viernes, 23 de enero de 2015

'Quedaos en la trinchera y luego corred', el poder de la inocencia en la Primera Guerra Mundial

Un niño. Y una guerra. El niño no es aquel Bruno que nos conmovió en ‘El niño con el pijama de rayas’, pero es inevitable hacernos la ilusión de que Alfie, el protagonista de ‘Quedaos en la trinchera y luego corred’, de John Boyne, es Bruno resucitado y vuelto a poner en una historia en la que la auténtica protagonista es la inocencia infantil. Porque eso es esta novelita de Boyne, una historia sobre el poder de la inocencia de los niños, un poder que perdura, incluso, cuando las durísimas circunstancias de la Primera Guerra Mundial alcanzan la línea de flotación de esa inocencia. Alfie, a pesar de que la guerra le haya arrebatado a su padre, a pesar de que ha alejado para siempre a su meor amiga, a pesar de que le obligue a dejar la mayoría de las clases para trabajar de limpiabotas, a pesar de que sea la causa de que su abuela no pueda preparar pasteles, sigue siendo un niño. Un niño que descubre, por casualidad, que el silencio de su padre, que ya no envía cartas desde el frente, no se debe a que esté destinado a una misión secreta sino a que está ingresado en un hospital psiquiátrico debido a las tremendas secuelas de lo que ha visto y vivido en las trincheras. Desde ese momento, Alfie tiene una misión: sacar a su padre del hospital, llevarlo a casa y recuperar la vida feliz y apacible que llevaba antes de la guerra. ¿Inocente? Sí. ¿Ingenuo? Mucho. ¿Posible? …

"Todas las noches, antes de dormirse, Alfie Summerfield intentaba rememorar cómo había sido su vida antes de la guerra. Pero cada día se le hacía más difícil recordarlo con claridad."


Título: 'Quedaos en la trinchera y luego corred'
Autor: John Boyne
Editorial: Nube de tinta
Páginas: 256
Precio: 15,95€

viernes, 16 de enero de 2015

Gabi Martínez: "El libro de viajes es el gran angular del periodismo"

Gabi Martínez (Barcelona, 1971) es a la vez autor y personaje de su último libro de viajes, ´Voy´, en el que se convierte a sí mismo en un periodista desaparecido en Nueva Zelanda cuando buscaba un pájaro ya extinguido a quien otro periodista pretende encontrar. Para ello entrevista a personas de su entorno, que recuerdan anécdotas y lugares en los que estuvo el Gabi viajero, ése que es a la vez autor y personaje.

Gabi Martínez, en Túnez, en uno de sus viajes / archivo personal
Es imposible leer ´Voy´, de Gabi Martínez, sin pensar en ´El verano´ de Coetzee o ´El corazón de las tinieblas´ de Conrad. El autor confiesa que también tenía en mente las ´Hojas de hierba´ de Walt Whitman al presentarse con el diminutivo en este libro. Martínez, periodista y escritor, lamenta el «arrinconamiento» que sufre en España la literatura de viajes. «Sorprende cuando se observa que la obra capital de nuestra literatura es ´El Quijote´, un libro literalmente de viajes», comenta antes de señalar que a ese género también podría añadirse el ´Cantar de mío Cid´.

—En ´Voy´ es usted el escritor, pero también el protagonista.
—Hay buena parte de mi biografía, pero no deja de ser una ficción, la cuestión es que sea verosímil. Es el objetivo de cualquier texto literario, al margen de que sea verdad o no.

—El protagonista se pregunta "¿Qué estoy haciendo aquí?". ¿Se lo ha preguntado muchas veces en sus viajes?
—Si no en cada viaje, casi. La primera vez que me lo pregunté fue en Marruecos, en el primer viaje del que salió un libro. Estaba en Tánger, en la terraza de los perezosos, mirando al puerto, viendo los barcos de Transmediterránea, pensando si devolvía el adelanto que me había dado la editorial y volvía a Barcelona porque la realidad que encontraba me estaba superando. Ése fue el primer "¿qué hago yo aquí?", en letras de neón, a lo grande. Después, en casi todos los viajes hay algún momento en el que te preguntas si realmente vale la pena lo que estás haciendo.

—¿Con el tiempo la respuesta cambia?
—Tienes más clara la respuesta: viajar siempre vale la pena. Lo que varía es la duda. Al principio es muy grande porque no tienes muy claro si valen la pena el esfuerzo, el sufrimiento y el dolor. Con el tiempo sabes que al regresar eres lo bastante diferente y has aprendido lo suficiente como para que todo eso compense.

—¿Le podemos llamar viaje a lo que hace ahora la gente?
—El viaje ahora está muy acotado en los límites de lo civilizado... (seguir leyendo)

martes, 13 de enero de 2015

'De abejas y brumas', pues eso, abejas y brumas

Leí este libro porque cuando leyó la contraportada mi madre pensó en mí. Y los libros que compra una madre para una pasan siempre al primer puesto de la montaña de libros pendientes (mandamiento número 1 de la hija lectora). Lo empecé con ganas, ansiosa por descubrir la historia de Meridia y Daniel, esos jóvenes que se conocen de manera misteriosa en una feria de magos y adivinos y cuyos destinos quedan enlazados de por vida, una vida (contraportada dixit) envuelta de realismo mágico. Pues bien, la historia no está mal, los personajes tampoco, pero... No tiene ese je ne se quois que hace que un libro te vuelva loca, o que te tenga amarrada a sus páginas, al menos. A 'De abejas y brumas' le falta una buena ambientación que te haga meterte en los escenarios y paisajes, también algo más de alma, que esa magia se cuele en la realidad hasta hacerte creer que es posible. Y es una pena, porque la idea de las abejas y las brumas es estupenda. Esas abejas que convoca Eva, la suegra de Meridia,  con sus maldades, su ponzoña, sus comentarios que sólo buscan enemistar y enfrentar. Esas brumas que aparecen en las puertas de las casas cuando el hombre al que quieres está queriendo a otra. A 'De abejas y brumas' le sobran páginas. O le faltan palabras para explicar todo aquello que el autor, que más parece haber escrito una redacción escolar que una novela, se olvida de comentar. Y eso que tiene en sus manos tres generaciones de mujeres con unas vidas increíbles: Ravenna, madre de Meridia, enamorada hasta el tuétano de su marido, un amor que se truncó una noche con un destello; Meridia, obstinada y valiente que se enfrenta a su malvada suegra y sus abejas, y Patina, madre de Eva, la suegra de Meridia, que pasa su vida como chacha de su propia hija para purgar su pecado. Eso que hace tan bien en las primeras páginas, llenas de vida y de sentimientos y de saltos, y que parece olvidar así como avanza la novela, una novela que valdría más la pena desmembrar, deshacer y volver a tejer.

"Pocos habitantes del pueblo coincidían a la hora de establecer el inicio de la batalla. El casamentero afirmaba que comenzó a la mañana siguiente de la boda, cuando Eva se llevó todo el oro de Meridia y le dejó trece metros de seda. El adivino juraba, respaldado por su bola de cristal, que la mirada de Eva no se tornó despiadada hasta que Meridia le echó por la cabeza la sangre de ganso tres meses después."

Título: 'De abejas y brumas'
Autor: Erick Setiawan
Editorial: Ediciones B
Páginas: 464
Precio: 5,95€

viernes, 9 de enero de 2015

Espejito, espejito...

M. T.
Llevo unas horas rebuscando en las estanterías. Y no lo encuentro. No encuentro mi viejo ejemplar de 'Historia de la belleza'. Y lo necesito. Lo necesito porque, tras muchas vueltas, creo que es la única manera posible de reconciliarme con ella, con la belleza. Ahora mismo no me llevo bien con ella. No la soporto. Le tengo manía. Necesito volver a las palabras de Umberto Eco para recordarme que todos, absolutamente todos, habríamos sido guapos y bellos en algún momento de la historia. Porque se nos puede llenar la cabeza con eso de que la belleza auténtica está en el interior (¡Cuánto daño ha hecho Disney), pero, sinceramente, somos mayorcitos y sabemos que eso no es así. Si no eres bella por fuera es más difícil que alguien se anime a descubrir si lo eres más por dentro. Te sabes la teoría, Sabes que no debes dejarte influir por las revistas, por los catálogos de moda, por los cánones estéticos. Sabes cómo enfrentarte a eso. Has aprendido a defenderte de ese bombardeo constante, a ignorarlo e, incluso, a apreciarte y verte guapa en el reflejo de un escaparate presidido por un póster a tamaño natural de una Kate Upton de cutis y carnes perfectas. Estás tan acostumbrada, que piensas que ya lo has conseguido, que a pesar de tu lista infinita de defectos y complejos te has trabajado la autoestima y estás a salvo de hundirte por algo tan superficial y tan importante como es la belleza, o la falta de ella. Te lo crees, de verdad, y deseas que las adolescentes lleguen a ese mismo punto cuanto antes. Estás tan confiada y segura que no esperas el golpe. Y, de repente, necesitas a Umberto Eco para no bajar los ojos cada vez que te enfrentas al espejo.

martes, 6 de enero de 2015

Pues sí, 'Te llevaré conmigo'...

Vuelvo (quizás algún día explique por qué me fui) con un libro que ya no está conmigo, pero que llevaré siempre dentro, porque es de esos que se te meten en el cuerpo por los ojos, los respiras, se cuelan en tus venas y ahí siguen, dando vueltas por tu organismo una y otra vez. Pensaba que Niccolò Ammaniti no podía volver a hacerlo, que después de ese 'Tú y yo' que aún llevo tatuado en el tuétano todo me sabría a nada, a poco, pero no ha sido así. 'Te llevaré conmigo' es una de esas novelas  fáciles de leer y difíciles de olvidar. Y eso que comienza suave, como una historia más de relaciones complicadas en el ambiente claustrofóbico de un pequeño pueblo italiano, pero no hay que confiarse, poquito a poquito, sin darte cuenta, Ammaniti te va metiendo en ese pozo que son las casi 500 páginas de 'Te llevaré conmigo', un pozo en el que te meten, cogida de la mano, Graziano Biglia, ese músico playboy que sólo es capaz de amar a las mujeres bellas, y el pequeño Pietro, el tímido e inseguro Pietro. Dos protagonistas que comparten espacio y a los que el destino les tiene guardadas cartas muy similares. Ambos tienen frente a ellos a Flora, una profesora virgen reacia a dejarse embelesar por el seductor Graziano, y Gloria, niña bien, de familia acomodada, que adora a Pietro a pesar de las diferencias sociales. Pero ellos cuatro, siendo todo en la novela, no son todo. Está el pueblo. Está el bar. Están los amigotes de Graziano. Está la fiesta en el pantano. Están las casas. Y las madres. Y los padres. Y a todos ellos los oyes, los sientes, los hueles. No he estado en Ischiano Scalo, pero lo recuerdo como si hubiera pasado allí un verano. No he estado, pero si voy, te llevaré conmigo.


Título: 'Te llevaré conmigo'
Autor: Niccolò Ammaniti
Editorial: Anagrama
Páginas: 464
Precio: 21,90€
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