viernes, 27 de diciembre de 2013

La cápsula del tiempo del maestro Albert i Nieto


Fotos: M. T.

«Ahora la sala está muy vacía», comenta Jacint a su abuela, Francesca Salvador Albert, contemplando en el Arxiu Històric de Eivissa algunos de los centenares de libros del maestro Antoni Albert i Nieto (Ibiza 1867-1945) que hasta hace unas semanas ocupaban buena parte de las estanterías. Jacint, bisnieto del ilustre personaje, no está triste. No solo sabe que todos esos volúmenes (y los que quedan en las diez cajas aún por catalogar) estarán ahí si algún día quiere consultarlos, sino que, además, ahora podrá llenar los estantes con sus propias cosas.
En una vitrina de cristal con protección para la luz solar, al fondo del archivo, están, desde ayer, algunos de los muchísimos libros del maestro. Un legado que la responsable del Arxiu, Fanny Tur, y la concejala de Cultura, Lina Sansano, recibieron con los brazos abiertos cuando su nieta se lo ofreció. «Creía que este era el lugar. En casa todos estos libros solo iban a estar cogiendo polvo y llenos de bichitos», comenta Francesca, que aún se sorprende de la cantidad de libros que tenía su abuelo. Y eso que algunos acabaron en el fuego. Aunque de eso prefiere no hablar. Francisca pensaba que la biblioteca de su abuelo cabría en un par de cajas. «Cuando fui a buscarlos había tantos que apenas cabíamos en la furgoneta. Y eso que los llevábamos achuchados», recuerda Fanny Tur.
Todavía no se sabe cuántos volúmenes exactos forman el legado Albert i Nieto. De momento se han catalogado unos 500 entre libros, publicaciones, fotografías y otro tipo de documentos, pero aún quedan nueve cajas llenas en una de las salas del archivo. «Calculamos que habrá alrededor de 800», apunta Tur, que destaca lo «curiosa» que es la biblioteca del maestro.

Un reflejo de su dueño
Y es que en su biblioteca había novelas, diarios, memorias de conferencias que ofrecía y hasta libros sobre higiene, oficios y el cuerpo femenino que utilizaba en clase para enseñar a sus alumnos. Tanto Tur como Sansano señalan que los documentos reflejan muy bien la personalidad del ibicenco. Tur coge una memoria de una ponencia que ofreció a principios del siglo XX en la Sociedad de Amigos del País y en la que ya alerta del nivel de la enseñanza de Ibiza. «¿Puede tolerarse que en pleno siglo XX un territorio que forma parte de una nación que progresa se encuentre en tal lamentable estado de atraso en cuanto a cultura general?», se pregunta Albert i Nieto antes de afirmar: «El analfabetismo es la nota dominante».
Sansano, por su parte, busca un párrafo de 'Antoni Albert i Nieto. Un mestre eivissenc' ('Antoni Albert i Nieto. Un maestro ibicenco'), una biografía en la que el propio Albert i Nieto explica cómo acabó presidiendo el pósito de pescadores, a cuyos hijos impartía clase, cargo del que intentó, sin éxito, huir. Una foto del maestro con sus alumnos del pósito se puede ver en una de las vitrinas, que también acoge la máquina de escribir que usaba: una Blickensderfer de finales del siglo XIX. «Es que en aquel tiempo el maestro era toda una institución y Albert i Nieto era alguien conocido y apreciado», comenta Sansano, que recuerda que el ibicenco fue miembro de la Real Academia de Historia. «Por eso hay muchos libros de historia y de geografía, aunque también los hay de álgebra y aritmética», añade.
Los volúmenes están amarillos y gastados. Algunos libros apenas tienen lomo y los pliegos de páginas parecen sostenerse como por un milagro. Son libros usados. Leídos. Disfrutados. Prestados. «No los tenía, como yo, colocados para apenas tocarlos», comenta Francesca mientras los descendientes más jóvenes del maestro (Jacint, Otilia, Maria y Sharifa) se pierden entre las estanterías del archivo, curioseando libros que no conocen.


Una ´Pepa´ editada en 1820
Una de las «joyas» de este legado es una edición de 1820 de la Constitución española de 1812. También destaca un manuscrito de poesía: una hoja blanca, doblada en cuatro durante décadas, sin apenas un tachón. Abrir los libros de Albert i Nieto ha sido abrir una caja de sorpresas. Muchos de ellos están cuajados de folios manuscritos, notas, esquinas dobladas para marcar páginas que consultaba de forma habitual. Especialmente curiosos son los textos que escribía sobre diversos temas (la antigua Roma, los etruscos, álgebra...) y que guardaba en el libro que tuviera más a mano. En uno sobre los antiguos oficios, lleno de ilustraciones, asoma toda una lección de historia condensada en un folio casi marrón por el paso del tiempo. En algunas de las notas hay incluso dibujos. «Siempre encuentras algo», confirma su nieta. «Cuando recibes estos legados es como abrir una cápsula del tiempo», comenta la archivera.
Tur está convencida de que el ejemplar de 'De la Tierra a la Luna', de Julio Verne, editado en 1936, y que apenas se sostiene, pasó por las manos de muchos de los alumnos del maestro. En breve se incorporarán al legado algunos documentos que su nieta acaba de encontrar en un rulo metálico. «Intenté desenrollarlos y el papel crujía», explica. En ese rulo está la orla de cuando el maestro acabó el Bachillerato y algunos otros títulos académicos. «También tengo algunas fotos de vestidos payeses que le enviaban de Francia», comenta Francesca, a quien Jacint comunica, con una sonrisa, que ya sabe qué pueden poner en las estanterías donde hasta hace poco estaban los libros del tatarabuelo: «¡La consola!».

miércoles, 25 de diciembre de 2013

El Belén de Isabel y Jesús

Marta Torres
Subiendo a la catedral, en la última calle empedrada, viven Isabel y Jesús, Traspas y Torijano. En el patio interior de su antigua casa, en el mismo lugar en el que se han casado sus hijos, montan cada Navidad su belén. Un nacimiento que la gente puede ver desde la calle Mayor, pegando la cara a los barrotes de la puerta. El belén ocupa la zona cubierta del patio y crece cada año. La virgen (un maniquí de la tienda de Isabel vestida con trajes que ella misma usa en la feria medieval de mayo) está embarazada hasta la noche del 24. Ayer, los que subieron a la catedral para la misa del gallo fueron los primeros en ver al niño en el pesebre. Estos días es Jesús, pero el resto del año se llama Arjuna, que es el nombre que le pusieron al muñeco. Cuando Isabel y Jesús tuvieron a su nieto Darío, éste se empeñó en que faltaban el buey y la mula, pero él prefería una vaca (Paca) y un burro (Asno), así que Jesús e Isabel (que son artistas) los incorporaron hace un par de años al belén. Esta Navidad han llegado dos pastorcillos con aspecto de juglares, una gallina ponedora y una pareja de patos. El año que viene ya están pensando en invitar también a los Reyes Magos. Eso sí. Si lo hacen, no visitarán el patio hasta la noche del 5 de enero.

viernes, 20 de diciembre de 2013

'La sal de la vida', y la chispa, y el picante...

No soy de lecturas conjuntas. Ni de retos. Y no es que no me guste comentar libros con otras personas o marcarme metas. Al revés. Me encanta. Pero me gusta la cercanía, la casualidad, la sorpresa, lo inesperado. No soy de lecturas conjuntas, pero no sé resistirme cuando alguien cree que un libro me va a gustar. A mí. A Marta (o a Dorothy, son la misma). No a cualquiera. Si no a mí. Es una tentación. Y yo, en eso, comulgo con Wilde. 'La sal de la vida', de Anna Gavalda, se saltó todas las montañas de libros que crecen en mi biblioteca. Cosas de Goyo, que sabe tentarme como pocos con un libro, un sofá y una manta. 'La sal de la vida' es una delicia pequeñita, como el único canapé que consigues en una fiesta y que te sabe a poquísimo pero cuyo sabor recuerdas a pesar del paso del tiempo. 'La sal de la vida' comienza en un coche en el que Garance y su hermano Simon se dirigen a una boda. En el coche va también Carine, la mujer de Vincent, que no tiene muy buena relación con su cuñada. Al coche acaba subiendo Lola, la otra hermana, pero sólo Carine acabará en la ceremonia que toca. 'La sal de la vida' refleja tan bien la relación entre hermanos (el cariño, las bromas, las jugarretas infantiles, los celos, la complicidad...) que es inevitable sonreír, pensar, entender y emocionarse con la pequeña aventura, la última quizás, de estos cuatro hermanos (cuatro, sí, hay un cuarto, Vincent, que aparece más tarde). 'La sal de la vida' se lee de una sentada, en un par de horas. Si no te vence el sueño cuando cambias la manta compartida por la cama. Gavalda, aunque se ponga alegre, no puede deshacerse de esa melancolía de colores que impregna todas sus novelas y, no sé otros, pero a mí me tocó especialmente un detalle, casi al final de esta especie de road-book que podría haberse prolongado unas cuantas páginas más. Supongo que la sal de la vida, como la chispa, como el picante, debe llegar en pequeñas dosis. Para echarla de menos.

"En nuestra cabeza hay montones de cosas. Montones de cosas que quedan muy lejos de esas tonterías racistas. Cosas como música y escritores. Senderos, manos y escondites. Trocitos de estrellas fugaces anotados en recibos de tarjetas bancarias, páginas arrancadas, recuerdos felices y recuerdos horribles. Canciones y estribillos que siempre recordamos. Mensajes guardados, libros importantes, ositos de gominola y discos rayados. Nuestra infancia, nuestras soledades, nuestros primeros amores y nuestros proyectos de futuro. Todas esas horas buscando escondites y todas esas puertas custodiadas en los baños del colegio."

Título: 'La sal de la vida'
Autora: Anna Gavalda
Editorial: Seix Barral
Páginas: 180
Precio: 12€

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Corazón... embutido

M. T.
Se lo había ofrecido. Se había abierto el torso en canal y le había dicho que era suyo. Le demostró cómo latía fuerte cuando se acercaba y cansado y triste cuando no estaba. Le había dejado tocarlo con la punta de los dedos. Le había dejado abrirlo para asegurarse de que allí dentro no había nadie más. Lo había zarandeado delante de sus ojos. Sonaron sus palabras y cayeron sus momentos. Y seguía sin saber si lo quería. Se fue, lo sacó del pecho, lo trituró, lo embutió, lo metió en una cesta de picnic y volvió. Él nunca había probado un salchichón tan bueno. A ella nunca le habían mordido el corazón.

lunes, 16 de diciembre de 2013

'Ha vuelto', ¿y si Hitler reapareciera?

¿Qué pasaría si Hitler no hubiera muerto y reapareciera en la Alemania actual? Pues, según 'Ha vuelto', de Timur Vermes, nadie le creería y su intención de volver a hacerse con el gobierno alemán sería tomada como una broma, una ironía, una comedia. Comencé 'Ha vuelto' con muchas ganas. Pensaba encontrar una historia pasada de vueltas, con la que me reiría, cargada de exageraciones y en la que Hitler quedara ridiculizado. Y creo de verdad que ésa era la intención de Vermes, pero no le ha salido. No, al menos, como él quería que le saliera. El libro es cómico, pero no todo lo que debería. Creo que le sobran unas cien páginas y muchas muchas explicaciones y descripciones. Y Hitler es demasiado simpático y entrañable y sensible. Y ese demasiado es peligroso. Creo que de todo, con el tiempo, se puede hacer broma, pero creo que en este caso Hitler debería haber sido un personaje mucho, muchísimo, más ridículo de lo que ha resultado. Y era posible. Pero no me creo a un Hitler que se enternece cuando ve fotografías de una familia judía que acabó en la cámara de gas. No me lo creo. Quizás es que no he entendido el humor alemán como entiendo el británico, pero creo que a Vermes o le traiciona un poco la ideología o se ha enamorado demasiado de su personaje como para permitir que haga el ridículo. A pesar de eso, esta novela tiene algunos momentos buenos, sobre todo al principio, y algunas reflexiones sobre el mundo del espectáculo y los medios de comunicación en las que deberíamos detenernos un poco. Todos toman a Hitler por un imitador más del dictador. Uno de los mejores, un diamante en bruto, por lo bestia de su discurso y por meterse de lleno en su papel. Nadie, obsesionados por las audiencias y el negocio, se pregunta quién es esa persona, de dónde viene, qué ha hecho antes, qué piensa realmente, qué está queriendo decir. Pero más allá de esta reflexión y de algunos momentos buenos, la verdad es que la novela me ha decepcionado. Me ha faltado ironía. Y sarcasmo. Y corrosión. Y mucha mala leche.

"Lo que más me sorprendió fue el pueblo. Yo, desde luego, hice lo humanamente posible por destruir todo lo que le permitiera seguir viviendo en este suelo profanado por el enemigo. Puentes, centrales eléctricas, carreteras, estaciones de ferrocarril: ordené destruirlo todo. Ésa fue la orden que di. ¿Cuándo? En marzo, y creo que me expresé con claridad a este respecto."

Título: 'Ha vuelto'
Autor: Timur Vermes
Editorial: Seix Barral
Páginas: 384
Precio: 19,50€

miércoles, 11 de diciembre de 2013

'Yo fui a EGB', cuando rebobinábamos los casetes con un boli Bic

'Yo fui a EGB'. Y tampoco entiendo por qué desapareció el Frigurón, ni 'El planeta imaginario' ya puestos, y me corté los bordes de la boca con los flash, y grabé casetes con canciones de amor robadas a la radio, y tuve un chándal verde con hombreras azules, y llené las carpetas con fotos recortadas de la SuperPop, y ningún chicle me ha sabido nunca como los Bang Bang de fresa ácida, y me puse el pelo pincho cuando tocaba, y llamaba a KITT pegando los labios a mi reloj de plástico negro, y sigo comprando Peta Zetas cuando los encuentro. Era de Pantera Rosa (Tigretón ¡Puaj!), no aprendí a patinar con aquellas cosas adaptables con tiras de cuero, se me daba genial jugar a la goma (sigo haciendo una rueda perfecta con las piernas bien estiradas), cada Navidad soñaba con el Tragabolas, nunca hice el cubo de Rubik, volvía para atrás en los libros 'Elige tu propia aventura' si la opción no me gustaba,y aún guardo los álbumes de cromos de Willy Fogg, D'Artacán, David el gnomo y algunos delicados cromos de jugar que amarillean. La Bruja Avería me aterraba y fascinaba al mismo tiempo, recuerdo la emoción de la primera vez que fui al videoclub, sigo ilusionándome cuando anuncian en la tele que harán 'Los Goonies' o 'La historia interminable', me peleé con los tiralíneas, rellenaba con alcohol los rotuladores Carioca, rebobinaba las cintas con un boli Bic y no, tampoco vi nunca a mi profesor de gimnasia corriendo o saltando el potro. Nunca había pensado en ello todo junto, pero todo esto (y muchas más cosas que no contaré para no aburrir) es lo que he recordado leyendo 'Yo fui a EGB', de Javier Ikaz y Jorge Díaz. Ellos aseguran que han dejado mucho material fuera de este libro. Un libro (una maravilla de edición de Plaza y Janés) que es como la caja de Pandora, lo abres y salen de él miles de recuerdos de las horas de patio, de aquella época en la que la máxima preocupación era que el profesor no se diera cuenta de que ibas a sacar punta para hablar con alguien, en la que te peleabas con tu madre por el largo de la falda, en que escuchabas y bailabas heavy a escondidas. Un libro al que sé que volveré una y otra vez. Aunque sólo sea para ver las fotografías y sonreír. Recordando.

"Grabábamos con el dedo en el PAUSE, intentando parar la grabación antes de que el locutor de la radio hablara y nos estropeara la canción. Primero en el radiocassette, después en la minicadena (que de mini no tenía nada) y que ya incorporaba esa doble pletina con la que podíamos hacer copias de todas las cintas de nuestros amigos. Nos pasábamos la infancia grabándolo todo y apuntando los títulos de las canciones en inglés tal y como nos sonaba en castellano. Una de 'Nuevas', otra 'Para bailar', la de 'Fiesta' y una de 'Lentas'."

Título: 'Yo fui a EGB'
Autores: Javier Ikaz y Jorge Díaz
Editorial: Plaza y Janés
Páginas: 256
Precio: 18,90€

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Los lugares sin mar*

Foto: J. torres
Puerto de Denia. Diciembre de 1983. Mi madre, mi padre, mi abuela Margarita y yo en un R5 crema. "Marta, despídete del mar, que no lo vas a ver hasta que volvamos". El que habla es mi padre, con su tono de broma. Y yo, con cuatro años y siete meses, miro el mar del puerto. Y no entiendo. En mi mundo aún no existen los lugares sin mar. El mar está siempre ahí. Lo veo cada mañana por la ventana al despertarme. Lo veo, intermitente, entre los edificios, camino del colegio. Lo veo cuando vamos de paseo los domingos. Mi cabeza no concibe lugares sin mar. Lugares que no huelen a sal. Lugares que no suenan a olas. Lugares sin pescadores con la cara surcada de arrugas cosiendo las redes. Pero los hay. Y ése, llorando porque no me quiero despedir del mar, es el primer descubrimiento del primer viaje de mi vida. A Murcia, a Córdoba, a Granada, al pueblo. En un R5 crema en el que también descubro que a algunas abuelas, mejor no arrugarles la falda apoyando tu cabeza en su regazo para dormir. Descubro que los lugares sin mar son lugares con fuentes de las que sale un agua dulce que se puede beber. Y no dejo una sin probar por el camino. Yo las busco. Mis padres intentan esquivarlas, hartos de auparme a todos los caños que se cruzan en mi camino. Descubro que en los lugares sin mar a veces nieva. Y que la nieve está fría. Y que no se parece en nada a las bolitas de porexpán con las que las niñas de los lugares de mar jugamos a que nieva. Y que moja. Descubro que en los pueblos se pellizcan las mejillas de las niñas. Y que no se puede entrar en una casa sin que te pongan delante un plato de comida. Descubro que en los lugares con fuentes el agua no se compra en botellas. Y que en los lugares con nieve hay chimeneas con fuego de verdad que calienta los corazones, cuece los pucheros, asa la matanza y quema las faldas de las niñas de mar que no pueden resistirse a ese calor que huele, que suena y que siente. Como el mar que, a pesar de la advertencia de mi padre, buscaba siempre en el horizonte y por el que preguntaba cada noche antes de acostarme. Aquella niña descubrió que hay lugares sin mar. Y aquella niña sigue ahí. Y sigue descubriendo miles de cosas en cada viaje. Y sigue negándose a despedirse del mar.

*Esta entrada tiene una gemela, en el blog de Goyo, que se ha liado el descubrimiento viajero a la cabeza

lunes, 2 de diciembre de 2013

'Martín Paz', cuando Verne se inspiró en Perú

'Martín Paz' es una rareza en la obra de Julio Verne. No hay nada futurista, no aparece la ciencia, no hay personajes excéntricos... De 'Martín Paz', si no estuviera firmado, no diríamos jamás que se trata de una obra del escritor francés. Esta novelita corta, escrita en su juventud, está ambientada en el Perú colonial y no cuenta más (o cuenta nada menos) que la difícil relación que se establece entre los nativos, los colonos españoles y los mestizos, condenados a no ser nunca parte de los unos y de los otros. Para los indios son españoles, para los españoles son indios. Martín Paz es un indio. Un indio guapo que, como ya se encarga Verne de especificar, no tiene algunos de los rasgos físicos que, al ojo europeo, afean las facciones. Además, es hijo del líder de la revolución indígena. Pero Martín Paz se enamora de Sara, la bella hija de un judío cuya obsesión por el dinero le lleva a vender la mano de su hija a Andrés Certa, un mestizo adinerado que confía en conseguir la aceptación de la sociedad mediante este matrimonio. Martín Paz no está dispuesto a renunciar a su amor (correspondido, por cierto). El judío no está dispuesto a renunciar a la fortuna. Andrés Certa no está dispuesto a renunciar a su futura posición social. Y el padre de Martín Paz no está dispuesto a renunciar a la revolución por más que su hijo se haya enamorado de una española. Una novelita de juventud que se lee de un tirón y que permite, a pesar de las rarezas, intuir la prosa de Julio Verne.

"Las mujeres, cuidadosamente tapadas con la toca que les cubría el rostro, circulaban alrededor de los grupos de fumadores. Algunas señoras con traje de baile, peinadas sólo con su abondante cabello recogido con flores naturales, se paseaban gravemente en sus carretelas. Los indios pasaban sin levantar los ojos del suelo, sintiéndose demasiado humildes para mirar, sin manifestar ni por el gesto ni por la palabra la sorda envidia que les devoraba. Con los indios contrastaban los mestizos, rechazados como ellos a las últimas capas sociales, pero cuyas protestas eran más ruidosas."

Título: 'Martín Paz'
Autor: Julio Verne
Editorial: RBA
Colección: Hetzel
Páginas: 62 (en el mismo tomo
Precio: 1€

viernes, 29 de noviembre de 2013

Alejandro no puede ir a clase

Foto: Daniel Balda
Alejandro tiene 16 años. Le encanta el fútbol, un deporte por el que siente pasión y que no puede jugar. Alejandro sufre una enfermedad que le mantiene atado a una silla de ruedas. Pero disfruta con los partidos como si él marcara los goles. Si le preguntáis a Alejandro cuál ha sido uno de los mejores días de este año para él seguramente os contestará lo que veis en la foto. El día que conoció a Pepe Reina. El día que posó para el calendario solidario de la Asociación de Personas con Necesidades Especiales de Eivissa y Formentera (Apneef). El día en que, al acabar la sesión, pudo charlar con uno de sus ídolos, que había preparado para él y su primo Juan Carlos (también en la foto) un pequeño almuerzo. El día en que Pepe Reina le firmó unos guantes de portero que ahora tiene colgados en su habitación. La misma habitación que es, desde que comenzó el curso, prácticamente una prisión. Alejandro está matriculado en un ciclo formativo de Informática. Pero Alejandro no va a clase. Tiene 16 años y ha superado ya la etapa de enseñanza obligatoria, de manera que la consejería balear de Educación no tiene la obligación de contratar a un auxiliar técnico educativo para que le ayude a llegar con su silla de ruedas a todas partes y le acompañe al baño. Ninguna institución se hace cargo de la situación de Alejandro porque ninguna institución tiene la obligación legal (de moral ya ni hablamos) de garantizar que un chico que quiere seguir estudiando pueda hacerlo. Como los demás. Como cualquiera.  La única opción que le han dado es que su madre le acompañe a clase. Opción que Alejandro rechaza. ¿Qué adolescente quiere tener a su madre detrás en el instituto? Así que Alejandro no va a clase y pasa los días en su casa, en su habitación, mirando los guantes que le recuerdan el día que este verano fue feliz.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

'La piedra de moler', madre soltera en los años 60

Si hubiera sabido de qué iba 'La piedra de moler', de Margaret Drabble, no la hubiera leído. Pero me fío de la colección Rara Avis de Alba y, además, hace unos meses que decidí dejar que las cosas me sorprendieran. Ir al cine sin saber nada de la película, leer los libros sin ni tan siquiera echarle un ojo a la contraportada, comprar discos a sordas, estrenar restaurantes de los que nadie me ha hablado... Si las cosas malas llegan por sorpresa, ¿por qué no dejar que las buenas también lo hagan? Por compensar, digo. En fin, que así acabé leyendo esta novela protagonizada por Rosamund, una joven "con una conversación inteligente, cierto prestigio heredado, un piso estupendo para dar guateques y un magnífico par de piernas" que acaba embarazada del primer hombre con el que se acuesta. Y no es que esté yo mucho por la maternidad ahora. O sí, y por eso prefiero alejarme de todo lo que me recuerda a ella. Tampoco lo sé. El caso es que he leído esta novela desde fuera, sin implicarme, interesándome por esa chica que vive sola en un piso enorme que le han dejado sus padres (que se han ido a trabajar a África), pero sin meterme de lleno en su historia. Me conmovió esa Rosamund que acaba gastando en una fiesta improvisada la botella de ginebra que compra para provocarse un aborto, la que escucha la radio para oír al padre de su hija y sentirlo más cerca, la que se enfrenta sola a todo lo que se le viene encima. Me ha conmovido en esos momentos, pero también la hubiera estrangulado en muchos otros porque no he entendido algunas cosas. A mí, que soy muy para afuera, que no sé esconderme, que no tengo miedo a expresar mis sentimientos, que soy transparente como un cristal, no entiendo que oculte la noticia a la gente que tiene más cerca y que, tarde o temprano, se darán cuenta. No entiendo que no se suelte con nadie. Que sea tan para adentro. Que necesite demostrarse tanto que ella sola puede con todo. Que convierta la valentía en una tortura y una condena. Que no necesite a nadie. Que ni siquiera quiera a alguien. O, si lo quiere, ni siquiera sea capaz de decirlo.

"Una mezcla peculiar de confianza en mí misma y de cobardía ha caracterizado mi trayectoria vital: casi se podría decir que éstos son los elementos de los que está hecha mi vida. Tomemos, por ejemplo, la primera vez que intenté pasar la noche con un hombre en un hotel. Tenía a la sazón diecinueve años, la edad apropiada para ese tipo de aventuras, y, huelga decirlo, no estaba casada. Sigo sin estarlo, un hecho que tiene cierta importancia, pero ya volveremos sobre ese punto. Si no recuerdo mal, el chico se llamaba Hamish. Sí, eso era, lo recuerdo perfectamente. Tengo que tratar en serio de no menospreciar a nadie. Después de todo, lo que admiro en mí no es la cobardía, sino la confianza."

Título: 'La piedra de moler'
Autora: Margaret Drabble
Editorial: Alba
Colección: Rara Avis
Páginas: 264
Precio: 19€
Otras reseñas de Rara Avis:
-'La formación de una marquesa', Frances Hodgson Burnett
-'Geishas rivales', Nagai Kafu

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Callejones que salen al paso

M. T.
Creo en las señales. En la justicia poética. En los tauro. Y en los leo, ya puestos. En la media naranja, a pesar de los limones. En Truman Capote. En los lápices. En los libros de títulos largos. En las cámaras con ojos de cristal. En el fondo oscuro de los cajones. En el papel de regalo. En las tijeras que recortan camisetas. En las primeras notas de las canciones que te hacen volar. En el olor de las flores frescas. Y en unos girasoles de plástico. En el fuego. En contar el tiempo con olas. En la mano de Fátima que nunca perderé. En el horno encendido. En el sueño de la luna que sonríe. En los callejones que salen al paso.

lunes, 18 de noviembre de 2013

'El dorado', kilómetros de dolor entre África y Europa

'El dorado', de Laurent Gaudé, no es una odisea. No hay frases grandilocuentes. No busca la emoción fácil. No hay sentimentalismo barato. No hace escarnio de la tragedia. 'El dorado' es lo que tiene que ser: un relato del drama que supone para miles de personas de África llegar a las costas europeas. Intentarlo, al menos. Varias historias que se cruzan (un agente al mando de una patrulla que controla las aguas sicilianas, un chico de Sudán que inicia el largo camino desde el interior de África y una mujer que llegó a Europa después de perder en la patera a su bebé recién nacido) en un relato que, sin ser aséptico, sin ser frío, no carga tintas en ningún momento. Y con frases cortas, como a mí me gustan. Las tres historias son suficientemente contundentes como para que no haga falta añadirles nada para que el lector sienta lo mismo que el joven Soleimán: la desesperación, la impotencia, el dolor, el hambre, los golpes, los miles de kilómetros bajo los pies, los robos, el calor, la mala conciencia de saber que la única opción de seguir adelante es cercenar los sueños de otro, la soledad, la enfermedad sin médicos ni medicinas, el miedo... Y a pesar de eso, la esperanza de que detrás del siguiente peor momento espera el paraíso. No hacen falta artificios para sentir lo mismo que el comandante Piracci, que, hastiado de su día a día poniendo fin al sueño de los inmigrantes que intentan llegar a Lampedusa, de rescatar cuerpos del mar, de ver que aquellos que esta vez han llegado vivos no sobrevivirán a un segundo intento, decide hacer el viaje a la inversa, en busca de la mujer a la que rescató en el mar, un fantasma que no entendía que a su bebé seco se lo había tragado el mar, y que ha regresado a África para matar al mafioso que le vendió su entrada al sueño europeo. Las tres historias se acaban cruzando en ese continente inmenso en el que el comandante Piracci podrá, sin apenas una palabra, redimirse de todos los sueños que truncó cuando vestía uniforme.

"Primero he notado el contacto de la arena en la mejilla. Una caricia rugosa que me arañaba con cada movimiento. He intentado abrir los ojos, en vano. La cabeza me da vueltas. La sangre me late en las sienes. Ya no tengo fuerzas. Sólo oigo el tambor sordo del dolor que me oprime el cráneo y me provoca punzadas en las mandíbulas. Cierro los ojos. Pierdo el conocimiento de nuevo. El dolor se apodera de mí."

Título: 'El dorado'
Autor: Laurent Gaudé
Editorial: Salamandra
Páginas: 236
Precio: 14,95€

viernes, 15 de noviembre de 2013

Paco Guirado "Todos hemos sido el patito feo"

La Carreta
Siempre me han gustado los títeres. De niña me parecían mágicos y ahora me lo siguen pareciendo. Entonces la magia era que estuvieran vivos. Ahora la magia es que siga habiendo títeres que enganchen con sus historias a los niños. Paco Guirado lleva 27 años dando vida a esos muñecos. "El del títere es un mundo apasionante", afirma Guirado, director de la compañía La Carreta, que representó en Ibiza dos cuentos clásicos: 'El patito feo' y 'El libro de la selva'.
Marta Torres | ibiza
-¿Los cuentos clásicos aún pueden enseñar?
-Sin duda. Son clásicos por eso. ¿Quién no se ha sentido patito feo en algún momento? ¿El diferente, el distinto?
-Pero habrá que adaptarlos.
-Por supuesto. Hay que hacer una adaptación plástica y teatral y también de la historia, ver qué queremos resaltar.
-¿En una sociedad en la que manda la estética, el mensaje del patito feo es una batalla perdida?
-No. Cala hondo porque todos nos hemos sentido así en algún momento, todos hemos sido el patito feo: el gordito de la clase, el que lleva gafas, el gitano, el rumano... Hoy, con la emigración, más que nunca muchos niños se ven reflejados en esa historia. Nuestro patito es un cisne porque hemos querido ser fieles a la historia, pero nuestro cisne no es bellísimo. Y el patito no es feo, es solo distinto, y gusta a todo el mundo porque es un encanto. No hemos querido poner el acento en la fealdad, sino en la diferencia.
-Yo que le iba a recriminar que el patito siempre acaba siendo un bello cisne...
-Nuestro cisne está desdibujado y la transición dura apenas quince segundos.
-¿Es más fácil hacer llegar mensaje de 'El libro de la selva'?
-También es complicado. Mowgli es un puente entre la civilización, el mundo de los humanos, y el de los animales. Aprende las leyes de la selva, a cuidarse del tigre, pero también a amar y respetar la naturaleza. Descubre su diferencia, que es un niño y debe vivir con los hombres. En nuestro espectáculo no deja nunca la selva. Las noches de luna llena vuelve al cubil de los lobos. Ambos mundos deben coexistir.
-Sus espectáculos se basan en cuentos clásicos, ¿hay alguno que no hayan llevado a escena porque no han podido modernizarlo?
-Hay cuentos llenos de tópicos, machistas. Hay que entender que pertenecen a la época en la que fueron escritos y, sin cambiar su esencia, debes cambiar las formas. Adaptarse a los tiempos. Hay cuentos con cosas muy sospechosas, sobre todo si eres chica. La princesita siempre limpiando y esperando al novio que la salve del ogro... Hay cuentos que nos generan rechazo.
-¿No se les puede dar la vuelta?
-Está muy bien si sacas eso de contexto: todos, no solo la mujer, necesitamos la ayuda de los demás. Lo último que hemos hecho es 'La Bella y la Bestia'. No tiene nada que ver con la versión de Disney. Nos apetecía contar esa historia porque tiene un mensaje muy bonito: la belleza está en el interior. En todos los espectáculos procuramos, además de divertir y enseñar, llenar el alma de quien los ve, no sólo los ojos. Hemos descuidado el alimento del espíritu.
-¿Disney ha hecho mucho daño?
-Disney ha hecho daño en unas cosas y un favor en otras. Lo bueno: crear el público familiar, ir todos juntos a ver una película y que todos salgan contentos. Le estoy agradecido por ello. Pero muchas de las historias de Disney están llenas de topicazos que habría que revisar.
-¿En el mundo de las consolas cómo se tiene a un niño pendiente de los títeres?
-La respuesta está en la esencia pura del títere, la sencillez Cuanto más sencillo es algo, más capaz de atraparte es. El títere no deja de ser un muñeco. El mundo de los muñecos es algo cercano para el niño desde el momento en que nace y cuando se hace mayor juega con los muñecos, habla por ellos. Hace teatro de títeres sin saberlo. Ésa es la magia del teatro de títeres.
-¿Sólo eso?
-El niño tiene capacidad de creer, no está intoxicado como algunos adultos. Se deja seducir, aunque sabe que son muñecos. Nos ven manejarlos, hablar, no nos ocultamos. Y a pesar de eso lo creen a pies juntillas. A veces, cuando acaban el espectáculo quieren ver a los títeres. No nos gusta. Sacamos un muñeco y lo animamos porque cuando los ven colgando de la pared escuchamos «¡son muñecos!». Los habían creído de tal modo que se desilusionan cuando los ven sin movimiento. El títere es un muñeco al que das vida.
-Se le da vida. ¿También muere?
-Sólo si en la historia quieres tratar la muerte. Pero no es habitual. Mueren de modo ficticio, como en el teatro español e italiano de guiñol. Se liaban a cachiporrazos y mataban al policía, pero luego salía de nuevo, a saludar, seguía vivo. No moría. Es difícil que un títere muera.


miércoles, 13 de noviembre de 2013

'Rosa candida', los hombres sin espinas

M. T.
Lees la última frase. Cierras el libro. Te plantas frente al espejo de cuerpo entero de la habitación. Desnuda. Miras todas tus ciactrices. Las palpas. Nada. Vuelves a mirarte, a palparte buscando cuál está sangrando, cuál se ha abierto mientras leías la delicada y dura 'Rosa candida' de Audur Ava Ólafsdóttir. Cuál de todas las que se han ido haciendo visibles en tu piel con el paso de las páginas es la que te duele tanto. 'Rosa candida' no es más que el viaje de Lobbi, un joven islandés de 22 años, hasta un monasterio en un país extranjero en el que intentará devolver la vida a la que en tiempos fue la rosaleda más hermosa, exuberante y completa del mundo, una rosaleda en la que quiere plantar la rosa candida que cultivaba su madre, una rosa de ocho pétalos y sin espinas. No es más que eso, un chico con un sueño relativamente fácil de cumplir. Una historia que no debería doler ni picar ni escocer ni cosquillearte por dentro. Pero detrás de Lobbi y su proyecto hay mucho más. Hay una hija nacida de la aventura de una noche. Hay una madre muerta en un accidente de coche. Hay un hermano autista. Hay un padre protector que intuye todo y finge no saber nada. Hay una mujer que estará siempre en su vida por un rato de sexo en un invernadero. No debería doler. Y sin embargo duele porque la historia de Lobbi y esa rosaleda en decadencia es la historia de las cosas no dichas, de las que no se dicen, de las que se esconden, de las que se enquistan y convierten en difícil lo fácil. En imposible lo lógico. En desesperanza la ilusión. Lobbi siente mucho, pero calla casi todo. Y nada destruye más que un silencio. Lobbi es sensible y dulce y tierno y apasionado. Pero contenido. Callado. Sólo con su hija, Flora Sol, que llegará al pueblo con su madre por unas semanas, expresa todo lo que lleva dentro. Lobbi es como ese musgo del que habla durante el viaje en coche, suave y mullido, pero el peor enemigo de las piernas a la hora de caminar porque destroza los tendones. Cuando Goyo me recomendó esta novela esperaba una historia intensa, una novela de paisajes y emociones, pero no esperaba acabar desnuda, delante de un espejo, desesperada porque no encuentro la vieja cicatriz que sangra.

"Estoy intentando comprender cómo piensan las mujeres y llego a la conclusión de que la vida emocional de Anna debe de ser más compleja y variada que la de los chicos que conozco. A veces parece preocupada, pero lo que me produce más quebraderos de cabeza es lo ausente que se la ve tantas veces, como  si no estuviera verdaderamente en el sitio en que está, incluso, como si estuviera intentando resolver muchos problemas al mismo tiempo. Aunque esté sentada apenas a cuarenta centímetros de mí, al otro lado de la mesa de la cocina, tan cerca que si fuéramos una pareja de enamorados yo podría besarla sin necesidad de cambiar de sitio, es como si no se percatara siquiera de mi presencia."

Título: 'Rosa candida'
Autora: Audur Ava Ólafsdóttir
Editorial: Alfaguara
Páginas: 280
Precio: 18,50€

lunes, 11 de noviembre de 2013

Corazón... de piedra

Nieves de Los cuentos de la China
La mujer con nombre de invierno coleccionaba piedras con forma de corazón. Corazones convertidos en piedra. Perdidos. Abandonados. Rechazados. Olvidados a la intemperie. Cicatriz sobre cicatriz sobre cicatriz... Piedras. A veces las acariciaba. Calientes. Intentaban recordar cómo latir.

viernes, 8 de noviembre de 2013

'Los lugares secretos', cuando la que domina es ella

Ni Christian Grey y su sadomaso de dulce de leche. Ni la deslabazada sociedad Juliette. Ni los moratones de la sumisa Sophie. 'Los lugares secretos', de Paula Soler, no tiene nada que ver con ninguna de esas tres historias de esta nueva ola de literatura erótica. 'Los lugares secretos' me la creo. Supongo que ahí está la clave de esta novela en la que el sexo, siendo el tema central, no pasa por encima de la trama, de la historia, de los personajes. Puedo creerme que Irene sea real. Una mujer joven, guapa, rica tras heredar el imperio hotelero de su marido y a la que le gusta llevar las riendas en el sexo. Las riendas, los látigos, las fustas, los cinturones. También me creo a David. Un hombre guapo, joven, con un buen empleo y a punto de casarse con su novia, a la que quiere pero no desea, porque es lo que siente que debe hacer. Dos personas que se encuentran por casualidad, que se gustan, que descubren sus secretos y que acaban jugando en la habitación secreta de Irene. Me creo ese juego. Me creo las ganas. Me creo las dudas. Me creo los sentimientos que van surgiendo. Y me lo creo porque los dos tienen una vida fuera de ese cuarto en el que Irene se viste de látex y cuero y David se deja esposar y azotar hasta explotar de placer. Porque a David se lo come la ansiedad de una nueva vida que no tiene claro que quiera. Porque a Irene la llevan de cabeza sus hijastros, que la sangran económicamente y que están dispuestos a hundirla. Porque en ese cuarto, que tiene la presencia justa (incluso menos de la esperada en un libro erótico), ella domina y él se somete, pero cuando están fuera la relación es de igual a igual. Me la creo porque por primera vez me he sentido en sus pieles en ese cuarto. En la de Irene y sus corsés. En la de David y sus esposas. Y me los creo. Porque se equivocan. Porque se pierden. Y porque se encuentran.

"Todo es importante en este juego sexual. La atracción por el otro es primordial, desde luego, pero existen muchos otros factores a tener en cuenta. Las palabras, los objetos, el entorno... elementos dispersos que deben formar un conjunto dode el sumiso se sienta gozosamente intranquilo. De pie ante el armario, hago memoria para recordar las dos conversaciones mantenidas con David. Sus sueños juveniles, ese aire protector cuando cogió en brazos al perrito extraviado, su reacción intensa al sentir las manos atadas a la espalda... Su nota."

Título: 'Los lugares secretos'
Autora: Paula Soler
Editorial: Grijalbo
Páginas: 304
Precio: 15,90€

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Antonio Rodríguez de las Heras: "Gran parte de la información que vemos en la red son garabatos"

Foto de perfil de twitter

Antonio Rodríguez de las Heras es director del Instituto de Cultura y Tecnología de la universidad madrileña Carlos III, donde también fue decano de la facultad de Humanidades, Comunicación y Documentación. En 1990 recibió el premio Fundesco de ensayo por el libro 'Navegar por la información' y hace unos días ofreció en Ibiza la lección inaugural de la Universidad Nacional de Enseñanza a Distancia titulada 'Nuevos lectores, otra escritura'.


—¿Qué es más peligroso? ¿La falta o el exceso de información?
—La falta de información. Es más peligrosa, más dañina. Un exceso como el que tenemos ahora es una perturbación, pero también una oportunidad de pasar a un nuevo modelo de sociedad, la del conocimiento.
—¿Estamos gestionando bien este exceso de información?

—No, el exceso de información es un fenómeno perturbador porque altera las formas que teníamos hasta ahora.
—¿Qué hacemos mal?

—El receptor, con el cerebro sometido a un exceso de información, es un receptor desatento que fractura los mensajes, pero el emisor sigue trasladando esa información en formatos y estrategias que ya no se corresponden con la actitud que tiene el receptor.
—Comenta que, saturados de información, hacemos con ella como con la comida, picoteamos.

—Sí, eso hace que no se tenga una información completa. El receptor se defiende de ese exceso de información desmenuzándola, desmigajándola. La información se rompe. La respuesta de la sociedad de la comunicación es que esa información, si ya es concisa, debe serlo mucho más que antes y que, sin embargo, el receptor pueda encajar esas piezas y componer un discurso coherente. La clave es encontrar nuevos formatos de comunicación.
—Eso está costando, los digitales no acaban de cuajar.

—Sí, porque es un cambio profundo, crucial, no es sólo tecnológico. Lo que estamos observando, y los síntomas son claros, es que detrás de estas perturbaciones hay un cambio cultural y eso supone nuevas formas de comunicación.
—¿En algún momento estará resuelto?

—Sí, todo proceso evolutivo es siempre una encrucijada. Puede llevar a mejor o,por el contrario, precipitarnos por caminos no deseados. Es un proceso crítico, arriesgado.
—Si el lector o el oyente o el espectador fracturan la información, quedan lagunas. ¿No las rellena?

—Sí, cuando el mensaje se acorta en exceso las razones se sustituyen por emociones para que la información tenga la suficiente intensidad. Es peligrosisímo. No debe faltar la emoción en ningún fenómeno de comunicación, pero que esta prime por encima de las razones nos lleva a una sociedad frágil que se mueve por impulsos emocionales.
—¿Los medios no acortamos bien los mensajes?

—El papel de los medios es capital. Hay que ser comprensivo, están en el centro de este huracán y es natural que sufran mucha más perturbaciones y desorientación que otras actividades. La formación periodística es fundamental y también un trabajo de creatividad para encontrar fórmulas. No son recetas, hay que ensayar.
—Habla de la formación periodística, pero ahora no se diferencia un informador de quien no lo es. La gente da creadibilidad a lo que cualquiera cuelga en internet, esté confirmado o sea un rumor. Se equipara un tuit a una información bien elaborada.

—Sí, uno de los fenómenos de la sociedad sobreinformada, entendida como señales que nos traspasan, está en lo que llamo la capilaridad de la información. La posibilidad de generar información llega hasta el último ciudadano. Cualquiera puede colgar desde su móvil la foto de un suceso al que no han llegado a tiempo los medios, o enviar un comentario. Se ha roto la visión piramidal de la información, ahora es sociedad en red. Pero en esa capilaridad, en esa red, hay núcleos importantes, los que hacen latir la red informativamente. Ser uno de esos nudos potentes es el nuevo papel de los medios.
—¿Y los medios en papel dónde quedan?

—Queramos o no, otro de los cambios son los soportes y los espacios. Es obvio que hay que ir a un soporte digital y el espacio, en vez de la página es la pantalla. Uno de los muchos desafíos de la prensa es una buena transformación de la escritura al nuevo soporte y al nuevo espacio.
—Hay varias provincias que se han quedado sin diarios. ¿Es un efecto perverso de esa sociedad en red?

—Lo es. En estos momentos, como en todo proceso crítico, se producen incorporaciones y pérdidas, como los cierres de diarios. ¿Por qué? Porque nos desprendemos de cosas sin haber alcanzado aún las que pretendemos. Esa es la crisis. Esa etapa de incertidumbre.
—¿Con estos cambios tan rápidos se puede prever cuál será la situación dentro, por ejemplo, de diez años?

—Solo podemos darnos cuenta del profundo cambio en el que estamos inmersos y de su velocidad. Se puede esbozar algún escenario de futuro y ese escenario pasa por formas radicalmente, repito, radicalmente, distintas de transmitir la información. Sea un poema o la noticia de un suceso.
—Tiene usted la teoría de que dos olas han arrasado la sociedad de la comunicación actual.

—Sí, dos olas que están inundando, que no arrasando, la sociedad. Reblandeciendo todo lo que estaba sólidamente establecido. La primera ola viene del siglo XX, la revolución de las comunicaciones. Fue extraordinario. Es la ola de los medios de comunicacióno. Hasta entonces estábamos en los valles reducidos de lo cotidiano y de pronto, a través de la fotografía, de las revistas ilustradas, de la televisión y del cine empezamos a ver el mundo de una manera que hasta ese momento era inalcanzable.
—¿Y la segunda ola?

—Llega en el siglo XXI, en el que construimos un espacio nuevo de comunicación, la red, el mundo en red, con la posibilidad de comunicar sin el muro de la distancia y de la demora. Eso altera todas las formas que teníamos de comunicarnos, que suponían transportar la información solventando la distancia y con una demora.
—¿Esta obsesión por la rapidez implica la falta de reflexión antes de lanzar un mensaje?

—Evidentemente, la educación de los nuevos comunicadores, la educación general también tiene que adaptarse a condiciones que antes no se exigían. Soy partidario de que en las escuelas se enseñe a escribir en el móvil, a leer en el móvil, a usar las imágenes que pueden capturar en un móvil, es decir, que se enseñen las nuevas formas de escritura.
—Sin faltas de ortografía, espero.

—Sí, pero aceptando las nuevas normas que, a lo mejor, serán distintas a las del papel. Puede haber fórmulas aceptadas, como contracciones, y es inevitable enseñar a escribir de forma mucho más concisa sin que eso quiera decir que sea incorrecta. Hay que aprender a escribir conciso, claro y correcto, algo que en la hoja de papel igual no era tan necesario.
—¿Es posible ofrecer un mensaje suficientemente completo si es muy conciso?

—Sí, y hay que ir aprendiendo, es inevitable en los modos actuales de comunicación. Una de las maravillas de la lengua, de la palabra, es que soporta, incluso se enriquece, cuando le retiras palabras.
Debes saber decir en mensajes breves lo que necesites, emociones o razones. Un discurso puede ser extraordinariamente barroco o azoriniano. Y ambos tener extraordinariamente potencia.
—Disculpe, pero pocos escriben en los digitales como Azorín.

—Por eso hay que enseñar. En estos momentos Internet es como el muro de una casa en el que la tentación de todos, especialmente los niños, es pintar garabatos. Con la escuela, esas ganas de emborronar el muro se pueden convertir en escritura. Mucha de la información que estamos viendo ahora en la red son garabatos. Para solucionarlo está la educación.
—Le veo más integrado que apocalíptico con este tema.

—Sí, siempre he defendido que es una gran ocasión para un cambio profundo. También es una necesidad. Así que la respuesta es un estado de ánimo positivo, pero cada uno debe aportar imaginación.
—¿No cree que la confusión entre la información profesional y la que no lo es puede derivar en una sociedad desinformada? ¿O informada solo por los poderes políticos y económicos?

—Es un proceso evolutivo y, como en cualquier otro, podemos desembocar en el más absoluto de los totalitarismos, como nunca se había ni soñado. O, por el contrario, abre unas posibilidades al individuo, al ciudadano, que hasta ahora tampoco teníamos. Ahí está la encrucijada.
—¿De qué depende el camino que se tome?

—De muchos factores, pero también de la disposición que tengamos a darnos cuenta de que se pueden tomar los dos caminos. Hay riesgos y cada uno, la prensa y la educación, debemos buscar, en la medida de nuestras posibilidades, el camino que creemos que supondría una gran oportunidad de cambio.

lunes, 4 de noviembre de 2013

'Madame Proust y la cocina kosher', ladrillos en el horno y los secretos del joven Marcel

Madame Proust escribe diarios. Habla de su hijo Marcel, aspirante a escritor, de vida disoluta, enfermizo y amante de la noche, la juerga y de dejar propinas demasiado elevadas a los chicos guapos que le atienden. Madame Proust está preocupada, preocupada como sólo las mujeres  de finales del siglo XIX podían estarlo. Preocupada por lo que pudieran pensar los demás, preocupada por las diferencias políticas entre su marido y el resto de la familia, preocupada por la frágil salud de su hijo mayor, preocupada porque hay que contratar a alguien del servicio... Preocupada, en definitiva. Así se muestra, día a día, en los diarios que plasma Kate Taylor en 'Madame Proust en la cocina kosher'. Diarios imaginarios que otra joven, canadiense, traduce y estudia en París, en una biblioteca en la que siente que los bibliotecarios la desprecian y en la que recuerda algunos momentos de su vida, ligada con la de Sarah Bensimon, madre de su mejor amigo, Max, que nunca superó que la separaran de su familia, judía, para ponerla, a salvo del Holocausto e infeliz, en Canadá, con una pareja, también judía, que no puede tener niños. Las tres historias se entremezclan a lo largo de las páginas de este libro, una maravilla en la que entras de puntillas y acabas corriendo porque necesitas saber qué pasa con Marcel, que lleva años sin ir a su trabajo en la biblioteca y que no acaba de arrancar con sus propias obra, ni con las traducciones de Ruskin. Necesitas saber por qué Max nunca cayó rendido a los encantos de la narradora, que aún sigue buscando sus rizos oscuros en todos los hombres que se cruzan con ella. Necesitas saber cómo Sarah consigue hacer de la cocina kosher todo un arte en su cocina con dos hornos, dos vajillas, dos cuberterías y dos pilas de lavar, único incentivo en una vida que arrastra, más que vive, desde que salió a la fuerza de París.

"Sophie necesitaba unas piedras, pero no se le ocurría dónde encontrarlas en plena ciudad. Aunque no buscaba grandes pedruscos, tampoco estaba dispuesta a conformarse con un puñado de grava que podía coger clandestinamente del diminuto jardín urbano que sobresalía apenas un metro sobre la acera delante del piso bajo del edificio situado a tres puertas del suyo. Mientars pensaba dónde podía encontrar especímenes de mayor tamaño, se acordó con una mezcla de cariño y de arrepentimiento del cubo de latón lleno de pequeños cantos y conchas marinas que durante muchos años la pequeña había guardado en su habitación: recuerdos que había recogido en la playa durante las vacaciones y de los que se había negado a separarse al llegar el momento de tomar el tren de regreso a casa. Sophie se acordó también de los frecuentes paseos por los bosques cercanos, donde sin duda debía de haber todo tipo de rocas dispersas bajo los árboles. Pero la niña había crecido y se había marchado, y hacía ya tiempo que el cubo de latón yacía sumido en el olvido."

Título: 'Madame Proust y la cocina kosher'
Autora: Kate Taylor
Editorial: Siruela
Páginas: 420
Precio: 23,95€

miércoles, 30 de octubre de 2013

'La felicidad es un té contigo', un gentleman en el Albaicín

Vale, sí, lo reconozco, si fuera por mis prejuicios nunca, nunca, nunca, hubiera leído 'La felicidad es un té contigo', de Mamen Sánchez. Primero, por la portada, que da la sensación de lectura almibarada. Y segundo por el título, que da la sensación de lectura almibarada. Por suerte estáis ahí vosotros, bueno, vosotras, para animarme a decirles a mis prejuicios que se fueran a dar una vuelta. Claro que, si hubiera sido por ellos, tampoco habría leído ningún libro de Anna Gavalda, que vaya mala pata tiene la mujer para los títulos ('El Consuelo', 'Juntos, nada más'). Y, aunque haya empezado esta reseña con cierta alegría, escribirla me va a costar. Mucho. Porque este libro, por aquello del destino, ha quedado ligado a una tarde de tequilas, a las tropas napoleónicas, a una flotilla de patos y a una autoestima por los suelos. Pero el libro de Mamen Sánchez no tiene la culpa de nada de eso, al revés, se convirtió en un buen amigo. 'La felicidad es un té contigo' es la historia de cómo un hombre que viene a destruir el futuro de las cinco mujeres que trabajan en la revista literaria Librarte acaba construyendo su propio futuro. Y su presente, ya de paso. Ese hombre, Atticus (sí, se llama igual que el protagonista de mi imprescindible 'Matar a un ruiseñor' y es guapo, educado, cultísimo, capaz de enamorarse y viaja siempre con una pequeña biblioteca erótica) viaja a España con el objetivo de cerrar la revista, que es una ruina, y despedir a las cinco mujeres que trabajan en ella, pero ellas no están por la labor, así que ingenian un plan para que Atticus se enamore de la más joven, Soleá, un bellezón gitano del Albaicín capaz de volver loco a cualquiera. Pero el plan, como no podía ser de otra manera, no sale exactamente como ellas habían pensado. O sí. Porque, como es fácil imaginar por la contraportada del libro ("La novela más alegre del año"), 'La felicidad es un té contigo' es una de esas novelas en las que todo acaba colocándose en el lugar en el que siempre debió estar. Lo mejor, sin duda, los personajes. A pesar de sus defectos. O precisamente por ellos, porque alguien sin defectos esconde un monstruo. Incluso al anticuado inspector Manchego y a la envarada señora Craftsman se les acaba cogiendo cariño al ir pasando las páginas de esta novela que, además, tiene como escenario mi tierra heredada (Granada) y como sueño mi tierra de verdad (Ibiza).

"Lo que tuvo lugar aquella mañana de domingo a las once y cuarto en punto en la oficina de Librarte no fue una reunión entre cinco mujeres civilizadas, sino más bien un aquelarre entre cinco brujas despiadadas que recurrieron a las malas artes y a la magia negra para esquivar la desgracia que se les venía encima.
Fueron llegando a cuentagotas, en el orden habitual: Berta, Soleá, María, Asunción y Gaby. Todas aterradas, intentando disimular con aspavientos exagerados la realidad de su angustia. Ellas, que a diario se saludaban con un escueto buenos días, aquel domingo se abrazaron y besaron, como si aquello fuerala fiesta de las antiguas alumnas del colegio e hiciera veinticinco años que se hubieran visto por última vez. Luego desayunaron juntas el café de Berta y los bollos de Asunción, y charlaron de niños, libros y estrenos de teatro para dilatar el buen rato hasta el fatal momento en que hubiera que enfrentarse a la verdad."

Título: La felicidad es un té contigo
Autora: Mamen Sánchez
Editorial: Espasa
Páginas: 336
Precio: 19,90€

miércoles, 23 de octubre de 2013

Octubre...

M. T.
Octubre. Las bufandas siguen esperando bajo la cama. No hay cielos empedrados. El sudor chorrea por la espalda recogiendo piñas. Los helados se ríen de los panellets que no se hornearán. Los caminos polvorientos esperan la lluvia. El sol asa las castañas junto a la piscina. ¿Octubre?

lunes, 21 de octubre de 2013

'El metge i un gos d'atura', el lobo siempre es humano

El lobo, la bestia, esa parte oscura de los cuentos infantiles nunca es un lobo, una bestia. Siempre es humano. Y todos, bestia y no bestia, son víctimas. Es la reflexión de Inés Vidal Farré, arquitecta que se niega a definirse como escritora a pesar de que tiene ya tres libros publicados, que sobrevuela 'El metge i un gos d'atura' (editado únicamente en catalán), la última novela que acaba de publicar. Una novela que le costó escribir. Una novela sobre abusos infantiles en un pequeño pueblo del Pirineo y que escribió cuando su hijo mayor era poco más que un bebé. Esta no es la primera vez que Inés Vidal aborda, a su manera y de forma tangencial aunque clara, la parte oscura que se esconde en todos los cuentos infantiles. 'El metge i un gos d'atura' se mueve en dos tiempos, en dos abusos sexuales, uno que se nos presenta de forma bastante clara desde el primer momento y otro que sobreentendemos y cuyos detalles vamos descubriendo a lo largo de las páginas y que nos sirve para ir atando cabos, unos cabos que, por muchas vueltas que des, acaban en un nudo sorprendente. La novela, de apenas unas cien páginas, habla de las bestias, pero también del silencio que envuelve los actos de estas personas en algunos ambientes y de cómo, rascando un poco, siempre se encuentra el momento en que una persona se convirtió en el lobo. "La maldad absoluta, el mal por el mal, no existe", asegura la escritora.

"Todo castigo es inútil. Y cuando se trata de niños, el castigo es una venganza absurda. No repara nada. El castigo sólo enseña a castigar."*

*En catalán, en el original

Título: 'El metge i un gos d'atura'
Autora: Inés Vidal Farré
Editorial: Cossetània
Páginas: 104
Precio: 11,70€

viernes, 18 de octubre de 2013

La cazadora de estrellas caza latas


Cuando me puse los zapatos de rubíes y empecé a pintar mi propio camino de baldosas amarillas sólo pretendía desahogarme, escribir por el camino aquello que no podía escribir en mi día a día. No esperaba conocer gente como la que he conocido. No esperaba que nadie abriera la puerta y se colara en mi vida. No esperaba, y no será por que no haya visto la película mil veces, encontrarme espantapájaros, leones y hombres de hojalata. Personas que de verdad te llegan al corazón. Gente, como la cazadora de estrellas, que te envía las latas con tu nombre que no consigues encontrar en tu isla, que te pinta una sonrisa en la cara, que te trae a Meryl Streep a casa, que te hace pensar que es una pena que no la tengas a una llamada de teléfono para quedar a tomar un café. O una caña. O bebernos en la playa nuestras latas con nuestros nombres

miércoles, 16 de octubre de 2013

'Contigo aprendí', amores cruzados en Asturias, La Habana y Nueva York

La de tonterías que hacemos por amor. La de mentiras que nos esforzamos en creer. La de verdades que escondemos debajo de la alfombra para no verlas. La de decisiones estúpidas que tomamos para olvidar y que no hacen más que traer de vuelta el recuerdo. La de vueltas que damos para acabar en el mismo sitio, sólo que con más arrugas y experiencias a la espalda. Es lo que se esconde detrás de la apasionante historia de principios de siglo 'Contigo aprendí', de Silvia Grijalba. María Luisa es una belleza, la mujer más bella de su comarca, la mujer que José decide convertir en su esposa al volver de Cuba. Nunca se le resistió una mujer, nunca se enamoró de ninguna como de María Luisa, nunca se sintió tan poco como a su lado. María Luisa, despechada porque su amor, Fernando, se ha casado con otra, se deja querer. Se deja cubrir de sedas, de atenciones, se deja envolver por la buena vida que le puede ofrecer José, una vida llena de comodidades y fiestas. Pero por mucho que se mienta y por mucho que se esconda las verdades, por mucho que desee a su marido y por mucho que se esfuerce en quererlo, la verdad es que Fernando sigue estando ahí. Ni siquiera en Cuba, país en el que liberará su sensualidad y en el que descubrirá de verdad lo que es tener una amiga, consigue deshacerse de un lastre que le perseguirá hasta Nueva York, donde conocerá a Fred Astaire y Dorothy Parker y que tendrá un papel fundamental a la hora de dejar de mentirse, de sacar las verdades de debajo de la alfombra y de encontrar el único camino que de verdad debe interesarle, el suyo. Una lección, la de la valentía de María Luisa, tan bien contada que no puedes separarte de sus páginas, de ese fascinante recorrido de Asturias a Cuba a Nueva York entre vestidos y fiestas, hoteles de lujo y bailes atrevidos, casas vacías y estanques llenos de ranas.

"José Rodríguez tenía un don natural para el espectáculo. Jamás había ido al cine; al teatro, sólo una vez. Pero José Rodríguez siempre había sabido cómo dejar una huella indeleble en los demás, y su vuelta a Malleza era uno de esos momentos en los que podía y tenía que lucirse. El haiga, ese Hispano-Suiza blanco cabriolet, hubiera sido suficiente artillería para cualquiera. Pero José Rodríguez no era un hombre que se conformara con aprobar. Así que contrató a un chófer, le uniformó como un coronel y él se atavió con su mejor traje de hilo blanco y un panamá que decidió quitarse a la altura de Muros porque, aunque le daba un aire señorial, corría el riesgo de resultar ridículo teniendo en cuenta el cielo encapotado de aquel 2 de marzo de 1930."

Título: 'Contigo aprendí'
Autora: Silvia Grijalba
Editorial: Planeta
Páginas: 298
Precio: 17,90€

lunes, 14 de octubre de 2013

Corazón... pisoteado*

Foto: M. T.
Ahí está. En el suelo. Se le cayó a alguien que no se dio cuenta. Y ahí sigue, en el mismo sitio, esperando. Lleva ahí tanto tiempo que el suelo se lo ha ido tragando. Es una mancha más en la tarima flotante. Una mancha que aguanta pisadas, centenares, cada día. Un corazón que aguanta el peso de otros corazones, centenares, cada día. Que sigue esperando. Y se hunde.

*Hace tiempo que hago fotos de corazones, a veces reales, a veces imaginados. Ha llegado la hora de enseñarlos.

viernes, 11 de octubre de 2013

'La ladrona de libros', la niña que enamoró a la muerte

No tengo palabras. No puedo hacer una reseña de este libro. No puedo hablar de 'La ladrona de libros' porque cualquier cosa que diga se quedaría pequeña. Cualquier comentario desmerecería el texto de Zusak. Cualquier frase sería una ofensa para la pequeña Liesel y, sobre todo, para la voz que nos cuenta esta preciosa y triste historia sobre la vida en una calle alemana durante la Segunda Guerra Mundial, la muerte. Es la voz de la muerte la que recuerda cómo conoció a la niña, cómo la vio, a lo largo de su vida, cada vez que se la cruzó al llevarse a algunos de sus seres queridos, cómo cada vez que se tropezó con ella despertó su curiosidad y cómo, todo lo que quiso saber sobre ella lo encontró en esa misma calle, tras un bombardeo que le dio mucho trabajo trasegando almas, en un libro olvidado en el suelo. Sumergirse en 'La ladrona de libros' es meterse en la vida de Liesel, en la muerte de su hermano pequeño, en su llegada a la casa de sus padres de acogida, en su empeño en no besar nunca a Rudy, en sus escapadas a la casa del alcalde para robar libros, en la sopa de guisantes diaria, en el judio Max escondido en el sótano, en las lecturas durante los bombardeos, en el acordeón de Hans, en la locura del chico que quiere ser Jesse Owens, en las juventudes hitlerianas, en las hogueras que queman libros y en los ríos que intentan robarlos. No tengo palabras para este libro que, debo confesar, no es mío. Lo robé.

"Liesel no pudo evitarlo. En su rostro se dibujó un atisbo de sonrisa cuando Rudy steiner, su mejor amigo, y ella repartieron los trozos de pan por la carretera. Una vez listos, recogieron las bicicletas y se escondieron entre los árboles de Navidad.
La carretera era fría y recta. Los soldados y los judíos no tardaron mucho en aparecer.
Liesel miró al chico entre las sombras de los árboles. Cómo habían cambiado las cosas, de ladrón de fruta a repartidor de pan. el cabello rubio, aunque estaba oscureciéndosele, parecía iluminado por las velas. A Liesel le sonaban las tripas... y él repartía pan entre la gente.
¿Era eso Alemania?
¿Era eso la Alemania nazi?"

Título: 'La ladrona de libros'
Autor: Markus Zusak
Editorial: Lumen
Páginas: 544
Precio: 21,90€

miércoles, 9 de octubre de 2013

Los manuscritos de Tombuctú, un tesoro en peligro

MARTA TORRES/DIARIO DE IBIZA A finales del siglo XIX, cuando los franceses convirtieron Mali en una colonia, las familias, temerosas, se apresuraron a poner a salvo los manuscritos (los más antiguos datan del siglo XIII) que tenían en casa y que habían pasado de generación en generación. Los envolvieron en fundas de cuero, los guardaron en cofres y cajas y los sacaron de las ciudades. Los llevaron a las aldeas, los escondieron bajo tierra. Y allí permanecieron durante décadas, hasta que en los años 70, impulsado por la Unesco y con el objetivo de recuperar estos manuscritos, se creó el Instituto Ahmed  Baba, en Tombuctú. Así, casi como si fuera un cuento (pocas veces el «en un lugar muy lejano» habrá sido tan cierto), comienza la historia de los manuscritos de Mali que la investigadora ibicenca Susana Molins conoce bien. Molins, que trabaja tratando de sacar a la luz los secretos que durante siglos han guardado estos documentos, alerta de que, en estos momentos, debido al conflicto bélico, vuelven a estar en peligro.

Fotos: The Tombouctou Manuscripts Project

Algunos, los de la biblioteca pública Ahmed Baba, han vuelto a las fundas de piel y los cofres en los que se enterraron y aguardan en un lugar secreto de Bamako, la capital del país, matiza. Aunque en malas condiciones. En un clima que no les es propicio. Un cambio tan brusco (del ambiente seco de Tombuctú a la humedad de Bamako) no sienta nada bien a unos manuscritos que han sobrevivido durante siglos. «Es un cambio fatal, no se sabe qué va a pasar», apunta. De algunos se dijo en su momento que los islamistas los habían quemado, algo que desmiente la investigadora: «Es algo que dijo el alcalde de Tombuctú, pero venderlos es un negocio mucho más lucrativo que quemarlos».
Molins recuerda el trabajo que durante décadas se hizo para recuperar el máximo posible de aquellos documentos que se escondieron de los colonos. «Se hizo una prospección por todo el país, incluso en las aldeas. Los prospectores ofrecían a las familias que tenían manuscritos algo que les hiciera falta, como una vaca o una cabra», detalla a los asistentes a la conferencia.


Así, poco a poco, el fondo de la Ahmed Baba ha llegado a reunir más de 30.000 de estos documentos. A estos hay que sumar los que atesoran las bibliotecas privadas auspiciadas por familias: «Conocen el contenido de los manuscritos, es un legado histórico y familiar, de mucho valor emocional, por eso crean sus propias bibliotecas». Precisamente en los textos que guarda uno de estos centros, el Fondo Kati (conocida como la biblioteca Andalusí), investiga la ibicenca. Investigaba. Debido al conflicto, Molins sigue trabajando, pero a distancia, con los documentos que tenía escaneados. Y el Fondo Kati ha iniciado la campaña ´Apadrina un manuscrito´ con la que pretende recaudar fondos para poder salvar y conservar los legajos. Los orígenes de esta familia se remontan, en la Edad Media, a Toledo, indica Molins. Ella misma destaca, como muestra de la importancia de la tradición oral de África, que las niñas de la familia son capaces de recordar su genealogía hasta ese momento.


Susana Molins explica que estos legajos recogen «todo el conocimiento del mundo islámico» y que hablan sobre religión, leyes, teología, mística sufí, numerología, astronomía y medicina, entre otros temas. Todos ellos están escritos en alfabeto árabe, aunque los hay en diferentes idiomas: desde las lenguas locales (songhai, bambara, fulfulde...) al afrikáans de los bóers e incluso el aljamiado (castellano medieval). Además, detalla que están compuestos de hojas sueltas –«el conocimiento era para compartirlo, cuando uno se aprendía una sección, se la dejaba a otra persona»– y no numeradas. «Cada hoja incluía la última palabra de la anterior y con eso sabían, cuando se la devolvían, dónde colocarla», añade sobre estos documentos que, relata, los bibliotecarios de la Ahmed Baba, «protegieron como pudieron» cuando integrantes del grupo fundamentalista Ansar Dine hicieron de la nueva sede del fondo su vivienda durante meses.

lunes, 7 de octubre de 2013

'Cada siete olas', ¿qué fue de Leo y Emmi?

Querido señor Glattauer,
creo sinceramente que debería habernos dejado sin saber qué pasaba con Leo y Emmi. Creo que debería habernos regalado la capacidad de imaginar qué ocurría con ellos, con su historia de amor, con sus ganas y desganas de conocerse, con sus dudas, con sus ilusiones, con sus recuerdos. Creo que debería habernos permitido soñar lo que quisiéramos con ellos. Pensar que no podían olvidarse y que al final nada les impide estar juntos como llevan dos años soñando o creer que el silencio es el olvido eterno y que nunca jamás sus vidas volverán a cruzarse. Pero en lugar de eso, señor Glattauer, nos castiga con 'Cada siete olas'. Se aprovecha de la curiosidad humana que sabe que nos llevará directos de la última página de 'Contra el viento del norte' a la primera de su continuación. Una continuación que desmerece su inicio. Una continuación en la que unos Leo y Emmi superados por la situación, enfrentados a la seguridad de que no se van a olvidar el uno del otro, deben ponerse serios y pensar qué hacer. Y ahí está el error, señor Glattauer, esos sentimientos desbordan el papel, se ahogan en los mails, explotan y salpican las páginas. Todo el pastel que tuvo el buen gusto de obviarnos en 'Contra el viento del norte' lo descarga en esta segunda parte, en la que se echa mucho de menos la ironía y el sarcasmo, el dolor y la rabia y la frustración que destilan todas y cada una de las palabras que se escriben Leo y Emmi.
Querido señor Glattauer, no sé qué le animó a escribir 'Cada siete olas'. ¿La gente quería saber qué pasaba con Leo y Emmi? ¿Necesitaba contarlo? ¿Pensaba en su bolsillo cuando decidió ponerse con los mensajes del servidor del sistema de Leo? Sea lo que sea, lamento profundamente haber caído en su trampa, haber querido saber en qué acababa esa historia de amor, haber sido incapaz de vencer mi curiosidad, haber salido corriendo a buscar ese libro que preferiría no haber leído. Ahora, gracias a usted, sé qué pasó con Leo y Emmi. Pero también sé que su amor les convierte en dóciles. Felices, pero dóciles.

Atentamente,
la que antes de 'Cada siete olas' quería leer todos sus libros

"Diez minutos después
Fw:
Es mi culpa. No tendría que haberte respondido cuando volví de Boston.


Un minuto después
Re: 
Es mi culpa. No tendría que haberte escrito que en el ático 15 estaba la luz encendida a las tres de la mañana. ¿Qué me interesa a mí tu luz? Por cierto, no sobreestimes demasiado la importancia que tienes para mí: pasaba por allí de casualidad en un taxi.

Dos minutos después
Fw:
Es cierto que mi luz no te interesa en absoluto, pero me pareció muy amable de tu parte que quisieras ahorrar electricidad conmigo. Por cierto, aunque no parezca importante para nuestra situación: desde un taxi no se puede ver si en el ático 15 está la luz encendida o no."

Título: 'Cada siete olas'
Autor: Daniel Glattauer
Editorial: Alfaguara
Páginas: 280
Precio: 17,50€

viernes, 4 de octubre de 2013

Guillem March: "La escena de sexo entre Batman y Catwoman pasó censura"



Guillem March (Mallorca 1979) trabaja desde hace cinco años para la editorial americana DC Comics. Dibuja a lápiz y luego pone tinta a las aventuras de algunos de los personajes míticos de esta casa, como Batman. Este joven, que ya de niño creaba sus propias viñetas, ha sido el autor, entre otras, de una escena importantísima: lel encuentro sexual entre Batman y Catwoman.


Antes dibujaba sábados y domingos. Ahora sólo entre semana. ¿Eso es ser dibujante de cómic profesional?
Sí. Cuando empecé a trabajar para Estados Unidos dibujar se convierte en un trabajo a jornada completa. Antes era semiprofesional y, de golpe, asumí una carga de trabajo brutal. No tenía mucha práctica y lo compensaba trabajando los fines de semaba para cumplir con las fechas de entrega. Ahora tengo más práctica y me concentro más, así que he conseguido no trabajar los domingos y los sábados, como mucho, sólo por las mañanas.
¿De niño ya dibujaba en clase en vez de escuchar?
Sí, pero era buen estudiante y no me podían decir nada. De niño ya tenía fijación por contar historias en viñetas. Al principio lo hacía en libros y cuadernos, pero en seguida empecé a controlarme. Sólo dibujaba cuando tenía un proyecto. No perdía el tiempo con garabatos. El del cómic es un aprendizaje largo. Tienes que practicar mucho. No es hacer un curso de un par de años.
¿Imaginaba que eso se convertiría en su trabajo?
No, además, el mundo del cómic es complicado y, por norma general, no da para vivir. Soy un provilegiado, trabajo para uno de los pocos mercados potentes, el americano. Si entras en esa rueda tienes un volumen de trabajo constante y bien pagado. Pero de niño, cuando no había internet, el americano era un mercado inaccesible. Mi familia sabía que el cómic no garantizaba ningún futuro, no lo veían como una salida laboral, así que aunque les hacía gracia, no me animaban mucho a que siguiera.
¿Cómo llega un isleño al mercado americano? ¿Suerte? ¿Mucho trabajo?
—La suerte la tienes en el momento de contactar con el editor, que le caigas en gracia a alguien. Enseñas un trabajo y quien la ve en dos segundos sabe si la quiere o no. Si le interesa, te contrata. Conocí a un editor norteamericano en el Saló del Còmic de Barcelona. Le presenté algunos libros que había hecho para el mercado español. Le gustaron, vio que era fiable porque los había acabado y me contrató. Empecé en DC Comics y poco después me ofrecieron ser dibujante en exclusiva para ellos.

—¿De pequeño leía cómics estadounidenses?
No muchos, quizás alguno de los personajes más icónicos, como Batman, pero leía más de la escuela Bruguera: Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape. Después me pasé a Astérix y a Tintín. No tengo un background de còmics de superhéroes. Me he adaptado, me he puesto al día de lo que gusta a los norteamericanos.
¿Por qué los superhéroes tienen tanto éxito?
No lo sé, pero en el mercado americano es lo que más funciona. Las editoriales hacen experimentos con otros géneros, cosas que no se alejan mucho de los superhéroes, y no funcionan. Los cómics más vendidos, como los de Superman o Batman, son los que originaron el género hace 70 años y están muy implantados en la conciencia colectiva. Todo el mundo sabe quiénes son, aunque no los hayas leido nunca. Allí funcionan.
Quizás es que aquí no creemos en ellos.
Sí, aquí tenemos otra tradición de cómics, más humorísticos o infantiles. En Estados Unidos los superhéroes eran infantiles hasta hace 50 años, pero ahora quin lee esos cómics son los adultos que los leían de niños. Es extraño, porque son personajes que parece que no tienen mucha profundidad, pero tienen un punto de vista adulto. Intentan encontrar su lugar. Tienes que creer. Tienes que dejar a un lado tu incredulidad y dar por supuesto que un personaje puede volar.
¿Tienes un superhéroe favorito?
Sí, pero porque me gusta más dibujarlo, no por un tema sentimental.
¿Cuál?
Batman. Va solo. Cuando van en grupo, como la Patrulla X no me gusta dibujarlos. Batman es muy oscuro y puedes hacer juegos de luces y sombras, poner mucha tinta negra y jugar con los contrastes. Visualmente queda muy bien. Como trabajo en blanco y negro lo aprovecho mucho. Además, tiene una capa muy grande y puedo jugar con el viento. Superman, por ejemplo, es muy luminoso y cuesta ponerle negro.
Tuvo que dibujar la escena de sexo entre Batman y Catwoman. ¿Es lo más difícil que ha hecho?
—¡Y para un público norteamericano! Sí, es lo más difícil que he hecho. Ese número estaba destinado a un público de más de 17 años, ya es gente adulta, pero en Estados Unidos son muy conservadores. Hice una primera versión que no era explícita, pero en la que se entendía muy bien qué estaban haciendo... Hubo un par de fases de censura: que pusiera un poco de capa y dibujara alguna sombra para que no se viera esto y lo otro. Esa escena era un momento importante de la historia de los personajes, una escena que todo el mundo recordará. Como dibujante te gusta hacerla, pero estas escenas pasan muchas revisiones y, si son de sexo, están muy encima tuya. Hay mucha diferencia entre la original y la final. Me lo tomaba con humor porque son personajes ficticios.

—¿Hay quien piensa que no lo son?
—Hay muchos aficionados que cuando Batman o Catwoman hacen alguna cosa que no tienen que hacer se enfadan y envían correos preguntándote como has podido hacer eso. Se lo toman demasiado en serio. Son seguidores de toda la vida y tienen la percepción de cómo debe ser el personaje. Cuando hacen alguna cosa que les rompe los esquemas, se ofenden.
—¿Se ha dado cuenta de la importancia que tienen los cómics para algunas personas a raíz de ese tipo de comentarios?
—Sí, cuando dibujo no soy consciente de ello. Hago el trabajo y ya está. Pero hay quien lo vive mucho. Van a convenciones, conocen a los dibujantes y los personajes, saben las incoherencias que ha habido antes... ¡Montan unos debates por internet! Está bien disfrutarlo, pero solo hasta cierto punto.
—¿No quiere hacer sus propias historias?
Antes las hacía, justo antes de entrar en DC Comics. En algún momento me han dejado guiones, pero porque lo he pedido. Pero el proceso ha sido poco natural, tienen que revisar lo que escribo porque no lo hago en inglés. He descartado hacer guiones de superhéroes porque debes tener un conocimiento de los personajes que no tengo. Los estudio como si fuese un trabajo, pero no lo sé todo. Quiero hacer mis guiones, fuera del mercado norteamericano, con mis personajes. Estoy esperando a tener más tiempo. Ahora estoy en un proyecto para una editorial belga, Dupuis. El guión no es mío, pero los personajes son compartidos con el guionista. Tengo un poco más de autoría.
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