martes, 30 de octubre de 2012

Irene de Andrés: "Es importante encuadrar las cosas que damos por sentadas"

Irene de Andrés
De vez en cuando conoces personas que te estimulan, que te reconcilian con algún pequeño aspecto de la sociedad, que te hacen mantener en la esperanza en que el ser humano no está definitiva e irremediablemente atontado. Irene de Andrés (Ibiza, 1986) es una de esas personas. Hace cerca de dos años, cuando la conocí, era una promesa del arte contemporáneo que acababa de ganar el premio joven de fotografía de El Cultural. En estos momentos es una artista con todas las letras cuyo trabajo han reconocido con el premio Generaciones 2013. Y no me refiero a que pinte muy bien, esculpa como nadie o cree grandes instalaciones tan apabullantes como vacías. No. Irene de Andrés te hace pensar, darte cuenta de las cosas, ver la realidad, sentirte idiota por no haber pensado antes algo aparentemente tan obvio. O sea, una artista de verdad, de las que prentende, con su obra, dar una patada a la conciencia de los que tienen la suerte de ver sus proyectos, con los que quiere que seamos conscientes de la importancia de la manera de mirar, de no fiarnos de los encuadres que nos dan hechos, que lo que queda fuera del marco también existe, que el horizonte tiene más de una ventana, que los paraísos comunes no son reales si no que alguien nos los ha metido en la cabeza, que los ojos también engañan... En definitiva, ver más allá. En estos momentos, los que estéis o paséis por Madrid podéis ver colaboración en el proyecto 'Iceberg' en la nave 16 de El Matadero. Ahora prepara su próximo proyecto, 'Donde nunca pasa nada', sobre discotecas abandonadas, ruinas postindustriales. A finales de este verano expuso en su isla natal 'Límite visual', uno de sus proyectos anteriores, excusa para hablar de horizontes, paraísos y ruinas: "Más que un lugar, mi paraíso son personas"

*Especialmente para M., que siempre quita importancia a sus encuadres.

domingo, 28 de octubre de 2012

'La otra Bolena', dos Bolenas en la cama de Enrique VIII

Hacía mucho tiempo que una novela histórica no me apasionaba como ‘La otra Bolena’, de Philippa Gregory, otro de esos libros que llevaban años en la siempre creciente montaña de pendientes. Me ha tenido una semana maldiciendo las largas jornadas laborales que me impedían dedicarle horas y horas a la apasionante historia de las dos hermanas Bolena, Ana y Mary, en la corte de Enrique VIII, una corte amable y divertida cuando las hermanas llegan de su formación cortesana en Francia y que, con el paso de los años y las intrigas, acaba convirtiéndose en un lugar peligroso. El libro comienza con el reencuentro de las hermanas, apenas unas niñas, en la corte de Enrique VIII y Catalina de Aragón, un primer encuentro que deja muy claro cuál es la relación entre las dos hermanas Bolena: rivales condenadas a ayudarse en la lucha de su familia, los Howard, por ascender en la corte. Ana y Mary, para sus padres y, sobre todo, su tío, el verdadero y temible director de orquesta del baile por el poder, son meros peones en un tablero de ajedrez. Él decide, cuando el rey pierde el interés por la reina Catalina, que la rubia y exuberante Mary se meta en su cama (a pesar de que está casada), se convierta en su amante y, si es posible, le dé lo que la reina española no ha podido: un heredero. En estos primeros compases de la novela, tan profusamente documentada que casi podría servir como libro de historia, el rey Tudor se nos presenta como un hombre atractivo, galante, pasional y tierno. Un hombre que no teme mostrar sus sentimientos, que casi no conoce el miedo y que únicamente en algunos instantes de ira deja entrever el monstruo en el que puede convertirse. Una transformación en la que mucho tiene que ver la Bolena más conocida, Ana, a la que la familia aconseja que ocupe el puesto de Mary durante sus embarazos, cuando no puede satisfacer la insaciable sed sexual de Enrique. Sin embargo, Ana tiene sus propios planes. No será la amante del rey, quiere ser la reina de Inglaterra y utilizará su belleza y su intelecto (tambien trucos aprendidos de prostitutas para mantener al rey entretenido en la cama sin llegar a dormir con él hasta el matrimonio) para conseguir que Enrique anule su matrimonio con Catalina de Aragón, enfrentándose al pueblo, a sus aliados y al Papa. Un proceso que se prolonga años, que le cuesta la salud y que acaba convirtiendo al Enrique VIII en un tirano irascible al que es mejor no molestar. A grandes trazos, porque ‘La otra Bolena’ es una historia apasionante cargada de secundarios fabulosos y de momentos de tensión, una historia que se adentra en la falsedad de la corte inglesa, en la hipocresía como única forma de sobrevivir, en el hambre desmesurada de poder, en un mundo en el que el amor está prohibido y que te obliga a pensar siempre lo peor de todos los que te rodean.


"Ana y mi padre se retrsaron debido a las tormentas primaverales y me descubrí esperando infantilmente que el barco se hundiera y ella se ahogara. Ante la idea de su muerte sentía una confusa punzada de auténtica angustia mezclada con júbilo. Apenas existiría el mundo para mí si no tuviera a Ana... apenas había suficiente mundo para las dos."

Título: 'L'altra Bolena' / 'La otra Bolena
Autora: Philippa Gregory
Editorial: Columna / Planeta
Páginas: 708 / 608
Precio:  22,50€

viernes, 26 de octubre de 2012

Adopta un libro: 'El señor de las moscas' se va a Elche

 Pues sí, 'El señor de las moscas', uno de los libros que marcó mi adolescencia, se marcha, según ha decidido random.org, a Elche, con Lu, de Mi mundo con dos lunas. Espero que le guste, aunque sólo sea la mitad de lo que me gustó a mí la primera vez que lo leí, cuando apenas había alcanzado la adolescencia y me quedé fascinada por la historia de esos niños, náufragos en una isla desierta, que tienen que organizarse para la convivencia y tienen una cosa clara: no quieren repetir los mismos errores que los adultos de los que, por fin y de una manera un tanto trágica, se han librado.

Acabo de cambiar los planes para el próximo mes. Esta semana la biblioteca municipal de Eivissa ha organizado un mercadillo solidario. Centenares de libros a un euro y medio por un buen motivo: ayudar económicamente a la asociación de voluntarios Magna Pityusa, que, entre otras cosas, llevan a mayores y personas y niños discapacitados de excursión y les acompañan y ayudan, por ejemplo, a pasear por el casco antiguo cuando se celebra la feria medieval. Tuve que contenerme porque había muchos títulos que me interesaban, algunos nuevos, que ni siquiera han llegado a ctalogar porque ya tenían varios ejemplares. También pensé en vosotros. Así que los libros de la campaña 'Adopta un libro' de los dos próximos meses han salido de este mercadillo. El primero, el de noviembre, es uno de los libros que más me han gustado de los que he leído este año, una aventura real, un continente fascinante y una mujer fuerte. Seguro que lo adivináis.

Adopta un libro: participantes 'El señor de las moscas'

Ya expliqué aquí mi historia con 'El señor de las moscas', una novela de William Golding, que leí siendo una niña y me dejó noqueada al mostrarme lo fácil que una aventura en el paraíso (siempre me han fascinado las islas desiertas) se puede convertir en una experiencia emocionalmente devastora. Ahí va la lista de los participantes en el 'Adopta un libro' de este mes. Si hay alguna enmienda, hacédmelo saber enviando un mail (oystergirl1305@hotmail.com) antes de las nueve de la noche, cuando, si tengo suerte y he acabado de trabajar, haré el sorteo.

-Creatibea de Vinividivinvi: 1
-Marilú de Cuentalibros: 2-5
-Lu de Mi mundo con dos lunas: 6-9
-Maria Oliver de Vistenovisto: 10-13
-Nieves de Los cuentos de la China: 14
-Pakiko de Las lecturas de Pakiko: 15-18
-Sandra Ballesteros de Piano de azúcar: 19-22
-Sese de Embolica que fa blog: 23-26
-Pepe de La casa de San Jamás: 27-30

¡Mucha suerte a todos!

miércoles, 24 de octubre de 2012

'Lo imposible', huyendo del melodrama

A los prejuicios hay que pasarles por encima. Con una apisonadora o con los tacones más altos. Lo que quede más a mano. O con una entrada de cine. Cuando empecé a ver el tráiler de 'Lo imposible' en la televisión pensé que no la vería, que sería una fantasmada, una exageración melodramática. Lo tenía clarísimo. Y eso que me gusta Naomi Watts (de mayor quiero ser como ella) y que me derrito con Ewan McGregor. Pero es que el cine de catástrofes... Al cabo de unos días me fijé en que era una película de Juan Antonio Bayona y unos días más tarde descubrí que la historia era real y que la María a la que Watts presta su físico existió en realidad. Verla contar su historia, la de su familia, la de su marido y sus tres hijos, que vieron cómo unas idílicas Navidades en el paraíso se convertían en un infierno... Me convenció. Ver a María y a Naomi sentadas en un mismo sofá, hablando de aquel horror, pudo conmigo. Menos mal. Porque si me hubiera dejado llevar por los prejuicios me hubiera perdido una película fantástica. 'Lo imposible' no te da un respiro. Desde que ves a esos niños (maravilloso Tom Holland como Lucas) y esos padres montados en el avión, porque sabes lo que les va a pasar, hasta que María, aún dolorida y en una camilla, abandona ese caos en el que se convirtió el país tras el tsunami. Entiendo, aunque no me pasó, a los que se marearon durante al primera media hora, al dar vueltas entre el agua cargada de palmeras, coches, cadáveres, farolas... Las imágenes de la ola son espectaculares y a ello se suma la angustia de la separación de la familia. Y es que el momento tsunami es tremendo, pero cuando sufrí de verdad fue después, pasada la catástrofe, cuando sabes que estás vivo pero te ves incapaz de encontrar a los que quieres en el caos que se despierta justo después. Eso es lo que más me gustó de la película de Bayona, que en ese momento, en el que es fácil caer en el melodrama, en la lágrima fácil, todo sea contenido. No hay reencuentros lacrimógenos. No hay despedidas sobrecogedoras. No hay frases con intención de trascender. No. Todo es natural y la única cosa que tendría cierto tufo a americanada con happy end (y que no diré por si alguien no sabe cómo acabó la historia de María y su familia) resulta que es verdad. Por suerte, es verdad.

lunes, 22 de octubre de 2012

'Maldito sea Dostoievski', crimen y castigo en Kabul

Rasul acaba de matar a la vieja alcahueta Nana Alia. Una proxeneta miserable que ha convertido en prostituta a su novia Sufia.Aún ni ha bajado el brazo armado cuando oye la puerta. Mientras huye, de refilón, consigue ver un burka azul cielo entrando en la vivienda. Así comienza 'Maldito sea Dostoievski', del escritor afgano Atiq Rahimi, un libro que no hubiera conocido si mi madre no hubiera tenido la intuición, al verlo en una librería de Madrid, de que me gustaría. Y hubiera sido una desgracia, porque 'Maldito sea Dostoievski' es una de esas joyas que vale la pena leer. Por diferente. Por maravillosa. Por absurda. Por real. Por desconcertante. En esta novela Atiq Rahimi, que explica que la idea de esta novela surgió cuando se preguntó si los señores de la guerra que veía pasear por su país tendrían sentimiento de culpa, nos pasea por las calles de un Kabul lleno de gente que lucha por sobrevivir, en el que las bombas caen a escasos metros, en el que todas las mujeres parecen la misma bajo sus burkas, en el que los hombres fuman para olvidar, en el que loe jueces y las autoridades piensan que el asesinato de una persona no merece más atención que un encogerse de hombros. Desde el momento en que Rasul sale de la casa de Nana Alia, con la camisa manchada de sangre, la culpa empieza a corroerle, una culpa que no le abandonará en ningún momento, ni siquiera cuando, harto de los remordimientos, intenta confesar su crimen a las autoridades, sin que le hagan mucho caso. Así, Rasul, un amante de Dostoievski en general y de su 'Crimen y castigo' en particular, se encuentra con que la moral de su país nada tiene que ver con la de la Rusia que su idolatrado escritor reflejaba en su obra.

"Apenas Rasul levanta el hacha para dejarla caer sobre la cabeza de la anciana, la historia de 'Crimen y castigo' le viene a la mente. Le abruma. Le tiemblan los brazos, las piernas le bailan. Y el hacha se le escapa de entre las manos. Hiende el cráneo de la mujer, quedándose allí clavada. Sin un ruido, la vieja se desliza por la alfombra roja y negra. Su velo, con motivos de flores de manzano, flota en el aire antes de caer sobre el cuerpo rechoncho y fláccido. La sacuden espasmos. Respira todavía una vez más, puede que dos. Sus ojos, abiertos como platos, quedan fijos en Rasul, de pie en medio de la habitación, y sin aliento, más pálido que un cadáver. El patu le cuelga de los hombros huesudos. Su mirada asustada permanece absorta en el reguero de sangre, esa sangre que chorrea por el cráneo de la anciana, se confunde con el rojo de la alfombra, tapando los dibujos negros, y después fluye lentamente hacia la rolliza mano de la mujer, que se aferra a un fajo de billetes. El dinero se manchará de sangre".

Título: 'Maldito sea Dostoievski'
Autor: Atiq Rahimi
Editorial: Siruela
Colección: Nuevos Tiempos
Páginas: 215
Precio: 16,95€

sábado, 20 de octubre de 2012

Un trocito de paraíso en el Mercat de l'Olivar

Frescas, húmedas, gelatinosas... Como si te comieras el mar de un bocado. Me pierden las ostras. Desde que probé la primera siendo apenas una niña. Nunca me dieron asco. Ni impresión. Jamás. Con la primera ya me enamoré de ellas. Desde entonces, cada vez que puedo degustarlas es casi una fiesta. Y es una pena, porque aquí apenas tengo ocasiones de hacerlo. No hay apenas lugares en los que poder parar una mañana de cualquier sábado de invierno a tomarse unas ostras con una copa de un buen albariño (sí, ya sé que queda más fashion con champán o cava, pero yo lo prefiero así) bien envuelta en la bufanda al sol perezoso de estos meses. ¡Quién tuviera cerca el madrileño mercado de San Miguel! O el no menos fabuloso Mercat de l'Olivar, en Palma, donde, hace apenas unas semanas me di un capricho. Entre los puestos de pescado, un trocito de paraíso, la ostrería Platinum, donde a veces, incluso, tienen las espectaculares gillardeau. Turistas y residentes aficionados a las ostras se mezclan en los escasos metros de barra del puesto, en el que también tienen la deliciosa ensalada de algas wakame (otra de las cosas casi imposibles de encontrar en la isla en invierno). Se come y se bebe de pie, hablando casi a gritos en el murmullo ensordecedor del mercado, teniendo que dejar paso a los pescaderos que constantemente pasan por el pasillo con sus delantales impermeables y sus carros cargados de pescado, escena que los turistas no dejan de fotografiar olvidando, por unos segundos, las ostras que les esperan en el plato.

jueves, 18 de octubre de 2012

'La formación de una marquesa', si Jane Austen tuviera mala uva...

Si Jane Austen hubiera tenido mala uva hubiera escrito esta novela. Al menos, la primera parte de esta novela, de Frances Hodgson Burnett, cuya obra más conocida es, sin duda, la mil veces llevada al cine 'La princesita'. 'La formación de una marquesa' nos cuenta la historia de Emily Fox-Seton, hija de una rica familia inglesa venida a menos que afronta con diligencia y buen humor el papel al que le ha condenado la miseria familiar: hacer encargos en el sucio y ruidoso Londres del siglo XIX y ser dama de compañía de mujeres como ella era antes. Emily vive en un pequeño cuarto de alquiler que decora con primor y hace maravillas para, temporada tras temporada, conseguir que sus mismos vestidos parezcan otros más nuevos y modernos. Realiza sus funciones a cambio de poco dinero o de otros bienes, sin embargo, a través de estos trabajos Frances nos muestra la tacañería de la clase alta inglesa a la que ayuda la protagonista a la que, muchas veces, tratan como una mula de carga, con mucha educación, pero como una mula de carga. Especialmente Lady Maria, una anciana de la alta sociedad para quien Emily, además de una agradable y estimulante compañía, es una asistente personal que hace las compras, atiende a sus invitados y organiza fiestas durante las vacaciones que supuestamente ambas disfrutan en la mansión de verano de la aristócrata. Ahí, sin esperárselo y en la situación menos romántica imaginable (pies hinchados, sudada, despeinada y cargando el enorme pescado para la cena) uno de los viudos más cotizados de Inglaterra, el marqués de Walderhurst, le propondrá matrimonio.
'La formación de una marquesa', una de las novelas de la maravillosa colección Rara Avis de Alba, se lee casi de un tirón, especialmente la primera parte, que es la más irónica. La segunda parte, en la que Emily debe enfrentarse a lo que conlleva ser la marquesa de Walderhurst, es más oscura, momentos difíciles en los que te dan ganas de gritarle a la buenaza de Emily que sea un poco más mala. El gran logro del libro de Frances Hodgson Burnett es la narradora, alguien que no conocemos y quien, a diferencia de la protagonista, destila ironía, mordacidad y cinismo, alguien que sabe que los cuentos de hadas únicamente existen en los libros infantiles.

"-No tengo disposición al matrimonio -decía el marqués-, pero tengo que casarme, y usted me gusta más que cualquier mujer que haya conocido. Normalmente, las mujeres no me gustan. Soy un hombre egoísta y deseo una mujer que no lo sea. La mayoría de las mujeres son tan egoístas como yo. Ya me gustaba cuando Maria me hablaba de usted. La he observado y he pensado en usted desde que puse los pies en Mallowe. Es usted necesaria para todos, y es tan modesta que ni se da cuenta. Es usted guapa y siempre está pensando en el atractivo de las demás mujeres."

Título: 'La formación de una marquesa'
Autora: Frances Hodgson Burnett
Editorial: Alba
Colección: Rara Avis
Páginas: 341
Precio: 19,50

lunes, 15 de octubre de 2012

'A Roma con amor', mera postal

Ya me lo había avisado Claudia. También María. Hasta Pilar minutos antes de entrar en el cine. Pero con Woody Allen me pasa lo mismo que con Pedro Almodóvar, que  por más que me digan que una de sus películas es infame, injustificable y vacía, tengo que verlo con mis propios ojos. Y en el caso del amigo Allen no se puede decir, a la vista de algunas de sus últimas cintas, que cada nueva historia no me haga sospechar. Así que sí, sin mucha anestesia y ningún remordimiento lo digo bien claro: 'A Roma con amor' no vale los siete euros que cuesta ya el cine. Es más, no sé si vale siquiera los dos euros que costará el cine la próxima semana en algunas salas españolas (no orgasméis antes de tiempo, que sólo tendréis una entrada a dos euros por cada una de siete euros que hayáis pagado esta semana).


'A Roma con amor' no es más que una postal de la ciudad eterna. Pero que Roma es una ciudad preciosa, llena de rincones fabulosos, con mucha vida y una luz fantástica no es algo que nos venga de nuevas. Hace décadas que lo sabemos. Y eso es lo único que aporta esta película que, una de mis amigas, en una afirmación en la que coincido plenamente, la definió como 'Manuale d'amore 4', pero con menos gracia. Mucha menos gracia. 'A Roma con amor' nos presenta cuatro historias que tienen como escenario la capital italiana: Michelangelo (Flavio Parenti) y Hayley (Alison Pill), un romano y una estadounidense que se enamoran y cuyo amor debe superar la presentación de sus respectivas familias; Leopoldo (Roberto Benigni), un don nadie que, de un día para otro es el hombre más famoso de Italia; Jack (Jesse Eisenberg), Sally (Greta Gerwig) y Monica (Ellen Page), un triángulo amoroso en el que John (Alec Baldwin) ejerce de voz de la conciencia; y Antonio (Alessandro Tiberi) y Milly (Alessandra Mastronardi), una pareja de recién casados de pueblo que llega a la ciudad para empezar una nueva vida y que acaban siéndose infieles a la primera de cambio.
 Desde el primer momento, esperaba que las cuatro historias tuvieran alguna relación, que en algún momento confluyeran. Pero ni esa molestia se ha tomado Woody Allen en una película que, junto a 'Vicky Cristina Barcelona', me parece de lo peor de su carrera. A perro sarnoso todo son pulgas, así que, por si un guión que flojea no fuera suficiente, hay muchas cosas de esta película que no me cuadran. No me cuadra que una chica se vista para una recepción en un ático de Roma como para recorrer la ciudad con la guía en la mano, no me cuadra que una profesora de astronomía de instituto (por muy de pueblo que sea) sea tan pánfila como Milly, no me cuadra que Ellen Page sea una rompecorazones y eso que hay aspectos bastante surrealistas en la película (el cantante de ópera en la ducha o la historia protagonizada por Benigni) que me parecen más creíbles que esos pequeños detalles. Lo dicho por mi amiga: 'Manuale d'amore 4', pero sin gracia.

sábado, 13 de octubre de 2012

'Un oscuro fin de verano', un cadáver, un asesino y tres policías

'Un oscuro fin de verano', de Inger Wolf, no es más que lo que promete, una buena novela negra. Sencilla, sin rarezas, bien escrita, que te mantiene en vilo y en la que no hay más de lo necesario en un thriller: un par de cadáveres, un asesino y unos policías tratando de desentrañar el misterio. La novela comienza cuando encuentran, en un bosque de una pequeña ciudad de Dinamarca, el cuerpo de Anna Kiehl, con un ramo de flores sobre su pecho. ¿Violación? ¿Crimen pasional? Parecen las opciones más seguras, aunque rápidamente Daniel Trokic, el encargado del caso, acompañado de su amigo Jakob y la experta en ordenadores Lisa, descubrirán que es posible que el asesinato de Anna esté ligado a algunos de los descubrimientos científicos del que parecía ser su novio. En 'Un oscuro fin de verano' no hay nada más. Sólo eso. Y se agradece. Se agradece una novela negra al estilo clásico, de esas en las que mientras tus ojos leen tu cabeza anda haciendo cábalas sobre quién será el asesino, en la que hay algo, muy poco, de romance y que termina con una emocionante persecución con disparos y sangre en un lugar inhóspito de la costa danesa. No es una maravilla de la literatura pero es muy correcta, los personajes no son impresionantes pero al acabar te gustaría leer otra novela para saber más de ellos y la trama no es la más original del mundo pero atrapa. No se puede comparar a 'Invitación a un asesinato' o a 'La devoción del sospechoso X', pero, si encuentro otra novela de esta autora, que recibió el Premio Nacional de Dinamarca a la Mejor Novela Negra en 2006 por este libro, no descarto leerla. Lo mejor, sin duda, los paisajes y ambientes.

"La mujer yacía al razo, en medio de un claro que formaba una barrera natural entre las altas hayas y una pequeña parcela ocupada por una densa plantación de pinos. Brazos y piernas se abrían sobre un estrato de hojas caídas, helechos, boletus y balsamina marchita; así, con los ojos vueltos hacia el cielo, parecía soñar despierta. El perro le deslizó el hocico claro y escrutador por el vientre, pero de pronto se detuvo bruscamente; a escesa distancia una voz le llamaba, primero curiosa, con insistencia después. El setter miró hacia el sendero y a continuación a la mujer, dividido. Luego empezó a ladrar."

Título: 'Un oscuro fin de verano'
Autora: Inger Wolf
Editorial: Alba
Colección: Alba Oscura
Páginas: 285
Precio: 17€

jueves, 11 de octubre de 2012

La noche en la que el mar dejó de ronronear

Casi mediados de octubre, casi las tres de la madrugada, casi 30 grados. El silencio, casi absoluto en el portal. Sólo escucho las olas. Marco el código, pero no entro. No me doy cuenta de que camino, pero oigo mis tacones recorriendo los escasos 60 metros que me separan de la orilla. El mar murmulla tranquilo, medio dormido, sin música de bares ni conversaciones de turistas volviendo al hotel ni gemidos de amores de una noche. Sentada en la pared de piedra, con el último vino bailando aún en mi cabeza, no puedo resistirme a su ronroneo de agua. Me quito los zapatos y bajo a la arena. Está fría. En este punto sé que no hay vuelta atrás. Tiro la ropa en la orilla y entro poco a poco, rompiendo un espejo que únicamente refleja, en el horizonte, las luces de algunos yates. El agua aún está cálida. Me sumerjo por completo. El silencio zumba en mis oídos hasta que vuelvo a la superficie. De noche, al nadar, el mar suena a plata. Al salir el frío es intenso pero balsámico. Limpia. Nueva. Salada. Me castañetean los dientes. Tiemblo. Debería vestirme. Debería irme a casa. Me resisto. Siento una lágrima, grande, pesada, caliente, rodando por mi mejilla derecha. Sé que es una despedida. Un hasta la próxima primavera, cuando este mar que en unas noches empezará a rugir vuelva a ronronear.

lunes, 8 de octubre de 2012

'La cortesana', un enano en la Venecia del siglo XVI

Seguramente si 'La cortesana', de Sarah Dunant, hubiera tenido un título y un subtítulo ('En la Venecia del siglo XVI, la seducción es el arte de la supervivencia') que se ajustaran más a la realidad lo hubiera leído mucho antes. Si hubiera sabido que esta historia, ambientada en la esplendorosa Venecia del siglo XVI, no se centraba tanto en Fiammetta Bianchini, una prostituta de lujo, como en su leal e incondicional socio, Bucino, un enano, no la hubiera dejado años en las estanterías de libros pendientes. Lo comencé hace unos días, porque me apetecía una novela que no me hiciera pensar mucho. Llevaba ahí cinco años y pensé que ya le tocaba. No esperaba nada y me encontré una novela apasionante que devoré en apenas dos tardes. 'La cortesana' comienza en Roma, cuando los protestantes asaltan la ciudad y asesinan a muchos de sus habitantes. Fiammeta Bianchini, prostituta de lujo, amante de papas y obispos, decide que, lejos de huir, recibirá a los asaltantantes ofreciéndoles la mejor comida de Roma, las camas más cómodas y las atenciones más solícitas, dignas de la mejor casa de placer. Todo para salvar la vida. La estrategia funciona durante unos días, con los hombres, pero sólo hasta que unas mujeres entran en la casa, atacan a Fiammeta y le queman y cortan su preciosa cabellera dorada, su principal atractivo y una importante herramienta de trabajo. Acompañada de su fiel Bucino, huye a Venecia, lugar en el que las cortesanas llevan vidas de reina, donde tiene intención de comenzar de nuevo y convertirse en la cortesana más solicitada de la ciudad. El protagonista, sin embargo, no es Fiammeta, sino su socio, un enano inteligente, decidido, que gobierna el negocio y la casa sin descuidar un detalle, que es paño de lágrimas y consejero de la joven y capaz de solventar los problemas de falta de dinero y engaños con los que se encuentran al llegar a Venecia. Un hombre que, al igual que les ocurre, a los que le tienen cerca, consigue con sus virtudes  que al lector se le olvide su singular aspecto, que constantemente él define como monstruoso. Es él el narrador de esta historia, que tiene otra importante protagonista, la Draga, una curandera, amiga de la infancia de Fiammeta, que ofrece sus pociones y artimañas a la prostituta para recuperar su belleza y su salud tras la huida de Roma. Un personaje curioso, interesante, que hasta el último momento hace dudar sobre si es lo que parece o esconde alguna cosa, como sospecha Bucino. Descubrir la Venecia del siglo XVI es otro de los atractivos de esta novela, además de los personajes reales que intervienen en la trama: el pintor Tiziano y el escritor Pietro Aretino.

"Mi ama, Fiammetta Bianchini, se estaba depilando las cejas y mordisqueándose los labios para darles color cuando lo inimaginable ocurrió, y el ejército del sacro emperador romano abrió una brecha en la muralla de la Ciudad Eterna, permitiendo que una oleada de soldados medio muertos de hambre, y medio enloquecidos, se entregara al pillaje y al crimen."

Título: 'La cortesana'
Autora: Sarah Dunant
Editorial: Columna / Booket
Páginas: 464 / 480
Precio: 23,20€ / 8,50€

sábado, 6 de octubre de 2012

Un paseo por el Bazar de las Especias*

(Fotos: Marta Torres. Prohibida la reproducción sin permiso expreso)

 Probar los dátiles que se venden en el Bazar de las Especias, el Pequeño Bazar (Misir Carsisi) para los turcos, es una decisión que no tiene vuelta atrás. Después de su dulzura es imposible degustar los frutos que se venden en Europa, que ya parecen secos y descarnados. El bazar se esconde en el barrio de Eminönü, detrás de la Mezquita Nueva (Yeni Camii), a solo unos metros del Cuerno de Oro. Sus accesos apenas se distinguen entre el hormigueo de gente entrando y saliendo. Frente a la puerta del templo, la entrada más impactante: plantas, flores, aves y sanguijuelas nadando en garrafas de agua. Tratamiento médico recomendado por doctores que muestran su foto sobre estos animales.


En el interior, olores y colores. Gente. Pasillos abarrotados. Gritos. Regateos. Mujeres turcas haciendo la compra del día. Turistas ojipláticos. Vendedores cantando las delicias de sus productos. ‘Cantamos mejor que Rosa y somos más baratos que Pryca’, se lee en el cartel de uno de los puestos de especias, imprescindibles para la sabrosa gastronomía turca. Canela, cayena, pimienta, azafrán, curry, orégano, pimentón… Perfectamente colocadas en inmensas pirámides que parecen no tener fin y que, en algunos casos, conviven con los más prosaicos souvenirs: platos, lamparitas, cachimbas…

 
La vista se escapa a las montañas de delicias turcas. El olor del azúcar, la miel, los pistachos y el agua de azahar y rosas es una atracción irresistible. En el mercado hay una norma, un pacto entre caballeros: con las delicias turcas (rahat lokum, 'bocado de satisfacción') no se regatea. Ni siquiera a quien compra decenas de kilos de estos pastelillos (creados en 1777 por un repostero de la corte real) consigue una mínima rebaja. En todos los demás productos el precio dependerá de la capacidad de regateo del comprador. La variedad de tés (çay) complica la labor de escoger, aunque hay dos que no pueden no probarse: el té turco, fuerte e intenso, y el té de manzana verde, ácido y servido muy dulce, una delicia que sabe aún mejor cuando se toma después del relajante baño turco (hammam).


Las calles del bazar son una extensión de la torre de Babel. Se escucha turco (gritos de vendedores llamando a los clientes o prohibiendo a los turistas que hagan fotos), inglés, francés, árabe, castellano... Pero también catalán y euskera. En uno de los puestos más antiguos del mercado, Develi Baharat, el hijo de los propietarios, Yunus (Josep cuando se presenta a catalanoparlantes) es capaz de despachar como si estuviera en pleno Mercat de la Boqueria. Asegura que lo ha aprendido allí, en el bazar, aunque la mayoría no le cree. Lo habla demasiado bien. Él insiste, su acento perfecto se debe a los años vendiendo. Pero no es el acento, son todos los demás conocimientos, los que le delatan.
En un rincón de la pequeña tienda de atiborradas estanterías, el secreto mejor guardado del mercado: caviar ruso, manjar escondido detrás de las latas de caviar turco.

 
Junto a la tienda, una de las seis puertas del también llamado bazar egipcio (su construcción se financió con los aranceles sobre las importaciones egipcias), que está rodeado de puestos de comida: rosquillas, mejillones rellenos, helado elástico, mazorcas de maíz, castañas asadas, bocadillos de caballa...  Decenas de personas, ya con sus compras, enfilan la cuesta, perdiéndose en las tortuosas calles que conducen a la impresionante mezquita de Solimán (Süleymaniye Camii), ocupadas por vendedores de ollas, cazerolas y teteras.

*Publicado en 'Gastronomía & Restauración 2012'

jueves, 4 de octubre de 2012

'Para leer al anochecer', los fantasmas de Dickens

Cogí 'Para leer al anochecer', de Charles Dickens, con muchas ganas. Quizás con demasiadas, porque me ha decepcionado bastante, aunque creo que la culpa es de la edición. Sinceramente, me da la sensación de que han querido aprovechar el bicentenario del nacimiento de Dickens para hacer algo de dinero. Me explico. 'Para leer al anochecer' es un volumen que recoge las historias de fantasmas que el autor inglés fue publicando a lo largo de su vida en revistas, diarios... Evidentemente, no esperaba que estas historias me aterrorizaran, simplemente estremecerme un poco con el ambiente oscuro y los miedos de sus protagonistas o pensar algo más de la cuenta al escuchar un crujido de la casa y los muebles. El ambiente y las descripciones, como siempre en Dickens, son impecables en este libro. Sobre las historias, hay algunas mejores, en las que de verdad consigues sentir la inquietud que sus personajes, y otras peores, que no superarían la prueba de una noche de campamento (y eso que en una tienda de campaña en el bosque a mí me da miedo absolutamente todo), pero en todas ellas maravilla el estilo de Dickens y un ligero toque de humor. Lo que no me ha gustado nada es que hay historias que se repiten. La misma historia, el mismo argumento, los mismos personajes, pero cambiados ligeramente. Entiendo que el amigo Charles, en su momento, intentara publicar lo máximo posible y vendiera diferentes versiones de un mismo relato a varias publicaciones. Lo que no entiendo es que la persona responsable de la edición de este libro no escogiera una de las versiones para incluirla en el tomo si no que optara por incluir las dos y, además, separadas por varios relatos, como si el lector tuviera la memoria de Dory y, al leer la segunda historia, no se fuera a acordar de que ha leído una igual hace unas páginas. Tampoco entiendo que, si de un mismo relato de fantasmas se nos muestran los dos puntos de vista (lo que imagino una treta del escritor para usar dos veces un mismo cuento justificándose por hacerlo) estas dos visiones (la historia y la carta en la que el protagonista de la misma explica su versión) también estén  separadas por varios capítulos. Pues eso, que me da la sensación de que Impedimenta ha ido a lo fácil y no ha cuidado como debía este volumen, que sé que muchos otros han alabado. De los trece cuentos que incluye 'Para leer al anochecer' me quedaría con 'El guardavías', el primero que me hizo estremecer; 'El fantasma en la habitación de la desposada', un cuento clásico de fantasmas que se va pintando frente a tus ojos así como vas leyendo, y 'La historia del retratista', fabulosamente escrita, pero que pierde capacidad de sorpresa al haberla leído antes otra versión en la primera de 'Cuatro historias de fantasmas'.

"Con el cambio de las estaciones, mutaba el árbol también, y su mente percibía la llegada de peligros que mutaban de igual modo en su imaginación. Durante el tiempo en que las hojas empezaron a crecer de nuevo, le pareció que las ramas superiores del árbol iban adoptando la forma de un hombre joven, y que replicaban con exactitud la silueta de alguien sentado sobre una rama que mecía el viento. Durante la época en la que tocaba que cayeran las hojas, le pareció que éstas se desprendían formando palabras delatoras sobre el sendero, o incluso que tenían tendencia a agruparse en protuberancias que recordaban a tumbas sobre el lugar en el que el malhadado joven estaba enterrado. Durante el invierno, cuando el árbol se encontraba desnudo,s e hallaba convencido de que las ramas se balanceaban repitiendo la versión fantasmal de aquel golpe que el joven le había dado, y que esos movimientos constituían abiertas amenazas. En la primavera, cuando la savia trepaba por el tronco, se preguntó si ínfimas partículas de sangre del muchacho estarían trepando transportadas por ella, para formar, de forma más obvia si cabe todavía este año que el pasado, la figura del joven balanceándose entre las hojas."

Título: 'Para leer al anochecer'
Autor: Charles Dickens
Editorial: Impedimenta para Círculo de Lectores
Páginas: 235
Precio: 10,95€

martes, 2 de octubre de 2012

Adopta un libro: 'El señor de las moscas'


Recuerdo perfectamente el momento exacto en que empecé a leer, con once o doce años, las primeras palabras de 'El señor de las moscas', de William Golding. Era un jueves de verano, en uno de esos días que pasaba en casa de mi prima Mónica, en el campo y con piscina. Hacía mal tiempo, todo el mundo tuvo que irse al hospital, así que me senté en la esquina del sofá, sobre mis propias piernas, y empecé aquella historia cogida de la biblioteca de casa cuyo título me había llamado tanto la atención. Pasaron las horas. Cuando oí llegar el coche ya llevaba más de la mitad de la historia, y no quería dejar de leer. Me tenía totalmente abducida. A los once o doce años, la aventura de esos niños que deben sobrevivir en una isla desierta tras un accidente y que tienen claro que no cometerán los mismos errores que los adultos me impresionó como pocas novelas lo han hecho. Me gustó la aventura, pero, sobre todo, los personajes. Esos niños que representan la sociedad, con unos roles muy marcados que van in crescendo con el paso de las páginas y que acaban convirtiendo la inocencia infantil en la complicada psicología adulta. Ellos mismos acaban convirtiéndose a sí mismos en todo aquello que tenían claro que no querían ser. La he leído varias veces más. Creo que es, junto a 'La historia interminable', 'Como agua para chocolate' y 'A sangre fría', el libro al que más veces he regresado, algunas de ellas con miedo a descubrir que el recuerdo me engañaba. Pero no. Nunca me ha decepcionado. Siempre he tenido un ejemplar cerca, de ahí que haya descubierto que tengo dos (no descarto que por algún lado surja alguno más) señores de las moscas, un libro que siempre he pensado que debería leer todo el mundo. Da igual la edad. Los más jóvenes verán la apasionante aventura de un grupo de niños para sobrevivir en una isla desierta, un paraíso en el que pueden librarse de los adultos, los zapatos y la ropa de los domingos. Los adultos verán la impactante pérdida de la inocencia y la infancia de unos niños al enfrentarse a unas condiciones extremas.

Si os apetece descubrir quién es el señor de las moscas y qué pasa con esos niños sólo tenéis que ser seguidores del blog, tener una dirección postal en España y dejar un comentario diciendo que queréis participar. El plazo acaba a las 23:59 horas del 25 de octubre. Si os lleváis alguna de las imágenes y enlazáis con esta entrada tendréis tres puntos extra.

"El muchacho rubio descendió un último trecho de roca y comenzó a abrirse paso hacia la laguna. Se había quitado el suéter escolar y lo arrastraba en una mano, pero a pesar de ello sentía la camisa gris pegada a su piel y los cabellos aplastados contra la frente. En torno suyo, la penetrante cicatriz que mostraba la selva estaba bañada en vapor. Avanzaba el muchacho con dificultad entre las trepadoras y los troncos partidos, cuando un pájaro, visión roja y amarilla, saltó en vuelo como un relámpago, con un antipático chillido, al que contestó  un grito como si fuese su eco;
-¡Eh -decía-, aguarda un segundo!
La maleza al borde des desgarrón del terreno tembló y cayeron abundantes gotas de lluvia con un suave golpeteo.
-Aguarda un segundo -dijo la voz-, estoy atrapado.
El muchacho rubio se detuvo y se estiró las medidas con un ademán instintivo, que por un momento pareció transformar la selva en un bosque cercano a Londres."

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