miércoles, 25 de noviembre de 2015

Olvidar el mundo de las princesas

Neus Montero, con las jaulas de libros que su hijo Iván usa para hacer magia. M. T. M.

´La Bella y la Bestia´. El peor de los cuentos posibles. Una bestia, un monstruo, que deja de serlo por amor. Una joven, una mujer, que siente que si él no muta de ogro a príncipe es porque ella no es suficientemente buena. Lo dicho, el peor de los cuentos posibles. Es lo que opina Neus Montero, cuentacuentos, por mucho que Disney haya querido edulcorarlo. «En el cuento original la Bestia acaba comiéndose a la Bella», afirma Montero, que apunta a Barba Azul como el cuento clásico en el que la violencia machista está más presente y recomienda, a los adultos, la adaptación de la novelista belga Amélie Nothomb.

Montero alerta sobre dos cuentos de hadas clásicos: Blancanieves y la Bella Durmiente. «Por el rol pasivo de la mujer. No hacen nada. Esperan, dormidas o inconscientes, a que llegue el príncipe, el macho alfa, y las despierte. Además, no las conoce de nada, solo las ha visto en ese estado, ni siquiera puede estar enamorado, son un mero trofeo», explica la cuentacuentos, que recuerda que... (seguir leyendo)


lunes, 23 de noviembre de 2015

'Hombres sin mujeres', cuando las novelas no crecen


Hace un tiempo que dimití de Murakami. Me gusta. Me encanta como novelista. Pero leí un volumen de cuentos, ‘Sauce ciego, mujer dormida’, y dimití. Pero en ese intercambio irregular que mantengo con una amiga me cayó en las manos ‘Hombres sin mujeres’, un compendio de cuentos del escritor japonés. Así que abrí las tapas con el recelo y la recomendación en plena lucha. Y me topé con ‘Drive my car’, el primero de los siete relatos. Una historia de un actor famoso que busca un chófer que conduzca su coche y se encuentra con una mujer muy peculiar con la que establece una relación también peculiar. Y luego con ‘Yesterday’, y ese hombre que le pide a su amigo que entretenga a su novia mientras está liado con los exámenes (y entretener incluye lo que sea, por extraño que parezca). Y ‘Un órgano independiente’, con ese hombre consumido por amor. Y esa mujer de ‘Sherezade’ que llena el vacío de sexo del mismo hombre al que lleva la compra. Y después con ‘Kino’ y ese bar y esa gata (siempre hay gatos rondando cuando se lee a Murakami) que marca el destino. Y con ‘Samsa enamorado’ y esa mosca recién convertida en hombre y mirando con deseo a la cerrajera jorobada que cruza la peligrosa Praga para arreglar una cerradura. Y por fin con ‘Hombres sin mujeres’ y esa llamada nocturna que comunica un suicidio. Y, a pesar de que me he reconciliado con el Murakami cuentista porque algunos relatos, como ‘Samsa’, me han encantado, sigo pensando que a la mayoría de los cuentos de Murakami, muchas veces, les falta algo. Algo tan sencillo como un final redondo, un final que te haga pensar que de verdad has leído un cuento y no una novela que se quedó pequeñita, que no creció lo suficiente para tener un final.


“El timbre del teléfono me despierta pasada la una de la madrugada. Una llamada telefónica en plena noche siempre resulta violenta. Es como si alguien intentase destruir el mundo valiéndose de una brutal pieza metálica. Como miembro del género humano, tengo la obligación de acallarlo. Así que me levanto de la cama, voy a la salita de estar y descuelgo el auricular.”



Título: ‘Hombres sin mujeres’
Autor: Haruki Murakami
Editorial: Tusquets
Páginas: 272
Precio: 19€
Procedencia: préstamo Marian


lunes, 16 de noviembre de 2015

'La cata', Dahl con una copa de vino

'La cata', de Roald Dahl, en una mano, y una copa (grande, redonda y llena) de vino tinto en la otra. Así se lee este delicioso relato de uno de mis autores favoritos. Y así, sorbo a sorbo, vas descubriendo la cena que Mike Schofield y su mujer ofrecen en su casa de Londres al famoso gastrónomo Richard Pratt. Una cena en la que, como siempre, anfitrión e invitado se jugarán una caja de vino (y algo más) en una apuesta en la que, como siempre, Pratt deberá adivinar el vino que se sirve. Y así, con este sencillo argumento, Dahl, que es un mago del suspense cómico, de la sorpresa, del comportamiento humano, te tiene en vilo y con una sonrisa siempre a punto desde que lees la primera palabra hasta que llegas a la última. Pero no acabas. Vuelves al principio. Y aprovechas que la lectura te ha tenido tan concentrada que se te ha olvidado el vino para tomártelo con calma. Miras las ilustraciones. Te fijas en los detalles. En las caras de los protagonistas. Y así, lámina a lámina, sorbo a sorbo, llegas de nuevo al final. Y entonces cierras el librito (una maravilla de edición de Nórdica ilustrada por Iban Barrenetxea), apuras la copa de vino con un sorbo largo y lo saboreas mientras cierras los ojos y piensas en esa deliciosa cena.

"Éramos seis cenando esa noche en casa de Mike Schofield en Londres: Mike, su mujer e hija, mi mujer y yo, y un tipo llamado Richard Pratt. Richard Pratt era un famoso gastrónomo. Presidía una pequeña sociedad conocida como "los epicúreos", y todos los meses repartía entre sus miembros un panfleto sobre comida y vinos. Organizaba cenas en las que se servían platos suntuosos y vinos raros. No fumaba por miedo a estropearse el paladar y, cuando hablaba de vinos, tenía la curiosa y bastante peculiar costumbre de referirse a ellos como si fueran un ser vivo."

Título: 'La cata'
Autor: Roald Dahl
Ilustrador: Iban Barrenetxea
Editorial: Nórdica Libros
Páginas: 88
Precio: 19,50€
Procedencia: regalo mamá

lunes, 9 de noviembre de 2015

'Ve y pon un centinela', Scout se hace adulta


Nunca debí leer ‘Ve y pon un centinela’. Nunca debí volver a Harper Lee, a Scout, a Atticus, a Maycomb… Nunca debí querer saber qué había pasado con todos ellos después de aquel verano y aquel juicio y aquel susto y aquel rescate. No. Nunca. Porque ‘Ve y pon un centinela’ no es ‘Matar a un ruiseñor’. No es aquella maravilla que me tuvo pegada al orejero durante varios días, viendo, pensando y soñando con Maycomb. De hecho, no entiendo que se haya publicado. Y no es que sea una mala novela. No lo es. Es entretenida y se lee rápido. Pero lo enturbia todo. No hay vuelta atrás. Después de leer esta historia nada es igual. Ni Harper Lee ni Maycomb ni sus personajes. Y, sin embargo, a pesar de todo, este libro cuenta una verdad absoluta. Tan absoluta como el descubrimiento de que nuestros héroes de infancia no superan el paso a la edad adulta. Ni siquiera Atticus Finch. Sí, porque este libro va precisamente de eso, de cómo Scout descubre que su padre tiene sombras, y cómo eso hace que deje de ser Scout y se convierta, definitivamente, en Jean Louise Finch. Aunque le siga gustando vestirse como un chico, hacer gamberradas y huir de todo aquello que suponga comportarse como una señorita de buen nombre. El Maycomb al que regresa Scout es diferente. Ella ha cambiado, ha crecido, y la ciudad también. El enfrentamiento entre blancos y negros está a punto de explotar y hasta Calpurnia, su querida Calpurnia, la mujer que la crió, la trata diferente cuando va a visitarla a su casa, en uno de los barrios negros. Y eso, descubrir que tu mundo y tus creencias, lo intocable, lo inmutable, lo seguro, no son como creías, también es crecer. Y eso, siempre duele.


“Jean Louise Finch siempre hacía el viaje por aire, pero para aquella visita anual a casa decidió ir en tren desde Nueva York hasta el Empalme de Maycomb. Por un lado, porque se había llevado un susto de muerte la última vez que viajó en avión, cuando el piloto optó por atravesar un tornado. Por otro, porque llegar a casa en avión significaba que su padre tenía que levantarse a las tres de la mañana, conducir ciento sesenta kilómetros para ir a buscarla a mobile y trabajar después toda la jornada. Tenía ya setenta y dos años, y no era justo hacerle eso.”



Título: ‘Ve y pon un centinela’
Autora: Harper Lee
Editorial: Harper Collins
Páginas: 272
Precio: 
Procedencia: Regalo de mamá

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