lunes, 25 de abril de 2016

'El francotirador paciente', cacería con olor a pintura


¿Qué hay detrás de cada uno de los grafitis que llenan los muros de las ciudades? Detrás de letras abombadas. De calaveras. De peces sin agua. De simples firmas que lo emborronan todo. ¿Qué historias esconden? Mucho más de lo que seguramente la mayoría piensa. En ocasiones. Mucho menos de lo que la mayoría imagina. A veces. No es este último el caso de los grafitis que pasan por las páginas de ‘El francotirador paciente’, de Arturo Pérez-Reverte, que guardan secretos, riesgos, muertes, arte, persecuciones, noches en vela, sustos… Los sufren Lex Varela, experta en arte urbano, y Sniper, grafitero que desarrolla su obra en la clandestinidad. Que provoca a la sociedad con sus dibujos y mensajes. Y con sus actuaciones en las que jóvenes que le idolatran siguen sus propuestas y se juegan la vida (a veces la pierden) para conseguir el reto y la admiración de su ídolo. Una potente editorial quiere a Sniper. Y Lex le busca, le persigue por media Europa (España, Portugal, Italia) para hacerle la oferta. Va tras sus pasos, tras sus dibujos, tras sus amigos, con una sola persona en la cabeza, Lita, la grafitera a la que una vez amó. Tras ella van dos siniestras figuras. También buscan a Sniper. También tienen un encargo. Les envía alguien poderoso que también tiene a una sola persona en la cabeza, su hijo. Los encargos. El olor a pintura. La venganza ¿Quién es en realidad qué? ¿Cazador o presa? La respuesta, a la que llega tras una lectura voraz, no es tan simple. Han pasado semanas desde que llegué a la última página. Y aún no tengo claro que quienes cazan y consiguen su presa no sean en realidad presa de otra persecución aún mayor

“Eran lobos nocturnos, cazadores clandestinos de muros y superficies, bombarderos sin piedad que se movían en el espacio urbano, cautos, sobre las suelas silenciosas de sus deportivas. Muy jóvenes y ágiles. Uno alto y otro bajo. Vestían pantalones vaqueros y sudaderas de felpa negra para camuflarse en la oscuridad; y, al moverse, en las mochilas manchadas de pintura tintineaban sus botes de aerosol provistos de boquillas apropiadas para piezas rápidas y de poca precisión.”


Título: ‘El francotirador paciente’,
Editorial: Alfaguara
Páginas: 312
Precio: 19,50€
Procedencia: regalo


viernes, 15 de abril de 2016

'El secreto de Joe Gould', un personaje, dos perfiles y un periodista

Joe Gould es un indigente. Un personaje del Village. Un sujeto peculiar. Culto. Escritor. Joe Gould es un hombre que renunció a los bienes materiales para poder dedicarse a la gran labor de su vida: ‘La historia oral de Estados Unidos’. Un individuo que duerme donde puede, que bebe aquello a lo que le invitan, que luce los trajes que otros desechan, que hace de las hojas de diario su camiseta interior, que en algunas reuniones sociales simula ser una gaviota, que escribe compulsivamente en cuadernos baratos y que guarda los tomos de su gran obra en casas de amigos mientras pasa su vida en soledad. Ése es, a grandes trazos, Joe Gould. Así es, al menos, como lo describe el periodista Joseph Mitchell en dos artículos fabulosos publicados en The New Yorker. Dos textos de ese periodismo que, bien escrito y mimado hasta el extremo, engancha como una novela y estremece como la noticia más cruda. Dos perfiles de un mismo personaje. Joseph Mitchell escribió el primero, ‘El profesor Gaviota’, en 1942. El segundo, ‘El secreto de Joe Gould’, más extenso, lo publicó en 1964, siete años después del fallecimiento del protagonista. En el primero, este personaje del Village aparece como un sujeto estrambótico, que cae simpático a pesar de sus rarezas, alguien con quien no te importaría sentarte a tomar algo y charlar corriendo el riesgo de que alguna de sus locuras te haga enrojecer de vergüenza. En el segundo, en cambio, se nos presenta como alguien con más matices, con más caras, con zonas oscuras, desagradable, incluso, en algunos momentos, y con un secreto. Un secreto nada turbio, nada tremendo. Algo que a Gould le sirve para mantenerse en pie, para seguir adelante, para despertarse cada día, para no perder la poca cordura que le queda. Dos piezas magistrales. Dos perfiles que todo periodista debería leer, y añorar cómo se hacían algunas cosas hace décadas, y admirar la capacidad de Mitchell, y soñar con textos que tardan años en fraguarse, que se construyen con el tiempo, con la vista, con el oído, con las sensaciones. Dos piezas magníficas. Que todo lector debería leer, y pensar que la realidad puede ser la mejor novela, que no hay personaje de ficción mejor que muchas de las personas con las que se cruzan cada día, que, a veces, no hay mejores textos que aquellos que se publican en la prensa

"Joe Gould es un hombrecillo risueño y demacrado que desde hace un cuarto de siglo goza de notoriedad en cafeterías, comedores, bares y tugurios de Greenwich Village. A veces, con cierto sarcasmo, se jacta de ser el último bohemio. 'Todos los demás se han quedado en el camino', dice. 'Algunos están bajo tierra, otros en el manicomio y otros en la publicidad'."

Título: 'El secreto de Joe Gould'
Autor: Joseph Mitchell
Editorial: Anagrama
Colección: Otra vuelta de tuerca
Páginas: 192
Precio: 14,90€
Procedencia: comprado 
(recomendación de Pedro de Hipérbole)

martes, 12 de abril de 2016

Cuando te leen abordo...

@Martatorresmol

El paraíso no siempre es de arena*

Son las cinco de la tarde en la playa de es Codolar. Da igual si es invierno o pleno agosto. Apenas hay nadie. Sólo un cabo (Cap des Falcó) la separa de la popular ses Salines. El son del día ha calentado los cantos rodados. El agradable calor sube desde la planta de los pies. Sólo se oyen las olas del mar, a punto de comerse el sol en uno de los atardeceres más impactantes y diáfanos de la isla de Ibiza. (...) El agua es clara. Limpia. Para llegar a ella basta con caminar sobre las piedras más grandes y, ya en la orilla, aunque las olas sólo lleguen a las rodillas, lanzarse. Dejarse abrazar por el mar y nadar mar adentro. Bucear, sumergir la cabeza, escuchar el canto de las piedras, el roce de unas contra otras mecidas por el vaivén de las olas. (seguir leyendo)

*Publicado en el último número de la revista de Baleària (página 26), disponible en todos los barcos de la compañía, con fotos fantásticas de Sergio G. Cañizares

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