viernes, 31 de mayo de 2013

Manchester en 16 detalles

Fotos: Marta Torres
Que gire la ciudad
En Piccadilly, la plaza central y la estación de autobuses, los columpios giran a gran velocidad. Se oyen los gritos. Algunos emocionados, otros de pánico. Al atardecer, la vista desde ahí arriba es maravillosa. El sol cae sobre la ciudad, el cielo se tiñe de naranja, los campanarios y relojes de las iglesias sobresalen entre los edificios, las bolsas de Primark parecen más grandes que las personas que las llevan...


¡Agua!
Si fuera niña me hubiera perdido entre los chorros de agua de Piccadilly. Sin miedo al frío ni al agua ni a la ropa empapada ni a los resbalones ni a al regañina materna... Sólo agua y carcajadas.



John Rylands Library
Turistas haciendo fotos. Jóvenes estudiando. Lugareños observando las exposiciones. Todos ellos se mezclan en la biblioteca John Rylands (prometo un post más en detalle), un precioso edificio victoriano en el que hay auténticas joyas literarias. Imprescindible sentarse en una de las diminutas salas de estudio (madera y luz natural) que rodean la sala principal y disfrutar del silencio que sólo rompe el susurro del paseo de las páginas.


Vomitando frente al Ayuntamiento
El Ayuntamiento de Manchester es otro edificio victoriano de oscuras paredes y varias union jack en sus torres. En la plaza, fuentes, estatuas y viejecitos en los bancos.


"Chim chimney, chim chimney..."
Busqué a Dick van Dyke en todas y cada una de ellas...


Primavera
La chica de la isla en la que los árboles no tienen flores intenta llenar sus ojos de ramas floridas.

Ilusión óptica
Parada de autobús, en Withworth Park, estampados para un look imposible y un cristal.


Chinatown
Apenas unas cuatro calles (es un decir) con portal imitando la entrada a la Ciudad Prohibida, restos de diarios chinos tirados en el suelo y gatos de la suerte encerrados en cárceles de luz que no pueden bajar y subir el brazo.


El barrio del arcoiris (no os caigáis al canal)
A apenas unos metros de Piccadilly, el barrio gay, que más parece Amsterdam que Reino Unido por el canal que atraviesa muchas de sus calles, llenas de banderas del arcoiris, floreros colgantes y cucas terrazas en las que tomar un café de espaldas al canal, que, a juzgar por los letreros, tiene afición a tragarse humanos con altos índices de alcohol en sangre las noches de del fin de semana.



Para una emergencia
Si hay un incendio, mejor usad las escaleras normales o saltad por la ventana. Yo no me fiaría de éstas.


Una fecha y un grupo
Mi día. Y el de ellos. Primal Scream (su 'Some velvet morning' sigue siendo de mis versiones favoritas) sacando nuevo disco el día de mi cumpleaños.




Puente viejo, puente nuevo en el barrio de Joy Division
Un pequeño río cruza Salford, el barrio del que salieron los Joy Division. Lo cruzan el Lowry, un bonito puente antiguo, y el Calatrava Bridge, que no necesita el nombre para saber de quién es, sobre el que esa mañana intentaron volar varios aviones de papel.


Entre libros
De una librería. Para los librófilos.
De mí. Para los librófilos que pasean por aquí.


Rosebud etílico
Ginebra, limón, rosas y mucho hielo para el trineo de 'Ciudadano Kane'.


Dos de corazones
Siempre pensé que la de Jack Berger era una colección imposible. Pero en Deansgate vi un dos de corazones tirado en el suelo. Pensé en ti. La guardo. Otro más de mis extraños tesoros.

miércoles, 29 de mayo de 2013

'El verano de los juguetes muertos', el suicidio ¿o asesinato? de Marc Castells

De 'El verano de los juguetes muertos', de Toni Hill, he leído de todo. Que es un gran thriller. Que no vale mucho. Que se pasa un buen rato pero poco más. Pues bien, una semana después de leerla no lo tengo claro. La he leído en apenas un par de días, es cierto. Sé que me ha gustado. La historia (las historias, debería decir) están bien tejidas. Los personajes, especialmente los protagonistas, están bien definidos y son contundentes. El caso (parecen varios, pero en realidad es el mismo) se resuelve con alguna sorpresa. No puedo decir nada malo de esta novela, es verdad, pero no es la mejor novela negra que he leído. En 'El verano de los juguetes muertos' se mezclan varias historias: Iris, una niña que falleció ahogada hace años en la piscina del campamento del que su madre era cocinera; Marc Castells, un adolescente que aparentemente se suicida la noche de San Juan después de una fiesta con sus dos mejores amigos, y la desaparición de un santero al que el protagonista del libro, el inspector Héctor Salgado apalizó durante la investigación de un caso. Y ahí está lo mejor de la novela, el inspector y su nueva compañera, la investigadora Leire Castro, cuyas vidas personales también están integradas en la trama. 'El verano de los juguetes muertos' me ha hecho pasar unas horas muy entretenidas dándole vueltas a una trama que, además, es estéticamente interesante, con imágenes muy fuertes. Una piscina con una niña muerta y decenas de muñecas flotando. Un adolescente fumando en la cornisa. Un bikini de flores para una Lolita. Un peluche desventrado. Una jarra de gazpacho en una nevera vacía. Una casa minimalista y perfecta. Una señora bien en la cama de un hotelucho. Una adolescente con las venas abiertas.

"Hace mucho tiempo que no pienso en Iris ni en el verano en que murió. Supongo que he tratado de olvidarlo todo, de la misma forma que superé las pesadillas y los terrores de la infancia. Y ahora, cuando quiero recordarla, a mi mente sólo acude el último día, como si esas imágenes hubieran borrado todas las anteriores. Cierro los ojos y me traslado  a aquella casa grande y vieja, al dormitorio de camas desiertas que esperan la llegada del siguiente grupo de niños. Tengo seis años, estoy de campamento y no puedo dormir porque tengo miedo. No, miento. Aquella madrugada me porté como un valiente: desobedecí las reglas y me enfrenté a la oscuridad sólo por ver a Iris. Pero la encontré ahogada, flotando en la piscina, rodeada por un cortejo de muñecas muertas."

Título: 'El verano de los juguetes muertos'
Autor: Toni Hill
Editorial: Círculo de Lectores
Páginas: 356
Precio: 16,95€

lunes, 27 de mayo de 2013

'El gran Gatsby', me quedo con Robert y Mia


Lo siento por Leonardo. Lo siento por Carey. Lo siento incluso por Tobey. Pero me quedo con Robert. Con Mia. Con la versión de 1974 de 'El gran Gatsby'. Aunque no tuviera números musicales. Aunque el glamour brillara menos. A pesar de su color desvaído. Aunque no estuviera preparada para verse en 3D (sinceramente, creo que le sobra). Aunque la luz del faro del embarcadero del otro lado de la bahía no fuera tan intensa. Lo siento, señor Luhrmann, pero esperaba más. Mucho más. La historia de Scott Fitzgerald me la sé de memoria. Es fantástica. Un reflejo perfecto de la superficialidad de la sociedad, de cómo incluso aquello que parece un amor real que hace que sientas que puedes caminar sobre las aguas puede venirse abajo sólo para mantener las apariencias cuando las cosas se complican, de cómo todos los que te acompañan en la fiesta te abandonan en tu funeral. La historia está ahí. Los personajes están ahí. DiCaprio es un Gatsby perfecto: guapo, elegante, capaz de mantener intacto un amor de juventud, de hacerlo todo para recuperarlo. Mulligan es una Daisy perfecta: bonita, frívola, tan capaz de enamorarse como de olvidar lo que siente en favor de la vida cómoda de la cárcel de su matrimonio aparentemente perfecto. Todo es perfecto en la versión de Baz Luhrmann. Los actores, el vestuario, el color, la fotografía, los escenarios... Y a pesar de eso, a pesar de que las fiestas parecen una versión de los años 20 de las de las discotecas de Ibiza, a pesar de que mataría por cualquiera de los vestidos que llevan las actrices, de que me creo a Gatsby, de que las escenas de Tom Buchanan y Myrtle Wilson (fantásticamente sobreactuados Joel Edgerton e Isla Fisher) son tan exageradas como hipnóticas, de que los flashbacks explican como nunca el pasado del protagonista... A pesar de todo eso, me quedo con Robert Redford y Mia Farrow. Con la luz de aquel embarcadero y los sueños de aquel otro lado de la bahía.

viernes, 24 de mayo de 2013

'El método Valérie', para perderte entre tus sábanas

Si os gusta el sexo, si os gusta de verdad me refiero, si no sólo lo disfrutáis sino que os interesa, os preocupa lo vivís como algo natural y, hasta cierto punto, cultural, pocas cosas encontraréis en 'El método Valérie', de Valérie Tasso, que no sepáis ya. O intuyáis. O hayáis descubierto guiados por vuestra curiosidad. Si no os gusta el sexo, no os gustará este libro. Si sois de los primeros, poneos cómodos, abridlo y disponeos a pasar un buen rato, o dos, con este tratado sobre la seducción y los juegos entre sábanas (esto es un decir, que no sólo se juega entre sábanas) con el que podréis comprobar que no os habéis saltado ninguna lección o aprender algún truco con el que volveros aún más irresistibles. Para los que ya os han catado o los que os catarán en el futuro. Porque, siento decirlo, no me creo el subtítulo del libro: 'Sexo y seducción: secretos para ser infalible'. ¿Qué es ser infalible en el sexo y la seducción? Además, creo que, con disposición, se puede aprender algún truco o juego para aplicar en la cama (ya sabéis, es un decir), pero lo de la seducción... Aprender a seducir creo que es mucho más complicado, algo demasiado sutil como para aprenderlo en apenas unas página. 'El método Valérie' no es un libro de texto frío. Está plagado de humor, de comentarios de la autora con los que es inevitable esbozar media sonrisa, porque, si hay una cosa que define a Tasso y, en consecuencia, a este libro, es la naturalidad. Nada es tan díficil, ni tan complicado, ni tan maravilloso, ni tan perfecto, ni tan sórdido, ni tan vainilla. El sexo, todo y de cualquier manera, debería ser algo natural, no forzado, y ésa es una idea que está presente en todos y cada uno de los capítulos del libro, que, por cierto, se puede leer de un tirón o, si hay algún aspecto que os interesa especialmente (el orgasmo, el sexo oral, anal, la masturbación, las fantasías, el porno, la prácticas más extremas...), acudir directamente al capítulo concreto. Una de las cosas que más me ha sorprendido de este libro es comprobar que algunas percepciones sobre los hombres que pensaba que no podían ser y  me tenían un poco despistada, son más compartidas de lo que imaginaba. Y con lo que más he disfrutado ha sido con las reflexiones sobre el deseo, las fantasías o lo que dicen de nosotros los comportamientos que se pueden adoptar, de forma inconsciente, en el momento de la seducción. Pero si hay un apartado de este libro que me ha encantado es el destinado a la literatura erótica. Y no a Grey y a su séquito actual, si no a la literatura erótica de verdad, la de toda la vida. Un delicado listado con algunas pinceladas de los libros que todo amante (insisto, amante, no obseso) del sexo debe tener en su biblioteca -un apartado que ella bautiza como 'el infierno'- después de haberlos leído, desde el 'Kama Sutra', que no es lo que todo el mundo cree, al maravilloso 'El arte de amar' de Ovidio, 'Las amistades peligrosas' de Choderlos de Laclos, los tres imprescindibles del Marqués de Sade o los siempre necesarios poemas de Safo. Por cierto, también hay un espacio para las relaciones virtuales, tremendamente interesante para los que andan a vueltas con el sexo en los tiempos de internet, con reflexiones que, como otras muchas a lo largo del libro, te invitan, casi te obligan, a perderte (¿o encontrarte?) entre tus propias sábanas y mirar con detenimiento dentro de tu cama.

"Siempre he creído que no hay nada más sexy que un cerebro sexy. Una mente con curvas, musculada, con profundidades, abierta, hospitalaria, generadora de ideas y con capacidad para la asimilación y la asociación, es garantía de éxito. Y gran parte de ese éxito, así como en el carácter lo da el viajar, en el cerebro lo da la lectura. De modo que, queridas mías, os podría asegurar que saber seducir es haber sabido dejarse seducir por la lectura."

Título: 'El método Valérie'
Autora: Valérie Tasso
Editorial: Plaza Janés
Páginas: 316
Precio: 17,90€

miércoles, 22 de mayo de 2013

Recuerdo de la utopía de la grapadora


Un grupo de jóvenes, graba la ciudad instantánea / Macba
Marta Torres / Diario de Ibiza
Una grapadora como símbolo. De la creación. De la utopía. De una nueva manera de entender el diseño y de cómo este contamina y se contamina del arte y la arquitectura. De la participación. Decenas de personas grapando, descamisadas y felices, retales de pvc en el Port de Sant Miquel. «Se doblaba y se grapaba», explica Daniel Giralt-Miracle, comisario de la exposición 'La utopia és possible', señalando el mural de fotos de la sala de armas del Museo de Arte Contemporáneo de Eivissa (MACE) destinado a la Ciudad Instantánea, la ciudad inflable. Esta es, sin duda, la actuación más recordada del VII Congreso del International Council of Societies of Industrial Design (Icsid) que se celebró en Ibiza en octubre de 1971 y que rememora la muestra, organizada por el Museu d'Art Contemporani de Barcelona (Macba), que se puede visitar en estos momentos en la isla.

Una pareja de payeses pasea junto a la ciudad instantánea / Macba

«Aquella cosa rara que pasó en Sant Miquel», recordó la concejala de Cultura de Vila, Lina Sansano, que se referían al congreso muchos de los ibicencos de la época. Algunos de ellos, payesas con sus pañuelos en la cabeza y sus faldas por los pies, contemplan con curiosidad aquella ciudad de plástico y aire en algunas de las imágenes que pueblan las paredes de la sala. Esa imagen es una de las que más le gusta a Giralt-Miracle, confiesa el comisario, que fue secretario del congreso. Encontrarle en alguna de las fotografías de hace 42 años es imposible. «No quería salir», comenta Teresa Grandas, también comisaria de la exposición, explicación que Giralt-Miracle acoge con un asentimiento de cabeza antes de sentarse en uno de los coloridos pufs dispuestos en la sala para que los asistentes puedan ver cómodamente algunos vídeos sobre el congreso: un NODO de la época, un programa emitido en TV3 en el 25 aniversario, una entrevista con el arquitecto José Miguel de Prada Poole... «Son cómodos», asegura el comisario, que escoge uno de los asientos naranjas.

Daniel Giralt- Miracle, al fondo, en un puf naranja /M. T.

Grandas explica que el título de la exposición, 'La utopia és possible' es exactamente la respuesta que De Prada Poole dio a los estudiantes de arquitectura (Carlos Ferrater y Fernando Bendito) que acudieron a pedirle que diseñara la ciudad inflable, que no llegó a tener las dimensiones que se habían previsto, como se puede ver en el colorido plano que preside otro de los murales. «Estaba pensada para que pudiera crecer si llegaba más gente, había que dejar siempre un retal de plástico colgando para que el siguiente pudiera seguir», explica Grandas mientras Giralt-Miracle aguarda el momento de uno de los vídeos en los que se ve el ventilador -«nos lo cedió la empresa Soler Palau, estaba anclado al suelo»- que insufló vida al campamento de pvc.

Una mujer sale de la ciudad instantánea / Macba

Aunque esta actuación protagoniza buena parte de la muestra, en ella hay espacio también para la estructura de globos de Josep Ponsatí, y el Vacuflex-3 de Antoni Muntadas y Gonzalo Mezza.
«Que se levantara fue difícil», recuerda Giralt-Miracle sobre el inflable blanco de Ponsatí, que se ve levantándose sobre las aguas del Port de Sant Miquel en las fotos. En una de ellas a lo lejos, mientras en primer plano el cantante Pau Riba juega con su hijo en la orilla de la playa. Las dificultades no sólo fueron físicas, también burocráticas: la estructura sobrevolaba el espacio aéreo y hubo que solicitar muchos permisos además de cambiar el oxígeno con el que iban a inflarse por helio. En los vídeos y fotos puede apreciarse lo que dio de sí el Vacuflex o, lo que es lo mismo, un tubo de plástico verde de uso industrial de 150 metros de largo. Los asistentes lo pasearon por la cala, formaron palabras con él sobre la arena y lo convirtieron en una especie de parque acuático que granjeó caídas y risas.

Pau Riba juega con su hijo, al fondo, el inflable de Ponsatí / Macba

Giralt-Miracle confiesa que aquel 1971 él era «un joven barbudo que soñaba con ser hippy», sueño en el que se interpuso su condición de «pequeño burgués». El comisario destaca todo el trabajo que hubo que afrontar antes de que Sant Miquel se convirtiera durante tres días en un laboratorio de arte, arquitectura y diseño. Los cientos de papeles y documentos que llenan las vitrinas de la sala lo atestiguan. De hecho, el recorrido por la muestra comienza con las fotos de las reuniones de Londres y Barcelona en las que el Icsid, a pesar de que la dictadura de Franco no hacía de España un buen lugar para el congreso, aceptó «el paraíso libre» de Ibiza como sede, un lugar con «códigos más laxos» y en los que los guardias civiles -«herbívoros», bromeó el comisario- estaban en contacto con los artistas. «Muchos países que no tenían en aquel momento relaciones diplomáticas con España aceptaron porque era en Ibiza», insiste la comisaria, que destaca «el brutal trabajo» que supuso organizar el congreso.

Imágenes de la inauguración de colores / M. T.

La exposición explica cómo los arquitectos Josep Lluís Sert y el recientemente fallecido Raimon Torres (a quien recuerda un texto en la entrada a la sala) recorrieron la isla con Giralt-Miracle para escoger el lugar más adecuado para el congreso. Les gustó Sant Miquel donde, además, estaban por estrenar dos hoteles en los que se alojaron los congresistas y cuyas habitaciones se convirtieron en salas abiertas de debate. A sus pies, el campamento para los jóvenes, para los que no podían pagarse la estancia. «Los de abajo ganaron a los de arriba», apunta el comisario con una sonrisa. Algunos «de los de arriba», de hecho, acabaron colaborando como uno más «de los de abajo» en la construcción de la ciudad instantánea, destaca Grandas señalando con el dedo una fotografía en blanco y negro en la que se ve a un barbudo Fernando Amat, director de la empresa de diseño Vinçon, grapando pedazos de pvc. Para Giralt-Miracle, las cintas de súper8 que grabaron los estudiantes aquellos días demuestran que eran «conscientes del acontecimiento que vivían».

Portada de  La vanguardia sobre el Icsid / M. T.

Entre los documentos de las primeras vitrinas pueden verse manuscritos con toda la información sobre el evento, incluso las notas sobre, por ejemplo, las tiendas de artesanía y diseño de la isla que se montaron en la entrada del hotel Galeón. También piezas curiosas, como las identificaciones que llevaban los congresistas. Cuadrados de metacrilato que llevaban colgados del cuello y en la que unos simples gomets de colores indicaban los idiomas que hablaban: azul-inglés, francés-rojo, alemán-verde, español-amarillo e italiano-negro.

Las identificaciones con gomets de los congresistas / M. T. 

«Los colores eran muy importantes», apunta la directora del MACE. «En el ceremonial con el que se inauguró el congreso se tiñó el vino y las paellas de colores», añade buscando las imágenes en las que se ve a los asistentes vestidos con capas de plástico amarillas, azules, naranjas, moradas... «Inventamos lo de la comida del color antes de que lo hiciera Ferran Adrià», bromea el comisario. Esa noche, sin embargo, un apagón impidió que los colores se vieran durante un rato. «Fue un acontecimiento que tuvo muchas consecuencias, no todas conocidas aún», apunta el director del Macba, el ibicenco Bartomeu Marí Ribas. «Es obligado mirar al ayer», apunta la directora del MACE minutos antes de que Daniel Giralt-Miracle, en un ataque de sinceridad confiese: «La gente se lo pasó pipa».


Algunos participantes juegan con el Vacuflex-3 / M. T.

lunes, 20 de mayo de 2013

'En el piso de abajo', la vida en las oscuras cocinas inglesas de los años 20

Admiro a Margaret Powell. Es una mujer digna de admirar. A los quince años conoció el horror de ser ayudante de cocinera en los sótanos de los años 20 en Inglaterra. Antes de los 25 decidió, sí, decidió, que estaba harta de aguantar las tiranías de las cocineras y se convirtió en dueña y señora de las cocinas en las que trabajó. Desde niña quiso ser maestra y, aunque no lo consiguió acabó estudiando en la universisdad y escribiendo y publicando, entre otras cosas, 'En el piso de abajo. Memorias de una cocinera inglesa de los años 20', que ha servido de referencia para series como 'Arriba y abajo' y 'Downton Abbey'. Un libro realmente interesante. No tanto por lo que ocurre entre cazuelas (de cobre) y malolientes picas de fregar los cacharros como por lo que muestra de la sociedad británica de principios del siglo XX. Lo de menos es el número de ollas que tenían, los platos que les exigían preparar o las durísimas jornadas laborales a las que se enfrentaba el servicio en las casas en las que las contrataban. 'En el piso de abajo' explica los problemas a los que se enfrentaban las chicas que se quedaban embarazadas, lo difícil que les resultaba enamorarse con tan poco tiempo libre, los sueños de libertad, la imposibilidad de prosperar, la tiranía y doble moral de algunos empleadores, la necesidad de aparentar de otros ya arruinados, la dificultad de cocinar con una despensa racionada, el infierno de abandonar el trabajo al formar una familia (lo que se suponía que era un sueño)... Margaret Powell va explicando sus experiencias en todas las casas en las que va trabajando, desde la señora que no la trata como a una criada al señor que regala ropa interior de seda a cambio de que las chicas de servicio dejen que les toque los bigudíes del pelo durante la noche. Un relato duro en ocasiones y divertido en otras que, más que leerse, casi se puede ver.

"Nací en Hove en 1907. Yo era la segunda de siete hermanos. Lo primero que recuerdo es que había niños que parecían andar mejor de dinero de lo que andábamos en mi familia. No obstante, nuestros padres se preocupaban muchísimo por nosotros. Hay algo que recuerdo especialmente, y es que todos los domingos por la mañana mi padre nos traía una revista de historietas y una bolsa de golosinas. Las revistas de historietas valían medio penique cuando eran en blanco y negro, y un penique cuando estaban coloreadas. Cuando lo recuerdo ahora, me pregunto cómo se las arreglaría para comprarlas."

Título: 'En el piso de abajo. Memorias de una cocinera inglesa de los años 20'
Autora: Margaret Powell
Editorial: Alba
Páginas: 213
Precio: 22€

viernes, 17 de mayo de 2013

El litio de Kurt también cura



El litio, aunque no sea en pastillas, a veces ayuda. Retumba en mi cabeza y en mi coche. Tan fuerte que no me deja escuchar mis pensamientos. Tan fuerte que no escucho mis gritos de gato apaleado. El litio de Kurt también cura.

miércoles, 15 de mayo de 2013

El perro que conocía a Norma Jean

(A ti, que sé que esperabas esta reseña con ganas)
¿Qué contarían de nosotros nuestras mascotas? ¿Qué se les escaparía por esas boquitas sobre todo lo que nos han oído decir o visto hacer? Ése es el punto de partida de 'Vida y opiniones del perro Maf y de su amiga Marilyn Monroe', de Andrew O'Hagan, una novela sorprendente, interesante, divertida en muchos momentos y plagada de personajes del Hollywood de los años 60. Maf, apócope de Mafia Honey, es el pequeño perro que Frank Sinatra le regala a Marilyn Monroe unos días después de que la actriz se separe del dramaturgo Arthur Miller, para que la anime y la ayude a olvidar un nuevo desastre sentimental. Maf es el narrador de este libro. Él es quien cuenta lo que hace y lo que siente Marilyn en ese momento de su vida desde que llega a su casa, en la que Sinatra, dejándolo suelto en la puerta, le anima a buscar a la que será su nueva ama. Ni él, un cánido, puede resistirse a la visión de la sex symbol rubia. Maf va desgranando, con enorme ternura, la personalidad, los sentimientos y los comportamientos de  la actriz. También, con cierto cinismo, el entorno en el que se mueve, falso, adulador, un mundo en el que todo es mentira y todos se sienten con derecho a juzgar a una rubia sexy que siempre lleva en el bolso un ejemplar de 'Los hermanos Karamazov', el libro que se empeña en leer. Maf detalla los rituales de Marilyn antes de salir, ese momento en el tocador en el que la mujer se convierte en el mito. Esos rituales que contempla sentado en un piano blanco. También expone su debilidad, sus conversaciones con su terapeuta, en las que se enfrenta a su pasado, a una infancia feliz con una gran carencia. Y su fuerza, el coraje con el que despide a esa profesional después de que la encierre unos días en un sanatorio. Es testigo privilegiado del momento en el que Marilyn y Kennedy se conocen, un encuentro en el que hablan de política y deja de existir todo menos el otro. Maf se guarda la ironía para los animales, para los perros de grandes personajes (fascinante ese capítulo, los grandes perros de grandes personajes vistos por otro perro), para los gatos pedantes que se cruzan en su camino y los insectos con los que se tropieza. Toda su ternura es para Marilyn.

"Me gustaba sentarme en el piano blanco y verla arreglarse para salir por la noche. Había algo perfectamente descarado en su manera de admirar su silueta en el espejo. Recordaba el panel central de 'Vanidad terrenal y salvación divina', el famoso tríptico de Hans memling, en el que la Vanidad aparece representada con su perrito blaco, un modelo de compañía, a su lado sobre un suelo alfombrado de flores. Solía observarla -la base de maquillaje, las pestañas postizas, las sombras de ojos Humo de otoño, la laca de uñas, el maquillaje Rocío de la mañana, los pañuelos de papel, las horquillas, las pequeñas brochas y barras de labios amontonadas en una bandeja, como balas de oro- y me preguntaba hasta qué punto nuestra necesidad de secreto no inspirará nuestro amor. ¿No fue Keeper, el perro de Emily Brontë, el gran amor de su vida? ¿No la amaba más que al resto de las criaturas por su fuerza y su silencio y lo castigaba por conocerla tan bien?"

Título: 'Vida y opiniones del perro Maf y de su amiga Marilyn Monroe'
Autor: Andrew O'Hagan
Editorial: Alba
Páginas: 310
Precio: 22€

lunes, 13 de mayo de 2013

Déjame ser tu sol


Ha llegado el sol. El calor. Pero sigues a oscuras. Tienes frío. 
Déjame ser tu sol.

viernes, 10 de mayo de 2013

'Profesora Haná', ¿me atrevo a soñar?


"-¿Me atrevo a soñar?- preguntó.
-No- respondió él."

Hoy debería hablar de otro libro. De un libro que leí hace más tiempo y que espera su reseña. Pero no puedo. La 'Profesora Haná', leído en apenas unas horas, se lo ha comido todo. No tengo espacio en mi cabeza ni ganas ni fuerzas ni palabras para hablar de otro libro que no sea esta maravilla de la egipcia Reem Bassiouney. ¿Habéis sentido alguna vez un amor que no entendíais? ¿Un amor que, pensado con la cabeza no tenía ningún sentido? ¿Un amor disfrazado de sexo para no sufrir? ¿Un amor con el que habéis soñado en silencio? ¿Un amor que os ha vuelto del revés sin esperarlo? Pues esa es la historia de la profesora Haná, una profesora de la universidad de El Cairo que decide, el día de su 40 cumpleaños, dejar de ser virgen. Lleva desde la juventud enamorada de Rami, un compañero que se marchó a Estados Unidos y con el que no pudo tener nada, por más que los dos lo desearan, porque él era cristiano. El día de su 40 cumpleaños Haná decide perder la virginidad. Le da igual con quién, en realidad. Pero quien se le presenta delante, a quien seduce (no sin problemas), quien acaba en su cama, es Jáled, alumno que está preparando su tesis. Un joven guapo, inteligente, pero a la vez conservador y muy religioso. Es sólo sexo. Eso piensa Haná. Eso piensa Jáled. Pero no lo es. Cuando quieren darse cuenta, es un amor que no pueden controlar, que no entienden, que no saben si serán capaces de afrontar, que les hace daño, que les obliga a enfrentarse con los demás y con ellos mismos. Un amor que les devora y del que no se pueden deshacer por más que lo intentan. Ni con peleas. Ni boicoteándose en el trabajo. Ni con palabras y acciones que duelen. Es imposible. Por más que lo intenten. Por más que lo maltraten y lo echen, ese amor, crudo, sigue ahí. Siempre. A pesar de todo.

"No quería besos. Ni los quería ni quería saber cómo eran. Sólo quería una cosa. Ya no necesitaba palabras. Todo lo que sentía era su delicada muñeca latiendo entre sus manos. La meta estaba cerca.
Le desabrochó los pantalones con torpeza; se acercó a su regazo y se levantó la falda. Y así fue. El final de su virginidad. Sin besos, sin caricias, sin pasión. Él estaba dentro de ella y lo que sentía ella era un alivio que se mezclaba con un poco de dolor pero que no llegaba a molestarla. Había alcanzado su objetivo."

Título: 'Profesora Haná'
Autora: Reem Bassiouney
Editorial: Alba
Páginas: 207
Precio: 23€

miércoles, 8 de mayo de 2013

El largo camino a 'Fisterra' con Ángeles y Eva


El poquito teatro que llega últimamente a la isla -¡Marditos recortes! (pronunciar imitando la voz de Jinks)- hay que aprovecharlo. Te apetezca mucho o te apetezca poquito. Y, todo sea dicho, a mí 'Fisterra', protagonizada por Eva Hache y Ángeles Martín no era, a priori, una obra que me pusiera mucho. Pero ya que venían, que a mi madre le apetecía mucho y que tenía mono de teatro... Pues allí me platé. Y, qué queréis que os diga, podría no haberla visto y no me hubiera perdido nada. Por no perder, no perdí ni un par de risas. Tiene sus momentos, vale, pero nada del otro mundo. 'Fisterra' comienza con dos mujeres en un coche: una viuda (Ángeles Martín) con el propósito de arrojar las cenizas de su difunto marido al mar de Fisterra y la taxista que la lleva (Eva Hache). El viaje, y la relación entre ellas, se complica cuando anuncian por la radio que la policía busca a una mujer que ha matado a su marido y a su hermana al pillarlos juntos en la cama. Comienzan las desconfianzas, el enredo, las miradas por el retrovisor, las preguntas incómodas, los miedos... Y ahí empieza lo mejor de la obra. Problema, que llega demasiado tarde, que la primera media hora se hace eterna, que no hacen falta 30 minutos para llegar a ese momento. Lo mejor, la última media hora, después de la botella de vino despachada a pachas, media hora alocada y surrealista en la que, sí, es cierto, las carcajadas están casi aseguradas.

lunes, 6 de mayo de 2013

'Inquisitio', demasiados clavos de Chéjov

Ya sabéis que la novela histórica no es lo mío. Que si no son muy buenas, si no son fabulosas, no me gustan mucho. Pues 'Inquisitio', de Alfred Bosch, no es una de esas novelas históricas fabulosas que te atrapan, que no puedes soltar y a la que necesitas volver cada cinco segundos libres que tienes. No al menos para mí. Y eso que tiene cosas buenas. Muy buenas. Porque la verdad es que tiene unos personajes fantásticos de los que te enamoras desde el primer momento y a los que deseas que todo les vaya bien. Pero bueno, empiezo por el principio. 'Inquisitio', ambientado a principios del siglo XIX, explica la historia de Gaietà Ripoll, profesor de Ruzafa a quien su manera de enseñar y sus ideas que, siendo creyente, no comulgan mucho con algunos dogmas de la religión católica, le llevan ante el tribunal de la Inquisición. Una situación que el padre Llorenç Ramo, profesor de las escuelas pías, no acaba de entender. A todo esto se suma una logia secreta que marca a sus miembros como si de reses se tratase, una antigua historia de amor del cura con una mujer que no se sabe muy bien si era una bruja o una santa y una ciudad, Valencia, que bulle políticamente entre los defensores de la Constitución de 1812 y los que consideran poco menos que en sus páginas y artículos se esconde el diablo. Muchos frentes abiertos. Demasiados. Y en ningún momento llegan a entrelazarse bien hasta el punto de que, una vez acabado el libro, no he podido evitar preguntarme por qué algunas tramas. Vaya, que el libro está lleno de clavos de Chéjov.

"No hay amor sin miedo, decía el filósofo. Lo que no decía es que cuando el amor huye, el miedo sobrevive. Y tampoco dice que el miedo es hermano de la culpa, y que la culpa crece cuando la pasión se apaga. Dolores se había ido, los escalofríos del amor se habían ido, pero los temblores del miedo me habían conquistado. En cualquier momento, el pasado podía volver para anularme."

Título: 'Inquisitio'
Autor: Alfred Bosch
Editorial: Columna / Planeta
Páginas: 431 / 536
Precio:  24,45€

jueves, 2 de mayo de 2013

Tarde de tiramisú y un corazón de pasta choux


Fotos: Marta Torres 

Uno de mis sueños es tener una cocina inmensa, con isleta central de la que cuelgan todos los utensilios del mundo, un gran ventanal por el que entra luz natural y bajo el cual, en una gran bancada, hay macetas de plantas aromáticas. Esa cocina es parte de la casa de mis sueños. La realidad es bien distinta: diminuta, sin ventanal y sin plantas. A pesar de eso, perderme en mi cocina liliputiense es uno de mis placeres. Sobre todo cuando no trabajo, cuando tengo tiempo, cuando no debo andar pensando en otras cosas. Ayer fue tarde de dulce. Tarde de tiramisú, uno de mis postres favoritos, con el que he ido experimentando. Hoy voy a copiar a mi querido Comidiarista (Fer, no te enfades, que es un homenaje, no un plagio). Os dejo mi receta, por si alguien se anima. Yo lo preparé escuchando y canturreando (que me perdonen aquellos sobre cuyas cabezas cayeron chaparrones ayer por la tarde) Corinne Bailey Rae, su primer disco, tan dulce como el tiramisú.



Ingredientes (para seis vasitos):
-500 gramos de mascarpone (dos tarrinas)
-dos cafés cortitos, mejor ya fríos
-nueve bizcochos de soletilla
-azúcar (al gusto, id probando las cremas, yo soy muy dulce, pero...)
-medio chupito de amaretto o frangelico (lo que más os guste)
-dos claras de huevo
-una onza de chocolate negro negrísimo


Preparación:
-Poned un bizcocho (o uno y medio, depende del vaso y de si os gusta con más masa o menos) en el fondo de cada vaso. Partidos en trozos que más o menos se ajusten. No los embutáis, no pasa nada si quedan huecos.
-Rociad los bizcochos con café. Una o dos cucharadas soperas en cada vaso. Que se empapen, pero que no queden muy blandos.


-Montad las claras a punto de nieve (sí, ya sé que es un rollo, pero es lo que hay).
-En un bol poned 375 gramos de mascarpone (una tarrina y media, el resto, a la nevera, de momento) y un par de cucharadas de café y trabajarlo con una cuchara o unas varillas hasta que se ablande.
-Id añadiendo azúcar hasta que esté todo lo dulce que os guste.


-Mezclad con las claras. Con movimientos grandes y envolventes para que no se bajen (nunca es bueno que algo baje cuando aún no se ha acabado).
-Repartid la crema sobre los bizcochos con una cuchara grande e intentando no manchar mucho los bordes de los vasos. Lo mejor es llenar bien la cuchara, colocarla en vertical sobre el vaso y dejar que la crema caiga por sí misma. No hace falta que la apretéis, que se coloque a su gusto.
-Poned en el bol el resto del mascarpone y el medio chupito (podéis probar con el licor que os guste, aunque para mí el amaretto y el frangelico son los que mejor le van) y mezcladlo añadiendo azúcar hasta que os guste (ir probando la crema con el dedo es uno de los placeres privilegio del cocinero).


-Colocad un poquito de esta crema (tendrá un color y una consistencia diferente) sobre la anterior.
-Rallad la onza de chocolate y espolvoread los vasitos.
-Voilà!


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