miércoles, 30 de octubre de 2013

'La felicidad es un té contigo', un gentleman en el Albaicín

Vale, sí, lo reconozco, si fuera por mis prejuicios nunca, nunca, nunca, hubiera leído 'La felicidad es un té contigo', de Mamen Sánchez. Primero, por la portada, que da la sensación de lectura almibarada. Y segundo por el título, que da la sensación de lectura almibarada. Por suerte estáis ahí vosotros, bueno, vosotras, para animarme a decirles a mis prejuicios que se fueran a dar una vuelta. Claro que, si hubiera sido por ellos, tampoco habría leído ningún libro de Anna Gavalda, que vaya mala pata tiene la mujer para los títulos ('El Consuelo', 'Juntos, nada más'). Y, aunque haya empezado esta reseña con cierta alegría, escribirla me va a costar. Mucho. Porque este libro, por aquello del destino, ha quedado ligado a una tarde de tequilas, a las tropas napoleónicas, a una flotilla de patos y a una autoestima por los suelos. Pero el libro de Mamen Sánchez no tiene la culpa de nada de eso, al revés, se convirtió en un buen amigo. 'La felicidad es un té contigo' es la historia de cómo un hombre que viene a destruir el futuro de las cinco mujeres que trabajan en la revista literaria Librarte acaba construyendo su propio futuro. Y su presente, ya de paso. Ese hombre, Atticus (sí, se llama igual que el protagonista de mi imprescindible 'Matar a un ruiseñor' y es guapo, educado, cultísimo, capaz de enamorarse y viaja siempre con una pequeña biblioteca erótica) viaja a España con el objetivo de cerrar la revista, que es una ruina, y despedir a las cinco mujeres que trabajan en ella, pero ellas no están por la labor, así que ingenian un plan para que Atticus se enamore de la más joven, Soleá, un bellezón gitano del Albaicín capaz de volver loco a cualquiera. Pero el plan, como no podía ser de otra manera, no sale exactamente como ellas habían pensado. O sí. Porque, como es fácil imaginar por la contraportada del libro ("La novela más alegre del año"), 'La felicidad es un té contigo' es una de esas novelas en las que todo acaba colocándose en el lugar en el que siempre debió estar. Lo mejor, sin duda, los personajes. A pesar de sus defectos. O precisamente por ellos, porque alguien sin defectos esconde un monstruo. Incluso al anticuado inspector Manchego y a la envarada señora Craftsman se les acaba cogiendo cariño al ir pasando las páginas de esta novela que, además, tiene como escenario mi tierra heredada (Granada) y como sueño mi tierra de verdad (Ibiza).

"Lo que tuvo lugar aquella mañana de domingo a las once y cuarto en punto en la oficina de Librarte no fue una reunión entre cinco mujeres civilizadas, sino más bien un aquelarre entre cinco brujas despiadadas que recurrieron a las malas artes y a la magia negra para esquivar la desgracia que se les venía encima.
Fueron llegando a cuentagotas, en el orden habitual: Berta, Soleá, María, Asunción y Gaby. Todas aterradas, intentando disimular con aspavientos exagerados la realidad de su angustia. Ellas, que a diario se saludaban con un escueto buenos días, aquel domingo se abrazaron y besaron, como si aquello fuerala fiesta de las antiguas alumnas del colegio e hiciera veinticinco años que se hubieran visto por última vez. Luego desayunaron juntas el café de Berta y los bollos de Asunción, y charlaron de niños, libros y estrenos de teatro para dilatar el buen rato hasta el fatal momento en que hubiera que enfrentarse a la verdad."

Título: La felicidad es un té contigo
Autora: Mamen Sánchez
Editorial: Espasa
Páginas: 336
Precio: 19,90€

miércoles, 23 de octubre de 2013

Octubre...

M. T.
Octubre. Las bufandas siguen esperando bajo la cama. No hay cielos empedrados. El sudor chorrea por la espalda recogiendo piñas. Los helados se ríen de los panellets que no se hornearán. Los caminos polvorientos esperan la lluvia. El sol asa las castañas junto a la piscina. ¿Octubre?

lunes, 21 de octubre de 2013

'El metge i un gos d'atura', el lobo siempre es humano

El lobo, la bestia, esa parte oscura de los cuentos infantiles nunca es un lobo, una bestia. Siempre es humano. Y todos, bestia y no bestia, son víctimas. Es la reflexión de Inés Vidal Farré, arquitecta que se niega a definirse como escritora a pesar de que tiene ya tres libros publicados, que sobrevuela 'El metge i un gos d'atura' (editado únicamente en catalán), la última novela que acaba de publicar. Una novela que le costó escribir. Una novela sobre abusos infantiles en un pequeño pueblo del Pirineo y que escribió cuando su hijo mayor era poco más que un bebé. Esta no es la primera vez que Inés Vidal aborda, a su manera y de forma tangencial aunque clara, la parte oscura que se esconde en todos los cuentos infantiles. 'El metge i un gos d'atura' se mueve en dos tiempos, en dos abusos sexuales, uno que se nos presenta de forma bastante clara desde el primer momento y otro que sobreentendemos y cuyos detalles vamos descubriendo a lo largo de las páginas y que nos sirve para ir atando cabos, unos cabos que, por muchas vueltas que des, acaban en un nudo sorprendente. La novela, de apenas unas cien páginas, habla de las bestias, pero también del silencio que envuelve los actos de estas personas en algunos ambientes y de cómo, rascando un poco, siempre se encuentra el momento en que una persona se convirtió en el lobo. "La maldad absoluta, el mal por el mal, no existe", asegura la escritora.

"Todo castigo es inútil. Y cuando se trata de niños, el castigo es una venganza absurda. No repara nada. El castigo sólo enseña a castigar."*

*En catalán, en el original

Título: 'El metge i un gos d'atura'
Autora: Inés Vidal Farré
Editorial: Cossetània
Páginas: 104
Precio: 11,70€

viernes, 18 de octubre de 2013

La cazadora de estrellas caza latas


Cuando me puse los zapatos de rubíes y empecé a pintar mi propio camino de baldosas amarillas sólo pretendía desahogarme, escribir por el camino aquello que no podía escribir en mi día a día. No esperaba conocer gente como la que he conocido. No esperaba que nadie abriera la puerta y se colara en mi vida. No esperaba, y no será por que no haya visto la película mil veces, encontrarme espantapájaros, leones y hombres de hojalata. Personas que de verdad te llegan al corazón. Gente, como la cazadora de estrellas, que te envía las latas con tu nombre que no consigues encontrar en tu isla, que te pinta una sonrisa en la cara, que te trae a Meryl Streep a casa, que te hace pensar que es una pena que no la tengas a una llamada de teléfono para quedar a tomar un café. O una caña. O bebernos en la playa nuestras latas con nuestros nombres

miércoles, 16 de octubre de 2013

'Contigo aprendí', amores cruzados en Asturias, La Habana y Nueva York

La de tonterías que hacemos por amor. La de mentiras que nos esforzamos en creer. La de verdades que escondemos debajo de la alfombra para no verlas. La de decisiones estúpidas que tomamos para olvidar y que no hacen más que traer de vuelta el recuerdo. La de vueltas que damos para acabar en el mismo sitio, sólo que con más arrugas y experiencias a la espalda. Es lo que se esconde detrás de la apasionante historia de principios de siglo 'Contigo aprendí', de Silvia Grijalba. María Luisa es una belleza, la mujer más bella de su comarca, la mujer que José decide convertir en su esposa al volver de Cuba. Nunca se le resistió una mujer, nunca se enamoró de ninguna como de María Luisa, nunca se sintió tan poco como a su lado. María Luisa, despechada porque su amor, Fernando, se ha casado con otra, se deja querer. Se deja cubrir de sedas, de atenciones, se deja envolver por la buena vida que le puede ofrecer José, una vida llena de comodidades y fiestas. Pero por mucho que se mienta y por mucho que se esconda las verdades, por mucho que desee a su marido y por mucho que se esfuerce en quererlo, la verdad es que Fernando sigue estando ahí. Ni siquiera en Cuba, país en el que liberará su sensualidad y en el que descubrirá de verdad lo que es tener una amiga, consigue deshacerse de un lastre que le perseguirá hasta Nueva York, donde conocerá a Fred Astaire y Dorothy Parker y que tendrá un papel fundamental a la hora de dejar de mentirse, de sacar las verdades de debajo de la alfombra y de encontrar el único camino que de verdad debe interesarle, el suyo. Una lección, la de la valentía de María Luisa, tan bien contada que no puedes separarte de sus páginas, de ese fascinante recorrido de Asturias a Cuba a Nueva York entre vestidos y fiestas, hoteles de lujo y bailes atrevidos, casas vacías y estanques llenos de ranas.

"José Rodríguez tenía un don natural para el espectáculo. Jamás había ido al cine; al teatro, sólo una vez. Pero José Rodríguez siempre había sabido cómo dejar una huella indeleble en los demás, y su vuelta a Malleza era uno de esos momentos en los que podía y tenía que lucirse. El haiga, ese Hispano-Suiza blanco cabriolet, hubiera sido suficiente artillería para cualquiera. Pero José Rodríguez no era un hombre que se conformara con aprobar. Así que contrató a un chófer, le uniformó como un coronel y él se atavió con su mejor traje de hilo blanco y un panamá que decidió quitarse a la altura de Muros porque, aunque le daba un aire señorial, corría el riesgo de resultar ridículo teniendo en cuenta el cielo encapotado de aquel 2 de marzo de 1930."

Título: 'Contigo aprendí'
Autora: Silvia Grijalba
Editorial: Planeta
Páginas: 298
Precio: 17,90€

lunes, 14 de octubre de 2013

Corazón... pisoteado*

Foto: M. T.
Ahí está. En el suelo. Se le cayó a alguien que no se dio cuenta. Y ahí sigue, en el mismo sitio, esperando. Lleva ahí tanto tiempo que el suelo se lo ha ido tragando. Es una mancha más en la tarima flotante. Una mancha que aguanta pisadas, centenares, cada día. Un corazón que aguanta el peso de otros corazones, centenares, cada día. Que sigue esperando. Y se hunde.

*Hace tiempo que hago fotos de corazones, a veces reales, a veces imaginados. Ha llegado la hora de enseñarlos.

viernes, 11 de octubre de 2013

'La ladrona de libros', la niña que enamoró a la muerte

No tengo palabras. No puedo hacer una reseña de este libro. No puedo hablar de 'La ladrona de libros' porque cualquier cosa que diga se quedaría pequeña. Cualquier comentario desmerecería el texto de Zusak. Cualquier frase sería una ofensa para la pequeña Liesel y, sobre todo, para la voz que nos cuenta esta preciosa y triste historia sobre la vida en una calle alemana durante la Segunda Guerra Mundial, la muerte. Es la voz de la muerte la que recuerda cómo conoció a la niña, cómo la vio, a lo largo de su vida, cada vez que se la cruzó al llevarse a algunos de sus seres queridos, cómo cada vez que se tropezó con ella despertó su curiosidad y cómo, todo lo que quiso saber sobre ella lo encontró en esa misma calle, tras un bombardeo que le dio mucho trabajo trasegando almas, en un libro olvidado en el suelo. Sumergirse en 'La ladrona de libros' es meterse en la vida de Liesel, en la muerte de su hermano pequeño, en su llegada a la casa de sus padres de acogida, en su empeño en no besar nunca a Rudy, en sus escapadas a la casa del alcalde para robar libros, en la sopa de guisantes diaria, en el judio Max escondido en el sótano, en las lecturas durante los bombardeos, en el acordeón de Hans, en la locura del chico que quiere ser Jesse Owens, en las juventudes hitlerianas, en las hogueras que queman libros y en los ríos que intentan robarlos. No tengo palabras para este libro que, debo confesar, no es mío. Lo robé.

"Liesel no pudo evitarlo. En su rostro se dibujó un atisbo de sonrisa cuando Rudy steiner, su mejor amigo, y ella repartieron los trozos de pan por la carretera. Una vez listos, recogieron las bicicletas y se escondieron entre los árboles de Navidad.
La carretera era fría y recta. Los soldados y los judíos no tardaron mucho en aparecer.
Liesel miró al chico entre las sombras de los árboles. Cómo habían cambiado las cosas, de ladrón de fruta a repartidor de pan. el cabello rubio, aunque estaba oscureciéndosele, parecía iluminado por las velas. A Liesel le sonaban las tripas... y él repartía pan entre la gente.
¿Era eso Alemania?
¿Era eso la Alemania nazi?"

Título: 'La ladrona de libros'
Autor: Markus Zusak
Editorial: Lumen
Páginas: 544
Precio: 21,90€

miércoles, 9 de octubre de 2013

Los manuscritos de Tombuctú, un tesoro en peligro

MARTA TORRES/DIARIO DE IBIZA A finales del siglo XIX, cuando los franceses convirtieron Mali en una colonia, las familias, temerosas, se apresuraron a poner a salvo los manuscritos (los más antiguos datan del siglo XIII) que tenían en casa y que habían pasado de generación en generación. Los envolvieron en fundas de cuero, los guardaron en cofres y cajas y los sacaron de las ciudades. Los llevaron a las aldeas, los escondieron bajo tierra. Y allí permanecieron durante décadas, hasta que en los años 70, impulsado por la Unesco y con el objetivo de recuperar estos manuscritos, se creó el Instituto Ahmed  Baba, en Tombuctú. Así, casi como si fuera un cuento (pocas veces el «en un lugar muy lejano» habrá sido tan cierto), comienza la historia de los manuscritos de Mali que la investigadora ibicenca Susana Molins conoce bien. Molins, que trabaja tratando de sacar a la luz los secretos que durante siglos han guardado estos documentos, alerta de que, en estos momentos, debido al conflicto bélico, vuelven a estar en peligro.

Fotos: The Tombouctou Manuscripts Project

Algunos, los de la biblioteca pública Ahmed Baba, han vuelto a las fundas de piel y los cofres en los que se enterraron y aguardan en un lugar secreto de Bamako, la capital del país, matiza. Aunque en malas condiciones. En un clima que no les es propicio. Un cambio tan brusco (del ambiente seco de Tombuctú a la humedad de Bamako) no sienta nada bien a unos manuscritos que han sobrevivido durante siglos. «Es un cambio fatal, no se sabe qué va a pasar», apunta. De algunos se dijo en su momento que los islamistas los habían quemado, algo que desmiente la investigadora: «Es algo que dijo el alcalde de Tombuctú, pero venderlos es un negocio mucho más lucrativo que quemarlos».
Molins recuerda el trabajo que durante décadas se hizo para recuperar el máximo posible de aquellos documentos que se escondieron de los colonos. «Se hizo una prospección por todo el país, incluso en las aldeas. Los prospectores ofrecían a las familias que tenían manuscritos algo que les hiciera falta, como una vaca o una cabra», detalla a los asistentes a la conferencia.


Así, poco a poco, el fondo de la Ahmed Baba ha llegado a reunir más de 30.000 de estos documentos. A estos hay que sumar los que atesoran las bibliotecas privadas auspiciadas por familias: «Conocen el contenido de los manuscritos, es un legado histórico y familiar, de mucho valor emocional, por eso crean sus propias bibliotecas». Precisamente en los textos que guarda uno de estos centros, el Fondo Kati (conocida como la biblioteca Andalusí), investiga la ibicenca. Investigaba. Debido al conflicto, Molins sigue trabajando, pero a distancia, con los documentos que tenía escaneados. Y el Fondo Kati ha iniciado la campaña ´Apadrina un manuscrito´ con la que pretende recaudar fondos para poder salvar y conservar los legajos. Los orígenes de esta familia se remontan, en la Edad Media, a Toledo, indica Molins. Ella misma destaca, como muestra de la importancia de la tradición oral de África, que las niñas de la familia son capaces de recordar su genealogía hasta ese momento.


Susana Molins explica que estos legajos recogen «todo el conocimiento del mundo islámico» y que hablan sobre religión, leyes, teología, mística sufí, numerología, astronomía y medicina, entre otros temas. Todos ellos están escritos en alfabeto árabe, aunque los hay en diferentes idiomas: desde las lenguas locales (songhai, bambara, fulfulde...) al afrikáans de los bóers e incluso el aljamiado (castellano medieval). Además, detalla que están compuestos de hojas sueltas –«el conocimiento era para compartirlo, cuando uno se aprendía una sección, se la dejaba a otra persona»– y no numeradas. «Cada hoja incluía la última palabra de la anterior y con eso sabían, cuando se la devolvían, dónde colocarla», añade sobre estos documentos que, relata, los bibliotecarios de la Ahmed Baba, «protegieron como pudieron» cuando integrantes del grupo fundamentalista Ansar Dine hicieron de la nueva sede del fondo su vivienda durante meses.

lunes, 7 de octubre de 2013

'Cada siete olas', ¿qué fue de Leo y Emmi?

Querido señor Glattauer,
creo sinceramente que debería habernos dejado sin saber qué pasaba con Leo y Emmi. Creo que debería habernos regalado la capacidad de imaginar qué ocurría con ellos, con su historia de amor, con sus ganas y desganas de conocerse, con sus dudas, con sus ilusiones, con sus recuerdos. Creo que debería habernos permitido soñar lo que quisiéramos con ellos. Pensar que no podían olvidarse y que al final nada les impide estar juntos como llevan dos años soñando o creer que el silencio es el olvido eterno y que nunca jamás sus vidas volverán a cruzarse. Pero en lugar de eso, señor Glattauer, nos castiga con 'Cada siete olas'. Se aprovecha de la curiosidad humana que sabe que nos llevará directos de la última página de 'Contra el viento del norte' a la primera de su continuación. Una continuación que desmerece su inicio. Una continuación en la que unos Leo y Emmi superados por la situación, enfrentados a la seguridad de que no se van a olvidar el uno del otro, deben ponerse serios y pensar qué hacer. Y ahí está el error, señor Glattauer, esos sentimientos desbordan el papel, se ahogan en los mails, explotan y salpican las páginas. Todo el pastel que tuvo el buen gusto de obviarnos en 'Contra el viento del norte' lo descarga en esta segunda parte, en la que se echa mucho de menos la ironía y el sarcasmo, el dolor y la rabia y la frustración que destilan todas y cada una de las palabras que se escriben Leo y Emmi.
Querido señor Glattauer, no sé qué le animó a escribir 'Cada siete olas'. ¿La gente quería saber qué pasaba con Leo y Emmi? ¿Necesitaba contarlo? ¿Pensaba en su bolsillo cuando decidió ponerse con los mensajes del servidor del sistema de Leo? Sea lo que sea, lamento profundamente haber caído en su trampa, haber querido saber en qué acababa esa historia de amor, haber sido incapaz de vencer mi curiosidad, haber salido corriendo a buscar ese libro que preferiría no haber leído. Ahora, gracias a usted, sé qué pasó con Leo y Emmi. Pero también sé que su amor les convierte en dóciles. Felices, pero dóciles.

Atentamente,
la que antes de 'Cada siete olas' quería leer todos sus libros

"Diez minutos después
Fw:
Es mi culpa. No tendría que haberte respondido cuando volví de Boston.


Un minuto después
Re: 
Es mi culpa. No tendría que haberte escrito que en el ático 15 estaba la luz encendida a las tres de la mañana. ¿Qué me interesa a mí tu luz? Por cierto, no sobreestimes demasiado la importancia que tienes para mí: pasaba por allí de casualidad en un taxi.

Dos minutos después
Fw:
Es cierto que mi luz no te interesa en absoluto, pero me pareció muy amable de tu parte que quisieras ahorrar electricidad conmigo. Por cierto, aunque no parezca importante para nuestra situación: desde un taxi no se puede ver si en el ático 15 está la luz encendida o no."

Título: 'Cada siete olas'
Autor: Daniel Glattauer
Editorial: Alfaguara
Páginas: 280
Precio: 17,50€

viernes, 4 de octubre de 2013

Guillem March: "La escena de sexo entre Batman y Catwoman pasó censura"



Guillem March (Mallorca 1979) trabaja desde hace cinco años para la editorial americana DC Comics. Dibuja a lápiz y luego pone tinta a las aventuras de algunos de los personajes míticos de esta casa, como Batman. Este joven, que ya de niño creaba sus propias viñetas, ha sido el autor, entre otras, de una escena importantísima: lel encuentro sexual entre Batman y Catwoman.


Antes dibujaba sábados y domingos. Ahora sólo entre semana. ¿Eso es ser dibujante de cómic profesional?
Sí. Cuando empecé a trabajar para Estados Unidos dibujar se convierte en un trabajo a jornada completa. Antes era semiprofesional y, de golpe, asumí una carga de trabajo brutal. No tenía mucha práctica y lo compensaba trabajando los fines de semaba para cumplir con las fechas de entrega. Ahora tengo más práctica y me concentro más, así que he conseguido no trabajar los domingos y los sábados, como mucho, sólo por las mañanas.
¿De niño ya dibujaba en clase en vez de escuchar?
Sí, pero era buen estudiante y no me podían decir nada. De niño ya tenía fijación por contar historias en viñetas. Al principio lo hacía en libros y cuadernos, pero en seguida empecé a controlarme. Sólo dibujaba cuando tenía un proyecto. No perdía el tiempo con garabatos. El del cómic es un aprendizaje largo. Tienes que practicar mucho. No es hacer un curso de un par de años.
¿Imaginaba que eso se convertiría en su trabajo?
No, además, el mundo del cómic es complicado y, por norma general, no da para vivir. Soy un provilegiado, trabajo para uno de los pocos mercados potentes, el americano. Si entras en esa rueda tienes un volumen de trabajo constante y bien pagado. Pero de niño, cuando no había internet, el americano era un mercado inaccesible. Mi familia sabía que el cómic no garantizaba ningún futuro, no lo veían como una salida laboral, así que aunque les hacía gracia, no me animaban mucho a que siguiera.
¿Cómo llega un isleño al mercado americano? ¿Suerte? ¿Mucho trabajo?
—La suerte la tienes en el momento de contactar con el editor, que le caigas en gracia a alguien. Enseñas un trabajo y quien la ve en dos segundos sabe si la quiere o no. Si le interesa, te contrata. Conocí a un editor norteamericano en el Saló del Còmic de Barcelona. Le presenté algunos libros que había hecho para el mercado español. Le gustaron, vio que era fiable porque los había acabado y me contrató. Empecé en DC Comics y poco después me ofrecieron ser dibujante en exclusiva para ellos.

—¿De pequeño leía cómics estadounidenses?
No muchos, quizás alguno de los personajes más icónicos, como Batman, pero leía más de la escuela Bruguera: Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape. Después me pasé a Astérix y a Tintín. No tengo un background de còmics de superhéroes. Me he adaptado, me he puesto al día de lo que gusta a los norteamericanos.
¿Por qué los superhéroes tienen tanto éxito?
No lo sé, pero en el mercado americano es lo que más funciona. Las editoriales hacen experimentos con otros géneros, cosas que no se alejan mucho de los superhéroes, y no funcionan. Los cómics más vendidos, como los de Superman o Batman, son los que originaron el género hace 70 años y están muy implantados en la conciencia colectiva. Todo el mundo sabe quiénes son, aunque no los hayas leido nunca. Allí funcionan.
Quizás es que aquí no creemos en ellos.
Sí, aquí tenemos otra tradición de cómics, más humorísticos o infantiles. En Estados Unidos los superhéroes eran infantiles hasta hace 50 años, pero ahora quin lee esos cómics son los adultos que los leían de niños. Es extraño, porque son personajes que parece que no tienen mucha profundidad, pero tienen un punto de vista adulto. Intentan encontrar su lugar. Tienes que creer. Tienes que dejar a un lado tu incredulidad y dar por supuesto que un personaje puede volar.
¿Tienes un superhéroe favorito?
Sí, pero porque me gusta más dibujarlo, no por un tema sentimental.
¿Cuál?
Batman. Va solo. Cuando van en grupo, como la Patrulla X no me gusta dibujarlos. Batman es muy oscuro y puedes hacer juegos de luces y sombras, poner mucha tinta negra y jugar con los contrastes. Visualmente queda muy bien. Como trabajo en blanco y negro lo aprovecho mucho. Además, tiene una capa muy grande y puedo jugar con el viento. Superman, por ejemplo, es muy luminoso y cuesta ponerle negro.
Tuvo que dibujar la escena de sexo entre Batman y Catwoman. ¿Es lo más difícil que ha hecho?
—¡Y para un público norteamericano! Sí, es lo más difícil que he hecho. Ese número estaba destinado a un público de más de 17 años, ya es gente adulta, pero en Estados Unidos son muy conservadores. Hice una primera versión que no era explícita, pero en la que se entendía muy bien qué estaban haciendo... Hubo un par de fases de censura: que pusiera un poco de capa y dibujara alguna sombra para que no se viera esto y lo otro. Esa escena era un momento importante de la historia de los personajes, una escena que todo el mundo recordará. Como dibujante te gusta hacerla, pero estas escenas pasan muchas revisiones y, si son de sexo, están muy encima tuya. Hay mucha diferencia entre la original y la final. Me lo tomaba con humor porque son personajes ficticios.

—¿Hay quien piensa que no lo son?
—Hay muchos aficionados que cuando Batman o Catwoman hacen alguna cosa que no tienen que hacer se enfadan y envían correos preguntándote como has podido hacer eso. Se lo toman demasiado en serio. Son seguidores de toda la vida y tienen la percepción de cómo debe ser el personaje. Cuando hacen alguna cosa que les rompe los esquemas, se ofenden.
—¿Se ha dado cuenta de la importancia que tienen los cómics para algunas personas a raíz de ese tipo de comentarios?
—Sí, cuando dibujo no soy consciente de ello. Hago el trabajo y ya está. Pero hay quien lo vive mucho. Van a convenciones, conocen a los dibujantes y los personajes, saben las incoherencias que ha habido antes... ¡Montan unos debates por internet! Está bien disfrutarlo, pero solo hasta cierto punto.
—¿No quiere hacer sus propias historias?
Antes las hacía, justo antes de entrar en DC Comics. En algún momento me han dejado guiones, pero porque lo he pedido. Pero el proceso ha sido poco natural, tienen que revisar lo que escribo porque no lo hago en inglés. He descartado hacer guiones de superhéroes porque debes tener un conocimiento de los personajes que no tengo. Los estudio como si fuese un trabajo, pero no lo sé todo. Quiero hacer mis guiones, fuera del mercado norteamericano, con mis personajes. Estoy esperando a tener más tiempo. Ahora estoy en un proyecto para una editorial belga, Dupuis. El guión no es mío, pero los personajes son compartidos con el guionista. Tengo un poco más de autoría.
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