miércoles, 27 de marzo de 2013

'Fun home', cómo destrozar una familia

"Una familia tragicómica". Así se presenta la edición en España de 'Fum Home', la novela gráfica de Alison Bechdel, una obra en la que explica algunos momentos de su complicada adolescencia que fue seleccionada por The New York Times como uno de los cien mejores libros del año en que se publicó, en 2006. Pero no entiendo ese subtítulo con el que los editores en España han adornado la portada. No lo entiendo porque, sinceramente, no le ha visto la comedia por ningún lado. La tragedia, sí, la comedia, no. 'Fun home' parte de la muerte del padre de Alison, una muerte un tanto extraña. Le atropelló un camión de pan de molde cuando cruzaba la carretera cargado de maderas. Un accidente, en teoría. Sin embargo, tanto Alison como el resto de la familia están convencidos de que, en realidad, su padre se suicidó, acuciado por la pesada carga que llevaba a las espaldas desde siempre. Y es que el padre de Alison, el cabeza de familia de una familia feliz, acomodada, propietaria de una funeraria, tenía cierta afición por los jovencitos. Una afición que todos sospechan. Que la madre de Alison conoce y sufre en silencio. Que los vecinos y amigos fingen no ver. La novela se divide en siete capítulos que, en realidad, explican lo mismo, pero de manera diferente. No desde diferentes puntos de vista, no, sólo de manera diferente. En los siete capítulos Alison muestra algo de su día a día de niña, algún aspecto de su padre, algunas confesiones íntimas de su madre, algunos momentos importantes de su reconocimiento como lesbiana. Siempre lo mismo, siempre diferente. El gris llena todas esas vidas de la misma manera que inunda las viñetas, cargada de detalles que, mejor, no pasar por alto como, por ejemplo, que el pan de molde que comen en casa es el mismo que llevaba el camión que mató al padre de Alison, las referencias de la obra de Proust... Una sorpresa tras otra.

"Cuanta más satisfacción encontramos en nuestros propios talentos, más aislados crecemos."

Título: 'Fun home'
Autora: Alison Bechdel
Editorial: Reservoir Books
Páginas: 232
Precio: 18,90€

lunes, 25 de marzo de 2013

Para triscaidecafóbicos

Marta Torres
Nací en día 13, lo que me protege de ser supersticiosa, al menos, con ese número. Me encantan los gatos negros. Paso por debajo de las escaleras sin problemas. Creo en los amuletos, eso sí. En la protección. Siempre llevo una mano de Fátima (nombre que también marca mi nacimiento) cerca del corazón. Siempre, siempre, siempre la llevaré. Ya no me puedo despegar de ella. Este año la moda me acompaña. Hay camisetas con manos de Fátima en todas las franquicias, pero la sorpresa me la llevé el otro día al llegar a casa después de comprar un par de vestidos en Natura. Una bolsa negra que he guardado con mimo. En el cajón de las cosas inútiles. Por delante, la cara de un gato que guiña un ojo. Por delante, en letras blancas y amarillas, 'Lucky 13'. Por detrás, un mensaje para triscaidecafóbicos que me encantó:

"Ignorado en hoteles y deportes.
Rechazado en loterías.
Omitido en autobuses, aviones, calles y edificios.
Los supersticiosos le temen, los triscaidecafóbicos lo sufren.
Pero nadie se acuerda de que el 13 de enero de 1969 los Beatles lanzaron el álbum 'Yellowsubmarine', que un día 13 nació Mickey Mouse, que cada año la Luna da 13 órbitas completas a la Tierra, que un martes y 13 empezó la unificación de las dos Alemanias, que el 13 de abril es el día mundial del beso y el 13 de septiembre el de mirar el vaso medio lleno.
Y lo más importante: se neceitan 47 músculos para enfadarse y sólo 13 para sonreír."

Pues eso, directo al cajón de las cosas inútiles, ése que abres y se te ilumina la cara al pensar la de cosas que has ido encontrando que parecían hechas para ti.

viernes, 22 de marzo de 2013

'El gran Gatsby', reencuentro con la luz del embarcadero

La luz del embarcadero de Long Island al otro lado de la bahía. La voz de un amor de juventud. Las fiestas bañadas de glamour. Los descapotables por la carretera. Las confesiones. Las confabulaciones amorosas. Las apariencias. Las confesiones. Los engaños. La muerte. No podía no reencontrarme con 'El gran Gatsby', no  podía no hacerlo antes de ver la película de Baz Luhrmann. No podía presentarme en el cine sin volver a devorar la novela de Scott Fitzgerald que me enamoró hace años. Y lo ha hecho. Jay Gatsby, ese joven millonario con todos los números para que me cayera mal, ha vuelto a seducirme con su desparpajo, con su simpatía, con su nerviosismo al reencontrarse con la joven a la que amó, Daisy, la mujer casada con el insufrible Tom Buchanan, que me ha caído mucho peor ahora que la primera vez. Exactamente igual que la volátil Jordan. Y exactamente igual que hace años me han fascinado las descripciones (casi parece que he estado en esas fiestas, en esas casas, en esos jardines, en esos coches, en esas carreteras...), la manera de explicar la historia en boca de Nick Carraway, los diálogos (que he repasado una y otra vez para deleitarme en ellos) y la historia. Esa historia llena de luz que acaba golpeándote con las sombras del ser humano, haciéndote sentir pena por quien hubieras jurado que no la sentirías jamas y necesitando agarrarte a la luz de ese embarcadero inalcanzable al otro lado de la bahía en el que sabes que te aguardan todos tus sueños.

"Al oír el ligero y ceremonioso golpe que acababan de dar a la puerta. Daisy volvió la cabeza. Salí a abrir. Gatsby, tan pálido como la muerte, con las manos hundidas, como si fueran pesos, en los bolsillos de la chaqueta, apareció, de pie en un charco de agua, mirándome trágicamente a los ojos."

Título: 'El gran Gatsby'
Autor: Francis Scott Fitzgerald
Editorial: El Mundo
Colección: Millenium
Páginas: 191
Precio: 1,95€

miércoles, 20 de marzo de 2013

'Los amantes pasajeros', ¿por qué no fue un corto?


No me he reído más en las últimas semanas (bueno, sí, ayer haciendo el indio con los muñequitos de Line) que durante los minutos del número musical de 'Los amantes pasajeros', de Pedro Almodóvar. De verdad que sólo por esos escasos minutos vale la pena ir a verla, pero todo lo demás es, sinceramente, prescindible. No es, ni de lejos, la mejor comedia del manchego, aunque es verdad que reírte, en algunos momentos, te ríes. Pero vaya, que pasado el número musical (por favor, cuando la veáis no dejéis de mirar en ningún momento a Carlos Areces durante el baile), con el rímel aún corrido por las lágrimas de las carcajadas se puede ir uno del cine y no lamentarlo, porque la película es bastante flojita.  'Los amantes pasajeros' explica la historia de un vuelo a México de la compañía Península que tiene un problema en el tren de aterrizaje (culpa de Antonio Banderas y Penélope Cruz, que hacen un cameo al inicio) y se queda dando vueltas por el espacio aéreo español hasta que encuentre un aeropuerto en el que hacer un aterrizaje de emergencia. Dentro del avión, en primera clase, atendidos por tres azafatos (Carlos Areces, Javier Cámara y Raúl Arévalo) que ya me gustaría a mí encontrarme en los aviones que cojo, personajes muy curiosos: una médium virgen que huele la muerte (Lola Dueñas), una famosa madame experta en sadomasoquismo (Cecilia Roth), un actor famoso que acaba de abandonar a su novia (Willy Toledo), el dueño de una caja intervenida que huye del país (José Luis Torrijo) y un sicario (José María Yazpik). Cada uno de ellos tiene sus historias fuera del avión, que también se ven, aunque, como el resto de la película, como lo que no son esos minutos de número musical, son absolutamente prescindibles (bueno, todo menos el vestido que lleva Blanca Suárez en la bici, que para mí lo quiero). En definitiva, que creo que 'Los amantes pasajeros' podría haber sido un corto musical de apenas unos minutos protagonizados por esos tres fabulosos azafatos.

lunes, 18 de marzo de 2013

'La travesía', cayucos y agentes secretos

Suelo recurrir a la novela negra y la chick-lit cuando no puedo concentrarme, cuando estoy inquieta o nerviosa, cuando algo me preocupa, cuando necesito lecturas fáciles, que me absorban y hagan que las horas pasen rápidas e indoloras. Pues bien, con 'La travesía', de Paul Goeken, me equivoqué. No es una lectura fácil. Requiere concentración, no despistarse en los detalles y estar pendiente de los personajes para no perderse en esta historia que mezcla agentes secretos del gobierno español con la llegada masiva de inmigrantes africanos en cayucos. El libro cuenta dos historias paralelas que poco a poco van enlazándose: la de Carmen, agente del Nueve, uno de los servicios secretos españoles más efectivos, que perdió a su novio en una operación y que una noche ve cómo dos de los hombres más eficaces del grupo se convierten en muñecos de trapo en manos de dos africanos con una fuerza inexplicable; y la de Pierre, inmigrante que sobrevive al naufragio de la patera en la que viene y que, una vez en España, trabaja como repartidor de pizza y trapicheando en la Casa de Campo para su jefe, lo que le da la sensación de haber conseguido el sueño español. Las vidas de Pierre y Carmen se cruzan durante la investigación de los inmigrantes con fuerza descomunal que extorsionan a empresarios de dudosa reputación a los que les van bien los negocios y en la que acaban implicados países de media Europa y Estados Unidos. Vaya, nada que ver con la lectura fácil y relajada que esperaba después de haber leído otros libros de esta misma colección, especialmente 'Un oscuro fin de verano'. Un libro denso, en definitiva, con algunos personajes muy definidos y otros francamente olvidables y una historia en la que abunda la documentación sobre agentes secretos y procedimientos de relaciones internaciones, supongo que en un intento del autor de hacer ver que no se trata de una simple novela negra. Pero hay veces que lo una necesita es una simple novela negra.

"Étienne Kala Seko observaba el contorno de una plataforma petrolífera que flotaba en el mar a lo lejos. Desde donde estaba, parecía más una roca que una máquina bien aceitada que se balanceaba mientras sacaba, día a día, una pequeña fortuna en petróleo del fondo marino. La mole de acero era propiedad de una refinería que extraía crudo en todo el mundo. Tras realizar concienzudos estudios, la dirección de la compañía había decidido ir a la caza del oro negro ante las cosas de Nigeria. Habían hecho uno de esos pactos que suelen hacer los occidentales con las autoridades del momento para garantizar el buen funcionamiento de la plataforma y la seguridad del personal. Pero pronto se dieron cuenta de que habían cometido un terrible error. Nigeria estaba en África."

Título: 'La travesía'
Autor: Paul Goeken
Editorial: Alba
Colección: Oscura
Páginas: 381
Precio: 17€ 

viernes, 15 de marzo de 2013

Una vez amé a un clown


Marta Torres

Una vez amé a un clown. Amé su nariz roja. Su pelo despeinado. Sus pies pequeños en sus zapatos grandes. Sus diminutas arrugas de tanto reír. Le amé al primer golpe de foco. En aquel escenario oscuro. Con un zapato en el pie y otro sobre la cabeza. Con su casaca verde. Con cepillos en las hombreras. Con charreteras de chapas de refresco. Con su paso ridículamente marcial. Un zapato cae y se enamora. Un amor imposible. Zapato derecho. Zapato izquierdo. Condenados a la distancia. A verse, rozarse con un poco de suerte, en mitad de cada paso. Abandonó el escenario descalzo. En el foco de luz, juntos para siempre, zapato derecho y zapato izquierdo. Entre lágrimas, en la tercera fila, desconsolada por esos zapatos, me enamoré de un clown. De su nariz siempre fría. De su boca llena de historias. De los pájaros de su cabeza. De sus ojos cansados de tanto llorar.

miércoles, 13 de marzo de 2013

'El tango de la Guardia Vieja', amor, perlas y un bailarín mundano

No puedo quejarme. A dos de mis escritores favoritos les ha dado últimamente por escribir historias de amor. Hace un tiempo fue mi adorado Javier Marías y 'Los enamoramientos' y ahora es Arturo Pérez-Reverte y 'El tango de la Guardia Vieja'. Una historia de amor sin empalagos, dura, incluso. Una historia de amor que nosotros, lectores, en la cabeza de Max (el bailarín y ladrón profesional) y Mecha (mujer bien con grandes secretos), sabemos que lo es. Aunque si fuéramos Max o Mecha (personajes que podemos tocar, escuchar y sentir) seguramente pensaríamos que somos los únicos que amamos en esa extraña relación que se mantiene durante décadas, a pesar de todo. De la distancia, de las diferencias sociales, de los engaños, de otras parejas... Una relación que nos hace pensar qué hubiera podido ser si... Si Mecha no estuviera casada, si Max no fuera un vividor, si el destino se lo hubiera puesto más fácil... Los protagonistas se conocen en un barco rumbo a Argentina. Mecha es la mujer de un gran compositor, Armando de Troeye, bailarina excepcional a la que Max, bailarín del barco, saca a la pista de vez en cuando ante la atenta mirada de su marido, que prefiere fumar en la mesa pensando en el tango que debe componer para una apuesta. Max, conocedor de los bajos fondos de Buenos Aires, llevará, ya en el país, a la pareja a conocer en auténtico tango, el de verdad, el que se baila en la calle y deja a un lado la sensualidad del tango de los salones para adentrarse en la sexualidad de la carne que llama a la carne. Y la carne de Max y Mecha lleva tiempo llamándose.  Pero eso es sólo el principio, los primeros compases de una historia de robos de joyas, ladrones, competiciones de ajedrez, engaños, disimulos, reencuentros... Una novela que he intentado leer despacito, para que me durara más, y que, ahora, entiendo que Pérez-Reverte dejara durmiendo durante muchos años antes de retomarla. Eran necesarios los años, el tiempo visto desde la distancia, para que esa historia, la de Mecha y Max, la de dos personas que tardaron décadas en confesarse que se querían, la de un reencuentro en un momento en el que ya apenas hay tiempo para nada, la de una historia de amor que no parece una historia de amor, pareciera de verdad.

"La palabra putas no había sonado vulgar en su boca, apreció el desconcertado Max. Sólo provocadora. Propia de una mujer capaz de ir, por curiosidad o diversión, a un barrio de mala fama para ver bailar tangos. Y es que hay modos de decir las cosas, concluyó el bailarín mundano. De pronunciar ciertas palabras o mirar a los ojos de un hombre como ella lo hacía en ese momento. Dijera lo que dijese, Mecha Inzunza no sería vulgar ni proponiéndoselo. El cabo segundo legionario Boris Dolgoruki-Bragation, cuando estaba vivo, llegó a resumir eso bastante bien. Cuando toca, ni aunque te quites, decía. Y cuando no te toca, ni aunque te pongas."

Título: 'El tango de la Guardia Vieja'
Autor: Arturo Pérez-Reverte
Editorial: Alfaguara
Páginas: 501
Precio: 21€

lunes, 11 de marzo de 2013

No hay médico para Lucía

Camila muestra la cartilla sanitaria y la documentación de Lucía
Marta Torres/Diario de Ibiza
 Camila, uruguaya de 24 años, aún se estremece cuando recuerda la escena que vivió el pasado 30 de enero en el servicio de Urgencias del centro de salud de Sant Antoni. Esa noche, pasadas las ocho, su hija mayor, Lucía, de cinco años, tenía un ataque de la otitis crónica que sufre. La niña estaba «llorando, doblada del dolor y agarrándose los oídos» en las sillas de la sala de espera del ambulatorio, afirma su madre. A pesar de que era evidente que la niña necesitaba atención médica y a pesar de que el real decreto 16/2012 garantiza la atención sanitaria de cualquier tipo a los menores de edad, la administrativa que en ese momento estaba en el mostrador no dejó que a la pequeña la viera un médico hasta que la madre no firmó un documento en el que se comprometía a pagar el coste de la atención médica.

Camila firmó el documento (´compromiso de pago entidades y pacientes sin cobertura u obligados al pago´) a pesar de que éste no especificaba la cantidad que deberá abonar. Lo único que quería es que un médico atendiera a la pequeña, a la que llevaron al médico cuando vieron que el dolor no se le pasaría y que el oído le supuraba. Las palabras que le dijo la médico aún retruenan en su cabeza: «Menos mal que la habéis traído porque, si no, le habría reventado el tímpano».
La única opción de la familia era el servicio de Urgencias, ya que la niña, de nacionalidad uruguaya aunque llegó a la isla con apenas cinco meses, tenía la cartilla médica caducada desde el 17 de julio y, cuando su madre acudió a renovarla, a pedir el documento F6, se vio enredada en un laberinto burocrático del que ha tardado siete meses en encontrar la salida. Al mismo tiempo que la cartilla, a Lucía se le caducó el pasaporte. Para tener la primera le exigían el segundo y para actualizar éste necesitaba por una parte unos documentos que dependían del padre de la niña „«vive en Uruguay y no sé dónde»„ y desplazarse a Mallorca o a Barcelona, a la embajada de su país, un gasto que en ese momento no podían asumir. «En el centro de salud de Sant Antoni me insistieron en que sin el pasaporte en vigor a la niña no le podían renovar la cartilla», explica, indignada, Camila, que llegó a España en 2007. Sin esta renovación, Lucía, que hasta julio había tenido garantizada la asistencia sanitaria, se quedó sin tener un pediatra de cabecera. De hecho, la madre asegura que la niña estaba dada de baja en la Seguridad Social.

Esa noche del 30 de enero Camila acudió al servicio de Urgencias amparada por la ley, sabiendo que su hija, por ser menor de edad, tenía derecho a recibir la misma atención sanitaria que cualquier otro niño. «Había estado en la reunión de Médicos del Mundo para crear el grupo de acompañamiento, me había informado, pregunté por el caso de Lucía y sabía que debían atenderla», indica. Eso mismo le repitió una y otra vez a la administrativa, que se mostró inflexible: si quería que atendieran a su hija la única opción era firmar el compromiso de pago. Con los nervios, a Camila incluso se le olvidó, a pesar de que sabía que debía hacerlo, presentar una reclamación formal justo después de firmar el documento. Lo que sí hizo nada más salir del centro de salud fue llamar al teléfono de la red de acompañamiento sanitario (727717550 de 9 a 22 horas y 628467512 a partir de las diez de la noche) para explicar lo que le había pasado y pedir que un voluntario la acompañara para intentar que le renovaran la cartilla a Lucía. «Me tranquilizaron. Me vino muy bien hablar con alguien», agradece.

Camila no entiende la «falta de humanidad» que mostró esa administrativa esa noche. Tampoco que permaneciera inamovible y ni siquiera consultara a ningún superior cuando ella le insistió en que el real decreto garantiza la atención sanitaria a todos los menores independiente de la nacionalidad, de si sus padres tienen los papeles en regla o de los recursos. Menos aún que los responsables sanitarios de Eivissa no garanticen que el personal que permite o no que alguien acceda al médico sepan perfectamente qué prevé la ley y qué no. «La pediatra tampoco entendía que no quisieran dejar pasar a la niña», asegura.

Pocos días después de esa noche le renovaron la cartilla a Lucía. Camila acudió de nuevo al centro de salud de Sant Antoni con una de las voluntarias de la red. Pidió la renovación, presentó el pasaporte, aún caducado (lo tiene en vigor desde la visita del consulado móvil a Ibiza), y no le pusieron pega alguna. La voluntaria intervino cuando estuvo todo solucionado, y únicamente para presentarse a los administrativos y explicarles la labor que está llevando a cabo en la isla la red de acompañamiento auspiciada por Médicos del Mundo con la colaboración de la Plataforma por la Convivencia. Ayer por la mañana Lucía tenía cita con el pediatra. Podrá tenerlas hasta dentro de un año, cuando se vuelva a caducar la cartilla provisional que le han hecho.

A Camila se le hace un nudo en la garganta cuando piensa en cómo se trató a Lucía. «Ya no se trata de humanidad, que también, sino de las leyes. Negarle la asistencia o condicionarla a que se firme un compromiso de pago va en contra del decreto, de la Constitución y de los derechos humanos», insiste Camila quien, además, sufre al ser consciente de las diferencias frente a la Administración de sus dos hijas. Lucía tiene una hermana, Zoe, de tres años, que nació en España y a la que sabe que nunca le pondrán un problema para atenderla en el médico. «Estamos legales aquí. Pagamos todos los impuestos. ¿Por qué le niegan la atención sanitaria a Lucía?», se pregunta la madre, que confiesa que se siente realmente «agotada» por todas las barreras y trámites a los que se enfrenta constantemente. En la cocina de su casa, incluso, tiene una pizarra enorme en la que tiene apuntados todos los trámites burocráticos que debe realizar. «Si se te pasa uno todo son problemas», apunta.
El de Lucía no es el único problema sanitario al que se ha enfrentado su familia. Su madre, residente legal en España desde 2006, sin trabajo y sin recursos, únicamente tiene derecho a asistencia urgente. No la operan de unos pólipos y ha tenido que interrumpir tratamientos médicos porque no puede asumir el coste de todas las medicinas. «Hay que comprarlas cada 15 o 20 días y cuestan unos 50 euros», comenta Camila, que reconoce que toda esta situación hace que su cabeza dé vueltas a cómo solucionarlo. «A veces, incluso, pienso que me gustaría tener lo mismo que mi madre para poder sacarle yo las recetas. Son trampas, es verdad, pero el sistema te induce a pensar en ellas», reflexiona Camila, que recuerda que pasó todo el verano pasado deseando que Lucía no sufriera ningún ataque de otitis.

Esto mismo, rezar para que su sobrino no se pusiera enfermo es lo que ha estado haciendo los últimos meses L., colombiana que lleva casi 20 años en el país y que prefiere mantenerse en el anonimato porque trabaja en el ámbito sanitario. El menor, de 14 años, llegó a la isla el pasado mes de octubre y uno de los primeros trámites de su padre, que lleva doce años aquí, fue acudir a las oficinas de la conselleria balear de Salud, en la Avenida de España, para saber qué tenía que hacer para que su hijo tuviera cartilla sanitaria. «Nos dijeron que si el niño no tenía la nacionalidad española no tenía derecho a ella», señala su tía, voluntaria de la red de acompañamiento.

Esta mujer critica que en ese momento no les indicaran que el menor podía tener una cartilla provisional, con la que le asignarían un médico de cabecera. Así, durante meses, cuando el adolescente se ha puesto enfermo le han atendido en casa. «Por suerte, nada grave», comenta su tía. Ella misma, explica, ha estado asegurándose de que durante todo el invierno se abrigara a conciencia. «No está acostumbrado a este frío. Viene de un país en el que la temperatura media es de 24 grados todo el año», justifica.

«No fue hasta bastante más adelante cuando nos enteramos de que los menores tienen derecho a recibir atención sanitaria», explica. Ella misma solicitó que una voluntaria les acompañara para asegurarse, después de lo que les habían dicho en las oficinas de la conselleria, de que no les ponían pegas para asignarle un médico a su sobrino. Ahora esta colombiana se ha sumado a la red de acompañamiento sanitario. De momento, colgará carteles informativos y se asegurará de que todos los inmigrantes, «tengan o no papeles», sepan que sus hijos tienen garantizada la atención médica. «Algunos creen que no es así y ni siquiera preguntan», asegura. «Todos ellos deben ir al centro de salud y solicitar el F6 para sus hijos», añade L., que afirma que cuando llegó a España no se imaginó jamás que llegaría el día en que tuviera que «pelear por esto». «Es una vergüenza que esté pasando esto», insiste, pidiendo a los profesionales sanitarios que «se acojan a su conciencia» y atiendan a todas las personas que lo necesiten, especialmente a los niños. «No hacerlo es una falta de humanidad. Quiero pensar que los que lo impiden lo hacen por falta de información, no por mala fe», concluye.

viernes, 8 de marzo de 2013

Día de la Mujer: Por ellas, que no pudieron. Por nosotras, que sí podemos

Marta Torres
Porque no tuvieron otro remedio. Porque no pudieron hacer más. Porque detestaron sus vidas cada mañana y cada noche. Porque a pesar de eso intentaron que no se notara. Porque lucharon por sus hijas y nietas lo que no pelearon por ellas. Por los sueños que metieron en una caja y fingieron olvidar. Por las manos llenas de callos de esos días interminables. Porque fueron cocineras, amantes, enfermeras, niñeras, agricultoras, lavanderas, pastoras, limpiadoras, panaderas y cuidadoras sin cobrar ya no sólo un céntimo, sino ni siquiera un "gracias". Porque perdieron la infancia. Por las lágrimas que derramaron el día que, a diferencia de sus hermanos varones, las sacaron del colegio. Porque rapiñaban las monedas que podían a esos maridos que se las gastaban jugando, bebiendo y en prostitutas. Porque aguantaron golpes pensando que era lo que se merecían. Porque no se permitieron nunca un capricho. Porque se perdieron los bailes. Porque no les quedaron sonrisas para desperdiciar. Porque fueron esclavas de sus padres, de sus hermanos y de sus maridos. Porque se les endureció la mirada de todo lo que vieron. Porque nunca se sintieron libres. Porque nunca pensaron que era posible coger las riendas de su destino. Por ellas. Que no pudieron. Por nosotras. Que sí podemos.

miércoles, 6 de marzo de 2013

'Brave', la lucha por una misma


En 'Brave' no hay príncipe. No hay un hombre que acuda al rescate. Ni siquiera un hombre por el que luchar. En 'Brave' lo único (lo muchísimo, en realidad) por lo que pelea la princesa Mérida (mataría por tener ese pelo) es por ella misma. Por su libertad. Por su dignidad. Por poder escoger su propio camino. Su propio príncipe, si es que algún día le apetece amar a uno. Su propio destino. (Un poco al estilo de la maravillosa 'La Cenicienta que no quería comer perdices'). Y éste, desde luego, no pasa por quedarse en casa, perdón, en el castillo, haciendo punto de cruz y manteniendo el tipo en pantagruélicos banquetes mientras esos bárbaros pelean, blasfeman y devoran todo lo que hay en la mesa. 'Brave' explica la historia de Mérida, una princesa celta que desde niña adora el tiro con arco y galopar con su caballo, que desprecia los vestidos que la constriñen, que es feliz con su pelo enmarañado por el viento, que roba comida de la cocina del castillo, que tiembla de ira y de indignación cuando se entera de que la tradición le obliga a ser el trofeo de una competición de tiro con arco entre los herederos de los principales clanes del reino. Mérida no lo tolera, se rebela, y decide ganarse a ella misma. Competir por ella misma. Ser su propio trofeo. Ganar su libertad. Es un cuento, de manera que hay una bruja, un encantamiento que sale mal, personajes simpáticos (atención a los trillizos y a la hechicera con un principio de alzhéimer), un duro enfrentamiento madre-hija, peligro, momentos en los que parece que nada se resolverá como debería y, por supuesto, un final feliz. Un final feliz que no incluye besos, ni promesas que no se cumplirán, ni en el que la felicidad depende de que alguien le diga a Mérida que la quiere.

lunes, 4 de marzo de 2013

'Diario de una sumisa', hasta Grey temblaría

Empecé 'Diario de una sumisa' pensando que sería una nueva novela erótica a la sombra de la saga de E. L. James. Nada que ver. Christian Grey es un blandito al lado de los tres hombres (Mark, Thomas y James) que pasan por la parte de la vida de Sophie (autora y protagonista de esta novela) que nos cuenta en este libro. Vaya, que lo que a Anastasia le parecía difícil de soportar es sólo el aprendizaje de lo que vive Sophie, una sumisa por decisión propia que no puede disfrutar del sexo sin dolor y que no concibe una relación con un hombre que no la domine en los juegos sexuales. De puertas afuera, Sophie es una joven periodista de prensa local (la prensa local parece ser igual en este rincón olvidado del mundo que en Londres, firmo ahora mismo la mayoría de los párrafos destinados a este oficio) moderna, decidida, profesional y responsable. Con un gran secreto que nadie sospecharía: es una sumisa. Ya desde el principio, los juegos sexuales que pasan por las páginas de este libro hacen pensar que los de Grey son un juego de niños. En algunos momentos, incluso, he tenido que dejar el libro, tomar aire, y seguir al cabo de un rato. Si Sophie era capaz de aguantar azotes, golpes con varas, cucharas de madera y palmetas de castigo, mordiscos y pellizcos con palillos, yo apenas podía aguantar el dolor que imaginaba. Por otro lado, me ha encantado cómo explica la autora el cambio que sientes al ponerte un corsé. Cómo cambias física y mentalmente cada vez que aprietas una de las cintas. Porque es así. Sexo aparte, lo que me ha resultado más interesante de este libro es la parte psicológica de la relación entre dominante y sumisa. Cómo Sophie racionaliza y, en el fondo, no entiende muy bien por qué su cuerpo reacciona ante el dolor de la misma manera que el de cualquiera reacciona ante el placer, incluso se enfada por ello en ocasiones. Cómo uno de los dominantes llega a asustarse por sus juegos cuando siente algo por ella que va más allá de lo sexual. Cómo el juego traspasa el sexo y puede consistir, sencillamente, en una larga espera en una situación en la que la sumisa no se encuentre cómoda. 'Diario de una sumisa' no tiene nada que ver con '50 sombras de Grey', no es un cuento de hadas con algo de sadomasoquismo. 'Diario de una sumisa' te muestra que hay mucha diferencia entre juegos sexuales que rocen la dominación-sumisión y que pueden excitarte y gustarte en un momento dado y una auténtica relación dominante-sumisa que es imposible desarrollar si no se tienen tan interiorizados esos roles en los que se obtiene placer del dolor. Propio o del otro. Es dura. Cruda en ocasiones. Duele. Y eso se hace difícil de soportar si no eres una sumisa.

"Los castigos son algo curioso. Una gran parte de la dinámica de D/s está relacionada con el dolor, con infligirlo y soportarlo. Jugar a que me azoten el culo con la mano o la vara es divertido y me pone caliente, pero aquello era diferente. Lamentaba muchísimo haber decepcionado a James, me entristecía que él lo hubiera previsto hasta el punto de guardar instrumentos de castigo en mi maleta. Súbitamente, tendida en esa cama de hotel lejos de casa, torturándome la lengua y los pezones mientars era obligada a hacer cosas degradantes, me sentí muy mal y muy sola. Y sí, soy consciente de que eso es lo que debería hacer un castigo, pero no esperaba que seis palillos chinos y media docena de gomas tuvieran tanto poder."

Título: 'Diario de una sumisa'
Autora: Sophie Morgan
Editorial: Grijalbo
Páginas: 318
Precio: 15,90€

viernes, 1 de marzo de 2013

Nuestra tormenta

Marta Torres

Hay tormenta. Y pienso en la nuestra. Rayos. Truenos. Y la nuestra en silencio. No hay gritos. Ni reproches. Ni siquiera miradas que hieran. Duele lo que esconden los silencios. Hay tormenta. Y fingimos que no pasa nada mientras nos vemos desangrarnos.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...