jueves, 30 de junio de 2016

'El amante bilingüe', el hombre que se fingió charnego para seducir


@Martatorresmol
No sé si leí ‘El amante bilingüe’, de Juan Marsé. Sé que pasé los ojos por cada una de sus palabras. Que las yemas de mis dedos palparon cada página. Que sé cómo Norma abandonó a su marido, Juan Marés. Y cómo éste, en la práctica indigencia tras el golpe, acaba convirtiéndose conscientemente en Faneca, un charnego, un cliché, para intentar volver a sentir la piel de su ya exmujer pegada a la suya. Sé que todo eso llegó a mi cabeza, pero no sé si se puede decir que leyera el libro. Porque no lo leí, lo engullí ­­–deprisadeprisadeprisadeprisa…- porque si paraba, si pensaba, si le daba un respiro, no lo leería. ‘El amante bilingüe’, una sátira sobre las diferencias de clase y la lengua en la Barcelona de finales de los 70 y los 80, fue uno de esos libros que llegó sin esperarlo. Que quizás no debería haber llegado como lo hizo, pero al que precisamente por eso le tengo cariño. Un libro que guarda una historia dentro. Y otra fuera. Dentro veo a Faneca forzando un acento andaluz al llamar a Norma al Servei de Normalització Lingüística de la Generalitat. Fuera veo un paquete marrón en una mesilla de noche. Dentro veo a un niño ganándose un duro por recitar un poema de Josep Maria de Sagarra en una fiesta de la zona alta de Barcelona. Fuera veo la dedicatoria en catalán: “Per la meva molt estimada…”. Dentro veo a Marés tocando el acordeón para sacarse unas monedas y a la pobre Griselda enamorándose de Faneca. Fuera veo la lluvia de última hora desde la ventana. Dentro veo a Marés con una copa de amontillado en la Travessera de Dalt preguntándose si es Marés o Faneca, si aún sigue siendo él o el personaje se lo ha comido ya. Fuera veo una camisa hawaiana. Dentro veo a Norma, una niña bien catalana, seducida por el tramposo Faneca, su parche y su acento del sur. Dentro veo una historia cargada de ironía, cruda en el fondo, que va más allá de esos cuernos y esa pantomima de disfrazarse para seducir, una situación que con el paso de las páginas (entre ellas están, como punto de libro, las entradas del Guggenheim, y con ellas el italiano que quería colarse y tu hartazgo de los turistas que pedían que les hicieras fotos y...) congela la media sonrisa y llega a ser angustiosa. Claustrofóbica. Inquietante.

“Una tarde lluviosa del mes de noviembre de 1975, al regresar a casa de forma imprevista, encontré a mi mujer en la cama con otro hombre. Recuerdo que al abrir la puerta del dormitorio, lo primero que vi fue a mí mismo abriendo la puerta del dormitorio; todavía hoy, diez años después de lo ocurrido, cuando ya no soy más que una sombra del que fui, cada vez que entro desprevenido en ese dormitorio, el espejo del armario me devuelve puntualmente aquella trémula imagen de la desolación…”


Título: ‘El amante bilingüe
Autor: Juan Marsé
Editorial: DeBolsillo
Páginas: 208
Precio: 8,95€
Procedencia: Regalo de A.

martes, 28 de junio de 2016

La pared de piedra, el tesoro pirata, los fantasmas...


@martatorresmol
Detrás de la pared de piedra está el primer periquito que hubo en casa. Unas ramas en forma de cruz marcaban el sitio en el que lo dejamos dormir. Nada queda ya de aquella cruz. Ni de nada. El tiempo lo ha borrado. El tiempo, la lluvia, el tiempo, el viento, el tiempo, el olvido…


Entre todos se lo han llevado todo. Poco queda allí de aquel paraíso infantil. Aquel lugar en el que la arena de unas obras era la playa más grande del mundo. En el que un algarrobo te daba alas. Donde podías creer que eras John Wayne y frente a ti no tenías latas, tenías malos a los que abatir. Un lugar en el que el tejado era el Everest conquistado y un baúl lleno de sábanas viejas era el cofre en el que algún pirata seguro que dejó olvidado un tesoro. Y quizás, en las tinajas de una habitación vacía y oscura, se escondían fantasmas dispuestos a asustar a quien osara perturbar su paz.

Un lugar donde quitar los cardos era la competición más apasionante de la historia y las ampollas que llenaban las manos, medallas de las que presumir. Una tierra más vasta que Tara en la que los árboles muertos eran cabañas en las que cabía un universo. Ningún coche ha superado nunca al rally en carretilla. Una finca que fue una escuela. De naturales: las moras crecen en arbustos que pinchan, no todas las naranjas son dulces, los mejores higos son los que parecen a punto de reventar… De química: a falta de jabón buenos son la ceniza y las hojas de laurel. De realidad: días de trabajo no siempre reciben la recompensa esperada, se puede vivir sin agua, y sin luz, y sin nevera. De lengua: esbarzer, eixadò, xereca, partió, escard, oriola, codony, majoral

Un lugar que siempre estuvo sin estar. Que estando, nunca estaba. Que a punto estuvo de perderse. Olvidado en el recuerdo. Recordado en el olvido. Un lugar que se resiste a desaparecer. Que quiere crecer. Que quiere ser. Un palacio vergonzoso, que se esconde en las grietas y las ruinas, que se sirve de moho y malas hierbas para ocultarse. Que despierta los sueños. La ilusión. Las ganas. Un tesoro que no olvidaron los piratas, que no está en ningún baúl.

martes, 21 de junio de 2016

"Állos, állos, állos..., Eleftheria"




«¡Állos! ¡Állos! ¡Állos!...». [«¡Otra! ¡Otra! ¡Otra!...», en griego] El público, escaso pero muy entregado, pide una más a Eleftheria Arvanitaki. Es casi medianoche. Los focos del escenario de la vieja Comandancia se han apagado. Sobre él sólo quedan, ya en silencio, los instrumentos. Un taburete. Un par de atriles. Y, apoyado en uno de los altavoces, un ramo de flores. «¡Állos! ¡Állos! ¡Állos!...», continúa pidiendo el público, animado por los dos entusiastas espectadores griegos que claman desde la primera fila. Han llegado pronto. Han entrado de los primeros. Y desde que la ateniense aparece sobre las tablas, envuelta en luz y humo, para interpretar 'Kratisou apo mena' ['Aférrate a mí'], de su último disco, '9+1 Istories', dejan claro que están entregados. Cuando los primeros aplausos empiezan a desfallecer la llaman por su nombre, le preguntan, en griego, algo incomprensible para la mayoría de los asistentes. «El país, ya saben...», explica la cantante al público con una sonrisa antes de zanjar la conversación –«hasta aquí la charla»–, cerrar un momento los ojos y...
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