terrible lista. Mujeres que viven cada día con miedo a un golpe, a una paliza, a un grito, a una palabra, al desprecio constante. Más de veinte mujeres asesinadas y miles que no pueden vivir y que, aisladas por sus verdugos, no encuentran el camino para salir de ese infierno. 
Mujeres a las que la sociedad no puede dejar abandonadas a su suerte. Ni las administraciones ni los políticos ni los cuerpos de seguridad ni los profesionales ni, mucho menos, los medios de comunicación. 

Los periodistas debemos asumir el compromiso de denunciar la falta de recursos para que salgan de esa situación, sacar los colores a las administraciones que no las protejan ni las ayuden, ponerles nombre para que no sean una más, destacar el trabajo de los profesionales que cada día luchan para acabar con esta lacra.

También es nuestra labor indicarles los posibles caminos, darles voz, mostrarles que no están solas y que de ese infierno, con medios y tolerancia cero con la violencia machista, se sale. Con más medios y tolerancia cero. Si no es así, la lista seguirá creciendo. Asesinada tras asesinada.

Las queremos vivas. 
Nos queremos vivas.»



lunes, 11 de julio de 2016

'Cinco esquinas', la prensa amarilla como arma política en el Perú de Fujimori


Vaya por delante que lo que practica la revista Destapes en la última novela de Mario Vargas Llosa, ‘Cinco esquinas’, no es periodismo. No, al menos, para mí. Dicho esto, las más de 300 páginas de esta historia de intrigas, chantajes, sexo, amor, política y miserias varias no se leen. Se beben. El primer capítulo es, sin duda, uno de los más subyugantes inicios de novela que he leído en muchos años. Con esas dos mujeres, Marisa y Chabela, amigas íntimas, en la cama descubriéndose por primera vez más allá de la amistad. Y el segundo no le va a zaga, con ese empresario, Quique Cárdenas, mutando de la soberbia al pánico al verse en una orgía en las fotografías que le muestra Rolando Garro, grimoso director de Destapes. Un chantaje que disfraza de favor y a partir del cual el premio Nobel teje una trama en la que las vidas de sus protagonistas no tienen sólo la misión de contar una atrapante historia, sino también de mostrar el ambiente que se palpaba en el Perú de la dictadura de Fujimori y su temido Doctor, quienes usaban la publicación de escándalos en revistas sin ética ni escrúpulos como arma política. Con ellas manejaban a empresarios, jueces y a cualquiera que no accediera de primeras a sus intenciones. Y ése es el relato de ‘Cinco esquinas’, el nombre del barrio en el que vive Julieta Leguizamón ‘La Retaquita’, la periodista estrella de Destapes que tendrá que lidiar, tras la desaparición de Garro, con el chantaje, con la policía, con un artista venido a menos por culpa de su jefe, con el próximo número de la revista, con el Doctor, con el miedo del autor de las fotografías… Todo ello en un ambiente agobiante y pegajoso al que, más allá de las molestias de la prensa, la separación y el qué dirán, prácticamente viven ajenas Marisa y Chabela, mujeres del atemorizado Cárdenas y su abogado, centradas en sus juegos de conocimiento mutuo.


¿Había despertado o seguía soñando? Aquel calorcito en su empeine derecho estaba siempre allí, una sensación insólita que le erizaba todo el cuerpo y le revelaba que no estaba sola en esa cama. Los recuerdos acudían en tropel a su cabeza pero se iban ordenando como un crucigrama que se llena lentamente. Habían estado divertidas y algo achispadas por el vino después de la comida, pasando del terrorismo a las películas y a los chismes sociales, cuando, de pronto, Chabela miró el reloj y se puso de pie de un salto, pálida.”



Título: ‘Cinco esquinas’
Autor: Mario Vargas Llosa
Editorial: Alfaguara
Páginas: 320
Precio: 20,90€
Procedencia: biblioteca papá y mamá


miércoles, 6 de julio de 2016

'Redburn', el primer viaje de Melville


@martatorresmol


Wellingborough Redburn es Wellingborough Redburn. Herman Melville es Herman Melville. Pero Redburn, en realidad, es Melville. Redburn es Melville antes de que Melville se fuera a cazar ballenas, y de que viviera con una tribu de caníbales en las Islas marquesas. Redburn es Melville cuando el escritor tenía poco menos de veinte años y se enroló, sin saber nada del mar (la Mar, como diría alguien a quien aprecio) como grumete en un buque mercante. Ésa es la historia que cuenta el autor de la ballena más famosa de la literatura en ‘Redburn. Su primer viaje’, una apasionante historia en la que el protagonista crece, madura y descubre la maldad y lo miserables que pueden llegar a ser los hombres en un ambiente que, desde el primer momento se le presenta hostil. Redburn pasa de la ilusión de la aventura de embarcarse rumbo a Liverpool a la decepción diaria: las bromas de sus compañeros en el ‘Highlander’, el hambre, los mareos, las peleas, la indiferencia de sus superiores, las guardias nocturnas, las arduas tareas, el miedo… El viaje de ida es el descubrimiento de un oficio. La estancia en Liverpool es el descubrimiento de una ciudad. El viaje de regreso es el descubrimiento de la miseria humana. Melville recuerda su primer viaje sin compasión, sin romanticismo, de una forma descarnada, dura, cruda. Así retrata su propia ingenuidad, que va perdiendo milla a milla, como a sus compañeros de aventura, desde el groenlandés que le ofrece sus primeros dedos de whisky para superar el mareo al cruel Jackson que tiene bajo su mano a toda la tripulación pasando por el despótico capitán Riga o los pasajeros que viajan, cargados de ilusiones y sueños, desde Liverpool en una travesía de regreso más difícil aún que la de ida. Una historia apasionante, por la aventura y por los personajes, casi tanto incluso (perdón por la herejía) como ‘Moby Dick’.

“—Wellingborough, ya que tienes intención de embarcarte, ¿por qué no te llevas mi chaqueta de caza?; es justo lo que necesitas… Llévatela, te ahorrarás tener que comprar una. Ya lo verás, es muy caliente; tiene los faldones largos, duros botones de cuerno y muchos bolsillos. 
Así, con toda la bondad y sencillez de su corazón, me habló mi hermano mayor la víspera de mi partida hacia el puerto.”


Título: ‘Redburn. Su primer viaje’
Autor: Herman Melville
Editorial: Alba
Colección: Clásica
Páginas: 520
Precio: 26€
Procedencia: comprado


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